Los nuestros

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La Mafia es una trama de extorsiones, de violencias; una trama que reemplaza al Estado, que sustituye a las instituciones.

En España, regularmente, no tenemos muertos en la plaza pública; tampoco tenemos linajes enteros acribillados por familias rivales y hostiles. No vivimos en un estado de intimidación semejante.

Pero la Mafia es algo más que ese terror extraordinario. Es también un miedo cotidiano. Es una red particular que se lucra con lo público, gentes que se benefician de su posición privilegiada.

Prestan ayuda, auxilio, asistencia, favores que el orden legal no podrá conceder. Es una red que hace presentes, que concede prerrogativas. Acoge, trata, apoya, pero sobre todo tutela en una circunstancia siempre comprometida. Protege: eso es la lógica mafiosa.

Yo velo por vosotros y vosotros, en contraprestación, me concedéis estas o aquellas ventajas. Me lo agradecéis materialmente y yo, a cambio, os permito desarrollar una vida ordinaria y eficaz: negociar o gobernar. Un servicio por otro.

Lo mafioso, el delito organizado, quiebra toda confianza y elimina los vínculos legales. ¿Y qué hallamos?

La sumisión voluntaria, la ‘famiglia’, el grupo, como marco de referencia y de obediencia, el individuo como resorte, los capos como jefes jerárquicos, la lealtad, el silencio, la vida corriente en una circunstancia extrema, los dones, los favores, los regalos. Y, luego, los individuos que no ven, que se someten, que aceptan el estado de cosas.

Ni siquiera en la España actual, en la España real de corrupciones y extorsiones, podemos decir que nos gobierne la Mafia o una mafia.

La mala práctica de los partidos políticos no alcanza aún la magnitud de la que era capaz don Vito Corleone; la corrupción local no es nada comparada con el dominio férreo de la ‘famiglia’.

Las sustracciones, las presiones, las coerciones…, no son gran cosa si las confrontamos con la tiranía de Corleone. Tú tienes un problema; el Estado no alcanza a ayudarte o a resolverlo; la ‘famiglia’ te asiste y de paso hace caja. Caja A, B, etcétera.

¿Pero qué pasa si el don se separa de la ‘famiglia’? ¿Qué sucede si los suyos le niegan?

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