Carta a Fuca

   elroto0.jpg  

Poesía

0. Discurso de recepción del Premio Cervantes por Juan Gelman (25 de abril)

——————–

1. Carta a Fuca (24 de abril)

Autor: Manel Cantarell i Recatalà

Ciutat de València. 2008. 04. 23.    

Hola Fuca… sí, Fuca y no doña Francisca, porque aquí, ahora, puedo quitarme la máscara y charlar más reposadamente contigo. ¡Por supuesto que voy a usar el tuteo!, coincido plenamente con tu opinión al respecto. El tratamiento engolado, petimetre, artificial, buscado pedante, forzado sabiondo de Manel Cantarell i Recatalà es, como le gusta definir a nuestro contertulio David Montesinos, un simulacro: forma parte de su atavío.

Obviamente, tampoco mi nombre propio es el que va con la máscara pero, de la misma forma que me pareció bien que no quisieras conocer en vivo a la gente que conoces a través de Internet, espero que me permitas respetar ese pequeño velo que aun conservo. Todos tenemos nuestras pequeñas manías. A la postre, como Ulises, soy Nadie, en todo caso, un viajero, como tantos otros, hacia esa Itaca que tanto nos gusta a los lectores de Kavafis, adentrados en la vida con la música de Lluís Llach

Bueno, mira, Kavafis y Llach salen a colación y ellos mismos me permiten entrar en el tema, la poesía de Miguel Veyrat… 

En cierta ocasión mantenía en el blog de Justo Serna mi opinión sobre que el arte debería ser independiente del artista, lugar y tiempo de su realización. Las artes, en su sentido prístino, original, auténtico, entiendo, no pueden ser contingentes si no lo más próximas a la idea de eternidad que tenemos los humanos. Desde ese punto, dudo que nunca hubiera leído a Miguel. 

La explicación de ello se refiere a otra idea muy personal mía. Para mí, que soy licenciado en historia y trabajo como técnico de servicios culturales, la cultura Occidental está viviendo su etapa de decadencia, su agonía. Me importa un soberano rábano si, diciendo esto, coincido con algún pensador nazi. Es como lo veo. Y lo puedo razonar. Pues, a pesar de la permanente autosatisfacción de nuestra cultura, de su sentimiento de invulnerabilidad e infinitud, lo cierto es que ciclo vital concluye, ineluctablemente. En cómputos universales, una tenido un recorrido corto, un impacto más traumático que constructivo y una herencia tan banal – pues se fundamenta en su idealismo, por tanto en algo especulativa y evanescente, la materia de los sueños – como negativa: la humanidad entera conservará en sus pesadillas la memoria de la rapiña humana, cultural y económica de este Occidente. 

Claro que si te digo esto, debería justificarlo y así nos podríamos pasar varias cuartillas. Te dije que no te atormentaría con mis explicaciones y no lo haré así que concédeme tu confianza y admíteme, al menos como hipótesis de trabajo, mi punto de vista básico. Éste se resume en 

(1) No hay diferencia substancial entre el producto cultural que nació con el Renacimiento y nuestro mundo coetáneo. El periodo 1450 – por poner números redondos – 2008, intrínsecamente, es el mismo. Eso es el Occidente contemporáneo. Eso es lo que ya agoniza. 

(2) Dicho periodo se vertebra en cuatro periodos: 

[1] Orígenes. Con la conformación de un nuevo paradigma cultural que trata de recuperar el pasado clásico y que, por ende, revindica el humanismo y la libertad de conciencia como ejes del nuevo mundo que nace al enfrentarse al mundo integrista cristiano del espacio histórico medieval (ss. IV a primera mitad del XV). Pone los cimientos de las artes y las letras actuales. Ocuparía desde el trecento hasta finales del XVI. 

[2] Crecimiento. Con la lucha definitiva contra la última gran reacción integrista cristiana de Occidente (Reforma y Contrarreforma) y el consiguiente triunfo de la Ilustración. Nos movemos en los siglos XVII y XVIII. Las artes y la cultura de Occidente se consolidan y se convierte en una forma pletórica de cultura universal. 

[3] Madurez. El cenit occidental. Un largísimo siglo XIX que comienza con la generación de Goya, aun en el XVIII, y acaba con el inicio de la Primera Guerra Mundial. Las artes, ya desarrolladas y plenas, alcanzan sus mejores momentos y exponentes de esa cultura. El paradigma del Occidente contemporáneo se fija. Los límites, se alcanzan. 

[4] Decrepitud. Es el periodo en el que nos encontramos. Se agrava con cada crisis, con cada bandazo que da un Occidente ya siempre desorientado, estéril, impotente: Primera Guerra Mundial (absurda e innecesaria), Entreguerras (el capitalismo demuestra su incapacidad), Segunda Guerra Mundial (la mejor demostración de las contradicciones en las que entra el sistema) y la Guerra Fría (o la globalización del fracaso de Occidente) conforman los escalones de su patíbulo. Una escalera por la que seguimos ascendiendo, no es que estemos al final de la misma. 

Los signos de los tiempos son tozudos. Tras la URSS, Occidente que sólo ha logrado generar ideología estadounidense con elementos de cultura popular tan potentes como el Ratón Micky, las zapatillas Nike, los productos Microsoft o los restaurante de comida-basura Burger King. Las artes entran en barrena. Sólo se puede generar un producto menor, irracionalista y tan peligroso como un mono con navaja: la Postmodernidad. Parida por intelectuales pretenciosos norteamericanos y frustrados intelectuales europeos, es la mejor demostración de la vacuidad del pensamiento actual y de las artes que en dicho caldo se cuecen. 

Hablamos, pues, de un espacio cultural póstumo para un arte vacío y comercializado, un pensamiento esclerótico, impotente para generar ideas, fútil, insuficiente, insatisfactorio para las personas e inconsistente para la estética, incapaz de superar lo habido antes de la Primera Guerra Mundial, ni siquiera lo previo a la Segunda. Como en la figura alegórica clásica, este periodo que vivimos resulta un tiempo de enanos sentados en el hombro de un gigante… un gigante que agoniza. 

(3) Este último periodo crítico, en cierta forma gramsciano, pues lo nuevo no acaba de nacer ni lo viejo de morir; en cierta forma marxista, pues cuanto vemos a nuestro alrededor es incierto, vaporoso… a mí, personalmente, me despierta mucho recelo respecto a la capacidad de creación que tiene. Es cierto que existen gloriosas excepciones. En los tiempos crepusculares siempre se alumbran las últimas teas que destacan en la mediocridad del fatum. Hoy, como nunca, de Occidente ha brotado tanta cultura, sí, y nunca hubo tanta materia deleznable, prescindible. Brillan las últimas antorchas, sí, pero eso es lo insólito, lo que escapa a la regla. Occidente, se venda los ojos, niega las evidencias y, con el cartelito de “experimental” se lanza a reiterar lo ya creado o a inventar caminos a ninguna parte, experimentos estériles, productos abortados, proyectos absurdos… tutto vanità. Ya no se generan presencias reales en la vida de las personas, si acaso, imposturas intelectuales. Ya no impulsa la inteligencia. Ya no crea razón. 

¿A qué viene todo esto?, a fijarnos, desde esa perspectiva, en los signos de los tiempos en nuestra cultura cotidiana. Cuando pienso que nuestra música clásica, la danza, la arquitectura, el teatro, la literatura… ya no dan más de si, no lo expreso de una forma tremendista, ni pesimista. No lo vivo desde el milenarismo, ni en mis palabras ni en mi propósito hay terribilità, sencillamente, tengo la conciencia serena de que Occidente se acaba como concluye toda obra humana. Nuestro ciclo dominante, nuestra capacidad directora, con sus aciertos, errores, frustraciones, alegrías, insuficiencias y herencia se apaga como una vela cuando ya no le queda apenas cera para quemar. Es nuestra penumbra. El sueño de nuestra razón. Como diría Kavafis, vivimos esperando la llegada de los bárbaros. Somos sabedores que nuestro Imperio ya es sólo su ruina, su fachada, su decorado. Están al llegar, hoy no, tal vez mañana, incertidumbre en el día, certeza en su arribada, los bárbaros llegarán. Sabedores también que los muros apuntalados de nuestra cultura ya sólo albergan perillanes, botarates, mercachifles, sinvergüenzas, comerciantes y críticos de arte… fabricantes de irracionalidad, de monstruos. 

¿Por qué iba a escapar la poesía a ese sino terminal? Por más sublime que se vea a si misma, la poesía no es más que otra obra humana dependiente de su medio sociocultural. Mi interés por la poesía, así, va languideciendo, hasta desaparecer, conforme avanza el siglo XX. Tras un primer tercio, una primera mitad si quieres, brillantísima, una auténtica súper nova, tan deslumbrante como exponente de una estrella que muere, lo que sigue, no me interesa. La herencia de la segunda mitad del XX es una estrella muerta, negra, silenciosa e insoportable. También se vuelve simulacro, farsa. La que alcanza el siglo XXI, peor. Pervierte su propio fundamento, la rima, y une su destino al de la música “clásica” contemporánea cuando del ritmo se trata. Una estructura inarmónica desacreditada socialmente que, encima, se vanagloria de su “deconstrucción” como si ello fuera un valor añadido al engendro poético. ¿Qué mejor certificado de defunción?… todo es nada… apariencias… presunciones… 

No obstante, conocí a Miguel en el blog. O, mejor, reconocí a Miguel en el blog. Paradojas de la vida, milagros y prodigios de nuestro mundo casual (que no causal) ese Miguel Veyrat no era un desconocido para mí. Oh, no, no lo conocía ni como poeta, ni como traductor, ni siquiera como periodista, para mí, fue mucho más que todo eso, era una parte de mi pasado, casi, casi un miembro de mi familia al que nunca había conocido. Un héroe televisivo para mi abuelo, un compañero en los revueltos tiempos del tardofranquismo, un pequeño mito familiar por el que supe de la existencia de Voltaire (mi abuelo lo definía machaconamente como volteriano) o que el mundo no era el que veía sino el que se ocultaba tras aquella falsa realidad de los medios franquistas cuando daba sus crónicas desde París. 

Ya sé que no es muy serio lo que te voy a decir pero me negaba a creer que Miguel, “mi” Miguel, fuera un mastuerzo de los que esperaban a los bárbaros cometiendo tropelías e imposturas. Y es que, a la desconfianza abstracta y general sobre la cultura occidental, de la que te hablaba más arriba, aplicaba una constancia concreta de hechos palpables. No eran especulaciones mías, es que lo que la postmodernidad – e incluso la anti-postmodernidad – ofrecía como críptico no era mas que un camelo, lo abstruso se limitaba a lo confuso, lo abstracto, a lo inconcreto y lo elevado, sólo a lo inflado. Lo dicho, el producto de un zote. Miguel no podía ser eso. 

Y así lo comencé a leerlo. Llevaba la balanza de Anubis en mi mano, en uno de sus platillos todos mis juicios racionales sobre la cultura contemporánea, en el otro, mi irracionalidad suelta, mi intuición, repitiéndome que Miguel bien podía ser (sólo podía ser) un hiperbóreo, uno de los últimos hiperbóreos nietzchianos que, confundido en la maraña del mercantilismo, la fatuidad pública y el engaño intelectual de nuestros días, conservaba la integridad filosófica aún en el final de nuestros tiempos. Con semejante bagaje me adentré en él. 

Me apresuro a decirte que, en absoluto me defraudó. Es cierto, no hay rima en su obra y su ritmo es quebrado, o sea, lo que te decía más arriba que abomino… pero… y ahí comienza la diferencia substancial de Miguel… si seguimos con el símil de la poesía contemporánea con su música coetánea, en Miguel no encontrarás la pretenciosidad vacua de los músicos que se llaman a si mismos “cultos” o “clásicos”, esos que interpretan polifonías asonantes, inarmonía y ruidos que nos quieren hacer pasar por música, vestidos, eso sí, con cuello cerrado y de Hugo Boss. En Miguel encontraré la voz quebrada del saxo en un obscuro club de jazz; tal vez en un recinto muy pequeño, lleno de humo, lleno de gente… de gente sin pajarita en la garganta, gente quebrada, como el jazz, como su poesía. Y cuando comencé a sentir eso, adentrarme en su poesía comienza a serme más fácil pues mis prevenciones disminuyeron y, relajado, sus palabras, sus ideas, comenzaron a fluir más fácilmente en mí. No sabes lo mal que me supo no escucharlo en vivo cuando estuvo en València, estoy seguro que su voz no diferiría demasiado de la de Tom Waits, al menos en su cadencia y profundidad. 

Si me sigo adentrando en su obra. Vista y admitida su ausencia de rima y su ritmo quebrado… mmm… quebrado, sí, pero no por eso roto en un sentido violento, en ningún caso, como la línea recta, artificial, interrumpida de la poesía actual, quebrado como retorcido, como una rama, como una raíz, como un tronco, como algo orgánico, humano. Perdón, me voy, decía que sin rima y con un ritmo orgánico hemos de llegar a la misma estructura de su obra… y el peligro latente de la “decontrucción” como fórmula “moderna” de presentación. Miguel lo resuelve de una manera magnífica: manda a la papelera de las estupideces tan desabrido concepto y, sencillamente, no crea estructura, pasa por completo de ella. Propone al lector una lectura laberíntica. Recupera el pensamiento complejo implícito de los clásicos en la figura del laberinto y convierte cada libro suyo en uno. Así el lector, cuando entra, puede hacerlo como Teseo, Dédalo o Ícaro, ese es su poder, un privilegio que muy pocos poetas permiten, camina por sus poemas entre la esperanza por descubrir una vía viable – valga la redundancia – y el temor a tropezar con el minotauro, con el monstruo, con la sinrazón. Miguel, pues, se me hacía cada vez más próximo, su obra era tan compleja como la corteza de un árbol o como el diseño del microcircuito impreso de un chip y eso es de agradecer en este tiempo de poesía pulida y cromada. 

¿Pero… no olvido algo de las formas?… Sí, su propia base, el elemento substancial con el que se construyó ese laberinto orgánico, las palabras. ¡Por fin pude leer a un poeta coetáneo que utilizara más de media docena de conceptos! Por fin las palabras se engarzaban en conceptos tras los cuales había ideas, se acabaron los conceptos postmodernos, huecos por definición. Palabras, palabras, palabras… por fin palabras con significado, palabras con fundamento, palabras para decir algo, para expresar alguna cosa, para extirparse dolor-amor del alma y construir con ellas ese laberinto. Palabras como las dichas en los templos de Sumer, en ágoras y foros del Mediterráneo, en las carabelas ibéricas transoceánicas, en las fábricas de Manchester, en los frentes de combate de las guerras mundiales. Palabras vivas, conceptos vivos, poesía viva con formas orgánicas, serpenteantes, ricas… sí, Miguel presentaba con fuerza sus credenciales de hiperbóreo… Y a mi me entusiasmaba. 

Faltaba apreciar si su ser volteriano reverberaba dentro de semejantes formas. 

En este capítulo de contenidos, ay, cada vez nos adentramos más en lo subjetivo, en la intuición propia, en la percepción irracional de nuestro cerebro. Tenemos menos asideros, menos argumentos con los que defender nuestra opinión… ¡claro!… es que nos adentramos en la república de la poesía pura, más allá de lo formal y ahí nuestros valores palidecen y callan ante los poemas. 

Honradamente, no sé ni por donde comenzar, precisamente por esa variedad laberíntica de su obra. Lo dejo al albur de los Dioses Inmortales y te lanzo mis opiniones con el mismo (des)orden del laberinto. 

Miguel y lo que dice. Creo que hay otro elemento que diferencia y magnifica a Miguel de los poetastros actuales. Estos son unos plomos. Unos parecen unos desdichados psicóticos practicando alguna terapia escrita para aclarar sus problemas mentales, otros son engolados representantes de la pretenciosidad más falsa, fatua, engolada, incluso ridícula que uno pueda imaginar. Mientras en ellos leemos lo egocéntrico, lo psicoanalítico, lo personal y lo carente de interés – salvo que se sea un cotilla –, Miguel nos habla desde si, no de si, y lo hace con ideas universales que lo conmueven a él, como puede conmoverse cualquier ser humano. Nos libra de las aburridísimas disquisiciones de aquellos mendrugos preocupados por su ombligo… y maldita sea el interés que tiene su ombligo para nadie… y nos propone visiones humanas. Como en el principio hermético de “como es arriba, es abajo”, Miguel facilita al lector el viaje de lo personal a lo universal y viceversa a través de su poesía. 

¿Miguel, pretencioso, pedante? Es fácil para un intelectualillo de tres al cuarto hacer una lectura así de su obra. Y, fíjate qué paradójico, precisamente la facilidad del tránsito del plano personal, íntimo, al otro universal, público, demuestra su sencillez. No hay en él pretenciosidad, es la sinceridad de la inteligencia, un bien escaso, este, que no siempre se sabe evaluar con justicia cuando el inteligente – el sabio, y Miguel presenta esas características de conocimiento acumulado y de taumaturgia devenida de ello – hace uso de ella abiertamente. 

Por eso tampoco es un pedante, no se aprecia engreimiento en su inteligencia, ni retuerce los textos para hacer un alarde de erudición, sencillamente, aplica en su poesía los elementos que considera oportunos de su universo mental. Lo que ocurre es que éste es muy amplio y, por consiguiente, muy bien dotado de recursos, algo que, por fuerza, han de envidiar los cerebros pequeños y las almas simples, frustradas por sus limitaciones… en fin, lo cotidiano y abundante en la cultura crepuscular. 

Miguel, desde esa perspectiva, lejos de ser un clérigo en su púlpito clamando en una lengua que nadie entiende pero que, en su ignorancia, todos admiran, es un intelectual que con su obra impele al conocimiento, provoca las ganas de conocer, empuja a saber, fomenta la razón, la crítica, el conocimiento del uno en si y en su proyección cósmica. Y eso duele. 

Lo abstruso de Miguel. A esas alturas, podía encontrar en Miguel mucha materia de mis entretenimientos: mitos y leyendas clásicos, filosofía sin contaminar de cristianismo, mecánica quántica… y así me di cuenta que contaba con una ventaja que otros lectores no tenían… sabía cuando hablaba de incertidumbres que se refería al Principio de Heisemberg, no a una especulación espiritual; donde otros leían metafísica – y en ella se perdían – yo percibía el mundo subatómico de la física quántica; las alusiones al viaje de Gilgamesh, la épica clásica, las visiones isíacas de la Luna… Por algún extraño misterio, nuestros gustos, aficiones y manías habían venido a coincidir en una proporción sorprendentemente grande, toda vez que nunca nos hemos visto, ni siquiera hablado, directamente. Lo cual se traduce en que, sin haberlo pretendido, tenía en mi poder un buen montón de claves para discurrir por su laberinto, para mí, nada abstruso. 

Lo que no entiendo de Miguel. Sin embargo, también hay claves de Miguel que no me cuadran. Eso, lejos de resultarme incómodo, al revés, actuaron como esa palanca que apoya el conocimiento. Con lo que no entiendo me fuerzo para querer saber más, porque sé que tras sus poemas, sus imágenes, sus palabras, hay algo más que sólo conceptos. 

Tal vez lo más acuciante para mí sea el fuego y todo su campo semántico: la llama, el incendiario, quemar, lucir… ¿Es el fuego de Heráclito, fundamento de todo, alma de todo, inquietud abrasadora permanente, o es el de la hoguera de Platón en la puerta de su cueva, el deformador de la realidad, el creador de sombras, de incertidumbres? ¿Hablamos del fuego como vida, como furia, como tea de la razón y la rabia por la estupidez? ¿hablamos del fuego domesticado, constructivo, cauterizador? Aquí mis lecturas tuvieron que ir y venir, encontrar trazos por acá y por allá, pensar y repensar, interpretar, soñar… bueno, al final, sin entenderlo, disfrutar. 

Lo que no comparto de Miguel

Intermezzo 

Acabo de darme cuenta de la hora que es, del rollo que te estoy soltando y de que acabo de llegar al capítulo… ¡¡¡¡al que quería dedicar más espacio!!!! 

Perdona, por favor, perdona porque no era mi intención soltarte semejante filípica. Resuelvo esto por la vía rápida y te dejo en paz. Palabra. 

La obra de Miguel también tiene para mí aspectos – y no menores – que no comparto. Te los esbocé en mi participación el blog de Justo y ahora, vistas las circunstancias, apenas te lo podré desarrollar un poco más. 

En el colmo de lo sucinto te diré que los tres elementos de mi mayor discrepancia con él residen en las figuras de la niebla, el naufragio y la muerte. No, no es eso. No puede serlo. Me estira con fuerza el pensamiento cínico griego – el cínico real, no su reinterpretación platónico-cristiana –el epicúreo romano, el hedonista universal, la luz de la razón, la ilustración, la vida, el Mediterráneo… ¡hasta la paella tira de mí cuando me enfrento a esos tres conceptos!, así que frente a su planteamiento decadente, prefiero, respectivamente, el Sol, la navegación y la vida. 

Aquí, Miguel se recubre con una toga que no creo que sea la suya. Si naces en València y tienes sangre saboyana no puedes mirar el paisaje desde la umbría. Vamos, para mí es incomprensible que se deje atrapar por los sfumatos y los pentimentos de la vida. Ese no es mi Voltaire personal (ni el de mi abuelo). Me desconcierta su mirada al abismo cuando sabe, por Nietzsche, que el abismo lo mirará a él. Un ser de razón, de luz, ha de portar en su antorcha la alegría, el humor, la lucha, la sonrisa, el puño cerrado, la acción, la intuición, hasta la magia… No puede cubrir Babilonia de resignación, no puede secar el Nilo, ni vaciar los templos de los Dioses Inmortales, no puede pedir morir para evitar la muerte porque la muerte es vida… ¡es vida! 

En fin, pero esto ya es una visión personal mía que no tiene mayor interés, el interés está en el poeta – afortunado mortal que puede portar tal nombre – y en una obra más que abstrusa, enigmática, sobre todo humana, inteligente y generadora de inteligencia, satisfactoria, afortunadamente laberíntica y orgánica, escrita con palabras, cerebro y alma. 

Acabo. 

La obra, pues, aun con mis disidencias, me gustó y, stricto sensu, en realidad, a pesar de tenerla toda leída, no la he concluido. Es más, sospecho que jamás la acabaré. El bendito laberinto en el que nos adentra tiene demasiadas dobleces, recovecos, alternativas, perspectivas, renuncias, propuestas, ideas, irritaciones, furia, como para disponer de tiempo suficiente en esta vida para agotarlo. Ya te dije, es un poeta. 

Por último, recordarte que, como dije en el blog, este texto se lo pasaré a Miguel que tenía interés por leer mi opinión sobre su obra (¡insensato!). Doy por sentado que, compartiendo la amistad-e los tres no te ofrecerá inconveniente alguno. 

Te dejo ya, Fuca. Lamento una vez más la perorata que te he lanzado pero, ya ves, me pongo a escribir y se me va el tiempo sin darme cuenta. Espero que seas clemente conmigo, al fin y al cabo, sólo es mi opinión. 

Ahora, vuelvo a ponerme la máscara. 

Señora mía, Dama Galaica, doña Francisca (Fuca para el universo mundo), ríndome enteramente a sus pies de usted, cual devoto admirador suyo que soy. Para cualquier contingencia, quedo a su entera disposición. No dude en reclamarme si acaso me precisare que, presto, me pondré a servicio. 

Suyo afectísimo en la solidaridad internacional de los pueblos ibéricos, 

Manel Cantarell i Recatalà, vulgo Kant, ciudadano valenciano de nación catalana.

55 comments

Add Yours
  1. Redifusión

    Fuca said,

    Abril 24, 2008 at 13:08 ·

    En un mensaje anterior le decía a nuestro amigo Kant que no leía crítica literaria. Las palabras de Kant a las que alude nuestro poeta Miguel Veyrat son hermosísimas e interesantísimas; si hubiera críticos como nuestro amigo, volvería a leer ensayos sobre literatura. ¡Estoy deslumbrada! Espero que cuando volvamos a hablar de la poesía de Miguel Veyrat, podamos leer tus comentarios en el blog, es una pena que un trabajo tan bien hecho sólo lo podamos disfrutar Miguel y yo. Un abrazo para los dos.

  2. Redifusión

    jserna said,

    Abril 24, 2008 at 13:20 ·

    Pues yo le pediría a Kant que pudiéramos colgar su texto aquí, abriendo un post nuevo. Con ello, yo retrasaría el que tenía previsto poner ahora. ¿Qué me dice?, señor Kant. Daría cumplida satisfacción a Fuca, pero sobre todo a los lectores potenciales de un texto que seguramente le agradecerán. Ya nos dice. De momento, en espera de su respuesta, no renuevo el post.

    Mientras se decide a hacer público o no su texto sobre la poesía de Miguel Veyrat, podemos pensar en la crítica literaria. Para ello, les remito a esta genial viñeta de El Roto…

  3. Redifusión

    Kant said,

    Abril 24, 2008 at 14:12

    ¡Cáspita! Entré dispuesto a hacer otro recordatorio de la “inteligencia” de la sra. Aguirre y me encuentro con las intervenciones, respectivas de don Miguel, doña Francisca y don Justo…

    A doña Francisca y don Miguel, obviamente, les doy las gracias por sus amables – y creo que inmerecidas – palabras. Pero uds, sr. Serna… ¡¡vaya propuesta que me hace!!…

    Me lo pienso.

    Mientras, disparo contra doña Esperanza y su última medida sanitaria gracias a la cual los hospitales públicos madrileños tendrán curas-magos-comisarios para decidir tratamientos médicos. Medida que viene a sumarse al acuerdo para convertir los mismos centros PÚBLICOS en lugar de prácticas de las Facultades de Medicina PRIVADAS… ¡Voto a tal, pura inteligencia la de la doña (y la del sr. Rouco Varela).

    De paso, veremos qué medida toma el sr. Zapatero, tan veloz él en recurrir la recuperación del Derecho Civil que había hecho el nuevo Estatut Valenciano. Les recuerdo que hablamos de reinstaurar la separación de bienes para los nuevos matrimonios. Se lo digo porque esta medida, moderna, progresista, socialmente avanzada, era la propia de nuestra legislación “medieval, feudal y retardataria” – como en este “blog” fue definida en su momento por algún contertulio – y fue derogado tras ser derrotados en la Guerra de Sucesión (sí, sí aquella lejana guerra que, según los mismos contertulios, se perdía en la noche de los tiempos – en concreto 301 años – y que en nada incumbía a la realidad española presente) para imponer la ley castellana de los bienes “perdenciales”… uy, digo, perdón, gananciales. Toda una modernidad la del Decreto de Nueva Planta…

    Pero, volviendo al tema de las medidas que se toman en “El Rincón de Espe” (antes, Comunidad Autónoma de Madrid), veremos también cómo responde la Curia romana cuando vea cómo le va en España con la feligresía menguante, la apostasía creciente y esa dolorosa Declaración de Renta con recaudación a la baja constante… Creo que anda mucho listo suelto por Madrid…

    Me lo pensé.

    ¡Dale!. No me haré de rogar para que no se me tome por más egolátrico de lo que soy pero, vaya, les ruego piedad con mis líneas a los otros contertulios. Lo que escribí con pluma ligera lo hice en la confianza de dirigirme, en privado, a una amiga – permítame que le dé tal tratamiento, doña Francisca – hablándole del trabajo de otro común amigo – en esta definición sé que tengo la aquiescencia del sr. Veyrat – por lo que temo defraudarlos… Bueno… Sea… Adelante, pues, sr. Serna.

    Kant said,

    Abril 24, 2008 at 14:14 · Editar

    Ja, ja, ja… genial El Roto

  4. Redifusión

    Marisa Bou said,

    Abril 24, 2008 at 14:45

    ¡Menos mal, señor Kant! Ya creía que me iba a perder su crítica a Veyrat, e incluso estaba mosqueada porque nuestra amiga Fuca sí la ha leído.
    Entre tanto, ando rumiando -cual introspectiva vaca en un verde prado- el “repaso” que me dió en cuestión de política. Soy muy sensible al tema, y estoy donde estoy porque no he encontrado acomodo en otro sitio. Ya sé que eso no suena muy bien, pero yo “soy yo y mi circunstancia”. Dado que no son cosas que deban airearse, estaría,sin embargo, dispuesta a tratarlas con usted a título personal. Si a usted le parece bien, claro.

  5. Redifusión

    Alejandro Lillo said,

    Abril 24, 2008 at 14:51

    Ansiosos estamos de leer el post del señor Kant, ansiosos.

  6. Redifusión

    Miguel Veyrat said,

    Abril 24, 2008 at 16:12

    Y yo también. Y pienso responder a los “peros” mayéuticos que ponga Kant con su depurada técnica. Estoy con Marisa Bou, no quiero perderme esa crítica.

  7. Marisa Bou

    Entiendo que estés deslumbrada, Fuca. Yo no tengo palabras para describir la emoción que esta lectura me ha producido. ¿Anonadada, tal vez? Supongo que sí, que tanta sabiduría realza más mi nada, mi casi-nada. Si los versos de Miguel me impresionaron gratamente, como le dije en persona, a pesar de mis escasos conocimientos de poesía, esta desmenuzación de Kant, esta su interpretación a la luz de un saber que yo no poseo, me acerca mucho más a la poesía que los intentos que yo había hecho (antes de Veyrat) por entenderla.
    Voy a releer esta crítica, las veces que sean necesarias, porque creo que después podré acercarme a la poesía sin temor ni extrañeza. Muchas, muchísimas gracias, señor Kant. ¿Donde había estado usted metido todos estos años?

  8. Fuca

    Espero que no le parezca mal a nuestro amigo Kant que Justo Serna haya reproducido toda la carta, quizás el comentario tendría que ceñirse a lo que piensa Kant sobre la cultura y la obra de Miguel Veyrat. A mí no me preocupa, sé que los lectores de este blog son lo suficientemente inteligentes como para separar lo importante de lo accesorio.

    Coincido en su análisis sobre la decadencia de Occidente, sobre estos tiempos crepusculares que vivimos en los que abundan materias deleznables y prescindibles, por lo menos en literatura, que es de lo que yo entiendo un poco; pero, como muy bien escribe nuestro amigo, en estos tiempos “siempre se alumbran las últimas teas que destacan en la mediocridad del ‘fatum’”.
    También coincido en que la poesía del primer tercio –o la primera mitad- del siglo XX es deslumbrante; después, poco a poco va decayendo y, como Kant, dejé de leerla, con dos excepciones, -a- la poesía galega (soy una de las suscriptoras de la colección de poesía de Espiral Maior, que ya ha publicado casi 200 títulos; la mayoría son prescindibles, pero algunas veces quedas deslumbrado por los versos de poetas que heredaron sus ritmos de nuestros ancestros galaicoportugueses), -b- la poesía de Miguel Veyrat. Ya me gustaría a mí poder expresar con palabras lo que escribe nuestro querido Kant pero para eso necesitaría haber leído toda la obra de Miguel como lo ha hecho él y, además, tener su sabiduría; me temo que aún me falta bastante para alcanzar el primer objetivo, el segundo no lo alcanzaré nunca.
    La poesía de Miguel Veyrat revaloriza las palabras, las dota de sentido, “nos habla desde sí, no de sí, y lo hace con ideas universales que lo conmueven a él, como puede conmoverse cualquier ser humano”. Como muy bien dice Kant, “Miguel es un intelectual que con su obra impele al conocimiento, provoca las ganas de conocer, empuja a saber, fomente la razón, la crítica… Y eso duele”.

    Graciñas, amigo –supongo que tampoco a ti te molestará que te llame amigo- Kant por tu carta, me va a ayudar a entender mejor la obra de nuestro poeta.

  9. Miguel Veyrat

    Dije en entrada anterior que contestaría, incluso a los “peros” que pudiera poner Kant a mi obra, que es pública y por lo tanto sometida al sol y al viento de la crítica más cruda y/o despiadada. Empero, callaré. Creo que es la actitud más honesta. Ahí está mi poesía, publicada y leída por unos y otros lectores, no importa el número sino la intensidad de la emoción que pueda producir en cada uno. Les escucho, por tanto; permitan pues que haga mutis por el foro, aunque permanezca atento a sus opiniones. Siempre para aprender de ustedes. Y no es falsa modestia. Es la única actitud digna que puede mantener un autor ante la opinión pública.

  10. Fuca

    Sobre el otro tema que tratas, Kant, no en la carta sino en tu último comentario, no te entiendo muy bien, no sé si estás a favor o en contra de la separación de bienes en los matrimonios. Yo lo tengo clarísimo; todos los seres humanos tenemos derecho a un trabajo que nos permita ser autónomos; todas las personas que convivamos en un mismo espacio tenemos que compartir las obligaciones domésticas; los padres y madres tienen que cuidar y educar a sus hijos; a partir de ahí, cada uno hace con sus bienes lo que le apetezca. Como yo no creo en el matrimonio (sólo faltaría que para vivir con la persona o personas que amo tuviera que firmar un papelito), está clarísimo que mis bienes están separados (es una ventaja en las separaciones; duele igual estés casado o no, pero por lo menos te ahorras trámites engorrosos). Yo recomendaría a todo el mundo, que cumpliera los presupuestos de los que parto, que eligiera la separación de bienes, me parece más democrático.

    Me alegra, Marisa, que te haya gustado la exposición de nuestro amigo Kant (amigo virtual, no real, que son cosas muy distintas); me parecía injusto que un trabajo tan interesante quedara entre las paredes de mi casa.

  11. Marisa Bou

    ¡Sólo
    por navegar
    zarpamos
    ignorando las estrellas!

    Yo, como Kant, soy de esta València Mediterrànea, y, como él, amo el sol, la navegación y la vida… incluyendo el final, que nunca debe asustarnos.
    Sólo las sombras (lo que ocultan) me producen temor.

    El Mediterráneo, su luz, su sabor, su olor, son mi referente en la vida. Y como Serrat, aquí quiero morir. Pero mientras esté con vida, no quiero perder el contacto de su fina arena bajo mis piés. Creo que en Veyrat también asoma nuestro Mar, aunque en hombre tan viajado y vivido, es normal que también asomen otros paisajes con cuya belleza se inspira, otras culturas que le han dado esa consistencia de admirable ser humano, otras gentes que le han hecho amar y ser amado… Y todo ello nos lo transmite en su poesía, nos lo hace sentir como propio. Le pedí que me firmara sobre un poema (el que inicié al principio de estas líneas), porque pensé que expresaba, con musical brevedad, un estado de ánimo que yo comparto: “el mejor tiempo posible ha sido ahora”.

  12. Fuca

    Sobre los “peros” a la poesía de Veyrat que Kant apunta: niebla, naufragio y muerte, frente a Sol, navegación y vida. Creo que en la poesía que yo he leído de Miguel la niebla no oculta el Sol, las brumas interfieren a veces en nuestros pensamientos:

    Regresaré al fuego
    o a la pura nada
    ahora que ya es tarde
    y no consigo ser humano.
    No pudimos descifrar
    las palabras de paso –in
    teligencia pura, im
    penetrable bruma.

    Pero siempre sale el sol:
    Polvo de estrellas
    llegué hasta aquí
    en el viento. Mezclado
    por la tempestad
    fue cieno contra piedra
    triturada con agua en un espejo.
    Después tú me cifraste
    amado -¡Oh idéntico
    a mí mismo! Y el sol
    coció mi cuerpo.
    Ya no quiero morir.

    Los náufragos arriban a puerto y la vida triunfa sobre la muerte:

    Mi vida es el verso
    que muere
    y nace a cada instante
    al dejar rastro
    de tu aliento sobre el barro.

    ——-

    -Sí, vivir el vértigo
    del viaje hacia el vacío
    a la nada –en el triunfo
    de la conciencia, vivir.

    -Sí, desesperada o
    peligrosamente –cuando
    ya no merece la pena
    morir por nada, vivir, sí.

    (Todos los poemas pertenecen al último poemario de Miguel Veyrat, “Instrucciones para amanecer”).

  13. Kant

    Hala… ya me tienen uds conmocionado… ¡Qué exageración!… Gracias. Me apresuro a agradecerles sus palabras y su calor que, seguro, pronto vendrán otras voces menos favorables a vapulearme (aunque en esto, don Miguel ya me instruyó). Pero, reconózcanme al menos que si mérito alguno hubo, fue el de la poesía del sr. Veyrat, que me inspiró; si valor, el del sr. Serna, por prestarme su espacio y desde luego, favor, el de doña Francisca (Fuca para uds, ya saben) por hacerme tan insólita propuesta. A mi sólo me corresponde la insensatez: la de satisfacer (en la medida de mis fuerzas) a la tercera, la de aceptar la proposición del segundo y la de tratar de opinar sobre la delicada sutileza del primero. De hecho, he tenido el aquello de releerme y he descubierto un quintal de fallos… en fin…

    Si me lo permiten, pues, pasaré a responder las cuestiones puntuales que me transmiten. Lo haré por orden de sus intervenciones, como siempre.

    Doña Marisa, no fue mi intención darle “repaso político” alguno. Palabra. Es cierto que a veces me enarbolo yo mismo sin necesidad de nadie y mis palabras fluyen con una contundencia que, de verdad, no está planeada para aplastar a nadie (salvo cuando lo hago a plena conciencia, claro, pero eso ya es otra historia). Descuide ud. con eso. Ahora, si de aquello extrajo elementos positivos para su reflexión personal, me daré por bien pagado. Con todo, en efecto, nunca somos lo que somos si no lo que podemos ser, un pensamiento pragmático, sin duda, pero tozudamente real. De ahí que sea mal consejero en cuestión de militancias. No obstante, no desfallezca, donde ud está ahora hay abierto un proceso de limpieza e higienización que puede desembocar en un lugar más saludable para sus miembros y para la sociedad valenciana.

    Le agradezco sinceramente sus palabras pero creo me sobrevalora. Sólo soy una persona curiosa… ¡ni se imagina la de conocimientos perfectamente inútiles que se albergan en mí!… eso sí, soy intratable en el Trivial.

    ¿Dónde estuve todo este tiempo, dice?… Latveria, Rivendel, Llocfosc, incluso Itaca… Esos nombres han aparecido en mis intervenciones pero, no, no fue allí… ¿sabe dónde estuve de verdad?… en Ámbar…

    Don Alejandro, ahora soy yo el ansioso esperando su opinión…

    Doña Francisca, obviamente puede ud. tenerme por su amigo, faltaría más, es todo un honor. Sin embargo, he de reprenderla por lo mismo que hice con la sra. Bou: exagera. Lo mío no es sabiduría, esa la posee el poeta. Lo mío ha sido el coincidir con él – pura sincronicidad – descubriendo, atónito, lo que en ningún momento hubiera podido yo expresar con tal concisión, concreción, síntesis y profundidad. En esa valoración del sr. Veyrat, sí que coincidimos.

    Respecto a los comentarios que nada tiene que ver con la obra de don Miguel, lamento haberme expresado de forma tan atropellada. El caso es que el Derecho Civil valenciano anterior a la invasión castellana (1714), recogía la “separación de bienes” como la base jurídica del matrimonio. O sea, lo contrario que Castilla, donde imperaba (e impera) los “bienes gananciales”. El conflicto viene cuando los jacobinos interpretan la pérdida de nuestra independencia como un mal necesario para un bien superior: España, que es la Modernidad, mientras presentan el Antiguo Reino como un rastrojo, una pervivencia medieval anacrónica. Sin embargo, los hechos son concluyentes: aquella denostada legislación foral era – y hoy día sigue siéndolo – más progresista que la antes castellana y ahora española. Afortunadamente, las nuevas generaciones de historiadores está revisando esa visión jacobina de nuestra historia, pero en los de mi quinta y mayores persiste esa idea pintoresca de vincular lo nuevo con lo bueno.

    Don Miguel… ¡qué decirle!… sencillamente, gracias. Sólo eso.

  14. Pedro

    Serna yo creo que se están pasando. Esto aburre. LLevan dos semanas en plan divino con la poesia para arriba y para abajo y Kant aprovecha para largar contra el mundo moderno y para decirnos que estamos en decadencia. Venga hombre eso suena carca. Poéticamente carca! A ver si volvemos a la realidad compañeros!

  15. Kant

    Esa es la realidad, don Pedro, la falta de conciencia del proceso culturalmente regresivo en el que estamos. ¿Carca?. No lo creo. Lo que es, es doloroso. Tanto como para vendarse lo ojos, encerarse los oídos y huir hacia adelante, hacia ningún sitio. Precisamente su exposición corrobora mi opinión, ya ve ud.

  16. Fuca

    Encerarse los oídos para no oír el canto de las sirenas.

    Obediente el ciego escriba
    anota que mandaste
    atar tu cuerpo taponando
    con cera la mente de los tuyos
    y recibir en solitario
    la caricia del sentido: ¿Cómo
    pudiste vivir con tal secreto? El
    prudente Homero nos mintió
    pues nadie podría amarte
    ni esperarte –delatado
    entre las mañas y el loto, lúcido
    y loco en tu postrera huida
    hacia delante. Más tarde
    cuando el Viejo Capitán
    se hizo cargo del viaje
    y zarpaste presto hacia el vacío
    pudo verse que conservabas –entre
    dos rojas heridas, el latir
    de la canción robada. Siglos
    después un fiel de amor –uno
    de los nuestros, te hundiría
    para siempre en el círculo octavo
    del Infierno.

    (“Instrucciones para amanecer” de Miguel Veyrat)

  17. Kafeína

    Hola de nuevo a todos. Ausente un par de años en que me he dedicado al cuidado del venerable Montferrat, que cumple 105 primaveras, y es el maestro secreto del poeta tan mencionado estos días. Le he leído despacio, pues está muy duro de oído, los textos de estos últimos días notando gran contento por su parte.
    Me ruega que al perezoso don Pedro, que temblaba ante la idea de acudir a un recital de poesía y pide ahora un regreso a la “realidad”, le aclare que no es otra cosa la que un creador “realiza”. Es “otra” realidad la que atrapa de lo inexistente para colocarla ante los ojos de quien quiera abrirlos, pero tan real como cualquier otra. En ello coincide con Kant, a quien envía un triple abrazo en su amado Voltaire, recomendándole que lea atentamente algunos textos suyos bastante carcas, que diría don Pedrito.
    Recomienda también el venerable maestro a este último, la lectura de El Incendiario, recientemente reeditado, y en particular la de este poema que abre uno de sus tres libros:

    Invocación

    1

    El verbo es la acción
    Pero también el límite.

    Toda fe se subordina
    Cuando un abismo hiende
    El propio suelo.

    ¡Vacío en el que creo
    Refugio de la luz en el exilio!.

    2

    La exiliada luz elige por amante
    A cualquier desconocido.

    Con un salto lo ocupa sin violencia
    Y de pronto un astro nuevo
    Encuentra su lugar en el espacio.

    3

    Rebeldes a quienes
    Sol y viento bastan
    Para enloquecer:

    Tenéis la savia posible
    Para poblar el vacío
    En ésta tierra prohibida.

    O solo habrá caminos
    De porcina indiferencia.

    ——-
    Y nada más, agradecer a don Justo el habernos librado del propagandístico y falso rifirrafe en las filas peperas, donde todos piensan lo mismo por mucho que digan ahora, como se ha demostrado en el silencio sepulcral de las tan mentadas “ideologías” que conviven en su seno, cuando la extrema derecha poblaba las calles estos últimos cuatro años usando sus siglas, eslóganes y banderas. Menos lobos pues, y más lectura de don Juan Gelman cuyo discurso de aceptación del Cervantes, una auténtica joya, rogaría yo a don Justo que incluyera en su blog. Será seguir a vueltas con la poesía, pero nunca más real que cuando se alza frente a la muerte, en la invocación de uno de los más grandes poetas actuales en lengua castellana.

  18. Pedro

    A ver señores no se metan conmigo. Yo digo solo que llevamos dos semanas con la poesia y que las cosas pasan por otra parte. La historia señor Serna. Lei unos poemas de M. Veyrat y me dejaron mal cuerpo. Por lo que se no son malos (que no entiendo de literatura lírica). Lo que pasa es que me dejan mal. Eso es otra cosa!

  19. Paco

    Dice Kant:

    “la cultura Occidental está viviendo su etapa de decadencia, su agonía. Me importa un soberano rábano si, diciendo esto, coincido con algún pensador nazi”

    Olé

  20. Marisa Bou

    Abundo en la idea de Cafeína (bienvenida de nuevo) de que Justo nos ponga aquí el discurso de Juan Gelman -lo siento, Pedro- porque algunos acabamos de descubrir la poesía y estamos en el trance de aprender a amarla. Así que, empecemos por amar a los poetas, puesto que su obra nos transmite todo su amor.
    Después podemos volver a la Historia, a la Filosofía o a lo que ustedes quieran. Tengo aún muchas páginas en blanco y necesito muchos temas para llenarlas.
    Por cierto, ´¡quién alcanzára esas lúcidas 105 primaveras! En ese estado mental, ésas y más estoy dispuesta a cumplir…

  21. Fuca

    Gracias, Justo, por traernos a tu blog el hermoso discurso del poeta Juan Gelman. Entresaco algunas ideas relacionadas con la poesía, tema de este “post”.

    “Poesía: de pie contra la muerte”.

    “Jamás será posible terminar con la utopía, recortar la capacidad de sueño y de deseo de los seres humanos”.

    “Hay millones de espacios sin nombrar y la poesía trabaja y nombra lo que no tiene nombre todavía”.

    “El poeta no vive para escribir. Escribe para vivir”.

  22. Kafeína

    Pedrito, hijo, seguro que el viejo Miguel Veyrat (no tanto como su maestro, pero también Venerable en una obediencia masónica de rito francés) se está relamiendo al saber que su poesía le produce “mal cuerpo” a alguien. Olé. Es lo que pretende: Veo que no ha entendido ni jota del poema que le mandé por encargo del viejo de la montaña, pero me alegro, peor para usted, veo que va para ingeniero limpiavías.

  23. Kafeína

    No sé quién es blogosfera, pero le agradezco haberme hecho leer a un gilipuertas llamado Arcadio Espada. ¿Quién es?

  24. Marisa Bou

    ¡Qué bello discurso, el de Juan Gelman! En unas pocas páginas, tal cantidad de sentimientos, tan felizmente expresados, que más que leerlo podemos sentirlo.
    ¿Quién no ha gozado con la lectura de Cervantes? Sin embargo, nunca ví una descripción del gran genio tan atinada, como cuando nos dice de él:”Sólo quien, desde el dolor, ha escrito con verdadero goce puede dar a sus lectores un goce semejante. Cómico es el rostro de la tragedia cuando se mira a sí misma”.
    En el santuario de mi memoria, yo llamaré a Juan Gelman, como a muchos otros poetas (pues no sólo lo son aquellos que versifican) y borraré a otros muchos que, utilizando el acertado calficativo de Cafeína para Arcadi Espada, considero gilipuertas.
    Que tengan un agradable fin de semana, gocen -si pueden- de la naturaleza y, sobre todo, lean cuanto puedan y les plazca leer.

  25. Kant

    ¡Doña Kafeína! qué agradable reencuentro. La echaba en falta. Bienvenida sea a la sombra de las palabras del sr, Veyrat.

    Don Pedro, no considero que nos metamos con ud. Creo que lo que, con mayor o menor fortuna, tratamos de plantear es un espacio mental en el que la presentación de un libro de poesía con un discurso que, por lo que nos cuenta, le ha calado (aunque sea con desgarro, con “mal cuerpo” como ud dice, pero calado es, al fin) y que el PP se abstuviese en Arrasate dinamitando la política del PSOE-PNV para el País Vasco (y ya da para pensar la actitud socialdemócrata ¿no?, hace un mes nos aseguraban que el PNV era la suma de las desdichas y males antidemocráticos pero hoy es el paladín y suma de valores democráticos) se encuentran vinculados entre si en un “continuum” complejo que pone en entredicho la visión fraccionada y simplista de la realidad y del conocimiento que nuestra tradición moderna (curioso oxímoron) acrisola, nuestro sistema educativo perpetua y la prensa, que tanto lo facilita, coadyuva.

    Al respecto, el espléndido discurso de don Juan Gelman (gracias a cuantos contertulios insistieron en que don Justo lo colgara), me parece que es un buen instrumento para certificar de qué manera la obra humana está inextricablemente vinculada, sometida a la entropía en un sueño irrealizable de armonía que, precisamente por ello, por ser sueño y por ser irrealizable, ha generado los monstruos que el poeta argentino cita en su texto. Y vea, vea, como Cervantes y Hölderin, Juan de la Cruz y Cavalcanti, se entreveran con los raptados-detenidos-torturados-asesinados-profanados de la Dictadura argentina y medio siglo de bombardeos indiscriminados por todo el globo del ejército de EEUU de América; un magma en el que aparece el “Viaje al Parnaso”, Foucolt, la Atenas de Pericles, los asesinos impunes, la memoria histórica, Lope, Rilke y el stalinismo sumidos en la misma mixtura. El pensamiento no funciona por compartimentos estancos – por más que se empeñe nuestra Universidad – las acciones nunca son limitadas. Todo se interconecta con todo. Nos lo subraya el sr. Gelman, lo hemos leído en el sr. Veyrat… esa es la conciencia que duele…

    Por concluir, me van a permitir uds un exceso. Desde que estoy en este “blog” nunca he utilizado una palabra malsonante, ni un exabrupto que pudiera herir sensibilidad alguna. Es cierto que no me he privado de lanzar, a algún mendrugo, alguna invectiva pero concediéndole, siempre, la opción de reírse de si mismo al ser insultado con un arcaísmo. Por primera – y espero que última vez – voy a usar una de esas palabras groseras. Les reconoceré que inicialmente me tentó usar una expresión reciamente castellana y ya fuera de uso que ajustaba mi sentir iracundo a mi verbo airado, me refiero a “hideputa”. De inmediato recapacité sobre la injusticia de, para escupir a un homúnculo, denigrar la maternidad, la prostitución y a su señora madre (que bastante cruz tiene con aquello que parió). La proposición de doña Kafeína, ratificada por la sra. Bou, sanciona mi intención, aunque prefiero darle al concepto su forma más pura: “gilipolla”. Vean el caso:

    Gracias a doña Globsfera tuvimos un nexo con don Arcadi Espada. Ya saben por otras intervenciones mías que no es santo de mi devoción, más bien de mi chanza por lo atribulado de su discurso y lo memo de su exposición. Pero en este caso, dicho individuo, se adentra en el insulto más flagrante a la inteligencia del lector y al propio espíritu humano. El uso que hace de los datos sobre muerte por inanición de niños es, sí, insultante, inmoral e inhumano. Dicen muy mucho qué clase de humanidad hemos construido para celebrar que “sólo” 9’7 millones de niños hayan muerto por hambre (obviamente, no se incluyen los niños soldado, los prostituidos, los casados…) y dice, igualmente, muy mucho de la clase de individuo que puede ser quien así lo festeja. Lo dicho, un gilipolla.

  26. Kafeína

    Bienhallado, adorado Kant. Mordíme los labios recién operados para no mascullar hideputa, como los lectores de este blog habrán musitado por su cuenta. Lo de gilipuertas me pareció incluso más adecuado que gilipollas, que lo es, aunque también González Ruano inventó giliporcelanas… más ofensiva casi por benévola con la estupidez humana. En fin.
    Gracias por su discurso, sabe usted que tampoco el hideputa mencionará jamás las hecatombes de poetas decretadas en nombre del magma a lo largo de la humanidad, desde la decapitación de Orfeo por las Erinias (Su cabeza siguió cantando) hasta la crucifixión de Al-Hallaj en Estambul pasando por el asesinato de Federico o la muerte pequeña y miserable de don Antonio en Collioure pocas horas antes de que falleciera su madre en la cama vecina, con un papel asomando del bolsillo con esta frase escrita: ese cielo azul y ese sol de la infancia…
    Desde la infancia de la humanidad se ha reprimido el canto libre y salvaje, se ha asesinado a los poetas que denunciaban, en pie ante la muerte, como nos recuerda Gelman, el abuso, la violación de vientres y conciencias, el robo de la historia, la destrucción de la cultura.
    Olvidemos a los rencorosos y fracasados Espasas, celebremos el canto, alcemos las copas, invitemos a don Pedro al banquete y alcancémosle frascas de bicabornato para superar la ardentía. Sigamos cantando.

  27. María Otal

    El verso está medido y es:

    “Estos días azules y este sol de la infancia”.

    Para Justo y Kant, especialmente:

    AMANECER EN VALENCIA
    (Desde una torre)

    Estas rachas de marzo, en los desvanes
    —hacia la mar— del tiempo; la paloma
    de pluma tornasol, los tulipanes
    gigantes del jardín, y el sol que asoma,
    bola de fuego entre morada bruma,
    a iluminar la tierra valentina…
    ¡Hervor de leche y plata, añil y espuma,
    y velas blancas en la mar latina!
    Valencia de fecundas primaveras,
    de floridas almunias y arrozales,
    feliz quiero cantarte, como eras,
    domando a un ancho río en tus canales,
    al dios marino con tus albuferas,
    al centauro de amor con tus rosales.

    Antonio Machado

  28. jserna

    Estimada ‘María Otal’, le agradezco este poema de Machado, que no leía desde la adolescencia, un poema que describe una Valencia supuesta, deseada, dominadora de sus aguas: una imagen que tiene mucho de sueño morisco. La Valencia de Machado es brava y primaveral, como lo es la que ahora contemplo: un estallido de luces, una gama de colores aplastados por el sol, unos árboles, unas plantas, unas flores… “gigantes del jardín, y el sol que asoma, / bola de fuego entre morada bruma, / a iluminar la tierra valentina… / ¡Hervor de leche y plata, añil y espuma, / y velas blancas en la mar latina!”. Pero no es un tópico, no. La Valencia primaveral queda iluminada por un sol cegador, que no siempre es la mejor luz para distinguir esos colores que ahora se manifiestan. Por eso hay que mirar con cuidado.

    Tengo unas gafas de sol cuyos cristales ahumados velan hasta en exceso…, tanto que cambian el matiz de las cosas. El cielo que me hacen ver es de un azul impostado, como de postal vieja. Es casi un firmamento infantilmente coloreado, o de agosto canicular. Y los bordes de los cirros se ennegrecen, como si los sombrearan para mí. Son unas gafas absolutamente engañosas. Me aturden.

    Se nos enfadará Pedro, pero no puedo dejar de darle las gracias, María Otal, por insistir en la poesía. En Valencia.

  29. Miguel Veyrat

    Estimada Otal, me temo que no se trate de un verso medido, ni siquiera de un verso y que quizás sea simplemente un apunte apócrifo que alguien introdujera en el bolsillo de la raída chaqueta de Machado en los confusos días aquellos; o no. Algún historiador de buena fe, entre otros el irlandés nacionalizado español Ian Gibson, autor (para vergüenza de españoles) de la única biografía completa y muy valiosa de don Antonio, ha dado por buena la leyenda sin poder mostrar ni documentar el mentado papelito que, sí, resultaría muy hermoso que hubiera quedado —no recuerdo el dato exacto— plasmado en escritura el último pensamiento del gran poeta para el azul del cielo y la luz de su Sevilla natal. Gracias, con Justo, por recordar en ese poema que a pesar de los amargos días pasados por Machado y su triste familia en el chalet de ¿Rocafort? —no recuerdo el dato exacto— mientras Franco preparaba la conquista de Castellón, pudiera cantar feliz las almunias valencianas.

  30. Kant

    Agradecidísimo, doña María.

    Sí, don Miguel, fue en Rocafort donde vivió el sr. Machado.

    Y, si me permiten, incidiendo en la idea de don Justo sobre una ciudad supuesta, deseada y en la inquietud de don Pedro sobre la política, quisiera citar a don Arnau Gómez, uno de nuestros contertulios, ausente en este “post” pero presente en el “blog”, que ayer viernes por la noche hizo una solicitud musical al programa “Hora 25” con motivo de la Revolución de los Claveles: ‘Grândola’ de don José Afonso, alias Zeca.

    Esa canción (ese poema, esa música) es, en si, una deliciosa obra de ilusiones e ideas, pero también fue, al tiempo, en su momento, para un pueblo, la llamada a la libertad, la voz de la Libertad, y para una generación ibérica, una de las piezas fundamentales en la banda sonora original (BSO) de su vida. Como lo fue y lo es, para alguno – supongo que para el sr. Gómez – desde luego, para mí, una pieza que siempre, siempre, me eriza la piel cuando la escucho.

    Poesía, vida, lucha, ilusión, desengaño, y más lucha, y nueva ilusión, y más lucha, y más poesía. Y sobre todo, vida… Ahí les va la voz escrita del portugués:

    Grândola, Vila Morena
    Grândola, vila morena
    Terra da fraternidade,
    O povo é quem mais ordena

    Dentro de ti, ó cidade.
    Dentro de ti, ó cidade
    O povo é quem mais ordena,
    Terra da fraternidade
    Grândola, vila morena.

    Em cada esquina um amigo
    Em cada rosto igualdade,
    Grândola, vila morena
    Terra da fraternidade.

    Terra da fraternidade
    Grândola, vila morena
    Em cada rosto igualdade
    O povo é quem mais ordena.

    À sombra duma azinheira
    Que já não sabia a idade
    Jurei ter por companheira
    Grândola a tua vontade.

    Grândola a tua vontade
    Jurei ter por companheira,
    À sombra duma azinheira
    Que já não sabia a idade.

    Para los no muy duchos les paso una traducción

    Grândola, villa morena
    Grândola, villa morena
    Tierra de fraternidad
    El pueblo es quien más ordena
    Dentro de ti, oh ciudad

    Dentro de ti, oh ciudad
    El pueblo es quien más ordena
    Tierra de fraternidad
    Grândola, villa morena

    En cada esquina un amigo
    En cada rostro igualdad
    Grândola, villa morena
    Tierra de fraternidad

    Tierra de fraternidad
    Grândola, villa morena
    En cada rostro igualdad
    El pueblo es quien más ordena

    A la sombra de una encina
    De la que yo no sabía su edad
    Juré tener por compañera
    Grândola tu voluntad

    Grândola tu voluntad
    Juré tener por compañera
    A la sombra de una encina
    De la que yo no sabía su edad.

    Los que no la conozcan, si se pueden bajar la canción para escucharla con música, creo que les emocionará. Les paso un nexo donde conseguirlo: http://www.kaosenlared.net/noticia.php?id_noticia=38366

    Y ya puestos a consentirme… que me tienen uds muy consentido en este “post”… quisiera dedicarle esta canción a un compañero de trabajo, a un insospechado amigo y a un maestro para mí, desdichadamente, ya fallecido. Un hombre terrible, airado, polemista, anarquista, cultísimo, de formación cosmopolita, genio corto (¡mucho más corto que el mío!) y sonrisa franca (cuando lo dejaban sonreír), apreciado en Cataluña y menospreciado en València – para vergüenza de esta tierra ingrata a la que él, por el contrario, siempre amó – Floreal Palanca Vinué, antropólogo y libertario.

  31. Kafeína

    He cantado con usted y Floreal, y supogo que con todos “nosotros” esa bellísima canción que colocó claveles en todos los fusiles. Gracias, Kant.

  32. Pedro

    Señores no intenten convencerme con tantas palabras. Yo solo digo que la poesía de Veyrat me deja mal cuerpo. Me pone malo. Pero hay cosas que nos ponen malos y no son malas. A ver si nos entendemos!

  33. Kafeína

    Yo creo, don Pedro, que tiene usted una enorme incapacidad para expresar correctamente sus emociones. Y dicho esto, pienso que ya le hemos hecho demasiado caso. Agur, pajarito.

  34. Marisa Bou

    Después de una opípara comida regada con cava, me encuentro con que ustedes están recordando la Revolución de los Claveles… lo que aumenta mi borrachera, más aún cuando mencionan cuánto amó Machado la luz mediterránea. ¿Será que siempre estuvo la poesía en el fondo de mi alma? ¿Será que amo tanto la libertad como los claveles aman al sol?
    Disculpen, creo que estoy un pelín borracha. Pero bendita sea la borrachera que me hace amarles más, si ello es posible.
    Gracias, señor Kant, por esa oportunidad de bajarnos esa hermosa canción, que nos trae tan emocionados recuerdos.

  35. María Otal

    Gracias, Serna, por sus tempranas y líricas palabras. Bellísima la descripción metafórica de esas gafas que lo aturden.

    Y gracias, Kant, por su recuerdo y enlace a aquellos días de pasión, de esperanza y de vida y a sus músicas.

    Quizás, Veyrat, no sea un verso lo que es sabido que encontró el hermano de Don Antonio Machado en el bolsillo de su chaqueta cuando lo aseaba para darle sepultura. ¿Quién se iba a molestar en meter en su bolsillo un papelito con esas palabras y en imitar su letra? ¿Quién a reproducir, en tan poquito espacio, el estilo melancólicamente luminoso de nuestro don Antonio?, pero una frase de catorce sílabas, dividida en dos de siete, sea verso o no, debe de estar medida y acentuada como lo está. No sé, usted sabrá más de eso; en cualquier caso, yo he visto “el papelito” y es como les digo.

    Pedro, jamás intentaré yo convencer a usted ni a nadie de nada y menos de lo más subjetivo que hay, que es el placer estético que produce una u otra cosa. Los placres se sienten o no y hay “verdades universales” artísticas que yo aborrezco aunque, eso sí, creo que yo me las pierdo.

  36. Miguel Veyrat

    Gracias por la lección de métrica, estimada amiga, asunto del que no entiendo nada. No hay verdades universales artísticas, según creo y en lo que coincido con usted, Otal, y ni siquiera verdades.
    Por curiosidad, ¿dónde, cuándo y cómo vio usted el “papelito” tan bien y casualmente contado y hallado? Prestaría un gran servicio a la historiografía.

  37. María Otal

    Jamás, jamás, jamás le daría yo una lección de nada a nadie. He dado mi opinión, cosa muy fácil, puesto que tenía los datos y así cualquiera. He dicho lo que ponía realmente en el papel y he comentado que sonaba mejor porque estaba bien medido, pero si eso resulta presuntuoso, redicho o molesto, lo retiro y santas pascuas.

    El papelito lo pude ver donde todo el que asistió a lo que yo asistí, con un grupo de amigos, el 23 de febrero de 1989, en Soria, dentro de una vitrina en la exposición que con motivo del cincuenta aniversario de su muerte hicieron allí.

    No creo que Gibson, en su monumental y documentadísima biografía, cometiera el error de dar por bueno algo que no fuera más que una simple leyenda. Le diré más: en aquella vitrina había otro papelito, ilegible para mí y no sé si para todos, puesto que nunca se ha dicho, que yo sepa, qué ponía en él, también encontrado en su cartera (no en el bolsillo), con unas palabras a Guiomar y no es casualidad. Don Antonio Machado, se ha dicho muchas veces, llevaba en su cartera papelitos, sujetos con una goma, donde apuntaba a lápiz cosas que se le ocurrían, algo que, tengo entendido que hacen muchos escritores. Supongo que no sólo encontraría el hermano el de Guiomar y el de los cielos, pero serían los destacables. Eso ya no lo sé, pero vamos, que a mí no me parece raro que llevara notas en los bolsillos Don Antonio y es que, además, las llevaba.

  38. Kafeína

    No se agobie, don Miguel, la doña quería darme, como usted dice, un palmetazo métrico cuando yo sólo me conmovía ante la anécdota que usted ha llamado “memoria, patria de la infancia” o “trágica amante del poeta”… Pero tiene usted razón, dónde y cómo puede ser visto, leído, cotejado, fotografiado, reproducido, estudiado el supuesto “documento” que no puede acreditar ni el propio Gibson, autor de la imprescindible biografía “Ligero de equipaje”? (Aguilar 2006)

  39. María Otal

    Como, no sé por qué, ésto no deja poner las respuestas hasta la tercera o cuarta intentona, a base de volverlo a escribir, porque no se me ha ocurrido copiarlo, me he comido algo que había puesto al principio, donde que no quiero dar leccioes de nada a nadie. Decía que, menos a un poeta de metrica, por mucho que diga que no tiene ni idea.

    Vale

  40. María Otal

    Pues no, Kafeína, me va usted a perdonar pero yo no quería darle un palmetazo a nadie ni me gusta que interpreten en el peor sentido lo que hago con la mejor fe. No suelo entrar de nuevas en un sitio dando palmetazos a nadie. Usted citó de memoria, cosa que hacemos todos y, como a todos nos pasa, se equivocó y me permití puntualizar. Si llego a saber que me tengo que pasar media hora dando explicaciones y casi disculparme por algo que sé, me callo. Qué barbaridad.

  41. María Otal

    Y una pregunta tonta, por si alguien lo sabe ¿Por qué mi nombre aparece en azul? y hasta se puede pulsar en él, como si fuera un enlace, pero no lleva a ningún sitio porque no puede llevar? ¿Pasa con los nuevos? Hace un mes que los leo asiduamente, sin atreverme a intervenir y no he visto que pase más que con los que tienen blog o página o lo que sea.

    Gracias.

  42. jserna

    María, no le dé mayor importancia. Sale en azul como si fuera un enlace porque en la casilla URI usted escribe algo o el ordenador suyo pone algo por defecto. ¿O será un exceso?

    —————-

    Mañana, a las 14 horas, nuevo post

  43. Kafeína

    María, bienvenida. Estoy con Justo, no le de mayor importancia. A veces uno se pone nervioso, sobre todo cuando inaugura voz y escritura. Un abrazo caluroso. Y tenía usted razón, estaban bien contadas las sílabas, aunque no sé muy bien para qué pede servir ahora, en la era del verso blanco. Y olvidados Garcilaso, Boscán y sus cursis servidores. Siga con nosostros, por favor.

  44. María Otal

    Ja, ja, ja. Seguro que es por exceso. No le daba importancia, era curiosidad pero gracias

    Ahora estamos con el verso blanco Kafeína, pero Don Antonio no y no me diga que no suena distinto de un modo u otro. A mí, modestamente, sí. Además, el verso blanco y hasta la palabra hablada tienen ritmo y medida, me parece, pero no me haga mucho caso que hablo de oído y me estoy metiendo en un jardín. Ahora sí.

    Gracias por la bienvenida y por el abrazo. Igual le digo.

    No pensaba marcharme, aunque procuraré ser lo más discreta posible, cosa muy fácil porque soy ignorante y poco podré opinar aquí.

  45. Miguel Veyrat

    María, estimada amiga, tiene usted muchísima razón. Aunque los artificios italianizantes importados por Juan Boscán y su amigo Garcilaso, metro y rima en normativa complicada, inflexible y productora de retorcimientos antipoéticos mil, han desaparecido (casi) por fortuna de nuestras letras —aunque dejando ejemplos bellísimos como algunos sonetos de Quevedo o Góngora y Cervantes—, fuera de los intentos de alguna corriente, como la autodenominada “de la experiencia”, que pretende hacer “poesía figurativa”, siempre, siempre, la poesía auténtica disfruta del pitagórico influjo de la aproximación metafísica emocional que, unida a la música de la lengua, da pleno sentido al significado. El ritmo interior producido por la prosodia adecuada e inspirada, por supuesto, es lo que hace que el pensamiento poético penetre por los poros hasta las neuronas, alzando el vello en ocasiones. O poniendo los pelos de punta, que diría también un castizo. Bienvenida, y tiene usted razón, repito, la emoción la produce siempre la belleza del significante haciendo que nos precipitemos hacia adentro del poema y lo hagamos nuestro.
    No es usted ninguna ignorante, quizás sea joven y no haya leído o reflexionado mucho acerca de la poesía, materia mucho más sutil y complicada de lo que algunos folkloristas baratos pretenden.

  46. Alejandro Lillo

    ¡Por fin puedo escribir algo! En primer lugar les pido disculpen mi intermitencia. Parezco el Guadiana. Ya les expliqué las razones y no pienso abundar más en ellas.
    Sobre la “Carta a Fuca”, decir que estoy enkantado. Debo confesarlo. Por eso, si me lo permiten, dejaré a un lado mi opinión sobre la poesía de don Miguel Veyrat (que por otro lado creo ya haberla manifestado con claridad, por cierto, yo estoy del lado de la niebla, el naufragio y la muerte.) para centrarme en otro asunto. Lo que vendría a ser “la crítica de la crítica”.
    Mas no se apure señor Kant, pues su escrito me parece impagable, y no tengo sino buenas palabras que dirigirle y alguna que otra reflexión.
    En primer lugar permítame celebrar su admiración por Kavafis. En eso, también, estamos de acuerdo.
    Como no quiero extenderme en demasía, argumentaré de manera esquemática:

    (1) Envidio y admiro esa visión global que tiene usted de la evolución del mundo y de la cultura occidental. No puede imaginar cómo la desearía para mí (en ello estamos), con independencia de que las opiniones que usted expresa coincidan más o menos con las mías.
    (2) Me gusta mucho la honestidad con la que habla, la sinceridad que expresan sus palabras. Percibo en ellas pasión y entrega. Y eso señor Kant, es una actitud muy valiente y, también, como usted sabe, dolorosa. Pasión por la verdad, pasión por el arte, por la cultura occidental en general. Aún sabiendo, estimado señor Kant, que Efialtes aparecerá finalmente y pasarán los persas.
    (3) Dicho todo esto, decirle que sus opiniones las considero interesantísimas y, cómo no, discutibles. Sin embargo si tuviéramos ocasión de debatirlas supongo que acabaría por darle a usted la razón (tras mucho charlar), por más que me resista a reconocer su diagnóstico.

    Ahora, dos reflexiones: a) en un momento dado dice usted: “El sueño de la razón”. Permítame darle la vuelta: “La razón de nuestro sueño”. Esa debe ser nuestra convicción, y nuestra lucha. b) Describe la poesía de don Miguel como “quebrada”, y no le falta razón pero, si aceptamos (como creo que aceptamos) la poesía de Veyrat como algo propio, como algo que nos toca, que nos concierne, ¿no es eso asumir de algún modo nuestra propia fragilidad y reconocer, a través de sus versos, que nosotros también, en algún sentido, somos gente quebrada? ¿No es eso lo que le sucede a Pedro, desorientado como está por su poesía? La diferencia entre él y yo (o nosotros) es que hasta ahora él no sabía de su “quebrado”. Lo acaba de descubrir leyendo a Veyrat.

  47. María Otal

    Corro y corro antes de que el Señor Serna nos proponga otra cosa.

    Muchísimas gracias, señor Veyrat, por darme la razón. Fíjese si soy ignorante, que no entiendo bien, no del todo, el argumento por el que me la da, pero estoy encantada y alagada. Lo que sí debo decirle es que sí he reflexionado mucho sobre poesía y he leído y leo muchísima; me gusta la rimada y la de verso blanco; la que llama figurativa (me hace gracia) y la no; me gusta toda la que tenga eso que llama tan bonitamente la música de la lengua, la que me diga algo o me haga sentir algo.

    Soy joven, pero no tanto como para… ni tan poco como para… Estoy a caballo entre las dos edades, pero soy ignorante y lo voy a seguir siendo en algún campo porque ya no es posible abarcar todo, por eso entro aquí, para llenar lagunas y porque son todos tan amables y cariñosos que da gusto.

  48. Kant

    Don Pedro, por mí, sea.

    Para el resto, por don Pedro, entiendo que este caballero tiene razón. Expresó su idea y sus sentimientos como entendió que debía hacerlo. Le asiste su razón y su emoción. Unos cuantos expresamos, de forma bastante coincidente, sin duda, nuestra opinión. Él se ratificó en la suya. Y a partir de ahí, siendo él persona de parcas palabras, me parece inoportuno persistir en ello. Desde este momento, y aunque no coincidamos en la misma opinión, si él me lo permite, blandiré mi acero contra quien lo turbase con este asunto.

    Don Alejandro, debo agradecerle también a ud. sus palabras, tan injustas como la de cualquier amigo. Si me lo permite, sólo un par de apostillas…

    Sobre los bárbaros. Ay, sr. Lillo, si fueran los persas quienes a quienes esperásemos, si fueran persas quienes vinieran, quienes pasaran, si fueran persas – los acogedores y custodios de nuestra cultura clásica cuando los asilvestrados cristianos la destruyeron toda, persiguieron a todos, arrasando cuanto no comulgara con su tosca visión del Universo, con su intransigencia convertida en fe – yo, gustosamente, les daría la bienvenida. Sin embargo, temo que quien se otea en el horizonte no son ellos sino los vencedores de Adrianópolis. Y con ellos no habrá piedad. Nos perderemos, como nos dijo Rutger Hauer, devenido replicante, – pues la frase fue una interpolación personal suya en “Blade Runner” – como lágrimas en la lluvia… Nuestras propias lágrimas… pues nadie llorará por nosotros.

    Sobre mis opiniones. ¡Hombre, don Alejandro! mis opiniones son eso, mis opiniones, y si en algún momento habláramos directamente, ni mi intención sería convencerle a ud de nada ni creo estar dotado de poder alguno para conseguirlo aunque me lo propusiese, se lo aseguro. Estoy convencido que también ud tiene sus propias ideas, maduradas y serenas, que le permitirán su propia cosmovisión y un encuentro tranquilo con las mías sin necesidad de que ninguno de nosotros tenga que renuncia a nada propio mas que por el propio convencimiento de que lo aportado por el otro es más razonable que lo defendido por uno mismo. Ahí, nadie resta, ambos suman.

    Una discrepancia. Entiendo (¿ve ud?… es otra opinión personal) que una de las claves fundamentales para entender el fracaso de la Ilustración es que no se atendió al principio goyesco de su grabado 43 de “Los caprichos”. La pervivencia de un pensamiento mágico, idealista, como rector del desarrollo de los principios ilustrados, nos puso en una difícil tesitura: construir con ideas abstractas, con sueños, lo que debía ser antropológicamente respetable y jurídica y políticamente concreto. A guisa de ejemplo: desde que se habló de la separación de poderes en nombre de la Libertad (¿qué es eso de la Libertad?) a todo el mundo se le llenó la cabeza y la boca, incluso la imaginería laica, con ese abstracto pero, ahora mismo, en concreto, no existe ni una sola democracia del mundo, ni una sola, en la que el poder judicial dependa directamente de la voluntad ciudadana. Ni una sola. Tal vez por eso cita tan a menudo a Tito Livio: “facta, non verba”. Sin embargo, Occidente, lejos de endurecer sus planteamientos contra el obscurantismo del pensamiento romántico, le dio las alas que hoy nos conducen a la más estéril de sus nietas, esta postmodernidad vacua, intrascendente para las personas y erial para las sociedades… todo es indiferente, todo es volátil, todo evanescente, nada trasciende, nada importa… todo es nada. Eso ocurre cuando duerme la razón, cuando se construye con ladrillos de sueños.

    Doña Marisa, salud.

    Doña María, fue un placer.

  49. jserna

    Gracias, señor Kant, por su aportación, por su texto, por su reflexión sobre la decadencia, de la que discrepo enteramente. Pero eso ya no importa…

  50. Alejandro Lillo

    Señor Kant. No sabe cómo disfruto leyéndole y hablando con usted. Varias cosas y por orden. Completamente de acuerdo con la idea de la suma y del enriquecimiento mútuo. De lo que no estoy tan convencido es de que mis ideas sean ni tan maduras ni tan serenas como sin duda me gustaría. No importa. Sobre los sueños: seguro que conoce a Ernst Bloch y su libro “El principio esperanza” (creo que era así). No creo que convenga confudir los sueños con el idealismo. Lo del romanticismo es muy interesante, e intuyo que cuando salga el tema, que seguro que Justo lo sacará tarde o temprano, intuyo, como le decía, que nuestras opiniones en ese punto serán convergentes. Un saludo.

  51. Kant

    Don Justo, en ningún momento dudé que discreparía plenamente conmigo (me habría preocupado lo contrario). Gracias a ud. por su indiscutible y total generosidad.

    Don Alejandro, considero que nadie tiene sus ideas serenas y maduras, salvo los idiotas o los sabios. Toda vez que de estos apenas dispone la humanidad y nosotros no somos tan osados para proclamarnos como tales; y dando por cierto y seguro que tampoco somos, ninguno de los dos, modestia aparte, idiotas, no creo que sea el caso aplicarnos las escepciones. Al tildar las ideas de la manera que lo hice, me refería al proceso de reflexión que, no me cabe duda, ha tenido y sigue teniendo, para conseguir un pensamiento satisfactorio para ud. mismo (de ahí la serenidad y madurez).

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s