¿’El País’ miente?

¿Crea El País la realidad? Para responder a esta pregunta inocentona y malintencionada hay que quitarse las máscaras. Que hay una construcción social de la realidad, que decían Peter Berger y Thomas Luckmann, es un dato incontestable: no hay hechos sin interpretación, ni acontecimientos sin narración, ni documentos sin exposición.

Admitido esto, El País, un diario de referencia que ha marcado la agenda de afines y hostiles, proporciona hechos ya interpretados, acontecimientos ya relatados y documentos ya ordenados, un marco expositivo. ¿Se le podrían atribuir manipulaciones, fantasías y realidades virtuales de España, de la España de las últimas décadas? Por supuesto. 

También ciertos logros de avance y modernidad, por Dios. Precisamente porque era un periódico relevante (y en parte lo sigue siendo), quien niegue esto ignora de qué van los medios. La confusión y el enredo también se dan en otras esferas. La televisión o la prensa o la radio nos han documentado y perturbado. 

Yo recibí Formación del Espíritu Nacional cuando su Excelencia don Francisco Franco tenía mando en plaza: esa recia materia contribuyó a fortalecer mi espíritu. De niño blando, muelle, pasé a ser patriota intermitente. Me explicaré. De hecho aún me emociono tontamente cada vez que me toca perorar sobre el Fuero de los Españoles o cuando Corea del Norte derrota a la Selección Española de turno. Menos mal que ambas cosas son infrecuentes. 

Igual que siento un estremecimiento patriótico cuando El País recibe un premio internacional de periodismo. Aunque sea por su sección de crucigramas. Aún lo considero un diario mío: de mil afectos y de mil defectos. De muchacho hicieron de mí un pequeño y renuente –sólo renuente– nacionalista y ahora, con suerte, me estoy quitando de todas estas afecciones. De los dictados de El País y de las hermandades patrióticas.

Admitido esto, aquello que no es de recibo es echarle toda la culpa de lo que nos pasa a este periódico. No conozco a nadie que no haya querido publicar en sus páginas y no conozco a nadie que no se haya dado pisto criticándolo con aspereza. Aceptado esto, atribuirle un poder taumatúrgico al diario que fundara y dirigiera Juan Luis Cebrián o es exceso o es recelo o son celos. 

El País es una empresa de capital financiero, de intereses que satisfacer, un medio periodístico en declive cuya visión ha de imponerse frente a una vasta información y desinformación. Es un diario que pierde aura, el halo que lo nimbaba, y sus criterios son cada vez más discutidos, como debatidos son los procedimientos y los predicamentos de la prensa en general. 

Antes, los columnistas éramos alguien; ahora somos parte infinitesimal de la opinión publicada, de la información contrastada y de los embustes que circulan. Hay que leer, saber discriminar y protegerse. La información cuesta y la opinión sólo puede ser fruto de un fatigoso contraste de datos y relatos.

Ahora y siempre. Aquí y en la China Popular.

———

Justo Serna, Cartelera Turia, de 11 de marzo a 17 de marzo de 2017. 

Colaboración núm. 4 de mi columna semanal ‘Me quito el sombrero’

#carteleraturiajustoserna 4

https://www.facebook.com/Cartelera-Turia-184494174920495/

Fotografía de Antonio Caño por Ricardo Gutiérrez

1 comment

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  1. Kmart codes

    Wahre Worte! Ich fürchte nur, dass die neue Nischenseiten Challenge für genau das Gegenteil sorgen wird. Irgendwer müsste denen mal sagen, dass solche Kommentare rein gar nichts bringen. Dummerweise hören die einfach nicht zu.

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