La educación de la alcaldesa (2012)

La educación de la alcaldesa
(2102)

image[Rita Barberá] La alcaldesa de Valencia manifiesta su enfado. Los representantes falleros, también. Un grupo de ciudadanos, portadores de libros, se reúnen bajo el balcón del Ayuntamiento para protestar ruidosamente, para corear consignas políticas, incluso para denostar. A lo que parece, es muy grande el vocerío.

Me voy a poner fino: está feo, muy feo, gritar o hacer gestos groseros. Siempre que pasa algo así recuerdo un volumen que me regaló mi padre. Es el ‘Manual de educación, civismo y cultura social’. El autor parece de otra época: firma la obra presentándose como el Duque de Pierrefont. El ejemplar que conservo es de 1950 y allí se detallan las reglas básicas, las buenas maneras. Por supuesto, el tono es rancio y habla de un mundo desaparecido. Pero conviene echarle un vistazo.

El último capítulo se dedica a la etiqueta en la vía pública: es decir, a las normas que hay que seguir para comportarse. El duque es muy estricto en este sentido. Gritos y chillidos pueden molestar, incomodar, atormentar al ciudadano, al viandante. Es por eso por lo que debemos ser delicados y moderados en nuestras expansiones. Han de guardarse las formas evitando todo escándalo, insiste el duque. No se debe jalear. Tampoco se debe cantar o hablar a voces, “vicio padecido por muchas personas”.

La alcaldesa de Valencia lleva décadas cantando, gritando, alentando, hablando a voces. Menudo vicio. Lleva mucho tiempo incumpliendo esas normas que, seguro, le enseñaron cuando era jovencita. De hecho, en su infancia aún existían manuales de urbanidad y buenas costumbres. Perdonen que me repita, pero hace 10 años publiqué un artículo en este periódico en el que ya le afeaba sus maneras a doña Rita Barberá. ¿Qué cosas? Pues el hábito tosco, vulgarísimo, de subirse al balcón para vociferar a la muchachada o a la hinchada. Sigue haciéndolo. Se entrega con furia a la exaltación colectiva, al estrépito. Nuestra alcaldesa hace ademanes de regodeo, de alborozo, con gran énfasis. Cuando llegan las Fallas, la alcaldesa se asoma al balcón y jalea a los que allí se congregan. La vemos reír a mandíbula batiente haciendo gestos de mucho aspaviento. Chilla, bracea y aplaude ruidosamente a la masa, como un palmero a su jefe. Vaya unas maneras tan toscas. Son expresión de demagogia, de populismo. De falta de educación. ¿Y ahora exige freno?

Sin duda hay que guardar las formas, la etiqueta que doña Rita Barberá infringe en cuanto sale. Por eso, pido a los manifestantes, a quienes esgrimen libros bajo el palco, que lleven el ‘Manual de educación’. Es difícil encontrarlo, pero no desistan: aprovechen la Feria del Libro de Ocasión para buscarlo y regalárselo. Sería una buena obra. Ah, y dedicada: “Para Rita. Con mucho cariño, el Duque de Pierrefont”.

  1. JS, “La educación de la alcaldesa”, El País, 6 de marzo de 2012.

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