De risa

carcajadaLa risa. Me gusta emplear el blog para escribir sobre lo que me interesa. Tomarme la libertad de  detallar lo que me inquieta o me place. Es lo que suelo hacer. Un ensayo que me entretiene, una novela que me hace pensar, una película que me enreda, una poema que me enfría: ésas son las historias con las que normalmente sobrevivo. Una reseña pendiente, un artículo que aún debo, un compromiso incumplido: ésas son las cargas verbales que he de sobrellevar. Con mucho gusto, eso sí.

Pero la actualidad, la dichosa actualidad, me empuja a hablar de lo que los medios dictan y de lo que es escandaloso o chusco o banal. Pienso en Gürtel otra vez y no hay manera de desprenderme de ese asunto. Me dispongo a leer la prensa, a consultar los periódicos atrasados que acumulo. Las grabaciones transcritas y difundidas me hacen carcajearme. Que te hagan reír es algo que agradezco mucho. ¿Pero cómo y quién te hace reír?

Recuerdo cuando vi Pulp Fiction (1994), de Quentin Tarantino. La verdad es que me sorprendieron el tratamiento de la violencia y la banalización del horror pistolero. “Hola, soy el Sr. Lobo. Yo arreglo problemas”, decía el personaje interpretado por Harvey Keitel en aquella película. John Travolta y Samuel L. Jackson estaban en un serio aprieto. De su coche tenían que hacer desaparecer los restos de un cadáver: más concretamente los sesos desparramados de un tipo que acababan de acribillar. ¿Eso puede ser chistoso? El Sr. Lobo sabía cómo limpiar el vehículo, cómo retirar hasta el último vestigio sanguinolento. Eliminar pruebas, vaya.

La prueba es central en el trabajo del detective, del juez, del historiador. Digo esto e inmediatamente recuerdo mi lectura de El juez y el historiador, de Carlo Ginzburg. En dicho ensayo, el historiador italiano ponía el acento en la prueba, en lo decisivo que es conservar el testimonio o la huella que sirvan para  investigar. El Sr. Lobo atenta contra lo sucedido. Al eliminar pruebas, exculpa y, sobre todo, destruye lo pasado, lo cambia. Hablo de lo pretérito, hablo del Sr. Lobo y por hache o por be voy a parar a la última película de Tarantino: Malditos bastardos (2009).

En este film se reescribe el pasado: el director inventa una brigada de matones norteamericanos de origen judío que, entre otras lindezas, se dedica a liquidar nazis y a cortar sus cabelleras. De chiste. En el pasado mítico de las películas son los pieles rojas quienes hacían tal cosa. Aún recuerdo mi infancia y mi adolescencia: mi aturdimiento y la risa nerviosa que este acto de salvajismo o de venganza me provocaba. Tarantino –ya digo– reelabora lo sucedido, lo sucedido en el cine y lo que nunca ocurrió en la realidad: imagina  una reacción violenta y eficaz de los hebreos contra los verdugos del Tercer Reich. Todo el film es un disparate, pura broma, y es un homenaje gamberro y cómico a aquel género de los sesenta que tanto  nos hizo disfrutar ( y reír): Los cañones de Navarone (1961), Doce del patíbulo (1967), El desafío de las águilas (1969), etcétera.

Uno examina la actuación de Brad Pitt en Malditos bastardos y ha de admitir que ejecuta con gracia el papel de tipo achulapado y bronco, guaperas y pendenciero. Es un cómico al que Tarantino exagera hasta hacer de él una caricatura, un auténtico payaso. Probablemente en esa película haya una escena especialmente descacharrante, de comedia de  enredo. Es aquella en la que los matones antinazis (un tipo apodado El oso judío y los otros acompañantes hebreos capitaneados por Brad Pitt) han de asistir al estreno de una película producida por Joseph Goebbels.

Allí esperan consumar un atentado (y no les digo más). Lo simpático, lo hilarante, es cuando los bastardos que hablan un inglés evidente deben hacerse pasar por italianos. Balbucean el idioma y reproducen gestos que se suponen propios de sus naturales. Sin duda, lo que está flotando en la película aparece ahora de manera explícita: más que una película de guerra, estamos viendo un spaghetti-western, aquel género en el que la violencia pistolera era brutal, gratuita e involuntariamente cómica.

El humor nos rodea y emplear la risa a mandíbula batiente, con la broma como antídoto, es el arma de los humanos o de los débiles frente al poder y los engreídos. Así lo temía Jorge de Burgos en El nombre de la rosa, la novela de Umberto Eco que citaba Pumby y que ustedes recordarán. Pero la risa no es el disolvente de la seriedad, sino el taladro de la severidad. El humor es un asunto muy serio, que se ajusta a reglas de composición y que se ceba, por ejemplo, en la debilidad de los ufanos. En cambio, la severidad es otra cosa:  el tipo severo es, precisamente, aquel que no admite la risa, aquel que repudia la ironía, aquel que rechaza el sarcasmo, ese sarcasmo que algunos  se merecen por payasos…

Hemeroteca

Novedad del día:

Justo Serna, “Don Ricardo Costa”, El País, 30 de septiembre de 2009RicardoCosta

 

 

 

 

Blogosfera:

Pedro Amorós: sobre La juventud domesticada, de David P. Montesinos

Pepe Reig, candidato a secretario general, con JS

37 comments

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  1. Arnau Gomez

    D. Justo.Hay risas que producen asco,carcajadas que son alaridos,sonrisas que son muecas.Piense usted en un enano con bigote,sus esténtoreas risotadas,enseñando el velo del paladar.¿No le daban asco más que inducirle a reir?

  2. David P.Montesinos

    Sin necesidad de irse al otro lado del charco ni a la cultura anglosajona, que tiene otra manera de entender el asunto, yo me quedaría con nuestro humor negro. Me vienen a la memoria algunas sutiles barbaridades de Chumy Chúmez. O aquel film maravilloso de Fernán-Gómez, El extraño viaje… y tantos otros ejercicios que llegan a forjar un imaginario, que encarnan cierta manera de mirar el mundo de la que a mí, al menos, me resulta imposible desprenderme. Entiendo que a Arnau no le hagan gracia ciertas cosas, pero, ¿qué quieren? yo me lo he pasado bien con las conversaciones del Bigotes. O imaginándome la situación en el PP valenciano con el tema “te comes tú el marrón”. Imaginen a Costa: “pues si me echáis a mí el muerto encima caeis varios conmigo”, o”que la pague este, que es idiota”, etc… No me lo invento yo, viene en la prensa. Sigan dándole rienda suelta a la imaginación y piensen en las cenas familiares de los Pajín, imagínense que ha sido su madre quien… y ustedes son doña Leire. O lo de que ETA haya especulado con el cambio en dólares y les haya salido mal. Y, cruzando de nuevo el charco, piensen en los caretos de Bush en su visita a un cole de Washington cuando le acaban de decir que “América está siendo atacada, Mr President” y el tío se pone a mirar el libro de “Mi amiga la vaca”.

    Entiendo aquello de maldita la gracia, sí, pero hay tratados filosóficos sobre el valor subversivo de la risa… quizá a veces no nos quede mucho más.

  3. Juan Antonio Millón

    Aunque alguna película de Tarantino me ha atraído, con esos peculiares ejercicios estilísticos y narrativos, esa provocación y esos juegos de referencias de las diferentes culturas urbanas, he de decir que mi preferencia en cuanto a la provocación o la radicalidad va mejor de la mano de autores como Lars von Trier y, como ejemplo, su último y genial film, “Anticristo”.

    Si como quiere Immanuel Kant, el talento humorístico consiste en «la posición deliberadamente invertida en que una cabeza ingeniosa coloca los objetos (por decirlo así, cabeza abajo) [proporcionando], con maliciosa simplicidad, al oyente o lector, el deleite de colocarlos otra vez bien por sí mismo» (palabras extraídas de su “Antropología”, recogidas por Alfonso Fernández Tresguerres en el artículo “De la risa”, publicado en la edición electrónica de “El Catoblepas”, nº 8), Tarantino cumple la función de lo risible. Que de ello se produzca alguna “lección” o enseñanza, alguna catarsis (recordemos que Aristóteles sólo la reservaba para la tragedia y la música), es más que discutible. La risa no siempre va asociada a la liberación, al sentido crítico, antes al contrario, muchos actos y valores bien dudosos o de cariz inhumano, e incluso totalitario, se vehiculan a través de lo cómico.

    He de ver “Malditos bastardos”.

  4. Isabel Zarzuela

    “Nació con el don de la risa, y la intuición de que el mundo estaba loco. Y ese fue todo su patrimonio.”

    Rafael Sabatini (Scaramouche)

    :-)

  5. Pumby de Villa Rabitos

    Maldita sea, Juan Antonio… ¿cómo que hay risa que no libere?… dejas campo libre para que algún freudiano nos suelte alguna de sus ideas disparatadas y, a mi, sin más posición que la de coincidir con él. Por todos los Dioses ¡yo coincidiendo con un psicoanalista!… a que tugurios intelectuales me arrastra Serna con su “blog”… Salvo en situaciones anómalas de enfermedad mental – algo sobre lo que Arnau seguro que nos puede iluminar mejor que cualquier comentario de lego – la risa ataca uno de los fundamentos de la represión: la seriedad. Cualquier represor quiere ser tomado en serio. Cualquier acción represiva quiere ser considerada como adusta. Me da igual que sea el dictador de turno o el padre-patrón de la familia tradicional, el probo funcionario o el sacerdote, cuantos ejercen la majadería del poder (¡sabrán ellos que es el poder!) como forma de represión individual o colectiva temen la risa tanto como Jorge de Burgos el presunto texto aristotélico oculto en la torre octogonal.

    Y ya que estoy contigo – es aburridísimo esto de David nada que objetarle, nada que decirle, la coincidencia de siempre… ¡por favor! – me temo que no iremos juntos al cine tu y yo. Especialmente si de Lars von Trier, en general, se trata, o, en particular, de su último ejercicio ¿cinematográfico?, “Anticristo”. ¿Provocación? ¿radicalidad?… ja, ja, ja… pero hombre, si aquello parece un trabajillo hecho como terapia, recomendada por el frenopático en el que debe vivir ese pobre diablo para ver si encauza esa psicopatía que lo angustia y, sin duda, amenaza. Poca risa hay en su obra. Y hay más que inteligencia. Este chico es otro de estos tipos mediocres, traumatizados por la silente consciencia de su propia intrascendencia. De estos que usan la seriedad del asno como valor añadido a su pobre obra y la proyectan desde lo abstruso para ver si con un mensaje ininteligible y una gravedad impostada son capaces de vender una simpleza como la de su última película, por lo demás, perfectamente prescindible.

    Desde luego, una vez visto ese amago de película, uno no puede dejar de compadecerse de la enfermedad del presunto director y recordar al profesor Pangloss: si ese es el mundo escandinavo, no hay duda que aquí, en el sur, entre crisis y desafueros, estafas y sinvergüencerías, incompetencias y despropósitos, estamos en el mejor de los mundos posibles. Riamos.

    ;-)

  6. Arnau Gómez

    Apreciado gato de mi infancia feliz.En efecto hay enfermedades mentales que producen risas hilarantes sin motivo justificado.Del mismo modo que las hay que producen tristeza,llanto y depresión.Cuestión de los dopaminérgicos y otros mejunjes cerebrales.

  7. Marisa Bou

    ¡Ja, ja, ja! ¡Estoy de acuerdo contigo, Pumby! Y no sé si alegrarme o cabrearme, como tú con David P. No te voy a discutir que la risa libera. ¡Y tanto! No hay mejor terapia contra el escuatro (digo estrés), ni nada más sano para el organismo. Lo que no puedo es opinar sobre las películas que comentáis, porque no las he visto. Otras cosas consumen mi tiempo, últimamente. Pero ya me pondré al día, en cuanto sea posible.
    Saludos, doña Isabel. Me alegra que se ría usted también.

  8. R.S.R.

    Al hilo de la escena de Pulp fiction que acaba de rememorar el Sr.Serna, inevitablemente me viene a la cabeza como acaba esa secuencia:(Samuel L.Jackson y Jonh Travolta absolutamente manchados de sangre y sesos, el coche impoluto y Harvey keitel diciéndoles una de las frases más gloriosas de la historia del cine) ¿Se imaginan a Ricardo Costa diciéndole esa misma frase al Sr.Camps después de acabar su discurso de esta mañana?

  9. Juan Antonio Millón

    Me reafirmo en lo que dije antes: “la risa no va siempre asociada a la liberación, al sentido crítico”. Y su andanada “ad hominem”, contra el cineasta danés -que produce hilaridad- me confirma aún más, si cabe, en que la risa conducida por la vejación es prescindible y reprobable. Oigo las risas que siguen a un chiste tópico sobre Franco, las putas, los homosexuales, los negros, etc., y me producen náuseas.¡Qué le vamos a hacer!

  10. Isabel Zarzuela

    Uy, Doña Marisa, no sabe usted cómo río. Y cada vez más… ja, ja, ja. No perdamos nunca el sentido del humor, por favor.
    Debo decirle también que, si tiene interés en ver la película ‘Anticristo’ (de la que habla el Sr. Millón y Pumby), asegúrese que se trata del tipo de cine que a usted le gusta. Yo fui a verla este verano, sin informarme demasiado acerca del film (pensé que se trataba de una película de terror y me tiré de cabeza), y coincidiendo con la intervención del minino, cuando salí del cine no paraba de cuestionarme la salud mental del Sr. von Trier. Ahora bien, debo decirle que la primera escena de la película, en la que una pareja hace el amor al ritmo lento del “Lascia Ch’io Pianga” de Haendel, es magnífica. Magnífica.

  11. jserna

    1. Amigos, sus acotaciones sobre la risa me obligan a hilar fino. Mañana trataré de desarrollar el argumento que tenía previsto teniendo en cuenta sus jugosos comentarios. El gato con botas llamado Punvi se me adelanta y me destroza parte de un post cuyo desarrollo era previsible: que si Jorge de Burgos, que si el libro aristotélico sobre la risa. Recuerdo que yo compartí con el gato que dice llamarse Fulby el entusiasmo desmedido que nos despertaba ‘El nombre de la rosa’. Hablo de comienzos de los ochenta: yo acaba de terminar la mili y una vez en Valencia el gato Tumbi y yo nos retábamos con erudiciones inauditas: las de aquella novela.

    Una vez rememoré cómo descubrí yo ‘El nombre de la rosa’:

    http://www.elpais.com/

    2. Pedro Amorós tiene un blog que he estado repasando. Lo he hecho por invitación amiga. Realmente vale la pena. Lo último que ha publicado es una reseña o reflexión sobre ‘La juventud domesticada’, el libro de David P. Montesinos.

    http://pedroamoros.blogspot.com

    Me gusta tanto su blog que voy a ponerlo en el top ten de mi blogroll.

  12. jserna

    Ayer estuve con Pepe Reig. Da gusto oírle hablar. En su blog (http://pepereig.wordpress.com/2009/09/29/comunicar-bien/) he escrito esto:

    Los partidos necesitan, sí, buenos comunicadores: gentes que se eleven por encima del runrún ambiental y gentes que sean capaces de captar el sentido de los cambios y de las demandas. Creo que es una excelente noticia que una persona tan preparada como tú intervenga en la liza política. Eres alguien preparado, sí, pero no eres un tipo pesadamente académico ni tampoco un orador mecánico, rutinario. En el Partido Socialista hay líderes cansados, personas que ofrecen una imagen de acomodación o aburrimiento. Tú, en cambio, muestras una impresión de energía reflexiva. Te he escuchado en televisión, te he escuchado en algún acto de Volem i podem, y constato que sabes llegar, que tienes ideas, que dispones de recursos lógicos, que cuentas con convicciones. Pero, sobre todo, que sabes armarte de argumentos, replicando con contundencia a tus adversarios políticos. Puedes ser, en definitiva, un excelente líder para tu partido. No sé si así lo verán tus correligionarios pero creo que te lo mereces.

  13. Juan Antonio Millón

    Don Justo, mi enhorabuena por el artículo que dedica a Ricardo Costa. Un ejemplo de cómo la ironía bien hilada no está reñida con la contundencia. Impagable ese párrafo dedicado a sus trajes, sus hombros y esa cabellera que le hace aparecer “falsamente maduro”. Aquí sí que ha logrado arrancarme la risa. Para que vean algunos felinos que también me solazan y divierten las buenas chanzas: Ja, ja, ja. Escribo las onomatopeyas anteriores y me paro. Creo que tengo un problema con ellas -desde niño, creo, desde mi lectura de los tebeos-, su escritura me suena a impostura, quiero decir, no me transmiten con claridad aquel referente al que aludo con ellas. Y sin embargo, los juegos con las comas, puntos y paréntesis sí que logran alcanzarme en su propósito. Bueno, pues sea:
    ;-)

  14. Pumby de Villa Rabitos

    Vamos a ver, Juan Antonio, cuando hablamos del intangible humano que conforma su personalidad, considero más que arriesgado vincular “liberación” y “crítica”. Son dos categorías diferentes e independientes. Lo que pongo en cuestión es que la risa no libere. Y la risa libera. Otra cosa será que el “chiste tópico sobre Franco, las putas, los homosexuales, los negros, etc” (sic) te produzca nauseas. Te las produce a ti. A otras personas, las libera. Los chistes más bestias sobre ciegos se los he oído a un alto cargo de la ONCE y me he desternillado cuando un amigo homosexual me ha contado chistes “de mariquitas”. Ya ves. Ello sin contar las risotadas entre fascistas que han librado a más de un desdichado de una paliza gratuita al… liberar… a través de la risa sus frustraciones personales. Obviamente, coincido contigo en que la risa producida por la vejación es prescindible y reprobable. Pero no por eso se niega la mayor: el autor de la vejación, con su atropello se libera de sus represiones internas a través de la risa. De ahí que hablase, en mi anterior intervención, de mentes sanas y de enfermas y, desde luego, quien para reír necesita vejar, es un enfermo. Centrémonos, pues, en las mentes sanas y tengamos la seriedad del niño al jugar – si se me permite traer a Nietzsche a colación – y aprendamos a reír, hasta de nosotros mismos. O, sobre todo, de nosotros mismos.

    Otrosí. Mi previsible andanada contra Lars von Trier podrá ser cualquier cosa menos vejatoria. Ni lo maltrato, ni molesto, ni persigo, ni perjudico, ni lo hago padecer. Expreso mi opinión con el mismo sentido vitriólico que él trata de imponer a sus películas; sin demasiado éxito, por cierto. A ver si ahora va a resultar que un señor va a poder desparramarse en un torrente de despropósitos narrativos amparado en su condición de director de cine y un espectador no va a poder recriminarle sus tremendas limitaciones con el mismo espíritu obsceno del director. La tabla de crítica ha de ser la misma. Si el director quiere escandalizar con escarnio que no se escandalice nadie cuando lo escarnian a él. Y “Anticristo”, por más pretenciosa que quiera ser, es una pésima película, al menos, para mi que soy el que opino.

  15. Juan Antonio Millón

    Ahí precisamente radica nuestra diferencia, Pumby, utilicé, igualándolas, “liberación” y “crítica” -como podría haber añadido “trangresión”- cuando me referí a la risa, tomándolas como términos políticos, desde un punto de vista pasoliniano, si quiere. A esa liberación que aludes, yo la llamaría de otra forma, desde luego. La risa como “sanción”, “castigo”, como “vejación”, como “correctivo social”, que han tenido que soportar y soportan tantos “excéntricos”, “heterodoxos”, “diferentes”, es la que yo repruebo y a la que aludo. Yo que sufro una minusvalía desde que contaba con un año, he tenido que superar -y aunque me parezca mentira, aún hoy las oigo- risas dolientes, agresivas, cuya única función era excluir y vilipendiar. Más que reirse de, yo prefiero y reivindico reirse con, compartir la risa.

  16. jserna

    Sr. Millón, muchas gracias pos sus palabras a propósito de mi artículo de hoy en El País (Comunidad Valenciana).

    Me parece muy aleccionadora la polémica que están teniendo a propósito de Lars von Trier (y, por extensión, de la risa). No he visto ‘Anticristo’. He tenido serios reparos. El título me parece flojo y pretencioso. Después de Nietzsche, ¿quién se atrevería a rotular así una obra de creación? Flojo, porque la afirmación se hace dependiente de lo que se niega. Qué valiente soy –se dirá el cineasta–. Y pretencioso: por razones obvias.

    Este verano, unos amigos de los que no me fío enteramente me advirtieron contra este film. Me dijeron que era repulsivo y me relataron detalles escabrosos (como decían las viejas crónicas) que casi me hacen vomitar. Yo quería morirme de risa, pero no: me moría de asco. Bueno, el asunto es que les hice caso y no acudí a ver esa película. Seguro que me pierdo algo por lo que algún día penaré.

    Para compensar, en breves días me dispongo a ver REC: la primera, la 1, para así poder ver las dos películas de Balagueró y Plaza. Cuando se entrenó REC pedí ayuda a amigos y familiares para que me acompañasen. Todos se desentendieron, dejándome solo. Por ejemplo, mi hijo mayor me dijo que nones, que me las arreglara. Tuve que comprar el DVD para verla en casa y poder soportar el miedo o el horror. Y aquí sigo: sin verla.

    Ahora, en breve, me dispongo a pagar por mi falta. Cristo.

  17. Juan Antonio Millón

    Pumby, perdona por haberte malinterpretado y no tomar como una sencilla opinión -sin apenas viso por herir o maltratar-, esas dulces palabras tuyas como: “…aquello parece un trabajillo hecho como terapia, recomendada por el frenopático en el que debe vivir ese pobre diablo para ver si encauza esa psicopatía que lo angustia…”; o bien, “Este chico es otro de estos tipos mediocres, traumatizados por la silente consciencia de su propia intrascendencia”. Cuestión de matices y sensibilidades, ¿no?. Pero, vamos, estas en todo tu derecho.

  18. Juan Antonio Millón

    Don Justo, al enganchar mi comentario veo el suyo y quisiera contestarle. No me voy a erguir en un defensor ni de Trier ni de Anticristo, ni tan siquiera animaría a que la vieran. Sé de las susceptibilidades que provoca, sé de sus excesos, y yo mismo encuentro algunos planos innecesarios y algún fallo que no quisiera ahora comentar. He de confesar que no soy adepto a tal director ni siquiera al movimiento Dogma, fuí a ver Anticristo guiado por un artículo de alguien con quien coincido -además de otras cosas- en su criterio cinematográfico: Vicente Molina Foix. El tema de la locura, la idea del bosque y algunas imágenes que pude ver en el trailer, me animaron. Fue doloroso soportar algunas secuencias, me tapé los ojos con la imagen de la ablación, pero aún así salí impregnado de algunas imágenes y reflexionando. Eso es lo que pido, ante todo, cuando asisto a una sala.

  19. Pumby de Villa Rabitos

    ¡Gran coincidencia, amigo Juan Antonio!… Sí, sí, tengo derecho a expresar mi opinión. Gracias. Tengo tanto como tu a expresar la tuya y hasta Lars von Trier la suya, ¡faltaría más! Así que nada, nada, no te preocupes, es comprensible tu mala interpretación de mis palabras porque tenía por seguro que estarías enterado de la delicada situación mental del danés. Que no ignorarías que fue enclaustrado en un manicomio, uf, perdón, en un psiquiátrico, a los doce años y que, de entonces a hoy, ha logrado sumar un cuadro clínico mental realmente interesante compuesto por claustrofobia, a la par que agorofobia y brotes paranoicos a los que sumar desordenes sexuales vinculados con el exhibicionismo. Sus crisis existenciales agravan esa situación pues creyéndose hijo de un judío practicó esa creencia hasta que descubrió que el hombre que preñó a su madre era otro. Entonces se convirtió al catolicismo en un país luterano. Las consecuencias de tan errática disposición mental ya las conocemos: grosería pública, timidez privada, susceptibilidad ante las críticas y supersticiones infantiloides. Una intensa vida como desequilibrado. O sea, que más que un “enfant terrible” es un enfermo. De ahí que cuando a los once años se compró una camarita de cine doméstico – era de una acomodada familia burguesa “de izquierdas” – fascinado por el cine, vinculó sus vivencias desquiciadas a su actividad cinematográfica. Vaya, que el cine fue y es su terapia. Así que nada dije que no supieras.

    Por lo que hace a la segunda idea que extraes de mi intervención, te diré que el que von Trier sea un enfermo y, por tanto, su obra producto de su condición mentalmente inestable no de su razón, no quita ni un ápice para que el contenido de su obra sea pésimo. Pésimo. Pésimo formalmente y pésimo en sus contenidos. Ya puede entonar el danés y su grupo corífero de admiradores las salmodias teóricas de Dogma que le dé la gana que el movimiento se demuestra andando. O sea, en la práctica. Y en la práctica es un pésimo director, con una obra tan pretenciosa como vacua y con unos defectos formales de aquellos de no haber aprobado ni primero de cinematografía… ah… ¿o será “creatividad”?… igual es eso. Me parece espléndido que le guste a Molina Foix, que te guste a ti y que le guste a quien le guste. Y eso seguirá siendo su opinión, tu opinión, o la de quién sea. Tan respetable como criticable. Y eso hago yo. Criticarlo. Y lo hago con la misma fiereza que él le imprime a su película, entonces… ¿él puede ser fiero pero yo no?… así no se juega, Juan Antonio. Si, como decía el Súper Ratón, el danés “quiere jugar rudo”, deberá asumir las consecuencias de ese juego. Donde las dan, las toman. “Vox populi, vox diis”

  20. Alemandro Pillo

    ¡Vamos, que uno no puede ni estudiar tranquilo! Me descuido un poco y ya me están tentando con discusiones, polémicas y críticas varias. Y no, no, imposible quedarme callado, no entra en mi naturaleza.

    El artículo del señor Serna es magnífico, aunque coincido con don Arnau. Las sensaciones que me provoca ese individuo tienen más que ver con la rabia y la impotencia que con la risa, aunque agradezco artículos como el de don Justo. Cuanto más dramática y desesperada es la situación, más necesario resulta el humor. A todas luces esta cualidad es imprescindible para llevar y sobrellevar estas nuestras y azarosas vidas. ¡Ja, ja, ja!

    Dicho esto me pongo solemne. En este post han aparecido varios personajes sumamente interesantes. Querría opinar sobre dos de ellos; un par que para mí son sendos monstruos. El primero es un cachondo que con Reservoir Dogs primero, y luego con Pulp Fiction, marcó un hito en la historia del cine norteamericano y, por ende, del cine universal. Ha tenido meteduras de pata notables, como Death Proof, aunque sobre todo la ha liado en la producción de otras películas, con historias realmente enfermizas y profundamente fascistas, lo cual no quiere decir que el lo sea, no se me vayan a enfadar los fans del susodicho director. Pero bueno, en general se le puede considerar un crack que realiza unos guiones fantásticos, con un concepto del espectáculo, del humor y del manejo de la cámara realmente excepcionales. Muchas de sus películas están llenas de escenas inolvidables que ha han pasado a formar parte de la historia del cine, pues permanecen y permanecerán en la retina de los espectadores durante generaciones. Ya está, ya me he quedado a gusto. Vamos ahora con el otro monstruo.

    El otro es Lars von Trier.

    Dicho esto quiero ir a ver “Malditos bastardos” (también [REC]², que conste), no recomiendo a nadie que vaya a ver “Anticristo” (me parece una tomadura de pelo con un título que no alcanzo a entender qué demonios (demonios, ¿lo han cogido?) tiene que ver con la película) y ruego que si quieren ver cine de verdad acudan “a sus mejores salas” y gocen con el drama y el humor de Campanella, Darín, Villamil (¡qué ojos, señor, que ojos!) y Francella, titulado “El secreto de sus ojos”. Si algo resulta difícil en el mundo de la cinematografía es expresar y transmitir los sentimientos de los personajes sólo con la mirada. Todos estos señores lo consiguen. ¿El resultado? Una película excepcional.

    Para acabar, comentar una cosilla relacionada con la última película de Tarantino. Creo recordar que un grupo de judíos, acabando la segunda guerra mundial, se dedicaron –no sé si por Italia- a asesinar, sin juicio previo ni nada por el estilo, a personas que ellos sospechaban que habían sido nazis o que habían sido responsables de alguna manera del destino que corrieron los judíos. Como no estoy muy seguro –a un anciano como yo la memoria comienza ya ha follarle- dejo la cuestión ahí para que el señor Perna, Trumby, Billón, o cualquier otro instruido contertulio me corrija, critique y/o enmende la plana. (usted también puede decir algo, señor Planas, sobre todo si me alaba a Lars von Trier).
    Bona nit.

  21. Alfons Àlvarez

    Aún no he visto “Malditos Bastardos”, pero no creo que supere las magníficas sátiras del nazismo que hicieron Charles Chaplin en “El gran dictador” o Lubitsch en “To be or not to be”. Tarantino no está a la altura de los clásicos.

    Tampoco he visto “Anticristo” de Lars von Trier. Hay películas del sueco que no me gustan, otras me hacen gracia, y algunas me ponen un nudo en la garganta, por ejemplo “Dancer in the dark”.

    Por lo que he leído sobre “Anticristo”, creo que Lars von Trier la hizo en un momento de profunda depresión, y que en ella quiso plasmar la autodestrucción de una pareja. Como dice Pumby, materia para psicoanálisis. Me parece que Trier tampoco está a la altura de un clásico sueco como Bergman que supo captar como nadie la angustia de la existencia humana.

    Sobre la risa, creo que siempre es liberadora para quien la ejerce. Claro que a veces lo que libera es una tensión interior difícil de soportar. Vamos que actúa como válvula de escape.

    Hoy, última jornada del Pleno de Control en les Corts Valencianes, Ricardo Costa se ha pasado toda la sesión de escaño en escaño, saludando, y riendo a todo el mundo. Algunos periodistas comentaban que parecía que se había fumado un “canuto” o que la mujer de Camps le había proporcionado alguna pócima de su botica.

    La foto del siguiente link es de hace días, ya entonces se notaba que algo provocaba un efecto euforizante en los miembros del Consell.

    Felicidades a Justo por el blog y a los contertulios por animarlo con suculentos comentarios.

    Alfons Àlvarez

  22. Arnau Gómez

    Yo también quiero ver “Malditos bastardos”,aunque es dificil superar a “El gran dictador o “To be or not to be”.Estaban en la época,en el momento y lo sufrían.
    La risa es a veces liberadora.Otras es la expresión de un sarcasmo.Hay risas insultantes y que producen miedo más que liberación,porque no son sonrisas gratificantes.Son risas insultantes.

  23. jserna

    1. Gracias, Alfons Álvarez, por sus felicitaciones: por la parte que me toca y por la parte que toca a los contertulios del blog. Gracias a Arnau, que precisa de principio a fin sobre las risas que son o no liberadoras.

    2. Gracias a Alemandro Pillo (le noto muy cambiado), así como al gato Sumbi, que han tenido una discusión con Juan Antonio a propósito de ‘Anticristo’.

    3. Invitaciones, se reparten invitaciones para actos a celebrar los días 15 y 16 de octubre. Les informaré más detenidamente, pero voy adelantando para que hagan hueco en sus agendas (por si quieren o pueden venir). Me haría ilusión, qué quieren.

    Hagan click sobre los enlaces:

    Mesa redonda en el Aula Magna (Univ. de Valencia)

    Concesión de los Premios de la Crítica

    Les espero.

    A propósito les vuelvo a poner el enlace a las reseñas y menciones que han ido apareciendo sobre Héroes alfabéticos. Están apiladas cronológicamente: de la más antigua a la más reciente. Quiero decir que las últimas aparecidas (de R.S.R. y de Begoña Sáez) son las primeras que podrán leer:

    https://justoserna.wordpress.com/w-heroes-alfabeticos-resenas-y-menciones/

    Agradezco las palabras tan generosas que dedican al libro.

  24. jserna

    Estoy perezoso y escribo con prisas. No miro en Google, pues.

    ¿’Los sustitutos’ es la película que protagoniza Bruce Willis? Si no es desastrosa (eso puede suceder), podemos disfrutar enormemente con Bruce salvando al mundo. Podemos reírnos –ya que de eso va este post– a mandíbula batiente: qué gracioso su heroísmo avejentado. Me entretiene mucho cuando Willis se dispone a salvar al mundo. Eso sí: siempre que se lo tome con guasa. Como en ‘La Jungla de Cristal’ o cosas así. Para pasar un buen rato, vaya.

    De Lars von Trier la única película que he visto enteramente fue ‘Europa, Europa’. ¿Se titulaba así? ¿Era de él? Me da pereza buscar en Google. Me pareció una película tenebrosa que me hizo ver en imágenes cinematográficas lo que era la Alemania de posguerra, los atentados, las últimas esperanzas de los nazis derrotados. No sé: no podría juzgar ahora con este vago recuerdo.

    Ustedes perdonen.

  25. jplanas

    Sí, Justo, esa es. Y no, no es desastrosa sino realmente entretenida y hasta inquietante en su mundo metafórico(de lo poco salvable que he visto estos últimos meses. Lo peor, con avaricia, es Gamer:-)

  26. Juan Antonio Millón

    Siguiendo un vieja tradición que no acabo de abandonar, pese a sus molestias, sigo revisando periódicos que aún no he llevado al reciclaje hasta no tener una cantidad considerable de ellos que me hagan ahorrar el viaje del traslado, y me he encontrado con una joyita de Juan Goytisolo que me ha hecho reir un buen rato y que viene bien al hilo de lo que se viene tratando en este post, “¿Chorizos? Sí, pero de los nuestros”. Vean:
    http://www.elpais.com/articulo/opinion/Chorizos/elpepiopi/20090923elpepiopi_4/Tes

  27. David P.Montesinos

    Gracias, Justo, Pedro Amorós es un tipo estupendo y son recomendables tanto su blog como su web y sus libros publicados.

    No he visto ni a Von Trier, aunque me está dando morbo hacerlo. Tampoco Malditos bastardos, objetos de la polémica de los señores Pillo, Sumby y Millón. Por contra acabo de ver la de Campanella, “El secreto de sus ojos” y me parece una joya. No se la pierdan.

    El film de Von Trier al que se refiere Justo es “Europa” a secas, en mi opinión su obra maestra. También me gustó Dogville y Bailando en la oscuridad me parece imprescindible. Rompiendo la olas me parece más discutible… No sé, a mí me gusta, creo que tiene algo que decir este tío. En cualquier caso me quedo con Campanella, hablando de estrenos. ¿Por qué no se hacen en España películas como las suyas o las de Aristaraín? Duda que me corroe.

  28. jserna

    Gracias, Juan Antonio, por el enlace. Y gracias, David P., por descubrirnos el blog de Pedro Amorós.

    Esta tarde, a poqueta nit, nuevo post en este blog. No se lo pierdan.

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