¿Qué será de nosotros?

José Antonio Illanes tuvo la gentileza de hacerme una entrevista hace siete años. Hablamos de muchas cosas, pero quizá esto que ahora reproduzco, un pasaje de aquella interviú, sea especialmente pertinente en la situación actual.

Hablamos de pronósticos y de violencia.
Hablamos del pasado y del futuro.

¿Qué será de las predicciones optimistas o pesimistas que realizaban anteayer los organismos internacionales y los expertos más rigurosos?

Los historiadores tenemos una ventaja: sabemos bastante del pasado, pero nos guardamos de hacer pronósticos que el factor humano se encarga de invalidar. Miramos con cuidado.

Ascalón, Israel. Credit…Tamir Kalifa para ‘The New York Times’

José Antonio Illanes: ¿Debe el historiador atreverse a pronosticar la historia?

Justo Serna: Las predicciones que pueda hacer un historiador no tienen por qué ser más acertadas que las de un ciudadano corriente. Hay un tópico que dice que los historiadores pronostican muy bien el pasado: siempre aciertan.

Yo abandonaría la idea de pronosticar. Los historiadores acopian informaciones, datos brutos acerca de hechos humanos y observan ese material en contexto, en su contexto. Es decir, se hacen una idea más o menos cabal de lo sucedido y de cómo calificar y tipificar lo sucedido: si es una guerra, una revolución, un proceso, etcétera, o todo ello a la vez.

Luego, el historiador observa otros hechos en un contexto diferente y, sin embargo, halla algo semejante o algún hilo conductor común. Entonces establece una analogía. Si en el pasado ocurrió esto con estos factores y ahora aprecio que ocurren cosas similares con factores parecidos, he de concluir que el curso de los acontecimientos tendrá un resultado semejante o incluso equivalente.

¿Acierto? Es fácil acertar cuando dos procesos con ciertas concomitancias se dan por cerrados. No hay predicción ni chiripa. Entonces podemos distinguir bien (o creemos distinguir bien) lo similar y lo diverso. ¿Pero qué nos pasa cuando comparamos lo sabido y consumido con lo que aún está en curso y sin consumar?

Pues que quizá erremos por comparar lo que no es cotejable, o por ignorar este o aquel factor que cambia ese curso de los acontecimientos. En conclusión, nuestras predicciones suelen fracasar tanto como las de los individuos corrientes. Y eso que, como ciudadanos corrientes, siempre estamos anticipando acontecimientos, siempre estamos cavilando qué pasará, qué nos pasará.

Buena parte de nuestra vida, la vida de los tipos corrientes, es existencia potencial no dicha, no verbalizada, no revelada, no consumada, no materializada. Pero eso que pensamos sin confesarlo o sin plasmarlo condiciona nuestros actos tanto como los hechos sí acontecidos. Nuestra imaginación y nuestras fantasías (incluso nuestras fantasías más locas) son factores precipitantes.

Esas cavilaciones, esas cogitaciones y esos pensamientos (malos pensamientos o buenísimos) son esquemas con significado; son modelos para armar… proyectos; son hipótesis o conjeturas que nos hacemos como tipos corrientes.

José Antonio Illanes: Pero el historiador no es corriente…

Justo Serna: No lo es, cierto. Al menos en el sentido de que tiene conocimientos más profundos o más detallados de lo sucedido. La experiencia, esta experiencia y estas erudiciones ayudan mucho a soportar mejor lo que hoy ocurre, lo que juzgamos intolerable.

¿Acaso para resignarnos? No, en absoluto. El conocimiento histórico no te hace fatalista. Pero tampoco te convierte en optimista. La perspectiva histórica te permite saber que hay cosas modificables, sólo contingentes, nada definitivas. Y te permite saber que hay otras muy arraigadas, persistentes o propias de la naturaleza humana. La violencia, por ejemplo.

José Antonio Illanes: Me interesa eso que dice.

Justo Serna: No es pensable un mundo apaciguado, sin conflicto, sin esa violencia que tanto nos repugna hoy. Ahora bien, cambian las formas en que los seres humanos ejercen el dolor, la crueldad, la destrucción, la muerte, etcétera. No hay unos «viejos buenos tiempos» sin violencia; no habrá sociedad futura sin dominio, sin coerción, sin violencia. Cambiarán las formas, pero tendremos que vérnoslas (quienes para entonces estén por aquí) con la crueldad, con el dolor, con la explotación.

A ello habrá que ponerle freno, límite. Hemos mejorado mucho los humanos: antes se resolvía casi todo a mamporros. Ahora, por el contrario, hay muchos conflictos a los que nos enfrentamos sin hacer uso de la violencia. Junto a este aspecto positivo, el ser humano es capaz de lo peor. Siempre somos capaces de empeorar las cosas.

Avanzamos, mejoramos y, sin embargo, en un instante nos hundimos y, si nos dejan, hundimos al rival. En efecto, somos capaces de ejercer la fuerza bruta, de aplicar la violencia injustificada, de destruir. Vaya tropa. Menuda especie…

——-

https://m.facebook.com/story.php?story_fbid=10213664100817348&id=1249255273

https://m.facebook.com/story.php?story_fbid=10213674754683688&id=1249255273——

Deja un comentario