Breve teoría de la semblanza

Un libro titulado Semblanzas se encuentra en el mercado. No es el único que lleva ese rótulo. En este caso concreto me semblanzaspiobarojarefiero a un volumen publicado por Caro Raggio Editor. Lo firma Pío Baroja y lo compila e introduce Paco Fuster. Un trío de ases, podríamos decir con justicia porque la obra está justificada, es nueva, sus contenidos están debidademente ordenados y aunados con rigor. Y, aunque la prosa ya es remota, su frescura irreverente continúa.

Una semblanza es un parecido. Es un rostro. Es una pintura. Es un ser humano. Es un escrito. Todo ello a la vez y contradictoriamente. Una semblanza es una composición que toma su modelo del natural. Es una recreación breve, sólo atisbada, de rasgos presentes en el sujeto retratado.

Por ser recreación, hechura y manufactura, quien hace la semblanza toma una parte, sólo una parte, de todo lo que podría decirse del modelo. Esos rasgos son enfáticamente subrayados o subjetivamente exagerados: para hacer un panegírico o para trazar una caricatura.

En cualquier caso, la semblanza viene del natural y es el autor quien amplía o comprime, agiganta o achata. En términos literarios es un género prestigioso: por las figuras que son merecedoras del dibujo, encomio o repudio; o por la finura, bondad o maldad de quien retrata.

De hecho, la semblanza define más a quien escribe que al escrito, a quien compendia que al compendiado. Hay gravedad o severidad en los atributos destacados. O hay broma y mucha ironía en la descripción.

Las semblanzas están pensadas para quien no conoce al retratado o para quienes ya están en antecedentes. Son bosquejos que captan episodios o son retratos de cuerpo entero, con los datos esenciales.

Es importante saber si quien escribe una semblanza tiene simpatía o antipatía por el personaje. Se descubre pronto, pero con ser relevante no es lo esencial. Hay escritos que son auténticos libelos con ultrajes sabiamente adminsitrados. Y hay semblanzas que demuestran cercanía y bonhomía.

Lo más destacado es la generosidad del biógrafo. Cuando digo generosidad no me refiero a que trate con mimo al biografiado. Aludo, por el contrario, a que se entregue, a que se vuelque, aunque esté desollando vivo a su retratado.

No cabe inventar fantasiosamente. Es preferible dos rasgos bien explotados, que un sinfín de quimeras sin probar. No cabe mentir descaradamente. Es preferible decir la verdad aunque duela que buscar el mero lucimiento.

Cuando leo las Semblanzas, de Pío Baroja, veo cumplidas sobradamente estas exigencias. Su prosa ríspida no es cicatera y por tanto no evita el elogio. No diré a quiénes prefiere. Pero sí que diré que sus fobias y filias están perfectamente verbalizadas, con un dominio de la palabra, de la prosa, que muchos envidiamos. Que muchos envidiamos cuando hacemos el bosquejo de esteo de aquel personaje que no merece antención alguna. Además, la guasa sutil o el pronto áspero de Baroja se compadecen perfectamente con los personajes, todos de nivel, de mucha altura.

Francisco Fuster ha hecho un florilegio, un compendio, sin dengues. Con una introducción escueta y sólida. El resultado es un libro materialmente bellísimo, con una cubierta en la que vemos una caricatura entrañable y con un papel cuya textura se agradece. Como se agradecen los retratos del habilidoso donostiarra.

Muchas gracias.

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