Antonio Muñoz Molina

imageHe leído el discurso de Antonio Muñoz Molina en la entrega de los Premios Príncipe de Asturias. Lo he leído con placer, como disfruto tantas palabras suyas. Con emoción.

Hace una defensa del saber cotidiano, de la práctica, del oficio, como dice expresamente. Hace un elogio de las cosas bien hechas: para qué hacerlo todo con rapidez desmañada o con raptos de inspiración, si podemos completar sensatamente las obras, los trabajos, las manufacturas. Hace un encomio de la modestia orgullosa, si se me permite afirmarlo así: es decir, de la abnegación y del empeño, de la dedicación.

Hace una crítica del desaliño, de la corrupción, de la inmoralidad, de la impolítica: esto es, del delito y de la descortesía, de la desfachatez y de la picaresca. Hay tanto caradura suelto y hay tanta gente honesta sin trabajo o alimento.

Antonio Muñoz Molina hace un diagnóstico, escruta. Ve las cosas y, como un artesano que examina y pule la pieza que tiene entre las manos, coloca cada resorte en un todo que funciona. Su discurso funciona porque habla queda, lentamente, con propiedad y sinceridad. Con imaginación y con oficio.

Él es escritor, observa e imagina cosas que luego arma y levanta en novelas. Se ha repetido muchas veces, pero es verdad: como decía Cesare Pavese, la escritura es, puede ser, una defensa contra las ofensas de la vida. Contra las injurias del tiempo o contra los propios miedos, infantiles o adultos.

En 2004, a una pregunta que yo le hacía sobre la brutalidad masculina, el escritor respondía: ” Yo de niño era muy consciente de la fuerza bruta de la que carecía, y viví atemorizado por ella con mucha frecuencia. En Úbeda, en mi calle, los niños mayores podían ser temibles, y en la escuela y luego en el colegio de curas donde hice tres cursos de bachillerato elemental había individuos que, sinceramente, me causaban pánico. Había una pareja tremenda en segundo de bachiller, dos forajidos que iban siempre juntos, internos, con mirada torva y granos en la cara. Uno se llamaba Endrino y el otro, adecuadamente, Rufián Rufián. Yo me sentía cobarde y débil, y me avergonzaba de mi debilidad”.

Muchos años después, Antonio Muñoz Molina ha demostrado sobradamente su fortaleza, su coraje. No hay rufián o rufián a los que no pueda hacer frente: con la palabra, con el sentido común, con el trabajo, con la imaginación.

Esta semblanza me ha quedado muy amistosa. Así es. Con claridad lo digo y no la voy a oscurecer.

———

1.-Discurso de Antonio Muñoz Molina:

http://ep00.epimg.net/descargables/2013/10/25/9afc1bbdbbcdf2defd7934b2b0d017f4.pdf

2.-Entrevista de Antonio Muñoz Molina por Justo Serna (para ‘Ojos de Papel’, 2004):

http://www.ojosdepapel.com/Index.aspx?article=2172

3.-Fotografía de Antonio Muñoz Molina por Ricardo Martín (para ‘Mercurio’)

http://revistamercurio.es/galerias/retratos-de-ricardo-martin/

1 comment

Add Yours

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s