La Valencia popular

521460_Ferrari-27Escribo un libro, un libro sobre asuntos valencianos. Decir asuntos valencianos era antes cosa de alegría y fiesta. Traca, cohetes, horchata, pólvora. En el peor de los casos, lo valenciano se asociaba a la fiesta fulera. ¿Somos así? Tampoco hay que exagerar. Los valencianos somos poco fiables (eso reza el tópico): gentes que te invitan formalmente para después desentenderse. Admitamos que ello sea así. De todos modos, no solemos iniciar grandes destrucciones o guerras. Por cobardía o por el buen tiempo… Vivimos resguardados bajo el solecito mediterráneo.

El libro que he de entregar en breve lo escribo con guasa y dolor. Es decir, que tendrá broma y análisis, zumba e inspección. Es el recorrido de un espectador valenciano en los últimos veinte años. Un profesor que mira. Los docentes no tenemos especial clarividencia. Tampocos los historiadores acertamos necesariamente con lo que hay u ocurre. Sencillamente, los profesores de historia saben qué pasó tiempo atrás y que nos pesa o con qué hemos de acarrear.

Cuando empecé a escribir sobre dicho asunto (que me resulta antipático, a qué negarlo), Valencia era el caso prototípico de fracaso: de fracaso de la revolución industrial. Carecíamos de burguesía, de clase emprendedora. Nos faltaban industriales y, sobre todo, nos faltaba imaginación fabril. Luego, Valencia fue emblema de la pequeña industria, de la gente activa y conceptiva que tenía mundos y proyectos en la cabeza. Se asociaba a las Fallas, y la fantasía local era industriosa (al menos). Finalmente, Valencia aparecía –aparece– como la tierra de los especuladores, de los ventajistas: tipos avispados, muy mundanos, que sabían qué hacer para enriquecerse y de paso para asear una Comunidad añosa. Eran el ejemplo de la prosperidad.

¿Qué hacemos? Resulta fatigoso volver sobre asuntos y sobre escritos antiguos, pero no veo mejor forma de reconstruir un mundo que en parte ya está en ruinas. Lujos cuarteados, brillos opacos. Un asco.

Dicho libro aparacerá en la Feria del Libro de Madrid y se venderá en toda España. No sé si alegrarme o avergonzarme. Por una vez, los valencianos no somos el hazmerreír de España: somos el ejemplo de lo sucedido. O, mejor aún, el modelo en que otros se han inspirado.

El libro no es un examen pericial del despilfarro. Es un análisis impresionista y doloroso de la herida valenciana. Y es un estudio de caracteres, esos personajes y sus trapisondas… Me valgo de la antropología, de la psiquiatría. Y de la historia, claro.

Ya les avisaré.

1 comment

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  1. Alejandro Lillo

    Por aquí estamos deseosos de leerle ese volumen. Seguro que el resultado es magnífico. Un libro además muy necesario que nadie mejor que usted está en condiciones de hacer. Seguro que dará mucho que hablar. Esperamos verlo pronto circulando.

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