Las cosas sin nombre

Presentación. Viernes, 20 de noviembre de 2009. Ayer jueves, en la Casa del Libro de Valencia Javier Jover y yo presentamos Tratado de las cosas sin nombre (Calima, 2009), de Juan Planas Bennásar. El autor estaba con nosotros, en la mesa, y nuestras palabras sólo tenían un propósito: glosar sus versos. O animar a la lectura. Hay que perderle el miedo a la poesía. El público asistente ya no puede seguir teniendo prevenciones. Hay que abandonarse a la sugestión del verso definitivo.

En cierto sentido vivimos una época prosaica, vulgar: un tiempo de sintaxis pedestre. Nos acostumbramos al sentido previsto de las cosas, a los nombres ya arruinados. Nos llevan de la mano, nos conducen. Todo tiene su designación y todo se repite, con esa sensación de gastado, sobado, que tienen las palabras previsibles o los gestos mil veces realizados. La poesía se concibe contra lo presunto, contra lo supuesto. En el mejor de los casos, es la expresión inaudita, una sorpresa semántica, un adjetivo paradójico, un nombre nuevo para las cosas viejas o una designación imprevista para hechos inesperados.

La poesía, decía Aristóteles en la Poética, es más profunda y filosófica que la historia porque, mientras la historia dice lo que es, la poesía dice lo que puede ser, lo eventual, lo conjetural, lo que puede aventurarse. Se ha repetido muchas veces ese dictamen. No sé si la historia, la disciplina de la historia, es tan llana o prosaica como decía el filósofo. Quiero pensar que no: que no depende del objeto. Depende del tratamiento, de la audacia de la representación, del respeto a la verdad. Creo que lo pasado también puede somerterse a un escrutinio insólito, imaginativo y documentado a un tiempo. Pero la poesía, la buena poesía de hoy, conserva quizá los rasgos que le atribuyó Aristóteles: conmover o provocar un pensamiento, inquietar con el lenguaje, nombrar el desorden de las cosas. El libro de Juan Planas se titula Tratado de las cosas sin nombre. Sin duda es un rótulo paradójico, contradictorio. Una auténtica provocación.

¿Por qué? Porque un tratado es siempre un discurso expositivo integral y objetivo que  ordena conocimientos sobre una materia. Suele estar dicho en tercera persona y, además, es una exposición sistemática que aporta definiciones, datos o fechas a partir de un desarrollo didáctico subdividido generalmente en apartados. El Tratado, de Juan Planas Bennásar no es eso, claro. Incumple las convenciones de dicho género y, por tanto, lo que hace es enunciar lo real de manera desordenada. ¿Hay alguien que enuncie? Por supuesto que lo hay pero quien se expresa no es uno sino varios, voces que no identificamos, voces que no son suma o mera proyección del autor. El Tratado es un diálogo poético, en efecto, que gráficamente se aprecia en el cambio del tipo de letra: en redonda, en cursiva, con acotaciones entre corchetes. Si no estuviera tan gastada la palabra, podríamos decir que este libro es un ejemplo de polifonía, páginas de enunciaciones distintas y contradictorias, páginas que además rinden homenaje a numerosos autores a quienes aquí podemos escuchar implícita o explícitamente. Dice Juan Planas en su nota de autor que ha tenido el propósito de “abrir algunos de sus propios versos al juego multiplicador y disimulado de las voces ajenas”. ¿Plagios encubiertos? No, por supuesto. Hay citas expresas que el lector habituado detectará y hay juegos o guiños a poetas cercanos a quienes se les homenajea o con quienes bromea en un libro que tiene una dimensión entre trágica y patética.

En  estos versos desencajados y y tristes las voces lamentan una carencia, una imposibilidad: la de domar el mundo con el lenguaje; la de captar total, integralmente, lo externo, lo real, ese referente extraño que nos sucede. El auxilio de la palabra se nos queda corto y los lejanos tiempos bíblicos en que coincidían las palabras y las cosas son eso: remoto y mítico pasado irrecuperable. Sólo nos queda inventar. “Intentamos domar el lenguaje y así el mundo, / pero el mundo es enorme y las palabras / son ajenas a la verdad, salvo si la inventan”. Tomemos el origen etimológico de “inventar”: no es exactamente fantasear o crear lo que no hay, sino hallar. Invenire significa encontrar. El poeta no inventa palabras en el sentido de la pura arbitrariedad compositiva: el poeta espera encontrar la palabra exacta. Busca en el lenguaje el mundo expresado quizá con un orden que externamente no percibe.

Cuando se abrió el turno de palabras y el público pudo intervenir en la presentación del libro, Francisco Fuster dijo algo muy pertinente: que este Tratado es voluntaria o involuntariamente deudor del Tractatus logicus-philosophicus, de Ludwig Wittgenstein. Muy atinada observación. ¡Cómo no se me había ocurrido a mí! No se me había ocurrido… cuando resulta evidente que lo que constata el libro de Planas es un mundo ya hecho, heredado, un patrimonio de pertenencias: “Había flores en las calles cuando nacimos. Su perfume / parece perseguirnos. La gente bailaba en corros / y vestía ropajes fantasmales de un domingo”. Un mundo ya hecho, pero también,  y en contradicción, un mundo alumbrándose, una realidad que duramente aparece cada día y que amenaza con no acabar. Todo se solapa: “El mundo –recuerdo ese verso y otro– es abril / y cruel como un parto, pero esta cesárea / ya dura demasiado. No se detiene el tiempo”. No se detiene el tiempo y, por tanto, tampoco la identidad es algo fijo, estable. No hay un fondo inmóvil del alma, que decía el joven Törless, de Robert Musil. Hay un proceso de llegar a ser el que se es, proceso aparentemente paradójico pero que es lo el poeta se propone, lo que quizá todo individuo quiere aspirar a ser cuando se descubre irrepetible y vulgar.

Las palabras nombran y son sobre todo sonoridad. Leemos poesía, esa poesía que trata de recrear un lenguaje único de designaciones definitivas, y lo que nos llega es sonido, pura belleza verbal, pura declamación oral. “Me dejo seducir por algunas palabras. Yacijas, / azagayas, quizá helechos, esporas. Con ellas podría / construirse una necrópolis, una sentina, una colmena / o una enorme ciudad de pilares sumerigidos. / El último lugar donde abrevan los dipsómanos”. Imaginen: con las palabras que nos persuaden es posible crear un mundo de lugares moralmente diversos, de consecuencias tan distintas… El verbo hace el mundo, lo compone. Por eso quizá el poeta no concibe que haya nada fuera del signo lingüístico: él mismo incluido. Es decir, desaparece también dentro de ese caudal de palabras. De nuestros mayores recibimos lo real, de ellos nos llega aquello que nos infunde vida, pero la mano joven que empieza ha de moldear lo que aún está por decir.

De mano a mano, precisamente, nos pasamos el libro de versos.


Tratado de las cosas sin nombre. Jueves, 19 de noviembre de 2009. Dice Juan Planas que el tono inicial de su Tratado de las cosas sin nombre se lo debe a “Elegía”, de José Carlos Llop. Este poema está incluido en La avenida de la luz, que aquí abordamos tiempo atrás.

En “Elegía”, Llop expresaba el dolor y, al tiempo, la necesidad de sobrevivir. ¿De sobrevivir a qué? A la muerte del padre, hecho fatal que nos deja un mundo falto, carente, mutilado. Llop, siguiendo a Zagajewski, “intenta celebrar el mundo mutilado”. No hay más que eso. Ése es el objeto de la vida adulta, el resumen impreciso de lo pasado y de lo que está por venir. Pero si lo pensamos bien el mundo siempre está carente, siempre se presenta mutilado. Los muertos nos rodean y sus voces aún resuenan.

¿Voces ancestrales? Desde el principio, cada uno de los poetas se propone tener voz propia, no resignarse a lo ya dicho o no aceptar como inevitable el patrimonio heredado. El poeta se alza contra la historia obligatoria y contra la evidencia de las cosas. Pero al hacerlo se topa directamente con el caos. Si no te resignas, si nadas contra la corriente, todo pierde su anclaje. Del libro de Juan Planas podría decirse lo que Josep Pla dijera en El quadern gris: “este cuaderno obedece a la necesidad de tomar posición ante mi tiempo”. Tomar posición ante mi tiempo no implica aceptarlo como inevitable, pues eso significaría que “yo tendría que ser un mero producto de mi tiempo”, añade Pla. “El determinismo ambiental funciona en los escritores que se abandonan a la corriente. Yo navego contra la corrupción de la corriente. Yo no soy un producto de mi tiempo; soy un producto contra mi tiempo”.

Aprecio en Planas una actitud semejante. En efecto, en el Tratado y en sus otros libros de poemas no veo que se abandone a la corriente. Observo que lucha contra la corrupción de lo evidente. Se sabe portavoz de otros que ha leído o escuchado, de unos pasados que llegan hasta él, pasados que todo lo desordenan, como sedimentaciones caóticas. Las cosas amenazan con aplastarnos. Por eso, “intentamos domar el lenguaje y así el mundo”, dice, pero lo dice como empresa humana y personal. Como un empeño de poeta que empieza la tarea de nombrar. ¿Pero quién habla en el Tratado? Hay una voz que se expresa en redonda y otras que hacen acotaciones en cursiva, a veces entre corchetes. No son la misma enunciación y, sin duda, esa forma que interrumpe el verso es una interlocución.

El mundo no es ordenado y las voces quiebran la exposición. De ese mundo, Planas se hace cargo, como el Pla del Quadern se hacía cargo del tiempo.  Es un espacio ya hecho cuando irrumpimos, en parte desaparecido y en parte completo, repleto, una suerte de alumbramiento. “El mundo –recuerdo ese verso y otro– es abril / y cruel como un parto, pero esta cesárea ya dura demasiado. No se detiene el tiempo / y sin embargo hacemos una pausa y escribimos / sobre la alergia, el vértigo o la indiferencia”. Escribimos sobre lo que nos acucia, pero sobre todo sobre lo que somos o creemos ser.

–Lo dijo Píndaro:


Ojalá llegues a ser

el que eres.

Leo esos versos y no regreso a Píndaro. Prefiero regresar a Friedrich Nietzsche, a su Ecce homo. Cómo se llega a ser lo que se es (1888). El yo con pústulas, con yagas, con laceraciones: con limitaciones ya insuperables. Es duro aceptar lo que a uno le forma, le constituye, sabiendo además que hay algo de crecación y mucho de fatalidad, de corriente y de tiempo en lo que te llega: cosas que no podrás alterar. Para Nietzsche, el yo finalmente expresado es una identidad fuerte, alguien cuyos escritos sólo unos pocos sabrán leer pues despiden un aire igualmente fuerte: “un aire de alturas, un aire fuerte”, insiste el filósofo en su autobiografía.  Una de las voces con que se expresa Planas lo dice igualmente: “Ojalá llegues a ser / el que eres”.

Pero el que eres es un extraño, un extraño en casa, “alguien que paseaba con nosotros / y se escondía en el eco de nuestros pasos”, en lo cotidiano, en lo evidente, en la corrupción cotidiana de la corriente. Es decir, el otro te habita y a la vez tú mismo eres un muerto venidero. “Ahora yazco en su ataúd y me levanto temeroso / de reencontrar su espectro. Aquí nadie pronuncia / su nombre. Aquí nadie pronuncia nombre alguno”. Ésa es la contradicción. El poema recata ahora lo inefable, lo indecible. Por eso, “afuera de este verso, el olvido”. Por ello, “afuera de este verso, el silencio”: un verso en el que hay resonancias de muertos, de extraños, de poetas que ahora reviven. T. S. Eliot, por ejemplo.

“Intentamos domar el lenguaje y así el mundo”. Miércoles, 18 de noviembre de 2009. Leo y vuelvo a leer unos versos de Juan Planas. Pertenecen, sí,  a su Tratado de las cosas sin nombre, que presentamos el jueves 19. “Había flores en las calles cuando nacimos. Su perfume / parece perseguirnos. La gente bailaba en corros / y vestía ropajes fantasmales de un domingo / hurtado al calendario. Ya no existen mis padres y -salvo entre estas líneas y no siempre- / parezco huido de un orfanato. Huyo / de la asfixia que nace adentro y viaja por nosotros. / Su ley física paraliza la voz en los cristales. El dibujo / no alcanza a decir lo que decimos, pero representa / cuán incapaces somos y cuánto silencio albergamos”.

Sin duda, estos versos expresan una orfandad y una impotencia existencial, la condición humana más básica: la de sentirse arrojado al mundo, la de sobrevivir malamente en un estado de asfixia. Hubo un tiempo en que todas las cosas y las personas parecían estar en su sitio. Incluso, formaban parte del escenario y adornaban su estado físico. “Había flores en las calles cuando nacimos. Su perfume / parece perseguirnos. La gente bailaba en corros”.

Era un mundo fijo o que se pensaba fijo, estable, un lugar en el que el niño no encontraba hostilidad. Poco a poco –hemos de suponer–, ese niño avanza y lejos de madurar, aceptando la frustración, aquello que encuentra es la irrealidad de todo lo que ha vivido y vive. No es que haya crecido en el error. Es que ha constatado un mundo evanescente. La vacuidad de todo, el vacío informe. Justamente por eso dibuja, que es la manera de dar forma, de contener, de perfilar figuras borrosas, aquello que carece de estabilidad y fijeza. Cuarteo el verso, aunque prefiero decirlo con sus palabras literales: “El dibujo / no alcanza a decir lo que decimos, pero representa / cuán incapaces somos y cuánto silencio albergamos”. Esa es una tarea propiamente humana y ése es el saldo: “cuán incapaces somos y cuánto silencio albergamos”.

Pero el dibujo es algo más: es el equivalente de la palabra, igualmente insuficiente. Las palabras designan las cosas y con dicha operación creemos contener el mundo. Conforme crecemos, descubrimos con estupor que la realidad vieja está mal designada y que lo nuevo carece de nombre o que el nombre que se le dio está arruinado. Esa impresión de falta, de confusión, es hoy aún mayor. No sabemos exactamente cuáles son las dimensiones y la ontología de lo real. ¿Cómo designarlo, pues?

“Fuera de la composición no existe el mundo”, leo en un verso de Planas. Lo vuelvo a leer. Lo acepto y lo rechazo. Lo acepto porque al leerlo asiente el hermeneuta moderado que llevo dentro. Pero lo rechazo inmediatamente. Lo rechaza el positivista  también moderado con el que también acarreo. Vivo en perpetua contradicción ante quienes niegan lo externo y la materialidad.  Por un lado creo que llevan razón –¿y cómo saber que llevan razón?– y por otro me niego a desechar lo material, lo externo, lo ontológicamente real.

Si fuera de la composición no existe el mundo, entonces es que no hay nada ahí fuera, no hay hecho externo que pueda darse al margen de su interpretación. Es una constatación vertiginosa, es decir, que produce vértigo. El poeta nos dice: no hay nada, no busques nada fuera de este lenguaje impotente que designa una realidad sin anclajes. O con mayor precisión poética: “Intentamos domar el lenguaje y así el mundo, / pero el mundo es enorme y las palabras / son ajenas a la verdad, salvo si la inventan”. ¿Inventamos la verdad?

Hoy, miércoles 18, a las 16 horas, he de acudir a una mesa redonda en la que hemos de hablar de cosas que ya tienen nombre, la Web 2.0; hemos de hablar de un mundo virtual cuya ontología externa no es constatable aunque sí los efectos que produce. “Intentamos domar el lenguaje y así el mundo”.

Archivos. Martes, 17 de noviembre de 2009. ¿Qué es esto que escribo? Un post. Es decir, una entrada de diario. En mi adolescencia nunca llevé un dietario. Tal vez porque la pudibundez me lo impedía. ¿Cómo podía detallar lo que me pasaba sin sentir a la vez reparo, rubor, vergüenza? Era muy arriesgado escribir lo que me ocurría o  lo que se me ocurría.

Arriesgado en el sentido de que los sentimientos no tenían nombre: arriesgado en el sentido de que las cosas aún estaban por designar. Para mí, el mundo era muy reciente y el vocabulario era escaso. Luego crecemos y creemos dominar el lenguaje y la expresión, las palabras de las cosas. En realidad, es un espejismo. Conforme uno envejece o conforme el mundo cambia desbocadamente,  lo nuevo irrumpe, como irrumpen nuevos nombres.

En 2004, con un cierto retraso –ya ven–, descubrí la palabra blog. Yo la había visto escrita antes, pero la verdad es que no me había preocupado de la cosa que designaba. En realidad empecé a interesarme por ello sólo por indicación de Arcadi Espada, que me invitó a participar en su primer blog, abierto justamente en enero de 2004. Ya lo he contado alguna vez. Durante meses, a lo largo de ese año, frecuenté la bitácora de este periodista, una página que se convirtió en una especie de navío. Allí, yo mismo depositaba mis comentarios (como tantos otros) sobre lo que el anfitrión anotaba cada día o sobre la controversia directa o indirecta que entre los galeotes se suscitaba.

Fue muy amable conmigo, hasta el punto de tolerar mis reproches. Repetidamente le fui manifestando mi decepción por el tono jactancioso, faltón, insultante que tan frecuente era allí: en principio, no tanto por lo que él escribía, sino por lo que sus lectores apuntaban. Pude mantenerme a flote durante meses, a pesar de que, como los personajes de Joseph Conrad, estuve soñando con la deserción. Finalmente, en diciembre de 2004 me despedí, después de haber contribuido con mis observaciones a lo que allí se decía o no se decía.

Poco tiempo después abrí Los archivos de Justo Serna. Salvo seis meses de inactividad, Los archivos se vienen actualizando desde 2005. Aprendí lo que era un blog sobre la marcha, conforme yo mismo escribía. Y leía. Leer produce efectos. Fermenta, decía André Gide y he repetido algunas veces. Para evitar que se me evapore lo escribo o para evitar que lo asimilado me ocupe sitio. Llevo casi cinco años escribiendo un blog, una manera de volcar lo que aprendo o creo saber. Pero el blog no es un repertorio de conocimientos ordenados. Es, por el contrario, una exposición imprevista de saberes parciales. Lo que leo me remite a lo que vivo, y lo que vivo me conduce a lo que leo. Al final, una cosa lleva a la otra: la actualidad me provoca y eso me hace exhumar lo que acabo de leer o aquel otro libro que había olvidado. Para mí, escribir en un blog es tantear la actualidad, lo contemporáneo, lo inmediatamente presente.

Algo parecido había intentado años atrás. Hacia 1994 inicié la escritura sistemática de unos cuadernos, unos manuscritos en los que anotaba mis lecturas, lo que me sugerían los libros que disfrutaba o me irritaban. Eran unas libretitas de la marca Conquerant en las que archivaba la impresión que esta o aquella obra me causaba. Cuando empecé Los archivos de JS no tuve dudas acerca del título. Esa palabra, archivos, me parecía sonora, muy precisa: muy próxima a lo que yo hacía al anotar mis impresiones. Además, el archivo era un lugar que yo conocía bien: el depósito que visita el historiador, un espacio en el que hallar los restos de una vida pasada.

Permítanme esta evidencia: un blog –ya lo saben– es un dietario, una suerte de cuaderno en el que registrar lo que nos ocurre o lo que se nos ocurre. En mi caso y en mi circunstancia más inmediata: la inquietud venidera –una mesa redonda prevista para el miércoles y la presentación de un libro para el jueves– o el balance de lo hecho o de lo leído. Básicamente, yo no vivo. Vamos: que no soy un hombre de acción. Leo, y leo porque me faltan datos, porque quiero tener conocimientos, porque aspiro al saber. Qué fatuo suena esto, ¿no es cierto? Pues no: esas metas así expuestas sólo muestran humildad, la modestia de querer aprender y dejarlo registrado. Pero, en ese caso, ¿por qué exponerlo y para qué exhibirlo? Por un lado, lo escribo porque temo perderlo. Por otro, lo publico porque eso que anoto lo comparto. Me gusta repartir mi pequeña erudición. Tal vez, ésas son maneras de profesor, algo parecido al desprendimiento.

“Sólo el desprendimiento puede explicar sus alardes de erudito”, decía de sí mismo Guillermo Cabrera Infante. O, mejor, lo decía de su alter ego: G. Caín. “Si él fue pedante”, seguía Cabrera Infante, “fue porque siempre quiso ser desprendido y odiaba atesorar conocimientos tanto como el pródigo odia al avaro. Su gusto por lo hermético, su dificultad y en último término su barroquismo fueron no los defectos de una inteligencia petulante, sino los excesos de un espíritu de fineza: él quiso considerar a sus lectores como sus iguales”. Sus escritos incitaban a desarrollar una especie de “democracia intelectual”, añadía Cabrera  Infante. “Todo lo que hace lo hace para divertirse”, le reprochaban. Cierto, cierto, respondía G. Caín, pero “sé que hago bien porque en mis páginas encontrarán de todo, menos esa forma sutil del desprecio por el otro: la condescencia”.

Algo de esto es lo que aquí intentamos.

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Hemeroteca: Últimas Noticias de Antonio Muñoz Molina

portada2_0958_mercurio1109_ME.inddRevista Mercurio, número de noviembre de 2009 dedicado a Antonio Muñoz Molina con motivo de la publicación de La noche de los tiempos. Con entrevista al autor y con artículos de Pere Gimferrer, Ángel Loureiro, Justo Serna, Olga López-Valero Colbert y William Sherzer. Información de Europa Press (aquí)

Primer capítulo de La noche de los tiempos (aquí)

85 comments

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  1. jserna

    Perdonen el retraso. Quería actualizar el blog a las 16 horas. Un imprevisto me ha impedido cumplir a la hora fijada. Lo he hecho casi hora y media después. Ustedes disculpen.

  2. David P.Montesinos

    Me gusta su blog, me gusta usted y me gustan sus habituales contertulios, bueno, menos el gato al que le tengo cierta tirria -saludos, enemigo mío del alma-. Entré por primera vez hace unos años y ya no he vuelto a salir. No siempre intervengo y, cuando lo hago, intento decir algo que salga de dentro y que no parezca un exabrupto. Pero creo que no me he perdido un solo post en todo este tiempo, y nunca me ha parecido una pérdida de tiempo. Dichas todas estas mentiras para quedar bien, excepto lo de la tirria al gato, que eso es completamente cierto, le voy a sacar algunos defectillos a ver si consigo bajarle la moral.

    1. Hay momentos en que usted y el gato parecen el Doctor Jekyll y Mr Hyde. Hyde se permite meterse sin mesura con todo dios, mientras usted parece lamentarse por las lujuriosas fechorías a que se entrega durante la noche su alter ego. Detecto en sus escritos una contención que a veces me fastidia. Creo que en ocasiones le faltan unos gramos de locura. No digo que se ponga a blasfemar ni que intente lanzarnos a quemar iglesias, pero los momentos en que presiento que su cólera está a punto de estallar son escasos. Disciplina admirable de la que yo carezco, pero -sea sincero, Serna- ¿no tiene ganas a veces de partirle la cara a algún gilipollas? Acépteme un minuto como su psicoanalista amateur y diga la verdad, hombre, saque al Homer Simpson que lleva dentro.

    2. Alguna vez he presentido cierto desánimo, o al menos cierta pesadumbre ante la tenacidad de sus enemigos. El problema es que (esos) no son sus enémigos. Un troll es un idiota, nada más. Nunca entiendo por qué tarda tanto en darles puerta. “¿Y qué le he hecho yo a este menda?”. Se pregunta usted, y el error es hacerse la pregunta, porque no le ha hecho nada. Las personas a las que usted ha herido, que las habrá, no aparecen en su blog.

    3. A vueltas con esto, me planteo un problema mucho más serio, del cual por cierto he de decir que no es usted el culpable. Nunca entiendo por qué quienes tienen realmente algo que argumentar en contra de las ideas que usted vierte en su página no comparecen. Me consta que muchos le leen, sin embargo. El año pasado recuerdo un largo debate en el instituto a vueltas con uno de sus posts. Yo coincidía en lo sustancial con usted,y dos compañeros, a vueltas con el asunto de Moreno Castillo -creo recordar- argumentaron larga y duramente en contra suya. En un momento determinado, concluido el café, alcé la voz y pregunté: “¿y por qué cojones no entráis y le decís al caballero todo lo que me estáis diciendo a mí?” Pero nada, no, y lo más gordo es que creo que, usual o esporádicamente, siguen leyéndole. En este blog he presenciado controversias interesantes con protagonismo del extinto Kant, de Paco Fuster, de Millón, de Pumby… Sin embargo echo de menos ese otro tipo de presencias activas.

  3. el náuGrafo

    Interesante post. Empiezo por el final, sí, la mejor manera de desprenderse de cierto saber o ponerlo por escrito o cogerse una buena curda desintegradora de todo eso que llevamos en la cabeza. Ambas accioens producen una cierta higiene mental, y no sabría afirmar cuál es más sana.

    Veo que tenemos trayectorias blogueras similares. También abrí el mío hace cinco años, y también empecé bajo el influjo de Arcadi Espada. También participé alguna que otra vez allí (Rodión) y departí con aquellos que recuerdo, Bremanuer, Catón, Bernal, y bueno, también estaba Luchador de Sumo Anoréxico. Ah, y Perroantonio! Fue divertido. Una vez coincidí con Perroantonio en el blog de Espada, y al día siguiente caigo que es mi compañero de máster en el máster de Periodismo que ambos comenzamos en aquel tiempo.

    Un año después me fue grato asistir a la presentación de su ‘Diarios’ y comprobar que mi nombrecito estaba en el index aquel enorme con todos los nicks participantes.

    Luego caí, como tú, Justo, en Periodista Digital, donde me mantuve a salvo de la maledicencia general que alli se practicaba. Algunas veces te leía, y me asombraba la capacidad de comentarios que generabas, muchos no precisamente laudatorios. Aquello era un campo de batalla dialéctica más bien chusquete. Por eso y otras razones decidí salirme.

    Y, bueno, es una suerte que la mayoría de las cosas no tengan nombre, y requieran de muchos nombres para ser nombradas. Dan sentido a nuestra existencia, o al menos eso creemos.

    Saludos.

  4. el náuGrafo

    Voy a añadir un truco, de interés práctico. Para leer las letras a tamaño mayor, basta con presionar Ctrl y darle a la ruedecilla (esa clitoriana) del ratón. Para volver al estado original, Crtl+0.

  5. Eduardo Laporte

    Sobre el punto dos que comenta el señor Montesinos, yo no tengo ningún problema en impedir que publique en mi blog alguien que tiene como único propósito tocar los cojones y afear en gral. el tono del blog. Por suerte, han sido muy pocas las veces que he tenido que hacerlo, pero no creo que haya nada retrógrado ni ‘antidemocrático’ en hacerlo.

    Y una última cosa, me ha gustado eso, tan lacónico y seco, de “Yo no vivo”.

  6. David P.Montesinos

    De acuerdo, señor Laporte, pero dos matices. La última intervención de cierto personaje no le faltó el respeto al señor Serna como era costumbre sino a sus contertulios. En cualquier caso, lo que echo en falta en este tipo de intervenciones son argumentos.

  7. jserna

    Les agradezco, David y Eduardo, sus palabras. Recuerden que el post continúa (al menos durante dos días va a ir creciendo) y que, por tanto, a lo mejor no coincidimos al final (o en medio). Eduardo: coincidimos, sí, en el blog de Arcadi Espada, en 2004. Y yo le leo a usted desde hace tiempo: en particular cuando me lo recomendó Francisco Fuster.

    Eduardo, en 2004 estábamos aprendiendo todos (desde el blogger Espada hasta los comentaristas). Recuerdo que al principio había buen humor y finezza; hacia mitad, ya me sentía bastante harto de algunos nicks que atacaban salvajemente. Recuerdo también que yo no solía coincidir con la opiniones Espada (o al menos lo criticaba frecuentemente), pero eso en principio no fue obstáculo para el respeto. Por aquel entonces publiqué un artículo en El País cuyo título era “¿Hay alguien ahí?” (antes, por cierto, de que esa frasecita se convirtiera en un lugar común). Trataba de las violencias verbales amparadas en el anonimato electrónico.

    David: me han reprochado aquí que no tengo mala leche (como tantos “intelectuales españoles”, me reprochó un nick resucitado). La verdad es que a veces hay que dar un palmetazo. Yo creo haberlo dado en alguna ocasión cercana. Y sí, sí que me gustaría debatir más con los que leen este blog pero no escriben, que sé que son un buen número de internautas (si he de creer lo que dicen las estadísticas). Sr. Montesinos, sabe que yo le leo y que este medio me ha permitido conocer a una persona tan sutil e irónica como usted. No es coba. Es literal. Me gustaría escribir más en su blog, pero a veces me ataca un cansancio que de milagro supero para escribir aquí, en el mío. Tendría que hacerle caso a Robert Louis Stevenson, de quien leí el otro día un ensayito delicioso: ‘En defensa de los ociosos’. Debería aplicarme el cuento. Mañana debo intervenir en una mesa redonda sobre la Web 2.0. Es probable que cite algún pasaje de este ensayo de Stenvenson. Dan ganas de no hacer nada, de no escribir nada. “No leer, no escribir, no pagar cuentas /y vivir como un noble arruinado…”

  8. Toni

    Pero què dices Serna. Bla bla bla

    Planas en un verso dice que la gente bailaba en corros.

    Ya lo creo que bailais. Haciendo corro!

  9. jserna

    Toni: tomo en serio lo que parece reprochar. Los blogs son conversaciones. O tabernas: a eso han sido comparados. Pero son también clubs de lectura, círculos de discusión, espacios de debate.

    Nadie, que yo sepa, los había comparado con el corro de un baile.

  10. jserna

    Toni: tomo en serio su reproche y me pregunto. Paso su tuteo propio de amigachos.

    Los blogs son conversaciones. O tabernas: incluso a eso han sido comparados. Quizá por los gritos que algunos profieren. Pero son también clubs de lectura, círculos de discusión, espacios de debate. Colaboración. Nadie, que yo sepa, los había comparado con el corro de un baile.

  11. David P.Montesinos

    Lo que me pregunto es de donde saca el tiempo para pasarse por tantos sitios. La alusión a Stevenson me hace pensar en el Doctor Jekyll con el que le comparo…Y Gil de Biedma, uf, imprescindible: “Que la vida iba en serio uno lo descubre siempre demasiado tarde”. Y ya que habla de su pereza, me acuerdo de Lafargue, al que creo recordar que ha nombrado el gato en ocasiones.

  12. R.S.R

    Dicen que:

    “un blog crea una comunidad de lectores”, Es posible y también es posible que en esa afirmación estemos todos más o menos de acuerdo. Personalmente me gustan los post que escribe, unos me interesan más y otros menos claro, pero todos me provocan. Unas veces lo expreso y otras me gusta dejarme llevar por el placer de “escuchar” sin mucha necesidad de intervenir y otras, aunque deseando hacerlo no encuentro mucho más que añadir, temo la mala interpretación o me dejo llevar por una actitud indolente, Pero… siempre leo sus post y las intervenciones, a veces aprendo, a veces reflexiono y otras me irrito.

    “un blog crea relaciones de confianza”, de eso no estoy segura, ¿relaciones de confianza? ¿con quién? ¿Con una pantalla? ¿Conmigo misma? ¿Con la idea que yo me hago de quién es cada uno? No sé…quizá entre ustedes sea diferente puesto que parece ser que se conocen de tiempo; por otra parte es verdad, se crean lazos, a mí me gusta entrar cada día y ver qué se os ha ocurrido, leer vuestras puntualizaciones y divagaciones, unas veces me emocionan, otras me conmueven, algunas me irritan, otras me sorprenden, y el Sr. Pumby- con esa chispa que tiene a veces -además de arrebatarme me hace reír a carcajadas. De lo que siento no dudo pero… ¿son relaciones de confianza? ¿Es una confianza real? ¿Con quién?

    No sé donde va a ir a parar, no sé donde quiere llegar, quizá debería haberme esperado a qué finalice el post pero me da la impresión de que lo que se cuestiona es casi una cuestión filosófica, qué existe y qué no, ¿lo que tiene nombre o lo que no?
    qué es real y qué virtual .Habrá que esperar al final…
    aunque tema hay

    PD: “Lo que leo me remite a lo que vivo, y lo que vivo me conduce a lo que leo”
    ¿Como dice que no vive? otra cosa es que no sea Indiana Jones, pero …¿ que no vive? ¿ No lee? Vaya. Yo pensaba que sí

  13. Pumby de Villa Rabitos

    ¡David! que emocionante leerte en esos términos (egoístamente maullando)… yo también te odio. Y abomino tu “blog”… aunque, sí, lo reconozco, en el íntimo silencio de mi gatera… ay… lo leo… y… admiro. Soy un vicioso.

    Ayer me llamó a capítulo mi hermano Manel, que no está extinto, hombre, se recupera de sus heridas pero sigue igual de tan mala uva que siempre aunque con mayor misantropía. Lo hizo al respecto de mi costumbre por tutear a todo el mundo. Me afeó tan libertaria liberalidad. Me recordó nuestra educación, en colegio público, nuestra posición en la sociedad, que aborrecemos por igual. En fin, que me retorció el alma avivándome la memoria de mi palabra dada – aquella que le di en momento tan crítico como recordarán los seguidores del culebrón Cantarell-Planxadell – para el mantenimiento de la “dignitas” de la familia en sus intervenciones en este “blog”… Total, que más por no abrir viejas heridas con él que por agradarle a Serna (a quien también aborrezco, carcomido por la envidia), decidí retomar el voseo para dirigirme a ustedes-vosotros, que diría Lola Flores en este caso. Hala, ya está dicho. Y hecho.

    Comprenderán, ustedes, pues, que aunque mi forma de hablar se modificara, el núcleo vitriólico de un servidor de ustedes se mantiene incólume, para disgustar sus ánimos, crispar sus corazones y sacudirles el entendimiento. “Contra mundum”. Por lo demás, ya metido en latinajos, una última reflexión, si me la permiten, a la salud de don Justo, maestro en latines: “Res severa verum gaudium” que tiene un no sé qué de nietzschiano que me encanta.

    PS: Señor “nauGrafo”: muchísimas gracias por desvelar el truco con el ratón, mis cansados ojos se lo agradecen enormemente y, además, citando la fuente, délo por seguro, me permitiré hacer uso de la expresión “clitoriana” para definir la ruedecilla en cuestión; es de lo más sugerente.

  14. Pumby de Villa Rabitos

    Doña R.S.R. me conmueve su gentileza, indiscutiblemente, repleta de generosidad. A sus pies quedo rendido. Pero, le confesaré un secretillo, ahora que no nos escucha nadie y compartimos la intimidad de la interface… no existo. Desconfíe, pues, especialmente, de mi…

  15. jserna

    R.S.R., usted muy amablemente reflexiona sobre lo que escribo y añade: “…«un blog crea relaciones de confianza», de eso no estoy segura, ¿relaciones de confianza? ¿con quién? ¿Con una pantalla? ¿Conmigo misma? ¿Con la idea que yo me hago de quién es cada uno? No sé…”

    Usted entrecomilla ese enunciado –«un blog crea relaciones de confianza»– como si yo lo hubiera dicho. O alguien de por aquí lo hubiera dicho. No sé. La verdad es que yo no creo haberlo dicho nunca. Justamente por las razones que usted apunta.

  16. Eduardo Laporte

    Pues muchas denadas, Pumby de Villa. Ya sabe, cada vez que le dé a la ruedecilla… en fin, no sigo, jajaj.

  17. FML

    Leo los “Archivos” del señor Justo Serna desde hace años; conocía a una de sus comentaristas, Ana Serrano, con la que tenía (y tengo) una buena relación. Después entraron dos magníficos colaboradores, conocidos de casi todos ustedes: Miguel Veyrat y “Kant”, que completaban con sus puntos de vista las reflexiones del blogger. Estas dos personas me hechizaron y, desde entonces, leí diariamente (excepto en el verano que, por razones familiares, estoy ausente de mi lugar de residencia) el blog y empecé a escribir, pocas veces, es verdad, pero no menos que muchos de los contertulios. Después llegaron David Montesinos (a quien leo en su blog aunque no participe) y Alejandro Lillo y también me sedujeron; me gustan sus comentarios y coincido muchísimas veces con lo que ellos tan bien escriben. Si se dan cuenta (había escrito “si os dais cuenta” pero rectifico) sólo cito nombres masculinos. ¿Qué pasa con las mujeres de este blog? A mí me encantan (Ana, Marisa, Isabel, RSR) pero escriben mucho menos que los hombres, no sé (o sí sé) por qué será.
    De vez en cuando, en este blog, entra algún troll (pocos y no tan agresivos como en otras partes); algunos les ríen las gracias, yo nunca, no les contesto ni respondo a sus provocaciones, para mí no existen. En las relaciones entre los contertulios (casi) siempre ha habido respeto y, salvo alguna batalla encarnizada entre miembros del blog, todo ha transcurrido pacíficamente. Sin embargo, el señor Justo Serna me faltó al respeto hace unos días cuando me llamó impostora, dogmática, feminista trasnochada, lastimera y no sé cuántas cosas más, inventando que me quejo de “mi dura vida como profesora” (no sabe usted, don Justo, lo que disfruto yo con esta vida y lo feliz que soy con mis alumnos), etc., etc. Tal vez tenga razón en afirmar que juzgo a los demás de manera muy severa (lo mismo me pasa con las obras literarias que leo) pero tenga el convencimiento de que no juzgo a los demás más severamente de lo que me juzgo a mí misma. Tal vez, señor Justo Serna, no entenderá por qué estoy escribiendo este comentario pero quería explicarles a nuestros contertulios que no hay ningún problema personal entre don Justo y yo porque no nos conocemos de nada, sólo hablamos en el blog, nuestra relación (no relación) es la que conocen todos ustedes. No entiendo cómo una persona tan educada como don Justo pudo insultar a una contertulia que nunca le faltó al respeto ni a él ni a nadie. Se pregunta: “¿Qué ocurre? ¿Qué tiene más educación y maneras que el blogger? Miren, no”. Está equivocado, señor Serna, la respuesta es afirmativa.

    Fuca

  18. R.S.R.

    Sr. Serna entrecomillé ese enunciado igual que entrecomillé el anterior, ninguno le atribuyo a usted, efectivamente, no recuerdo haberselo leído.Son cosas que se dicen del blog, igual que se dicen otras de las redes sociales, desconozco su autoría.Esperaremos a que finalice el post.

    Sr.Pumby me gusta que retome el “voseo”, no sé por qué hay gente que piensa que el tratamiento de usted supone una distancia o frialdad.No creo que sea así. Otra gente presupone que un par de besos lanzados al aire (pocos acaban en la mejilla) es un saludo es más cercano que un buen apreton de manos y una mirada directa a los ojos.Yo prefiero lo primero y lo segundo.Así que, por favor ,háblame de usted pero no me llames Doña erreserre, y si alguna vez por aquellas cosas del destino nos encontramos dame un apretón de manos/pata

  19. Juan Antonio Millón

    Extraordinario primer capítulo de la nueva novela de MUñoz Molñina. Gracias por enlacae don Justo. Prometedora y cautivante. Sus formas narrativas y su universo imaginario son muy sugerentes, así como la cultura y el periodo histórico referentes. Ahora que hallo sumergido en los papeles y el mundo literario de Max Aub, estas líneas que he leído me son sumamente seductoras.
    Pero, ¿qué les pasa a algunos contertulios? No entiendo los desquites, las suceptibilidades. Me pierdo. La verdad es que el código del blog, quizá de cualquier blog, es algo que está por descifrar y yo he de confesar que me sumen en el aturdimiento algunas de las intervenciones. Imagino que en el fondo late una divergencia en las expectativas y en la intención de aquellos que comentan. Creo esperar algo bien distinto cuando me veo inmerso en alguna trifulca o en alguna confusión.

  20. Juan Antonio Millón

    Lo siento, no sé qué tecla he apretado que ha enlazado el texto sin darme tiempo a corregir los errores con los que aparece. Perdón.

  21. jserna

    Fuca, de verdad, ¿qué espera de mí? Yo la desairo, usted se marcha desairada… ¿y regresa para qué? De verdad no entiendo qué quiere. Usted me incomoda con su pose de profe severa. Lo siento no me cae simpática.

    Ayer hablé con un amigo de usted: me quería hacer comprender sus razones, las de usted. Dado que que ambos se cartean, pues su mediación podía hacer algo… Yo le agradecí sus desinteresadas gestiones, pero con usted sigo teniendo una impresión de impostación y a veces de impostura. Lo siento, no quiero herir más susceptibilidades.

    Dice: “Tal vez, señor Justo Serna, no entenderá [no entienda] por qué estoy escribiendo este comentario pero quería explicarles a nuestros contertulios que no hay ningún problema personal entre don Justo y yo porque no nos conocemos de nada, sólo hablamos en el blog, nuestra relación (no relación) es la que conocen todos ustedes. No entiendo cómo una persona tan educada como don Justo pudo insultar a una contertulia que nunca le faltó al respeto ni a él ni a nadie”.

    ¿Por qué no lo deja estar?

  22. jserna

    Quiero agradecer a los amigos que han tenido la deferencia de asistir a la mesa redonda a una hora tan intempestiva –las 16 horas– a Isabel, a Marisa, a R.S.R., a Alejandro, a David, a Paco Fuster, a Alfons Àlvarez y a alguno más que se me ha escapado. ¿Alguien hace alguna croniquilla? El salón estaba lleno de estudiantes de Periodismo (ávidos de saber y de créditos).

    Dando voces. Dando voces ha aparecido el amo del Gato. El dueño de Pumby, quiero decir. Era hacia el final del acto: el señor preguntaba por su minino. No hemos sabido darle cuenta. Han desratizado la Facultad, le he informado. Quizá sea éste un ambiente tóxico, le he añadido. ¿Y bien?, me ha preguntado. Se le apreciaba una ironía dolida. ¿Por qué me dice eso? ¿Qué tiene que ver un felino con los roedores?, me ha insistido. Por culpa de mi atención educada, la conversación amenazaba con eternizarse, allí, en la escaleras de la Facultad de Periodismo, en esas escaleras que conducen al Salón de Grados. La gente miraba y se sorprendía. El amo estaba comenzando a expresarse con reproches y alusiones a mi mala educación. O a la mala leche, no sé. No eran maneras. Total, su gato muestra más refinamiento…. Ante esto, he optado por saludarlo efusivamente. Era una despedida.

  23. Juan Antonio Millón

    Veo que me pierdo el solaz de sus señorías y ello con gran pesar. Espero, al menos, que tengan misericordia y consideración de mi natural deseo de noticias suyas y dispogan, como dice don Justo, alguna “croniquilla” del evento en el espacio de este blog. Me inquieta, ante todo,lo que dice don Justo del amo de Pumby. La verdad, yo le hacía más ácrata. Pero, vete tú a saber qué puede esconder un gato tras sus bigotes.

  24. jserna

    Juan Antonio, el acto discurrió según lo previsto. Con un inmenso gentío que abarrotaba el Salón de Grados de la Facultad de Filología, Periodismo y Comunicación, los ponentes presentaron sus observaciones en veinticinco minutos cada uno para después establecer un diálogo con el público. ¿Qué público? Muchachos que cursan estudios de dichas especialidades habían tomado la sala, llevando muchos de ellos rumbosos ordenadores, los de la manzanita. Anotaban lo que allí se decía. ¿El título de la sesión? Trazos de la comunicación digital en la Comunidad Valenciana. Entre los asistentes estuvieron amigos de este blog. Es probable que alguno pueda decir algo. ¿Fue una sesión memorable? Hombre, yo no diría tanto. A las 16 horas de un día de otoño, con un tiempo variable y nubes bajas, el sopor se adueña de los cuerpos. A pesar de los elementos atmosféricos, creo que algunas cosas interesantes se dijeron. ¿Cuáles?

  25. Pumby de Villa Rabitos

    Ah, don David… es mi tormento. Ayer, que lo tuve a la altura de mis zarpas… y no pegarle un buen arañazo…

    Bueno, pues si el tratamiento no es de “doña” habré de usar el de señora, si es que le gusta más, señora R.S.R. Le confieso mi disgusto con usted. A todos saludó, para todos tuvo palabras y afectos y… a mi me obvió (veo en ello el torpe consejo de David, o las intrigas de mis múltiples enemigos entre los periodistas). De toda la vida de Dios me siento en la misma zona de las aulas en las que entro. Cienes y cienes de veces me aposento allí. Usted lo sabe. Usted me vio. ¡Un gato no pasa desapercibido entre tanto humano! Sin embargo… ni una palabra, ni un gesto… su desdén… mi frustración…

    Juan Antonio, espero que su recuperación se mantenga a buen ritmo hacia buen puerto. Otro abrazo solidario, de gato a gatófilo.

    ¡Lo que me faltaba! Con la rabia que le tengo a don Justo y va y me salva del energúmeno que se cree que es mi dueño… ¡yo con dueño!… voto a tal… Por cierto, hablando del sr. Serna, he de reconocer que como los dos primeros participantes en la Mesa Redonda – ¡por Cronos, y qué temas a qué horas! – me empujaron a cruel pugna con Morfeo y luego, desesperé, saltando de butaca en butaca para que la señora R.S.R. me hiciera un poco de caso (los gatos somos así), agradecería esa croniquilla que apunta el magister del “blog”.

  26. FML

    Lo dejo estar, don Justo, lo dejo estar, no vaya a ser que le hagamos daño a nuestro amigo común. Si alguna vez intervengo en este blog, no será para dirigirme a usted, será para agradecer o matizar las palabras de nuestros contertulios, ellos no tienen la culpa de que a usted no le caiga simpática. Gracias por la corrección gramatical, hasta el más severo de los preceptores puede equivocarse.

  27. jserna

    Juan Antonio, le transmito todo mi ánimo para su pronta recuperación. Yo, lo mismo que el gato, le deseo lo mejor. A ver cuándo podemos vernos.

    Le contaremos cómo ha ido la presentación de ‘Tratado de las cosas sin nombre’, de Juan Planas. Le llevaré un ejemplar del volumen cuando nos veamos. Seguro que a Planas le gustará que usted lo tenga.

  28. David P.Montesinos

    Pues hala, ustedes se lo han buscado. El congreso de Comunicación Digital en la Comunidad Valenciana abordó en este caso bajo formato de mesa redonda el tema “Trazos de comunicación digital en la Com. Val.: de la web 1.0 a la web 2.0”.

    El salón de graus estaba lleno, parece que de estudiantes de periodismo. Yo llegué con el acto empezado acompañado del ilustre contertulio Don Francisco Fuster, si bien entrar impuntualmente sirvió para que los presentes repararan en nosotros y admiraran nuestro porte gallardo. Ambos eludimos la mirada sospecho que reprobatoria de don Justo Serna, quien sin duda masculló entre dientes al presentador del acto “yo a esos dos no los conozco de nada”.

    El primer ponente, profesor de la Miguel Hernández de Periodismo informó con el power point del estado de las ediciones digitales de los diarios en la Comunidad, especialmente en Alicante. La impresión general es que son puros refritos de la edición física, reducciones por lo general cutres y atendidas por plantillas reducidas y mal pagadas. Es evidente para el ponente que el medio periodístico no está sabiendo aprovechar los nuevos y fascinantes espacios que se están abriendo con internet, y en especial ahora con la web 2.0, relacionada con las llamadas redes sociales. Parece que hay que salir a internet, que hay que estar, parecer que uno se digitaliza, pero es una impostura, en todo caso un simulacro. Conceptos tan sencillos como el linkeo de blogs, los xats asociados… todo aquello que la cultura 2.0 tiene perfectamente asumido tiende a no ser explotado en la mayoría de diarios, como si el lanzarse al ciberespacio fuera un poco como para no perder comba, sin creérselo del todo. También me pareció interesante el dato de ese fast-food industrial de los diarios virtuales, los cuales son la mayoría puros corta y pega hechos desde lejanos lugares. Con ello, es evidente que se pierde la frescura de la noticia, la fuerza del contacto real del reportero, en fin, se terminan convirtiendo en tablones de anuncios donde la gente entra poco, y muy bien que hace, pues si quieres informarte has de ir al diario real. Yo creo que el ponente intentaba lanzar un desafío a los presentes, la mayoría de ellos aspirantes a periodismo. El futuro del periodismo es la red, todos lo sabemos, la cuestión es trabajar sobre todas estas deficiencias sobre las que planea, una vez más, la sensación de que España es un país demasiado lento y subsidiario cuando se trata de incorporar la tecnología con todas sus consecuencias. El reto es profesionalizar todo este tipo de medios y hacer un verdadero periodismo en la red, no planas cutres de los diarios volcadas sin fe en la red.

    Me pareció bien, aunque no me gustó el chiste de que “esta es la hora de la siesta”, entre otras cosas porque incitaba a la misma. Para hacer de show man hay que ser un poco freaky, a éste tipo lo veo demasiado integrado. Tampoco me gusta esa obsesión por hablar en lengua empresarial del mundo de los negocios. No me parece mal que se haga, pero creo que no estaría mal preguntarse, antes de hablar tanto de las suculentas posibilidades que ofrece internet, para qué hacerse periodista y qué tipo de dignidad merece hoy en día la profesión de informador. Pese a todo mereció la pena.

    El segundo ponente no hizo chistes, medida acertada porque tenía menos gracia que Serna y Pumby imitando al dúo Sacapuntas. Además su cabeza tapaba continuamente el power point que intentaba enseñarnos. De manera que la mayor parte de la conferencia la pasé debatiendo con Fuster sobre si el tipo que teníamos delante podía ser uno de nuestros ex-trolls. Concluimos que no miraba a Serna con la suficiente hostilidad. El ponente se movió dentro de un orden expositivo muy similar al de la Miguel Hernández. Los principales blogs y webs de las fuerzas políticas y los líderes de la Comunitat apenas aprovechan las posibilidades de interactividad que existen, lo cual hace pensar que toda esa Arcadia informática del open government está muy lejos.

    El tercer conferenciante fue don Justo. Parecía un hombre cansado. Contó su experiencia como blogger y apostó por la necesidad de “estructurar”, es decir, de establecer criterios, “poner límites”, atender a la necesidad de adaptar los viejos criterios para diferenciar entre lo valioso y lo banal, entre lo serio y el exabrupto, entre la información relevante y lo insignificante. Parece haber en el ponente una preocupación por no dejarnos obnubilar tan fácilmente por todo este vasto territorio que se nos abre como con dimensiones inmensas y sumamente prometedoras sin antes tener claro qué queremos conseguir de los medios, a donde vamos, qué relaciones entre seres humanos pretendemos alimentar, qué criterios de verdad manejamos. Me gustó ver cómo pasó, de manera casi imperceptible, de una peripecia puramente personal a una reflexión tan trascendental como es la de lo verdadero, lo relevante, lo virtuoso… Me gustó también la decidida convicción de insertarse dentro de una tradición como es la del diario -nombró a Samuel Pepys- sin dejar por ello de advertir algunas de las implicaciones novedosas que tiene la ciberbitácora.

    En fin, si queréis saber más haber estado, gorrones.

  29. jserna

    Gracias, sr. Montesinos. Me intrigó eso que me dijo al final: que yo parecía efectivamente cansado. La hora es matadora: las 16… Contrariamente a lo que usted percibió, yo pensé que le había puesto demasiado énfasis a mi intervención. Vamos, que la había con mi entusiasmo habitual, algo desmedido. Le agradezco, David, esa crónica irónica de unos hechos, cosa más difícil cada día. Los periodistas dejan de hacer su faena y se abandonan al reportaje frío, neutro, como si lo aburrido fuera equivalente a lo cumplido.

  30. R.S.R

    Yo, croniquilla del acto no voy a hacer por la secilla razón de qué no se hacerla y nunca he hecho ninguna, soy la última en llegar, y sobretodo hay otros contertulios que podrán hacerla mejor, pero atendiendo a la petición que el Sr. Millón hace intentaré relatar algo de la mesa redonda de ayer.

    El tema, sugerente, “la comunicación digital”.
    La hora, imposible, como ya han dicho algunos.
    Las condiciones atmosféricas han quedado perfectamente descritas por el S.Serna a las que añado un calor insufrible dentro de la sala.
    La apertura del acto fue con retraso, una mala costumbre que no entiendo, el moderador inicio las presentaciones mientras los adolescentes seguían entrando y acomodándose, ignorando por completo los méritos profesionales de los ponentes.

    A las 16,30 más menos empezó el primer conferenciante, su apoyo: PowerPoint, sencillamente no puedo reproducir lo que dijo, eso, ya creo que es un dato y le aseguro que yo no estaba, como el Sr.Pumby, entregada en los brazos de Morfeo (que no batallaba sino que cayó rendido). Bueno, no me resulto de interés el tema que trataba y tampoco era un buen comunicador pero…posiblemente haya otras opiniones.

    El segundo ponente, también con PowerPoint, me pareció algo mejor, habló del uso de los medios digitales por parte de los partidos y líderes políticos, su influencia en la participación, en la movilización…flojo,
    A esas alturas yo recordando un post de este verano me decía: “Yo no debería estar aquí”

    El tercer ponente, creo que tenía mucho calor, a estas el Sr. Pumby se despertó y empezó a brincar por los asientos, no sé que buscaba.
    El tercer conferenciante no usó PowerPoint, no lo necesita, eso de que “una imagen vale más que mil palabras” no se cumple en su caso. La complejidad que le dio al tema y el abanico de matices que desplegó supera con mucho los efectos de una imagen. Habló del diario como género, de su objetivo, de sus interlocutores, lo trajo al tema del blog, de los lectores, habló de lo público y lo privado, de la intimidad y de la extimidad. Apunto las posibilidades nuevas que pueden explorarse y de cómo él busca también en el blog un espacio a medio camino entre lo personal y lo académico, busca generar una corriente de influencia, de conocimiento y de saber. Hablo de mucho más. Le dio calidad al acto, creo que alguno de los contertulios que estuvieron podrán corregirme si me equivoco.

    Conocí a algunos contertulios del blog, y me lleve agradables sorpresas. El resto Sr. Millón , ya lo sabe .

  31. Juan Antonio Millón

    Sr. David, muchas gracias, no sabe lo que le agradezco su pintura de lo acontecido. Se nota su vis profesoral en esa sabia mezcla del docere et delectare que ha sabido imprimirle a su comentario. Y doblado agradecimiento a RSR por su pericia y pasión en la crónica. A mí si que me los están poniendo difícil, porque tal como soy yo ya me veo en la obligación de gacilletear los eventos y otras socialidades de este blog.
    Gracias Pumby y sr. Serna por los ánimos que me dan. A ver si ya me retiran los puntos y me van dando pautas para ir “tocando tierra”, ya que, Pumby, nunca mejor usada esa metáfora del deseo de llegar “a buen puerto”, no sabe lo que deseo andar sobre firme.
    Y a Juan Planas, que sé que gusta de la tauromaquia, le deseo que cite en corto, toree por lo fino y salga por la puerta grande.

  32. jserna

    Muchas gracias, R. S. R. Creo que el tema de la mesa se prestaba a entretener o a aburrir. El problema no es el asunto: siempre es el tratamiento. Yo creo que los ponentes hicieron la faena que les correspondía y cada uno –entre los que me incluyo– según sus posibilidades.

    Yo odio el PowerPoint si este recurso es para mostrar lo que se está diciendo. Lo dije tiempo atrás en un artículo:

    http://www.uv.es/jserna/Levantenadieolvidaaunbuenmaestro.htm

    R.S.R.: le agradezco mucho eso que dice refiriéndose a mi intervención: “Le dio calidad al acto”. Me permitirá que la desmienta. El asunto general era de alta calidad. Sólo que las condiciones ambientales, propiamente atmosféricas, conspiraban en contra de cada uno de nosotros. Yo sólo puse entusiasmo, que es lo que le decía a David.

    Esta noche, a las 19:30, con Juan Planas en La Casa del Libro. Poesía en la casa de los libros.

  33. Pumby de Villa Rabitos

    ¡La buscaba a usted, señora R.S.R.! Sin embargo, usted sólo me hace “de sufrí”… ay…

  34. Marinero de los mares del destino

    La tarde era ominosa. Muy ominosa. Aposentado ya en el salón de actos de riguroso incógnito (con un sombrero de ala ancha y un tabardo obscuro), distraía mi atención observando las raquíticas ramas de los plataneros de la Avenida Blasco Ibáñez que, más allá de la enorme cristalera, se cernían sobre nuestras cabezas. La luz era tenue, cetrina, y yo me sentía inquieto, pues una profunda sensación de desconsuelo se había adueñado de mi ánimo. Tal vez fuera porque la arboleda desnutrida que observaba afuera me recordaba vagamente cierto paraje desolado de mi niñez, o tal vez fuera porque en ese mismo instante me di cuenta que había amarrado el bergantín junto al yate del Bigotes y que a mi vuelta, no iba a encontrarme nada, tan sólo una maroma desatada y sola.

    Rechazando aquellos malos presagios, me esforcé por prestar atención al presentador que, con voz clara, daba algo de luz y calor a aquel lugar en penumbras. Pero cuando comenzaba a cogerle el hilo al asunto, dos tipejos irrumpieron en la sala trastabillándose. Se trataba de dos individuos altos y mal encarados, tirando a delgados. El más joven, de imponente figura, instó al otro, de pelo rizado, a continuar avanzando hacia las filas más próximas al escenario propinándole un empujoncito en la espalda. Pero éste, como ya venía desquilibrado, cayó de bruces cuan largo era sobre el pasillo central de la sala de conferencias. El murmullo fue multitudinario. Uno de los ponentes, el que quedaba más a la derecha, se tapó el rostro con las manos mientras negaba con la cabeza, se escuchó el bufido de un gato y yo a punto estuve de desenvainar la Tormentosa para que se tragara el alma de aquellos dos incautos.

    Repuestos del sobresalto y acabada la primera charla, comenzó, como no podía ser de otro modo la segunda. Por entonces yo ya comenzaba a preguntarme qué estaba haciendo allí teniendo a mi precioso velero junto al yate del mayor sinvergüenza del reino, y me disponía, sintiéndolo mucho, a marcharme, cuando noté un peso en mi cabeza. No sé si fue por efecto de las charlas, o porque realmente me había reconocido, pero tenía un gato subido en mí cabeza que, tras arrancarme el sombrero, había comenzado a estirarme de mi precioso pelo cano. Yo me levanté al instante y agarrando al minino comencé a zarandearlo de un lado a otro, pero el muy canalla no se soltaba. Entretanto, un tío muy serio seguía dando datos ininteligibles sobre no se qué partidos políticos y enseñando unas gráficas que no se veían. Yo, al fondo de la sala, daba bandazos de un lado a otro hasta que logré salir del lugar. Antes de abandonar el sitio con el gato pegado a mi cabello y maullando sin parar, me despedí con un gesto –algo rudo, lo reconozco- del último de los ponentes, aunque justamente en ese momento se le había caído el bolígrafo y se encontraba buscándolo debajo de la mesa.

    Al salir, el gato dio un brinco y desapareció con una parte considerable de mi cabello. No lo he vuelto a ver, pero cuando lo pille…

    Poco después, me topé con un personaje muy extraño, con pinta de leñador, que marchaba por Blasco Ibáñez preguntando por un gato que no deja títere con cabeza. Con el pelo aún enrebolicado, le indiqué, muy amablemente dónde debía ir a buscarlo.

    Por cierto, como era de esperar, cuando llegué al puerto mi velero había desaparecido.

  35. jserna

    Efectivamente, Marinero, ese tipejo –ese “personaje muy extraño, con pinta de leñador, que marchaba por Blasco Ibáñez preguntando por un gato que no deja títere con cabeza”– era el amo de Pumby.

    Llegó a la Facultad y se me encaró. Durante unos minutos no dejó de interpelarme. Ni siquiera tuvo la cortesía de preguntarme qué tal me había ido. Sólo estaba preocupado por el dichoso minimo. No hacía más que levantar la voz para escándalo de los presentes. Todos reprobaban esas voces. Todos, salvo uno.

    O una, mejor dicho. Había allí una anciana de aspecto fiero que no hacía más que asentir a lo que el tipo rudo decía. Le calculé unos ochenta años. Yo había hablado con prudencia de un tema del que siempre puedo hablar más. Que si los diarios, que si el género autobiográfico, que si Samuel Pepys. Bla, bla, bla. Simplemente procuré ser moderado.

    La señora negaba y negaba. No sé bien por qué. El caso es que el amo del gato empezó a cortejar a la dama diciéndole procacidades, esas cosas obscenas que se reservan para lo íntimo o lo privado. Ni por ésas. “Este hombre no repara en edades o estados”, me dije. “Sabe valerse de su aspecto rudo para seducir a las ancianas”.

    Escapé como pude de aquella circunstancia.

    Aún me pregunto por qué me dejé engatusar. Yo sólo había ido a hablar de los diarios en la Web 2.0. Yo sólo quería hablar de ‘Los archivos’.

  36. Pumby de Villa Rabitos

    Pero… pero… ¿qué pesadilla es esta?… Marinos de agua dulce con vestimentas estrafalarias… lances delirantes en escenarios imposibles… impávidos embustes dichos a troche y moche… ¡¡ja!!, ¿el “amo” del gato, insisten?… ¿qué no saben que de “ni dios, ni amo, ni marido”?… Este gato es libre, ¿qué digo, libre? ¡libérrimo!…

    Pero ya, en el maëlstrom de la iniquidad, en el caos moral de las almas, nos sumergimos en infundios como puños… altercados con inocentes felinos que sólo buscaban el saludo de la señora R.S.R…. orates vestidos de leñador con perversas intenciones gerontófilas… ¡¡poetas!!… poetas… ¿es posible tamaña inmoralidad?… poetas…

    Oh, Dioses Inmortales… ¿dónde, dónde me he metido?… Como buen gato, trepo raudo a mi tejado y ahí se quedan ustedes.

    PS: ¿El Bigotes?… Así se llevara el Pirata Roberts su cascarón, Marinero, en justa venganza a su maldad.

  37. Isabel Zarzuela

    No soy muy dada a hacer uso de los periódicos digitales, no obstante, me pareció interesante la exposición que hizo de los mismos, el profesor de la Miguel Hernández de Periodismo, al tratar la situación económica y calidad de estas ediciones publicadas en la red.
    La exposición del profesor de la Jaume I, me resultó un pelín aburrida. Se limitó a aportar datos, datos que a fecha de hoy no me resultan nada interesantes y si a esto añadimos la seriedad del ponente… en fin…

    Y por fin, la intervención de Don Justo Serna. Entonces se hizo la luz. Y no sólo lo digo en sentido figurado, también lo digo en sentido literal. Hasta que no intervino el Sr. Serna, la sala se encontraba casi en penumbra, puesto que los dos ponentes anteriores hicieron uso del power point, y justo antes de comenzar su intervención (la de Serna, digo), encendieron las luces.
    De todo lo que expuso don Justo en la mesa redonda que nos acontece, sobre su propia experiencia en el blog, en ‘Los archivos’, me quedo con la idea de que “un blog (…) es un dietario, una suerte de cuaderno en el que registrar lo que nos ocurre o lo que se nos ocurre. En mi caso y en mi circunstancia más inmediata: la inquietud venidera (…) o el balance de lo hecho o de lo leído.” Y en este sentido insistió en la idea de la concepción del blog (de su blog) como un diario personal, que no íntimo. Idea, que claramente queda reflejada en este fragmento, del artículo que Don Justo publicó en la revista ‘Pasajes’ en otoño de 2008 ‘El pensamiento ordinario. La experiencia del blog”, que a continuación transcribo:

    “He concebido mi blog como un diario personal –que no íntimo- y, por ello, en él se expresa un yo fracturado, un yo que se despliega frecuentemente en trozos cuya totalidad ignoraba. Insisto, quien escribe es un yo que no habla necesariamente de su intimidad, aunque –eso sí- reconstruya partes de su autobiografía. Por eso, como antes decía, tomo el blog como un laboratorio en el que ensayar esbozos de otras escrituras. O lo tomo también como esa agenda pública en la que opinar sobre el mundo, en la que mirar y tomar apuntes valiéndose para ello de un pensamiento ordinario. Es ésta una expresión que debo a John Stuart Mill. El observador ve e investiga pero no sabe bien lo que atisba; no sabe explicar bien qué es lo que ve o distingue y, de repente, descubre lo que no sabía que sabía.”

    En mi caso, como lectora y ocasionalmente participante activa de este blog, me siento identificada con su propia experiencia como blogger, aunque por supuesto en menor medida. Con esto quiero decir, que si pudiéramos recomponer todos esos “yoes” fracturados (no sé si es correcta esta expresión) de cada una de las intervenciones de los contertulios de este blog que se han producido a lo largo de estos últimos 4 años, reconstruiríamos de algún modo, parte de nuestra propia biografía.

    Todos los días me asomo a la ventana de ‘Los Archivos’, tomo aire, observo el mundo, y opino sobre él, y de repente descubro que sólo sé que no se nada. Uf. Y es que aquí hay mucho, pero que mucho nivel.

    Nos vemos esta tarde en la presentación del libro del Sr. Planas, Don Justo.

    Sr. Millón, me alegra leerle de nuevo entre nosotros. Le deseo una pronta recuperación. Seguro que podremos vernos en breve. Un abrazo.

  38. Aviso Urgente

    MENSAJE URGENTE DESDE EL HOSPITAL LA FE DE VALENCIA
    Si conocéis a alguien que tenga el grupo sanguineo AB dispuesto a donar sangre, decirlo. En el Hospital Universitario La Fe de Valencia hay un niño de 10 años ingresado con leucemia que necesita urgentemente unos 12 donantes.
    Este grupo sanguíneo (AB) es bastante raro, de ahí el hecho de la falta de donantes.
    Los médicos anuncian que si los encontraran sería muy posible salvar la vida de este niño. Por favor, reenvía este correo a quien conozcas.
    El teléfono de la madre: Maria Angeles 963802408.

    Remitido por Ana Serrano.

  39. Juan Antonio Millón

    Muchas gracias doña Isabel por sus palabras y por su crónica del acto de ayer. No sólo me hago una idea clara de lo allí tratado, sino que me doy cuenta de lo mucho que aporta en sus intervenciones el conductor de este blog y la mucha complicidad, confraternidad, que desprenden los contertulios. Me hubiera gustado estar entre ustedes y departir luego conversaciones y saludos.
    ¡Y las escenas del Marinero en reyerta con el gato y la del personaje con pinta de leñador cortejando a una anciana! ¡Porlosclavosdecristro, voto por un nuevo Lope y un novísimo arte de hacer comedias!

  40. Ana Serrano

    Mil gracias, Justo, por traer aquí el mensaje que le he enviado a su correo. Cuanta más gente lo vea, mejor. Que lo que ocurra con ese niño no sea por falta de atención o de ayuda nuestra. Ojalás sirva.

    Me he sentido muy contenta de ver aquí, de nuevo y embozado, al marinero (no niegue lo que sé. Su escritura, su obscuro, le delatan, pero quede tranquilo que yo no lo haré).

    Me ha hecho mucha gracia, Isabel, su explicación de cómo se hizo la luz. Gracias a todos los que acudieron y que nos lo han contado con tantísimo humor.

    Pumby, no te preocupes (¿Llamar de usted a un gato…? me parece que sería pasarme). Yo sé lo que te pasa. Los gatos tenéis frío y os gusta que os rasquen la papada. La primera vez que pueda asistir a un cosa de Justo, ya te rasco yo la oreja, la papada y el cogote; te tapo con un trozo de mi abrigo. Tú me ronrones y todos tan contentos.

  41. R.S.R.

    Ay… Pumby no te enojes, ¿como voy a querer hacerte de sufrí? ¿Cómo piensas que eres objeto de mi desden? ¿Cómo voy a obviarte? Cuando fui a saludarte, a pesar de que los gatos de cerca me dan “no sé que”, te habías escabullido, hiciste mutis por el foro. A todos pregunté por ti y, ¿sabes que me dijeron? Que no habías ido y eso que yo te vi, primero desparramado en un sillón y luego encima de la cabeza de alguien tirándole del pelo (desde luego Pumby haces unas cosas, en medio de una conferencia, no daba crédito, un aristócrata como tu…)
    No te preocupes algún día los Dioses se pondrán de nuestro lado y nos tropezaremos, de todas formas tú podrías hacer algo, que yo también te he dicho cienes y cienes de veces donde me pongo: al fondo, a la izquierda mirando a la mesa…

    ¿Quien será ese marinero de los mares del destino?

  42. Ana Serrano

    No se preocupe R.S.R, usted es pequeña y no lo conoce. Es un histórico que escribe, como yo, obscuro con be y esas cosas unen mucho.

  43. Marinero de los mares del destino

    ¿Qué oyen mis ojos, estimado Serna? ¿Una anciana de aspecto fiero, dice? ¿De unos ochenta años? ¡No puede ser, monsieur! ¿Recuerda haberle visto una verruga mu gorda y muuuu fea en la punta de la napia? ¿Portaba acaso un cayado nudoso y un ratón muerto colgado de la espalda? Si así es tenga cuidado, señor Serna, tenga cuidado. ¡Voto a bríos!

    Floridos saludos, doña Ana. R.S.R, un placer… pero sólo soy un errabundo marinero que ya ni bajel poseo…

  44. jserna

    Ayer, en la presentación, a la que concurrieron unos afortunados oficiantes, se creó un instante de fluidez, de expresión, de libramiento. No había un autor al que reverenciar. Había un libro de poesía que celebrar. Hablamos de lo que siempre es evidente cuando de versos se trata. Hablamos de perderle el miedo a la poesía, constitutiva de nuestra enunciación. Eso sí: siempre que queramos salvarnos de la prosa pedestre o de la sistaxis prosaica. Todo muy agradable, ya digo.

    Por mi posición privilegiada, frente al público, pude distinguir algunas cosas. Advertí que gentes resistentes y peripatéticas finalmente se sentaron para escuchar lo que allí se decía. Y advertí también que dos personajes siniestros, de aspecto hostil, discutían con la amable empleada del establecimiento.

    Me fijé bien sin decir palabra. Eran el amo del Gato y la anciana de aspecto fiero. No daba crédito a lo que mis ojos distinguían. Esos dos personajes, que habíamos visto en el Congreso del día anterior, nos perseguían hasta allí mismo reclamando algo. ¿Qué cosa? ¿Quizá la devolución de un libro? No. Me pareció oír voces apagadas y descorteses que exigían la vuelta de Pumby. Queremos preguntar a esos señores, dijeron refiriéndose a nosotros.

    El amo llevaba una gatera. Supongo que para encerrar al minino. Me sorprendió la suciedad de la casita, toda desaseada. De repente, el responsable del establecimiento apareció para calmar los ánimos. El amo del Gato y la anciana de aspecto fiero abandonaron finalmente el local. Me llamó la atención el porte con que ambos caminaban, levantando la barbilla y dándose el brazo, como dos novios antiguos.

    Nada de esto, tan vulgar y previsible, fue advertido por la concurrencia, que asistía cómoda y conmovida a la celebración del verso.

  45. Pumby de Villa Rabitos

    Me serena, señora R.S.R. me serena. Yo también confío en los Dioses Inmortales… mmm… Y por cierto… no… ¡no era yo, voto a Bríos! Debió ser algún gato perverso – aunque oportuno – quien atacara a ese Marinero de agua dulce (otro que pongo en la lista de “Mis más odiados”). Yo, compréndalo, para acabar con un malandrín de tan bajo perfil, me basto y me sobro con una uña de mi zarpa, que no necesito ni desenvainar el acero.

    Doña Ana… esa be de “obscuro” comienzo a verla – subrayo: yo, soy yo quien comienza a verla… que no quiero polemizar… que dices cualquier bobadita y te salen energúmenos vestidos de leñador diciendo que les perteneces…– comienzo a verla, decía, como signo distintivo de quienes estimamos el castellano sin el artificio ideológico de quienes enarbolan la eñe para defender, dicen, esa lengua (¡como si necesitara defensores!), cuando, en realidad, la están utilizando como garrote empobrecedor de la diversidad cultural ibérica y jibarizador de la riqueza lingüística castellana. (¡Hala!, andanada del gatito feliz…)

    Y les dejo comentando a Planas, que como esta vez no estuve, nada puedo decir. Me vuelvo al tejado.

  46. Pumby de Villa Rabitos

    ¡Pero, don Justo, qué nos cuenta!… menos mal que no fui. Le comentaba a la señora R.S.R… bueno, léalo usted mismo, “ut supra”, pero, en fin, en resumen: alguien se está haciendo pasar por mí. Es una conjura, evidentemente. Que te descuidas un poco y te sale el leñador… ¿y con una gatera?… ¿y con la anciana del brazo?… Creo que habría que indagar detenidamente el asunto. Y creo saber por donde comenzar, un nombre ya lo dice todo: Basilio Beltrán. Y un lugar: Madrid. Creo que es lo más razonable, sensato y plausible.

    Y ahora sí vuelto al tejado… que me están matando de tanto subir y bajar… Uno ya tiene sus años…

  47. jserna

    ¿Obscuro? Eso es un atavismo que la evolución del lenguaje eliminará por completo. No se me pongan superferolíticos. El uso de las lenguas economiza sus registros. ¿O por qué creen que existe la Ñ? Para evitar un par de letras nada menos. Igual que el futuro acabará destruyendo el subjuntivo, qué le vamos a hacer… Las abreviaturas no son la ruina del lenguaje. Lo que arruina la expresión es la prosa administrativa que todo lo invade, la aridez de la expresión. Buenos días.

  48. Ana Serrano

    A ver, a ver, Don Justo. Tengo mucha paciencia y mi fama es de santa (no ponga esa cara que le veo). No nos ponemos superferolíticos, pero usted no se nos ponga macarrilla moderno. La be de obscuro será un atavismo; la Academia hace siglos que permite su supresión; ya Baroja no la usaba y la abreviatura no es la ruina del lenguaje ni nadie lo ha dicho aquí, no nos líe, pero, pese a ir admitiendo toda clase de tropelías en nuestra lengua madre y admitir más palabras en desuso (ya lo decía Marías el otro día en una entrevista, que, como cada vez se habla con menos palabras, se van eliminando más, hasta que nos q

  49. Ana Serrano

    ¡Reóstatos!, se e ha colgado esto inopinadamente. Sigo.

    hasta que nos quedemos en nada. Pese a ello, digo, no creo que se atrevan nunca a considerar incorrección utilizar la ortgrafía primitiva de las palabras. Arrostrando la burla de los modernos, yo seguiré escribiendo obscuro, septiembre y harmonía. Ríase de Pumby, del marinero, de mi, pero a nadie hacemos daño. Vaya. Snif.

    Las fotos de la presentación, gracias a los vasitos de plástico, parecen la información gráfica de un encierro en pro de algo, en sus primeros días, pues aún tienen buena cara y van bien vestidos y planchados, pero encierro. Esa bolsa de plástico en el suelo, que tiene Planas detrás, el pequeño desorden… Es bonito: una presentación-encierro por la poesía. Y luego… hala, de juerga, como siempre. Qué envidia, pero qué envidia me dan ustedes.

  50. Pumby de Villa Rabitos

    Vuelvo a bajar del terrado… (maldita sea su estampa; ay, mis lumbares…)

    ¡Sin duda, doña Ana, sin duda!… Sí a todo lo que nos dice. Y además, la p, que no se nos olvide, que entre “setiembres” y “sicologías” me van a matar a disgustos. ¡Con, pe, maldita sea! Con pe de Príapo… “Septiembre”, “psicología”… Príapo bendito…

    Y qué razón tiene también con lo de las fiestas, fastos, boatos, jaranas y regocijos regados de bebidas espirituosas – ora de humilde y popular condición, ora de aristocrático y exquisito paladar, a gusto del consumidor – con que se reúne la grey-e. Curioso esto. Podía haberse tratado en la Mesa Redonda del otro día. Mucha Web 2.0, mucho “blog”, mucha “Faceboock”, mucha red social virtual… pero al final, el género humano se impone (por lo menos, aún, en esta generación) y una mesa real y unas personas tangibles y unas viandas comestibles y unas bebidas bebibles siguen coronando la relación entre las personas. En este “blog”, pues, creo poder afirmar que no se confunde el medio con el fin. Vaya, que podremos discrepar y hasta aborrecernos pero seguimos siendo seres de carne y hueso. Bueno, yo no, pero es que yo sí soy virtual, no como ustedes, mortales.

    Y, por amor de dos, que trepo a la techumbre y me cuesta un potosí volver a bajar, galopines. Hablen usted de otras cosas que no me inquieten. Menos mal que este findes… ejem… fin de semana, lo pasaré en Latveria, reposando (y maquinando maldades).

  51. Ana Serrano

    “Para Ana Serrano y creo que también el señor Montesinos:”

    ¿Cómo dice? Será: “Para la señora Serrano y creo que también para el señor Montesinos”, o: “Para Ana Serrano y creo que también para Montesinos:” Le sobra un señor, o le falta una señora y siempre le falta un para.

    No se me ponga quisquilloso, no se me ponga quisquilloso, que le veo venir y el que esté libre de culpa, que tire la primera piedra.

    Espero ne tener que volvérselo a decir :-)

  52. Marisa Bou

    He estado buscando una definición para la poesía, pero no encuentro ninguna que exprese lo que siento al leerla. Lo que sí podría es hacer una relación de los efectos secundarios que me produce dicha lectura.

    Me vienen a la mente palabras como “alivio”, porque con la vida pasando a nuestro lado -o en nuestro adentro- a tan altas velocidades, detenerse a leer con morosidad un poema es, verdaderamente, un alivio.

    O tal vez “inquietud”, porque a veces, extrañamente, sentimos que lo que expresa el poeta en sus versos es (o al menos se parece bastante) a aquello que habíamos intuído en algún momento íntimo, cuando estábamos a salvo de cualquier mirada, de cualquier intrusión en nuestro pensamiento, sentados frente a una cuartilla, pero que nunca llegamos a escribir.

    “Celos”. Porque, aún habiéndolo intentado tantas veces, nunca pudimos abstraernos lo suficiente para olvidar la frialdad del mundo y volcar en el blanco papel ese torrente de palabras cálidas que todos tenemos dentro, aunque algunos nunca alcanzamos a dar con ellas.

    “Agradecimiento” también, y principalmente; porque si no hubiera poetas habría que inventarlos, pues sólo ellos saben encontrar el verdadero significado de las cosas, incluso de aquellas que no tienen nombre.

    A nuestro poeta Juan Planas, quiero decirle que ayer me sentí más cercana a él que nunca. Porque escuché -y entendí- sus palabras, incluso estuve de acuerdo con él, cosa que no había sucedido muchas veces. Aunque debo decir que la exposición de don Justo me ayudó mucho a ello. Nadie como él para indicarnos el camino del entendimiento con otra persona, aclararnos aquellos conceptos que no habíamos podido identificar. ¡Qué fácil parece todo, después de que él lo explica! Si alguna vez escribo un libro, cosa harto improbable, quiero que me lo presente Julio Serna. Porque será la mejor manera de despertar en los demás las ganas de leerlo.

    En fín, señor Planas: voy a leer su libro de poemas y voy a intentar comprender su visión poética. Ya le contaré.

  53. jserna

    Marisa, es un honor que piense en mí para presentar ese libro que podría escribir (y que tiene ya a la mitad, seguro). Le agradezco eso que dice: “¡Qué fácil parece todo, después de que él lo explica!” Pero no quisiera hacer fáciles las lecturas. No, por Dios. El libro de Juan Planas es cualquier cosa menos sencillo, y su expresión, entre desconcertada y lúcida, es de enunciación compleja y contradictoria. Ya nos contará.

    Abrazos.

  54. jplanas

    Hola a todos;-)

    Recién acabo de ingresar en la Red tras ocho horas ocho de turismo callejero: la Malvarrosa, la Ciudad de las Artes y los Vacíos, el Jardín de las últimas magnolias que le quedan al mundo y dos autobuses y un trenet y cien mil yeguas de ruta pedestre y atropellada. Me resulta, y no es metáfora, casi imposible articular ahora el discurso que desearía…

    Por eso seré breve. Y más aún cuando la felicidad no tiene por qué ser explicada (y, además, hacerlo constituiría un grave delito:-)

    No la explicaré, pues, pero sí que citaré algunos de sus nombres: Justo, Encarna, Javier, Marisa, Petra, Isabel, Alejandro, Andrés, Francisco… y muchos otros que nos rondaron voluntaria o involuntariamente.

    ¡¡¡¡Gracias a todos, de corazón!!!!

  55. David P.Montesinos

    Mi felicitación a Juan Planas, no he podido estar.

    El Don con mayúsculas lo aplico a quienes como Francisco Fuster o Alejandro Lillo tienen contactos con la mafia siciliana.

  56. Marisa Bou

    En este blog tenemos los tipos más pintorescos que se puedan dar, desde mafiosos hasta gatos, marineros, ratitas, extraños leñadores con gatera sucia, viejas brujas con verrugas… ¡vaya tropa!

    Por cierto, don David (con minúscula), ¿cómo se las ha arreglado usted para hacer pensar a nuestra amiga RSR que es usted un anciano? No, querida, David es un adolescente grandote, que apenas cabe en su cueva, y que se pone colorado cuando una chica muestra algún interés por su persona. Si se fija usted un poco, verá que -aunque suele venir a todos los eventos que celebramos- desaparece de la escena antes de que nadie consiga meterse con él. ¡Observe, observe!

  57. Ana Serrano

    David P. Montesinos. Las cosas que nos hacen gracia, cuanto mas inesperadas, más hilarantes y le aseguro que leer lo que ha escrito de nuestros mafiosos compañeros, me ha hecho dar una carcajada, para asombro de los vecinos que me hayan oído, pues saben que estoy sola. Si empiezan a señalarme con el dedo, usted será el culpable, pero gracias por la risa que me ha regalado.

  58. jserna

    Juan, estuvo muy bien la sesión de ayer. La gente estuvo encantada y excusa para la celebración era inmejorable: la edición de un libro de poesía.

    Plas, plas.

    Plas, plas.

    Plas, plas.

  59. jplanas

    Creo que sí, Justo, que sí que conseguimos transmitir el entusiasmo del que hablamos en la previa… Vi que a alguno de tus alumnos (créditos, al margen) les brilló en la mirada algo más que una sonrisa. (Te escribiré en extenso -a ti y a otros- cuando regrese al silencio isleño y litúrgico de mi mansión:-)

  60. Isabel Zarzuela

    ¡Por fin puedo sentarme a escribir algo! Ay, si es que una ya no está para muchos trotes. Menudo día he llevado hoy. En fin…

    Siempre me desconcertaron las intervenciones del Sr. Planas en ‘Los Archivos’. Nunca lo llegué a entender: las frases cortas, la expresión de la duda y el emoticón. Seguro que en más de una ocasión lo he malinterpretado.
    Ahora entiendo la razón de esa estructura constante que conforma sus intervenciones; ayer me dio la clave el profesor Serna (lo siento, don Justo, doña Marisa tiene razón):
    “El poeta no inventa palabras en el sentido de la pura arbitrariedad compositiva: el poeta espera encontrar la palabra exacta. Busca en el lenguaje el mundo expresado quizá con un orden que externamente no percibe”. De ahí la frase corta, la duda, la dificultad de encontrar la palabra exacta.
    “Las palabras nombran y son sobre todo sonoridad. Leemos poesía, esa poesía que trata de recrear un lenguaje único de designaciones definitivas, y lo que nos llega es sonido, pura belleza verbal, pura declamación oral”. De ahí el ‘Tratado de las cosas sin nombre’.

    Ayer tarde pude asistir a una de las presentaciones de libros más interesantes que he presenciado. Las intervenciones de Javier Jover, Justo Serna y la del propio Planas, generaron un clima cálido y acogedor, de tal modo que se produjo un diálogo entre ellos y el público, en un ambiente muy de mesa camilla (si me permiten la expresión). No existía barrera alguna entre la mesa del autor y el público asistente.

    Sé que no me va a resultar fácil comprender el ‘Tratado de las cosas sin nombre’, pero hay versos que me conmueven:

    “Fuera de la composición no existe el mundo.

    En este juego soy la mujer que amo,
    la que cubre mis llagas con sus labios.
    Soy el gentío enfurecido, el hombre
    que acaba de asesinar a su padre,
    la sombra de mi padre perdonándome,
    la ramera que llora y el centurión exhausto.

    Soy el último sorbo de agua.”

    Bueno, y este chiquito para Marisa Bou:

    “(…) No hay nada mejor
    que haber tenido un sueño y recordarlo]”

  61. Marisa Bou

    Gracias, Isabelita, por la dedicatoria. La verdad es que, apenas abrí el libro, me quedé enganchada en esas dos breves líneas. Y desde ese momento no he dejado de intentar recordar mis sueños. Sé que los tuve, sí. Pero por más que me estrujo los sesos, no doy con ellos. ¿Podría el poeta explicarme, cómo se hace para recordar lo soñado?

  62. jserna

    La otra mañana, después de releer el volumen de Juan Planas, me quedé dormido. “No es más que cansancio”, me diagnostiqué después. La fatiga de un día y otro también. Al despertar, no me atrevía a abrir los ojos: estaba en un placentero o inquietante estado de duermevela. Ignoraba en qué momento me encontraba y no recordaba mis sueños. Había perdido completamente las referencias espaciales y temporales. Sabía que era yo, pero no sabía más. No quería arruinarme el placer y ese puntico de miedo: por eso no abrí los ojos inmediatamente.

    Marcel Proust dice que cuando despertamos cada mañana hay un momento de puro aturdimiento. Poco a poco, añade, recuperamos nuestra identidad, recobramos aquel que somos o creemos ser. La relectura del libro de Planas tuvo un efecto narcótico o sedante para mí, no sé. No olvidé quién era, pero me hizo desorientarme. Qué más se puede pedir a un poeta.

  63. Fuca

    Para Marisa (Marisiña te llamaríamos aquí, en mi tierra; usamos este diminutivo cariñoso con las personas que queremos o nos caen simpáticas).

    Es difícil comunicarse en la distancia, a cientos de kilómetros; sólo podemos hacernos una idea de las personas que tenemos al otro lado de la pantalla a través de sus palabras y, algunas veces, de sus imágenes. A ti, Marisiña, te conocemos por palabras e imágenes y siempre me has parecido (sé que no te importa que te tutee, ¿verdad?) una persona optimista, alegre y reivindicativa, además de imaginativa (tal vez deberías pensar en escribir ficción, creo que tienes cualidades para ello –en mi humilde opinión-). En las últimas fotos he notado un cambio, pareces triste, desencantada; espero que sólo sea una impresión. Está bien que soñemos e intentemos recordar nuestros sueños, pero lo que deseamos es que esos sueños se cumplan porque “outro mundo é posíbel”, aunque nosotros no lo veamos, lo verán nuestros hijos o nuestros nietos, pero para ello no debemos dejar que nos adormezcan, tenemos que estar bien despiertos. Ánimo y un abrazo.

  64. Marisa Bou

    Te agradezco, Fuca, tu preocupación. Pero queda tranquila, no estoy más desencantada de lo que he estado otras veces. Y eso, para mí, no es más que un acicate para seguir luchando. Ya sé que otro mundo es posible. Nunca dejo de trabajar para conseguirlo, dentro de mis modestas posibilidades, aunque sea para que mis hijos lo disfruten. Por ellos se hace casi cualquier cosa.

    Es posible que lo que tú has apreciado como tristeza sea cansancio físico, que ése sí existe, porque el tiempo no perdona y ya no tengo la fuerza que tenía a los veinte años. ¡Ay! Ahora mismo, vengo de dar una larga caminata, después de un día intenso, y estoy para que me recoja el camión de la basura. Pero nada que no pueda remediar un descanso reparador.

    Gracias por tus ánimos y por tu abrazo, que es recíproco.

  65. Paco Fuster

    Acabo de regresar de un viaje relámpago a Barcelona. Si logro descansar bien esta noche (cosa que no he hecho las dos últimas por varios motivos), mañana escribo algo.

  66. R.S.R.

    Sr. Planas, aunque no le conozco, le felicito por su libro, por lo que leo ,su presentación ha dejado huella.

    Doña Marisa, tanto como un anciano no, pero sí que fue una sorpresa, como también lo fue conocer a algunas de las mujeres de este blog ,gracias a esa impagable reportera gráfica, pude reconocerla.

  67. jplanas

    Regreso al silencio litúrgico de la isla sabiendo que bajarse de una nube es poco menos que imposible. La nube ya no sólo nos cubre con su manto de algodón o plomo, sino que nos envuelve, con firmeza, allá donde estemos. Y podemos estar en muchos sitios a la vez. Del lado de la cordura, sí, pero también del que pende sobre un frívolo abismo en llamas, del que atesora brotes de arte y del que los malgasta en la feria mediática donde los antiguos bufones son, ahora, los reyes del mambo. Que siga, pues, sonando su música…

    Esto es lo primero que escribí, ayer, recién llegado a casa (es para un artículo y poco tiene que ver con el Tratado o con Ustedes – o sí, porque rememora un tiempo pasado en la mejor de las compañías).

    Pero también he leído sus comentarios… Gracias, David, SaraB y RsR. No sabría, querida Marisa, explicarle mi visión poética porque no es una ni tampoco es, siempre, la misma, pero ya se habrá dado cuenta de ello… Me cayó usted estupendamente (pero tenga cuidado con sus efectos secundarios, que Justo ya da buena cuenta de ellos). Gracias por las fotos, querida Isabel Zarzuela, maravillosa y esperanzadora muestra de dos en uno (o de tres, si contamos a Alejandro y hay que contar con él porque me pareció tan inteligente como Paco Fuster, pero algo menos tímido:-). Gracias, también, a Ana Serrano por descubrir una bolsa, repleta de libros, en mitad de la acampada. Gracias, en fin, por mostrarme -los que lo hicieron- sus rostros y sus sonrisas (Y es curioso, nunca les había puesto ningún rostro y ahora ya sé el que tienen la mayoría de ustedes: y me gustan). Vaya.

    Un abrazo!

  68. Juan Antonio Millón

    Muito obrigado, Juan, por el poemario que espero poder leer con delectación y paciencia, y mi más entrañabñe enhorabuena por la presentación valenciana de ese poemario mallorquín. Desde que visité por primera vez la isla, de esto hace ya casi treinta y cinco años, con ocasión de un viaje estudiantil (en Valldemosa compré mi primer libro con mi propio dinero, el que me dieron mis padres, claro: un estudio de la estancia isleña de Chopin y Sand), estoy imantado a ella. Allí conocí a Graves y su familia, a Baltasar Porcel y a Cristobal Serra con quien pasé un inmejorable día, de comida marinera y paseo por el Borne y, después, una interminable charla en su casa donde me abrió sus extensos cocnocimientos de Milosz y Blavatsky. Habla de litugia y silencio…¿por qué los añoraremos tanto desde aquí? Gracias por su libro y mi enhorabuena.

  69. jplanas

    Ah, Cristóbal Serra, amigo y maestro… Le visité, asiduamente, en los años 80 y tuvo la santa paciencia de corregir mis primeros poemarios. Fue una experiencia inenarrable. Saludos!

  70. Paco Fuster

    La verdad es que después de todo lo que se ha dicho aquí y de lo que se puede ver en las fotos, poco me queda por añadir. Repetir simplemente que fue un placer conocer a Juan y escucharles a él, a Javier Jover y a Justo hablar sobre la poesía. Por cierto, Juan, te doy toda la razón en lo de mi timidez. También es verdad que yo soy más de distancias cortas y de café o cerveza individual. Entonces me suelto y me puedo tirar horas y horas hablando (Justo o David Montesinos pueden dar fe). No pasa nada: tendremos más tiempo en la próxima ocasión, que espero que sea pronto y que sea en Palma (tengo muchas ganas de volver por allí, especialmente a la Cartuja de Valldemosa que cita Juan Antonio y que me pareció un lugar encantador e inspirador).

    Agradezco que Justo cite mi intervención en el debate posterior, aunque me limité a hacer un par de constataciones sobre el título del libro y sobre el tema de la incapacidad del lenguaje para captar la realidad.

    Como ya he dicho en mi blog, ya he leído el libro y tengo un primera opinión formada y unas cuantas anotaciones hechas. Dejo pasar unos días, lo releo con calma y escribo en mi blog al respecto.

  71. jplanas

    Ah, Paco, yo también -pero desde siempre, siempre- me muevo mucho mejor y con más soltura en las distancias cortas (más de tres personas alrededor aumentan mi sordera no sabría explicarte cuánto:-PP)

    Pero seguro que, más adelante, encontraremos el lugar y el tiempo para hablar tranquilamente. Y ojalá que pueda ser en Palma, por qué no. Un abrazo!

  72. Alejandro Lillo

    Pues yo creo que las gracias se las tenemos que dar a usted, señor Planas. Fue un placer conocerle, tanto a usted como a su gente. Lástima que no llegué a tiempo para la presentación del libro, me hubiera gustado oirle. No importa, volveremos a encontrarnos. Saludos.

  73. Alejandro Lillo

    ¡Ah! Otra cosa, Doña Ana, me encantó su respuesta a Don Mario Moliner. A estas alturas y con tan poca educación…ay, ay, ay, ay.

    Más: ascoltare bambino, Davidcillo, un rispetto. ¿Ma que cosa es esta? Yo solo sono un onorabile calabrese, ¿cappici?

  74. jserna

    ¿…ascoltare bambino, Davidcillo, un rispetto. ¿Ma que cosa es esta? Yo solo sono un onorabile calabrese, ¿cappici?…?”

    Por los clavos de Cristo, qué espantoso ‘italianolo’.

    Ma, Alejandro, a ciascuno il suo: è molto divertente.

  75. Ana Serrano

    Perdón, Alejandro, acabo de darme cuenta, de chiripa, de que la vida continuaba aquí. No paran ustedes. Yo creía que este hilo estaba cerrado. Gracias por su comentario. A mi no me parece que el Señor Moliner (ahora me la cargo por poner Señor con mayúscula, pero así me lo enseñó mi padre, que era profesor de Lengua y Literatura y algo sabría, digo yo) nos tratara con mala educación; noté un puntito de broma en el final recriminatorio. Algo raro en un desconocido, pero en fin. Lo tomé como una regañina de viejo profesor, que le da un aire guasón para quitarle hierro. He visto que tiene ochenta años y me parece portentoso que tenga un blog y que entre en otros a reñirnos, pero tiene su gracia.

    Tengo tanta devoción por las personas muy mayores como esperanza ilusionada en las muy jóvenes. Una es, de suyo, muy optimista y esto de estar en medio, me da una visión de conjunto muy agradable :-) :-)

    De repente me noto suficiente y me da la risa.

    Un fuerte abrazo, amigo calabrés.

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