Depardieu y Putin

DepardieuUno. “Leo en El País: “Lo que empezó como un gesto radical de insumisión de un actor reconocido en todo el mundo ante la “voracidad confiscatoria” del Ejecutivo socialista liderado por François Hollande ha desembocado en un esperpento global. El actor, viticultor y empresario francés Gérard Depardieu, de 64 años, fue investido el sábado ciudadano ruso por el presidente Vladímir Putin, quien le entregó en mano su flamante pasaporte en un acto celebrado en una de sus lujosas dachas, situada en Sochi, a orillas del mar Negro. Y en agradecimiento, Depardieu hizo pública una carta en la que declara su amor a Rusia y a Putin, y califica al régimen autoritario del Kremlin como una “gran democracia”.

¿Qué más puedo añadir a la crónica de Miguel Mora? ¿Y a la fotografía de Reuters? Sin comentarios. Espero sobrevivir a esta astracanada. ¿Cuando cae el telón?

Dos. He empleado astracanada de modo deliberado. Astracán viene de Astraján, una ciudad rusa. Alude también a la piel de camps-y-depardieucordero nonato o muy fina y con el pelo rizado. Aquí hay pieles muy delicadas, como las de Gérard Depardieu, tan sensible con la fiscalidad. De joven encarnó a escuálidos comunistas y ahora aparece como lo que finalmente es: un tipo obeso de moral llevadera.

En la astracanada, el actor encarna un papel disparatado. De disparate en disparate, Depardieu se cubre de gloria. Podría ser una sainete de segunda. O podría ser una opereta con pésimos actores. El problema es que Depardieu no tiene gracia alguna y además no le repugna trabar contacto con los caciques locales, con los sátrapas autonómicos, con los gerifaltes obsequiosos. Qué pena de hombre. A mí me apesadumbra su papel actual. Lo creí mejor personaje.

Resistir la invasión de los romanos no mejoró su criterio moral. Encabezar la rebelión no le añadió ni un gramo de bonhomía: engordó monstruosamente. Ahora tiene pasaporte ruso. Muy bien. Francia se derrumba: la pequeña aldea gala ya no resiste tanta impostura. O caradura. Hace unos años, don Francisco Camps abrazó a Obélix con fervor provinciano: también él esperaba caer en la marmita. De momento cayó del cargo.

1 comment

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  1. Marisa Bou

    No me gusta el personaje de Obélix ni me gusta Depardieu. Siempre me pareció demasiado histriónico. Ahora, me reservo la opinión que me merece, porque en este blog no caben palabras malsonantes.

    ¿Qué pensar de alguien que vive solo para acrecentar sus riquezas, sin importarle que haya quien no tiene para comer? ¿Habrá pensado que, tras la muerte, puede llevarse al “otro barrio” toda la fortuna que ha amasado?

    ¿Qué pensar de alguien que prefiere ser un ruso de Putin que un francés “com il faut”?

    ¡Menudo mamarracho!

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