Cómo escribir

escrituraEntrevista a Justo Serna

14 de enero de 2009

 

Liriana Carrera

 

P: ¿Cuáles son las principales diferencias, si las hay, que se plantea a la hora de escribir en prensa, en el blog, o cuando lo hace para un libro?

 

R: De entrada, los géneros y los medios son distintos. La manera de plantearse el objeto en un artículo de prensa o en el blog es completamente diferente. Y creo que el resultado debe ser también muy distinto. En un artículo de prensa siempre hay un motivo de actualidad, al menos para mí; un motivo de actualidad que, por una razón o por otra, me gusta o me disgusta, un hecho que me lleva a plantear algún análisis a partir de ciertos recursos culturales. Es decir, siempre suelo poner alguna referencia de este o de aquel libro, algún volumen que haya leído y que me recuerde ese hecho que estoy analizando. Además procuro que tenga cierta moraleja implícita, algún subtexto que yo no hago explícito pero que pueda manifestarse al leerlo: alguna broma, algún guiño, alguna ironía. Por otra parte, en el artículo de prensa,  por supuesto siempre me guía el deseo de interesar no a los académicos, sino al público en general.

 

En el blog escribo básicamente de una manera progresiva. Es raro el día en que yo escribo algo que empiece y acabe inmediatamente. Suelo ir añadiendo poco a poco, haciendo work in progress, como dicen los anglosajones. Por lo tanto le voy dando vueltas y más vueltas al objeto, el que sea: un acontecimiento de actualidad que conecto con algún hecho cultural, con alguna referencia cultural, con algún libro. Es una sugestión, pero siempre con mayor libertad que en el artículo de prensa. En la columna periodística he de ceñirme a los caracteres que me dan, de los que no puedo salirme, y esa limitación es tu acicate. En el blog tengo la libertad, en principio absoluta, de escribir lo poco o mucho que desee. Pero este medio también tiene sus limitaciones: he de pensar en los lectores –pocos o muchos— a quienes me dirijo. He conseguido reunir un selecto y variable comité de lectura, amigos que siguen lo que publico, que me dicen lo que creen con comentarios en el propio blog, por correo electrónico, privadamente. Te comentan y te dicen… y sabes qué temas, qué asuntos o qué cuestiones interesan más.

 

Los libros son una materia muy distinta porque, para empezar, no se conciben en un solo día. Requieren documentación, reflexión, una reflexión de largo aliento. Desde luego, si lo planteo desde mi propia perspectiva, lo que los libros necesitan es un objeto de conocimiento, fuentes históricas, un análisis –un estudio minucioso, un estudio hecho con el mayor rigor posible— y un acierto expresivo  que haga entretenido el trabajo. Eso puede llevar meses… qué digo meses: puede llevar años. En un libro como Diario de un burgués, que publicamos  Anaclet Pons y yo en 2006, la escritura propiamente duró unos cuatro o cinco meses, con tres revisiones creo recordar; pero la documentación y el análisis nos costaron una década. Y no exagero.

  

 

P: En los periódicos en los que escribía o escribe, como El País (actualmente), ¿le exigen escribir sobre un tema en concreto?

 

R: Nunca. Sólo hay una recomendación general: que en la medida de lo posible tenga algún elemento de actualidad, alguna referencia a la actualidad, para que no sea un mero ejercicio de estilo;  y que en la medida de lo posible tenga algún elemento vinculado a la realidad valenciana. Detesto los artículos esforzadamente literarios, esos que se valen de pirotecnias verbales para aturdir sin más al lector. Detesto la bella forma sin consecuencias.

 

P: ¿Existe algún tema o terreno en la escritura en general en que se encuentre más cómodo?

 

R: Quiero darle siempre un sesgo cultural al objeto que esté tratando, sea en un artículo o sea en el blog. Siempre quiero hacer referencia a los libros. ¿Por qué? Porque, como dijo William Faulkner, la mayoría de los actos que un hombre puede hacer han sido realizados ya y de ellos hay huella en los libros. ¿Pero eso qué quiere decir? ¿Que yo me encuentro más cómodo hablando de literatura que de política? No necesariamente: yo me encuentro cómodo hablando de algo que no me resulte impostado. Quiero decir: de algo que verdaderamente me interese, me obsesione, en ese momento y en ese contexto. Eso significa que si yo estoy escribiendo sobre Facebook y Rita Barberá, pongamos por caso, el tiempo que yo dedique a documentarme sobre eso y a escribir es precisamente lo que me está motivando.

 

Pero sí que es verdad que me siento muchísimo más cómodo hablando de libros y de literatura, de historia o de cultura que no propiamente de política. Lo cual no quiere decir en absoluto que de política no me guste hablar.

 

P: ¿Ha vivido algún momento polémico con otros escritores o periodistas a propósito de algún artículo que hayas escrito?

 

R: Tuve alguna polémica con el Conseller Rafael Blasco, hace ya algunos años, a propósito de un comentario crítico que yo hice de un artículo suyo. Eso desencadenó réplica, contrarréplica, una nueva respuesta de Blasco y un cierre mío, pues los responsables de El País pensaron sensatamente que debíamos acabar una polémica que no conducía  a ningún lado.

 

Luego he tenido otra controversia con Pío Moa, a propósito de un libro que él publicó sobre Franco. Era una obra flojísima y sesgada que él pretendía presentar como una investigación histórica. Sólo era un panfleto. Hice el análisis y crítica de su libro, en términos históricos, propiamente historiográficos, y a partir de ahí sostuvimos una polémica bastante acerba en Periodista digital. Luego, más recientemente, sospecho que algún artículo mío, en la época en que publicaba en Levante-Emv, sentó extraordinariamente mal al Arzobispado de Valencia, en concreto uno que titulé La riada como metáfora. Aquello trajo consecuencias. No me pregunte cuáles.

  

P: ¿En que momento de su carrera empieza a escribir en prensa? ¿Lo consideraba como una etapa lógica en el proceso cronológico de esta?

 

R: Si escribir en prensa quiere decir que te publiquen algo en un medio impreso, entonces empecé pronto. Si no me equivoco, fue alguna carta al director que yo mandé a…: no sé si era a Noticias al día o a Diario de Valencia. Cuando era estudiante, en cuarto o en quinto de carrera, y me sentía muy bien cuando  me publicaban una carta al director. Pero el primer artículo que recuerdo haber publicado fue un artículo, una reseña sobre un libro de Antonio Gramsci, hace muchos años, en uno de estos dos periódicos que he mencionado antes, periódicos valencianos del principio de la Transición.

 

Es curioso, porque siempre tuve ganas de publicar y, efectivamente, digamos hasta cierto punto, la actividad académica no facilita este deseo –el de publicar en prensa–, sino todo lo contrario: lo interfiere y lo frena. Escribir no significa saber escribir para un público no académico. Hay que aprender un estilo personal y hay que saber adaptarse a las condiciones del medio. Además, yo estuve preparando la tesina, la tesis, investigando, etcétera, etcétera. Estuve acudiendo al archivo, documentándome, no era un momento fácil para poder publicar en prensa.

 

De hecho en los años ochenta, que yo recuerde, salvo textos académicos, publiqué muy poco: algún artículo en Cartelera Turia, alguna carta al director, pero, vamos, cosas así y poco más. Fue a partir del final de los noventa cuando empecé a tomarme en serio la posibilidad de escribir en prensa, ya que en revistas académicas ya había publicado, como digo.

 

Contaré una anécdota, no sé si divertida. Cuando yo estaba sirviendo al Rey, vaya, cumpliendo con el Servicio Militar, estaba destinado en la II Sección, que era de información, espionaje y tareas de esta índole. Era una Capitanía Militar y yo estaba allí, en aquella Sección dedicada a Información Exterior. Publicaban una revista mensual, creo, para toda la región militar. No estaba mal hecha y tenía reportajes, artículos de fondo, columnas, tribunas abiertas. Entonces contemplé esa posibilidad. Recuerdo que le dije al Jefe que dirigía: “Mi Teniente Coronel, he visto que publican una revista, me gustaría colaborar, publicar alguna cosa, artículos de opinión…” Reprimiendo una sonrisa sarcástica, me contestó: “Ay, Serna, Serna, pero qué comunista que eres…” Evidentemente se me helaron por completo las ganas de escribir o de publicar algo en aquel medio tan patriótico. Mi principal tarea debía ser la de sobrevivir, que no era poco. Estoy hablando del año 1982, pocos meses después del intento de golpe de Estado del 23-F.

 

P: La mayoría de sus libros tienen como tema la historia o la relación de esta con la literatura o el pensamiento. ¿Hay algún autor en particular que le haya influido a la hora de perfilar su estilo literario?

 

R: No sé si algún autor en concreto me ha influido de manera determinante, pues soy muy ecléctico en mis lecturas. Mezclo autores muy distintos que se me suceden sin un orden preestablecido. Creo que lo que me ha influido ha sido la voluntad de leer: las ganas y el entusiasmo de leer. Si usted me planteara esta pregunta ahora o hace un año, o hace dos, o hace diez, seguramente respondería de manera distinta, con autores diferentes, pero el hilo conductor sería siempre igual, la lectura, los libros. Hace treinta años yo solo era lector, un muchacho cuyo principal placer era aprender lo que estaba en letra impresa; ahora sigo siendo básicamente un lector, a pesar de ser profesor, a pesar de ser articulista, a pesar de tener un blog, a pesar de escribir libros. En realidad, lo que me gusta es leer. ¿Qué autores son los que me han podido influir más? Pues francamente, no lo sé. Escribí tiempo atrás un libro sobre Antonio Muñoz Molina. ¿Puedo decir que me ha influido enormemente? Bueno, durante un tiempo, Antonio Muñoz Molina era una lectura constante sobre todo cuando lo estaba estudiando y analizando, pero no diría que Muñoz Molina haya determinado mi forma de escribir. Lo sigo leyendo… Durante otra época, en este caso anterior, estuve leyendo de manera sistemática a Michel Foucault, un filósofo francés de gran hondura. Aquello me determinó en aquel momento. Hablo de 1982-1984. Luego lo he leído y releído, pero no podría decir que me haya determinado. O sí, quién sabe.

 

Yo creo que esos autores varían según las fases y momentos: quizá porque soy una persona de obsesiones y compulsiones lectoras, pues lo que me atrae en esa circunstancia me absorbe y de algún modo me afecta. Luego, todo eso que he leído fermenta, como decía André Gide. Todo eso fermenta, sí: quiero decir que todo eso acaba dejando un poso del que emerge una referencia cuando menos te lo esperas. Es probable que a Michel Foucault no lo cite directamente en el momento en el que lo estoy leyendo pero dentro de cinco años o diez lo citaré.

 

Pero añado. Estaba pensando en este momento en un autor que sí que me condicionó muchísimo cuando lo descubrí, tanto por sus ensayos, como por su primera novela. Me refiero a Umberto Eco. De joven, yo quería ser como Umberto Eco, objetivo insensato que he incumplido, claro. Me gustaba su manera de escribir ensayos, textos académicos entretenidos y sabios; me gustó muchísimo su primera novela: seguramente ahora, si la volviera a leer me provocaría menor entusiasmo. Me refiero a El nombre de la rosa. Pero de él sobre todo me gustaba y me gusta esa capacidad transversal que tiene para tratar los temas. Y eso, modestamente, es lo que uno espera hacer: tratar transversalmente los temas con una cierta gracia.

 

P: ¿Cómo definiría su propio estilo literario?

 

R: Yo creo que el precepto que deberíamos seguir siempre –y yo espero seguirlo– es la claridad, la comunicación clara, que es, como diría José Ortega y Gasset, la cortesía del filósofo, o del modesto escritor de periódico. Hay que enunciar las cosas de la manera más clara posible, del modo más ordenado y sensato, para que el lector no se confunda ni se enrede. Pero también para que se vea nítidamente cuál es la posición de quien escribe, qué efectos quiere provocar con lo que publica. Claridad no significa poner las cosas en su mínimo común denominador. Al contrario, hay que escribir de manera exigente. Exigente quiere decir, en este caso, refinada y apelativa: de la manera más rica que uno pueda, que no rebuscada; de la manera más culta, que no barroca. Por tanto, se trata de ser exigente con el lector, reclamar su interés, forzarle a salir de la modorra. De algún modo, si tú escribes de una manera cuidadosa, más o menos refinada; si tú escribes de un modo razonado, entonces obligas al propio lector a refinar su lenguaje, sus recursos y su forma de argumentar. Para mejorar mi forma de escribir, he tenido que hacer un esfuerzo; de algún modo yo también le pido al lector que haga el esfuerzo de ponerse en ese plano, que es una autoexigencia.

 

Creo que hay muchas resonancias explícitamente cultas en lo que escribo, librescas, bibliófilas, ¿Por qué? ¿Por pedantería? No, porque es mi mundo. Si yo me muevo entre libros y, como antes decía, me considero básicamente un lector, ¿qué otra cosa podría hacer? Por eso, es inevitable que mi experiencia vital, en un alto porcentaje, dependa de los libros. Si yo hubiera viajado mucho, serían las vivencias de esos viajes aquello que me serviría para examinar la realidad, para contrastarla, para comentarla, etcétera.

 

Pero, para acabar, hay algo que añadir. Además de ser claro en la medida de lo posible y además de valerme de referencias más o menos cultas, siempre quiero darle a la escritura un elemento irónico: alguna pequeña alusión o algún guiño que ciertos lectores, sino todos, puedan captar. Me gustaría que fuera así, pero no siempre lo consigo, claro. Me agradaría que el lector captara algo de guasa en lo que escribo, si es que he sido capaz de transmitirla. Desde luego, en la medida en que puedo,  introduzco ese elemento irónico o incluso sarcástico. Si no, ¿para qué escribir? ¿Para avinagrar el mundo?

 

26 comments

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  1. Angel Duarte

    Desde luego que no. El mundo ya está suficientemente avinagrado. ¿Me permite que le felicite, don Justo? A usted no lo determina ni Dios (con mayúscula, claro está). Aunque, como al resto de los mortales que escriben, le influya, sólo le influya, un santoral. En su caso, de fuste.
    Muy buenos días

  2. jserna

    Como se puede ver, la ilustración que acompaña a esta entrevista es la de un simio escribiendo. Con mono o sin mono, Darwin nos afecta en los últimos días, especialmente por las intervenciones de Juan Antonio Millón y David P. Montesinos, que nos llevan al darwinismo social (cosa que convendrá tratar aparte). Pero he puesto a ese mono escribiendo, porque es eso justamente lo que hacemos quienes publicamos en prensa o aquí: tantear con instinto, con aprendizaje y con un puntico de osadía; teclear con atrevimiento e inseguridad. Como hacen los monos del zoo, que te retan y se apartan, que te interpelan y se vuelven a su cubículo. En fin.

    Muchas gracias, sr. Duarte.

  3. Isabel Zarzuela

    A mí me ocurre, Don Justo, que cada vez que le leo salgo de mi modorra :-). Pero no me supone un esfuerzo. Es todo un placer.

    Me sumo a las felicitaciones. Un abrazo.

  4. Juan Antonio Millón

    ¿Cuántas veces no habremos leído y dicho nosotros mismos la celebérrima frase de Baudelaire:”Hypocrite lecteur – mon semblable – mon frere”. Nos identificamos y nos desdoblamos como el “hipócrita”, como el actor-lector, como ese mico que representa teclear ante la máquina de escribir: Gramsci, Eco, Foucault, Muñoz Molina…papeles que ejecutar ante el tablado del público lector, que asiente y se regocija.

    Avanzamos del Qué escribir al Cómo escribir. Y nosotros, sus lectores -sus prójimos, sus hermanos- nos identificamos, o discrepamos, como actores que dan la contrarréplica, metiéndonos de lleno en las “semanas del jardín”.

    Mis parabienes, don Justo.

  5. Marisa Bou

    Quiero sumarme a las felicitaciones, Justo. Me parece magnífica tu descripción del modo de escribir que empleas. Es así, exáctamente como lo explicas. Y nos sacas a todos de la modorra: a los que cuentan con el aplomo que da el saber, porque provocas en ellos largas y sabrosas respuestas; a los que tenemos un caudal menor de sabiduría, porque nos empujas, cada vez más, a la lectura.

    Nunca podré agradecerte bastante el descubrimento que me hiciste de este mundo de cultura, en el que ahora me siento una más, aunque pequeñita.

  6. Juan Antonio Millón

    Cuando visité con mi famiia, hará ahora unos diez años, la Abadia de Westminster, lo primero que busqué allí fue la tumba de Eliot. Ningún asomo de necrofilia, únicamente agradecerle lo más cercano a él que pudiese, las horas que pasé leyendo, extasiado de intrepretaciones, sus poemas, entre ellos, ¿cómo no? su Tierra Baldía. Cómo puede un hipócrita lector olvidar estos versos:

    ¿Cuáles son las raíces que arraigan, qué ramas crecen
    en estos pétreos desperdicios? Oh hijo del hombre,
    no puedes decirlo ni adivinarlo; tú sólo conoces
    un montón de imágenes rotas, donde el sol bate,
    y el árbol muerto no cobija, el grillo no consuela
    y la piedra seca no da agua rumorosa. Sólo
    hay sombra bajo esta roca roja
    (ven a cobijarte bajo la sombra de esta roca roja),
    y te enseñaré algo que no es
    ni la sombra tuya que te sigue por la mañana
    ni tu sombra que al atardecer sale a tu encuentro;
    te mostraré el miedo en un puñado de polvo.

    Gracias por traelo a mi memoria, don Justo.
    Suyo, su lector hipócrita.

  7. Arnau Gómez

    ¡Gracias D. Justo!.Le doy las gracias porque en sus escritos hay ironía,elegancia,naturalidad,que oscilan desde la cortesía del filosofo al modesto escribidor de periódico.
    Pero no estoy en todo de acuerdo.Sus lectores (yo entre ellos) no somos hipócritas,porque sería hipócrita aquel que le loara,pensando que no es merecedor de alabanza.
    Cuando le diga que me gustó lo que escribió o lo que nos propuso, es porque lo pienso.Si no lo pensara, tal vez callara o tal vez no, mon sembable, mon frère.

  8. Juan Antonio Millón

    Don Arnau, iba a decirle que no dramaticemos. Pero más bien ha sido, en cierto sentido, la idea de drama -de “drama em gente”- la que me ha llevado a utilizar ese término griego, reservado para aludir a “los que contestan en un diálogo”: “Hypokrites”. En Baudelaire tiene una carga subversiva, que llevaría a su radicalización ese gran lector de Baudelaire que fue Pessoa:

    O poeta é um fingidor.
    Finge tão completamente
    Que chega a fingir que é dor
    A dor que deveras sente.

    No es frivolidad, se lo aseguro, aunque no negaré su sesgo irónico.

  9. Pumby de Villa Rabitos

    De nuevo nos encontramos con la permanente retroalimentación de un sistema cerrado. Serna escribe porque le leen y los lectores lo leen porque escribe Serna. Es el justiciero dictamen del mercado (no hablo del comercio… lo digo por los espíritus melindrosos). Si Serna fuera un petardo ¿quién lo leería? Y al revés, ¿para qué iba él a esforzarse por escribir? Salvo que fuera parte de una terapia – y entonces le niego el valor creativo – nadie escribe sin dirigirse a alguien. De ahí surge la cuestión “cómo escribir” y Serna nos cuenta su caso, sin embargo, eso mismo comporta el planteamiento inverso “cómo leer”, en este caso, “cómo leer a Serna”. Él se ha descarado y lo ha dicho, alto, claro y conciso ¿y vosotros? ¿porqué lo leeis? ¿cómo lo leeis?…

  10. Marisa Bou

    Pumby, creo que en este blog todos admiramos a Serna. Porque es un hombre lleno de sabiduría, que sabe transmitir a quien lo lee. Porque escribe de modo ameno y cercano, porque sus opiniones son, en cada tema que trata, acertadas, comprensibles y compartibles. Porque además de ser un gran lector -como él mismo se define- disfruta comunicando a los demás sus impresiones sobre lo que ha leído.
    Y el cómo, está aún más claro: le leo con devoción, con adicción, con la mente abierta a lo que su saber me transmite.
    Si este blog no existiera, yo le suplicaría que lo creara, ya mismo.
    ¿Puedes contarnos tú cómo y porqué lo lees? Me encantaría conocer la opinión de un gato sobre lo que escribe un hombre. Sobre todo, tratándose de un gato tan “sui géneris” como tú.

  11. Pumby de Villarabitos

    Qué interesante ¿no, Marisa? Resulta que pregunto y por respuesta se extiende el vacío. Tu, atrevida – ¡menos mal! – contestas y me devuelves la pregunta… ¡bien!… Este gato lee a Serna porque le recuerda, constantemente, su condición humana (que paradoja, ¿no?). Sólo por eso. Para mí, el resto son añadidos y oropeles que ni él pide ni necesita. El resto debería entrar en la subjetividad de cada cual y recaer en el hecho de disfrutar con su lectura.

    Recuerdo cuando le preguntan a Andrés Hurtado porqué está enamorado de Lulú y el responde sencillamente “por qué sí” y no debería haber más razones que la que eso comporta en la lectura de Serna (y de cualquier otro buen escritor). A mi me da igual la forma, lo que me interesa es que me llega; y cuando me llega, me dice; y cuando me dice mi cerebro se activa y vive y, por vivir, goza. ¿Y el fondo?… pues a veces comparto, otras rechazo, otras discuto, otras admiro, otras pataleo. Y, hop, precisamente por eso conecto con el fondo de su fondo – válgame la redundancia – lo gozo, lo vivo, vida.

    Condición humana… disfrutar… gozar… discutir… discurrir… vivir… Esa es mi visión de lector gatuno, Marisa.

    También lo puedes leer en negativo. En él no encuentro decrepitud, no hay aportaciones depresivas, funestas, cenicientas… Tampoco sentencias, dogmatismos, irracionalidades… Sus letras viven en el mundo de los vivos, equidistantes del de los muertos y del de los lelos. Así que me lo paso la mar de bien con ese humano que a veces es demasiado humano.

    Ah, perdón, por si alguien no está avezado en Pío Baroja, os diré que Andrés Hurtado y Lulú son los “protas” de “El Árbol de la Ciencia”, un texto que considero de obligada lectura para cualquier españolito que viene al mundo y no necesita dios alguno que lo guarde. Creo que está en Alianza Bolsillo.

  12. Juan Antonio Millón

    Imagino que al ser un neófito en las artes de la red (que voy viendo que arrastran y capturan como las marineras y cinegéticas), muchas de las cosas que veo y oigo en ella me sorprenden y casi me escandalizan. ¿Por qué y cómo se lee a don Justo Serna? O cándida pregunta -que produjera sonrojo-, o secreto de confesión -que no requeriría adquirir la condición de público-, o arranque de interrogatorio -impropio de un gato de querencias ácratas.

    Bastaría la respuesta que lo leo, y punto. Pero la cortesía y la elegancia, que son galas de este blog, merecen otra respuesta. En principio cabría distinguir, como él mismo hace en la respuesta de su entrevista, entre sus trabajos académicos, sus libros, sus artículos y su blog. En todos ellos, sin embargo, el rigor, la claridad, el riesgo, la novedad y el compromiso con la escritura y la responsabilidad intelectual, se aúnan para conferir magnetismo a cada uno de sus textos y de sus intervenciones. Son, pues, una fiesta de la inteligencia y una invitación contínua a la participación en el conocimiento.

  13. Isabel Zarzuela

    ¡Ostras con el minino! Transmite usted mucha vitalidad, Pumby. Así da gusto…
    Pues sí. Serna no necesita añadidos. Me gusta y punto. Me informa, me enseña, y me divierte sobremanera.
    Este blog es “una fiesta de la inteligencia y una invitación contínua a la participación en el conocimiento”. No podría definirlo mejor, Sr. Millón.

  14. Ana Peris

    Me sumo a las palabras de Marisa Bou en su primera intervención.
    También a mi me has hecho recuperar el interés que tenía olvidado en un cajón por esta cosa tan deliciosa y necesaria que es el mundo de la cultura.
    Gracias Justo.

  15. jserna

    Me siento azorado con sus palabras. Espero esta tarde poder añadir algo sobre esto de escribir y de leer, algo que es inquietante. Por lo menos para mí lo es. Ya verán.

    Esta mañana no he podido corresponder a sus comentarios porque una pequeña intervención quirurgica me impedía escribir.

    Pero después me explayo.

  16. Paco Fuster

    Confieso que hasta hace un rato no había podido leer con calma la entrevista. Supogno que como historiador debería opinar sobre la preguntas y las respuestas al respecto, pero me ha llamado la atención la anécdota que cuenta Justo de su episodio con el teniente coronel.

    Me imagino al teniente coronel y no puedo evitar la risa. Vaya ecuación más evidente: si quieres escribir artículos de opinión en la revista para la región militar es que eres comunista. Desde luego, la mili es la mili. Esa anécdota me ha recordado (no sé si Justo ha reparado en ello alguna vez) a un pasaje -o a varios- de “La chaqueta metálica”. Hay un momento genial en el que el sargento chusquero protagonista le pregunta al personaje encarnado por Matthew Modine (el “recluta bufón”), si cree en la Virgen María. El recluta le responde que no y el sargento le pega una bofetada y le insulta con brío; le llama pagano comunista por no creer en la Virgen.

    Además, este personaje tiene otro lazo con la historia de Justo: a mitad de la película, cuando termina el período de instrucción y el sargento lee a los reclutas el destino de cada uno, al personaje de Modine le dice que le ha tocado en “Barras y estrellas”, el servicio de información de los marines. El sargento se sorprende y le dice que le está tomando el pelo, pero Modine le dice con sorna que no, que de pequeño escribía en el periódico de la escuela.

    La verdad es que supongo que existe abundante bibliografía sobre el tema de las anécdotas en la mili, pero es todo un clásico. Algunos camareros que trabajaban conmigo nos contaban algún día sus historias y terminábamos tronchándonos de risa. Es un ámbito -el de la mili- en donde la realidad, una vez más, supera con creces a la ficción.

  17. Miranda

    Es asombroso lo serios que se ponen los escritores y los entrevistadores. O igual resulta que es que los demás gremios no reciben esa especie de veneración hacia la mollera del entrevistado.
    El caso es que una vez en estando de gira me hicieron una entrevista en la que tras un par de lugares comunes, en lugar de preguntarme por cosas cabales o levemente pretenciosas (que molan lo suyo) como qué opino de Boecio o de la “música de las esferas”…un suponer, me acabaron preguntando cómo me gustaban los hombres. (Lo que daba por supuesto ya en la pregunta que me gustaban, no puso cuanto…en fin).

    Mi respuesta fue escueta y rápida, porque no necesitaba meditar para ello: huérfanos.

    Dicho esto, querido D. Justo, le haré la pregunta que falta para ser un verdadera entrevista hispana de todo a cien.

    ¿Cómo le gustan a usted las mujeres?

    Beso.

    M.

  18. Pumby de Villa Rabitos

    Ja, ja, ja… ¡magnífico! (léase con voz, acento y entonación de George Clooney en el anuncio de Martini de la gélida emasculación taurina)… ¡magnífico, Miranda!… ja, ja, ja…

  19. Angel Duarte

    Estamos esperando la respuesta, don Justo, a “la” pregunta: ¿Cómo le gustan a usted las mujeres?
    Espero que la intervención quirúrgica no le impida responder. Coja el toro por… donde pueda.

  20. jserna

    Por los clavos de Cristo. Le respondería en extenso, Miranda, pero tengo un dedo sajado y con varios puntos de sutura. Es un dolor. Quería escribir esta misma tarde, pero esa herida me trastorna. Así es que…, me pregunta que cómo me gustan las mujeres. Es, efectivamente, una cuestión de todo a cien. Como cuando a un célebre político español le preguntaron por lo mismo y respondía: “A mi me gusta que la mujer sea mujer, mujer”.

    Pues eso.

    Y los hombres, hombres; y las manzanas, manzanas, que no peras. ¿O era al revés?

    ———

    Ah, Alexandre, perdone. La antología de Gramsci con larga introducción está entregada hace un par de meses, como mínimo. Suponemos que aparecerá esta primavera, esta larga primavera.

  21. La ratita presumida

    Qué podríamos decir de un hombre que cuando escribe en prensa le guía el deseo de “interesar no a los académicos sino al público en general”, que cuando escribe en su blog “piensa en los lectores a los que se dirige”, que transmite “las ganas y el entusiasmo de leer”, bien a los que no conocen determinadas obras, bien a los amodorrados. Qué podríamos decir de este hombre, tan comprometido en difundir la cultura al mayor número de gente posible.

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