De genios y locos

FernandoPessoaGenioLocura“Sin la locura, ¿qué es el hombre más que una bestia sana, un cadáver aplazado que se reproduce?, decía Fernando Pessoa. Pessoa es un autor al que admiro y al que siempre vuelvo. Ahora ya nos hemos acostumbrado a su genio y a su locura, a esa demencia creativa que le llevaba a multiplicarse en heterónimos, en personajes bien reales.

Pero pensémoslo bien: ese desdoblamiento es sublime por la calidad de sus creaciones. La locura no produce genios necesariamente. El genio es la capacidad para sacar de sí lo que no era previsible; es la habilidad para inventar, sostener y caracterizar una identidad que se ignoraba. Con arte.

Pessoa demostró sobradamente gran habilidad para ser otro, otros, para desdoblarse, cosa que le ponía en el umbral de la locura. Por eso decía que “vivir es ser otro”, algo que tomado en serio es perfectamente real. ¿Acaso es posible ser siempre el mismo? “Ni sentir es posible si hoy se siente como ayer se sintió: sentir hoy lo mismo que ayer no es sentir, es acordarse hoy de lo que se sintió ayer, ser hoy el cadáver vivo de lo que ayer fue la vida perdida”, añadía Pessoa.

Por la Llibreria Ramon Llull me entero de esta novedad del escritor portugués, de esta traducción en Acantilado. Esa obra, cuyos contenidos literales aún ignoro, nos depararán horas de zozobra y pensamiento. Habrá pasajes conocidos y otros descubrimientos inéditos del baúl de Pessoa…

“La locura, lejos de constituir una anomalía, es la condición normal humana. No tener conciencia de ella, y que no resulte excesiva, es ser un hombre normal. No terner conciencia de ella, y que sea grande, es ser loco. Tener conciencia de ella y que sea pequeña es ser desilusionado. Tener conciencia de ella y que sea grandes es ser un genio”, decía Pessoa. Cómo lo envidiamos. Siempre, eso sí, que la locura no nos lleve al puro delirio, sino a la alegría transitoria. Recordemos algo trivial: para que el genio no se hunda en el delirio, hay que saber volver. Hay que poder volver.

Si me pongo pequeñoburgués y sensato, mi recomendación es no asomarse al acantilado. O en otros términos: no tener conciencia de la locura, una locura particular que no resulte excesiva. ¿Para qué? Para ser una persona normal. No aspiro a más.

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