Fernando Savater. Adiós a ‘El País’

Desde que empezó a publicar en prensa en los años setenta del pasado siglo, el donostiarra Fernando Savater ha ido componiendo una figura de intelectual progresista e incluso extremado.

En su momento se pronunció contra el Todo (contra el Sistema, cabe entender) sin afiliarse a partido alguno. No era el intelectual orgánico de ninguna organización.

Mientras fue así, Savater criticaba a derecha y, menos, a izquierda. Pero sobre todo criticaba lo atávico, el pesado lastre de conservadurismos morales y politicos que habíamos heredado, como mínimo, del franquismo.

Escribió en Triunfo’, entre otras publicaciones, pero principalmente durante décadas en El País’.

Mientras tanto fue desarrollando su obra académica y filosófica, en la que se muestra heredero de Baruch Spinoza y de E. M. Cioran (con numerosas aleaciones que van desde Nietszche hasta Fromm).

De esa combinación nació su Ética como amor propio (1988), un volumen que resume y expresa su idea de la autoestima como proceso creativo, del individuo como sujeto autónomo y potente que se vale de sus capacidades y que no se resigna.

Imagen: Saúl Ruiz

En sus textos resonaba el existencialismo de primera hora y el pensamiento de Jean-Paul Sartre, de Albert Camus, de Bertrand Russell. Etcétera.

Escribía con una rapidez y y acidez admirables, con una perspicacia y agudeza de urgencia. De hecho, lo mejor de sus prosas siempre fue la pieza corta y los géneros chicos: la columna, la tribuna, el ensayo breve. No estaba dotado para la gran tesis académica, sino para el capricho expresivo y explosivo de una inteligencia inmediata.

Esa mixtura tan saludable y nada previsible (en una izquierda fuertemente influida por el marxismo y sus hijuelas) le hizo ser una voz original y autónoma en sus juicios intelectuales.

Y, por supuesto, su dominio de la lengua, sus juegos de palabras, sus retruécanos, sus paradojas y su inmensa erudición (directa o indirecta) hicieron que la prosa de Savater fuera atractiva, jovial, atravesada siempre por la ironía y dada con frecuencia al sarcasmo y al chiste.

Las editoriales se rifaban tener al donostiarra en sus fondos. Y de aquí y de allá los medios de comunicación y las instituciones pugnaban por convencerlo para dar conferencias, para impartir charlas, para intervenir en mesas redondas.

Por supuesto, el crecimiento de Savater no se entiende sin El País (1976). Buena parte de su obra se ha publicado en sus páginas, en cuyos artículos están el esbozo de ensayos mayores o las piezas luego recopiladas en volúmenes congruentes.

Muy amparado por el periódico, Savater correspondió siendo siempre respetuoso con el diario, un medio que concebía como propio.

Sin duda, la figura publica de Savater creció cuando se puso en primera línea contra el terrorismo y se alió con otros para formar Basta Ya. Eso le iba a suponer una persecución y amenaza previsibles y detestables, claro.

Pero ahí empezó también una deriva política que finalmente le ha llevado al desvarío. La expectativa y la frustración que para él fue Unión, Progreso y Democracia acabaron agraviándole el ánimo y el carácter. Él confió en este partido regenerador (o que él creía regenerador) y no perdonó que la ciudadanía les diera la espalda: a dicha organización y al Savater politico que lo inspiraba.

La caída del caballo no tuvo que ver con su afición a las carreras (de la que es un fanático), sino con su politización frustrada, fracaso que volcó cada vez más en sus colaboraciones periodísticas.

La izquierda lo habría decepcionado y el PSOE en particular. En este sentido, Pedro Sánchez sería la culminación degenerada y el horror en estado puro, y la izquierda (la izquierda ‘woke’ de la que abjura), también.

Eso le llevó a arremeter contra todo progresismo y a dejarse querer y mecer por la derecha mediática y política. Por supuesto, la agresividad creciente de sus columnas era un reto para El País, un periódico socialdemócrata de larga data al que, de unos años a esta parte, parecía haberle descubierto esas querencias: exactamente socialdemócratas.

En estos casos, Savater ha adoptado la misma estrategia que otros ilustres colaboradores del periódico habían desarrollado en fechas anteriores. Me refiero a la de poner continuamente en un brete al diario atacando dura y acremente las ideas y las posiciones editoriales de la publicación.

¿Qué se persigue con ello?

Que los responsables del periódico acaben por despedir a quien tan a disgusto está entre sus paginas o a quien tanto padece con sus posiciones editoriales.

Hermann Tertsch o Arcadi Espada son, entre otros, ejemplos de esta forma de obrar y proceder: me muestro agresivo verbalmente, insisto en ello, implico al periódico para finalmente conseguir una expulsión que me convierte en víctima o mártir, inmediatamente acogido por otro medio de la competencia.

Por supuesto, Savater señala a sus oponentes dentro de El País, a esos que supuestamente habrían enrarecido la ideología del medio: los “catalanes”. Es decir, Savater culpa del presunto declive de El País al fichaje de intelectuales y académicos catalanes para puestos de responsabilidad en el diario: Jordi Gracia, Xavier e Ignacio Vidal-Folch, Lluís Bassets, Josep Ramoneda, Jordi Amat, etcétera.

La cosa es lamentable. No se trata de que ahora debamos leer a Savater en otro medio: en ‘The Objective’ o en El Mundo o en Abc.

EFE/Archivo/R. García

Lo lamentable es que a Fernando ya no se le podía leer sin sentir un repeluzno. No lo digo porque se haya hecho conservador o de derechas, sino porque su estilo avinagrado, insultante y ya nada jovial ha acabado por hacernos desertar. A muchos de sus fieles y antiguos, muy antiguos, lectores.

Tendría mucho más que añadir de alguien tan interesante y cuya irreverencia contra lo políticamente correcto le ha llevado al extremismo ideológico y la prosa de trinchera. Tendría mucho que decir tras haber leído más de cuarenta libros suyos que ocupan varias baldas de mi biblioteca.

Un día que estábamos de broma, alguien me propuso vender todos esos libros en Wallapop. Me dijeron: si tanto te pesa la deriva de Savater, despréndete de esos volúmenes. Te desprenderás también de ese pesado lastre que te supone, apostillaron.

Me negué, claro, justificando que yo no me amputo. Savater forma parte de mi vida, de mi crecimiento intelectual y de mi propia formación.

No porque yo siempre estuviera de acuerdo con lo que él sostenía, sino porque con las discrepancias aprendí. Aprendí a polemizar con una jovialidad que ahora parecen finalmente ausentes de su vida y de su prosa.

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Una respuesta a «Fernando Savater. Adiós a ‘El País’»

  1. Avatar de Francisco Sanz Sánchez
    Francisco Sanz Sánchez

    Impecable Justo.

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