La escritura intermitente

Uno. 7 de junio. “Mañana, si tengo fuerzas y alguna idea, nuevo post”. Ése es el último comentario que he puesto en el post anterior, unas palabras fechadas el 7 de junio. Convierto en materia de escritura la propia duda, esa incertidumbre. Y de paso incumplo mi compromiso: me adelanto y escribo antes de lo previsto. ¿Para qué anoto lo anterior?  ¿Es acaso narcisismo? Algo de eso hay, lo admito. Pero sólo con dicho recurso no se lleva un blog.

Fuerzas e ideas es lo que  necesitas para actualizarlo. Pronto se cumplirán cuatro años seguidos de esta bitácora, cinco desde su fundación. Hay días en que me gustaría extenderme. Y de hecho me extiendo. Y otros en que debo anotar brevemente, en ráfagas, como actualizaciones numeradas del mismo post. Como ahora. Empiezo una semana que será de escritura intermitente y asuntos varios. Qué remedio.

Dos.  8 de junio. No haré huelga. Parece ser que hay mucha gente que no la hace porque no la entiende. Yo entiendo las razones que enumeran los sindicatos; sé que los funcionarios no somos los responsables del despilfarro y del gasto excesivo; sé que el derroche no se frenará mientras las televisiones autonómicas no se cierren o se autofinancien…

Aunque sé todo eso, no haré huelga. Es una cuestión de ética o de estética. Conozco  a distintas personas que están contratadas en la empresa privada en unas condiciones que no son envidiables, siempre en un tris de perder su empleo. ¿Cómo voy a hacer una huelga porque me tocan el sueldo de funcionario?

Los profesores no somos unos privilegiados. Hemos hecho oposiciones y, en casos como el mío, hemos debido pasar largos años de penuria como investigadores, como becarios, ajustando nuestros recursos a una economía de guerra. Te estabas formando… La vida del becario de investigación es así: una economía de guerra. Luego, cuando obtienes una plaza fija, cuando te conviertes en profesor titular de Universidad, tu situación cambia completamente.  ¿Que hay empleados públicos que teniendo tu mismo nivel administrativo gozan de mayores beneficios? Es cierto. Al profesorado se le confunde frecuentemente con el apostolado.

¿Somos misioneros que aguantamos las peores condiciones y que nos conformamos con sueldos magros? ¿Se nos  paga con excesiva largueza para lo que hacemos? Total –dicen algunos–, tienen tres meses de vacaciones… No es así: no tenemos tres meses de holganza ni somos apóstoles en misión. Hacemos un trabajo imprescindible, se nos retribuye dignamente aunque no con la generosidad que nos merecemos. La sociedad depende de nosotros, de la instrucción pública; como depende de los empleados fijos discontinuos: de todos los que hacemos las cosas con interés y con dedicación, poniendo nuestros cinco sentidos.

No puedo hacer huelga ahora. Quiero ayudar a sacar al país adelante. Igual que pago los impuestos, confío en que mi rebaja temporal alivie la carga del Estado. Y espero que crezca y mejore el empleo. Por mis amigos en paro, por mis amigos mal contratados, por mis amigos fijos discontinuos.

Tres. 9 de junio. En el discurso de proclamación de los Premios Jaume I de la edición de este año –entre cuyas novedades está el galardón al Emprendedor–, Francisco Camps celebró la excelencia alcanzada. Llevado por las palabras, el mandatario comprometió como presidente a impulsar la investigación en un país, en un mundo “que tiene que seguir apostando por la competitividad y por la austeridad, una palabra que seguro que se suma a otras palabras que significarán mucho en el presente y en el futuro de nuestras sociedades del bienestar”. Aseguró que la austeridad nos permitirá seguir creciendo y progresando, aunque parezca paradójico. “Pero sin austeridad no hay crecimiento, no hay prosperidad y no hay bienestar”. Por eso, concluyó Camps,  “los europeos somos conscientes de que tenemos que incorporar la palabra austeridad a nuestros comportamientos personales, empresariales, institucionales y colectivos”.

¿”La austeridad, una palabra que seguro que se suma a otras palabras que significarán mucho en el presente y en el futuro”? ¿Camps, austero? La retórica del presidente es trivial o redundante, obvia y campanuda. Tiempo atrás hablaba, por ejemplo, de la felicidad. Qué cruz.

¿Y los lujos asiáticos del Consell? ¿De eso no tiene nada que decir? Aquí no nos hemos privado de nada con el dinero de todos. Eventos, fastos, Papa, Fórmula 1, Copa América, Oceanogràfic, Àgora, Ciudad de las Artes, etcétera. El etcétera incluye el principal derroche: Canal 9. ¿Qué hacer con la televisión valenciana? Pues apagarla, sin duda. Apagar una pantalla que produce radiaciones ideológicas de gran toxicidad. Pero especialmente apagarla para quitar bombillas, focos, farolas que arrojan luz sobre los mismos de siempre, esos trepas que chupan cámara indecorosamente. O apagarla, en fin, para desenchufar a los paniaguados.

Todo es una cuestión de consumo de energía, en efecto. Rita Barberá, con su pronto populista bien dispuesto, parece haberlo entendido después de veinte años de luminotecnia imperial y derrochadora: tarde pero lo ha entendido. La alcaldesa de Valencia ha planteado “apagar una de cada dos farolas en Valencia para ahorrar”, leo en El País. Apagar farolas, qué gran invento. La modernidad empezó en Valencia en 1846. En esa fecha se encendió en el Paseo de la Glorieta la primera farola de gas que hubo en esta ciudad. Se vio como un lujo ostensible, como el principio de una iluminación real y metafórica. Lo que nuestros ancestros no sabían es que una alcaldesa posterior multiplicaría exponencialmente los farolillos. Sin austeridad alguna.

No sé por qué pero cuando leo o pronuncio la palabra austeridad pienso inmediatamente en Enrico Berliguer, que tenía muchas luces. Berlinguer fue dirigente del PCI, un partido de izquierdas por el que sentí mucho interés. Nunca fui militante comunista ni simpaticé con aquella causa, pero la experiencia italiana me llamó la atención, esa experiencia heredera de Antonio Gramsci.

Berlinguer hizo de la austerità la divisa de su partido en tiempos de crisis económica y social, como era la coyuntura de los setenta. Tras la guerra del Yom Kippur y con las restricciones petrolíferas, Occidente se enfrentaba a un cambio en el uso de la energía y a un cambio en los procedimientos del sistema democrático.

En 1977, en un célebre discurso, Enrico Berlinguer dijo: “l’austerità non è oggi un mero strumento di politica economica cui si debba ricorrere per superare una difficoltà temporanea, congiunturale, per poter consentire la ripresa e il ripristino dei vecchi meccanismi economici e sociali. Questo è il modo con cui l’austerità viene concepita e presentata dai gruppi dominanti e dalle forze politiche conservatrici.

“Ma non è cosi per noi. Per noi l’austerità è il mezzo per contrastare alle radici e porre le basi del superamento di un sistema che è entrato in una crisi strutturale e di fondo, non congiunturale, di quel sistema i cui caratteri distintivi sono lo spreco e lo sperpero, l’esaltazione di particolarismi e dell’individualismo più sfrenati, del consumismo più dissennato. L’austerità significa rigore, efficienza, serietà, e significa giustizia; cioè il contrario di tutto ciò che abbiamo conosciuto e pagato finora, e che ci ha portato alla crisi gravissima i cui guasti si accumulano da anni e che oggi sì manifesta in Italia in tutta la sua drammatica portata”.

Parece escrito para nosotros.

Yo, por mi parte, les propongo un artículo que hoy mismo he publicado en El País. Lo he titulado “Sin vacaciones” y trata algunas de estas cosas con brevedad y algo de guasa.

Hemeroteca: Justo Serna, “Sin vacaciones”, El País, 9 de junio de 2010.

Barberá plantea apagar una de cada dos farolas en Valencia para ahorrar

19 comments

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  1. Isabel Zarzuela

    “La escritura intermitente”.

    Leo el título de este post, y automáticamente me ha venido a la cabeza un libro: “Las intermitencias de la muerte”. En él, Saramago cuenta el caos que se genera en un país (ahora no recuerdo cuál, la verdad), donde la muerte ya no tiene razón de ser; un lugar en el que la gente deja de morir.

    ¿Qué pasaría si la gente dejara de escribir?

  2. jserna

    Marpop González García, que siempre me comenta en Facebook los post que aquí publico, de los que allí pongo un enlace, me recuerda un dicho de Samuel Beckett. Dice Marpop: “Las palabras son todo lo que tenemos” (S. Beckett). Yo le respondo con laconismo: “Y Beckett se refugió en la mínima expresión. O en el silencio…”

    La pregunta es exacta, sra. Zarzuela: “¿qué pasaría si la gente dejara de escribir?” ¿Se refiere a las relaciones humanas, a este blogger o a los amables comunicantes que aquí anotan su reflexión?

  3. Sigue...

    Dos. 8 de junio. No haré huelga. Parece ser que hay mucha gente que no la hace porque no la entiende. Yo entiendo las razones que enumeran los sindicatos; sé que los funcionarios no somos los responsables del despilfarro y del gasto excesivo; sé que el derroche no se frenará mientras las televisiones autonómicas no se cierren o se autofinancien…

    Aunque sé todo eso, no haré huelga. Es una cuestión de ética o de estética. Conozco a distintas personas que están contratadas en la empresa privada en unas condiciones que no son envidiables, siempre en un tris de perder su empleo. ¿Cómo voy a hacer una huelga porque me tocan el sueldo de funcionario?

    Los profesores no somos unos privilegiados. Hemos hecho oposiciones y, en casos como el mío, hemos debido pasar largos años de penuria como investigadores, como becarios, ajustando nuestros recursos a una economía de guerra. Te estabas formando… La vida del becario de investigación es así: una economía de guerra. Luego, cuando obtienes una plaza fija, cuando te conviertes en profesor titular de Universidad, tu situación cambia completamente. ¿Que hay empleados públicos que teniendo tu mismo nivel administrativo gozan de mayores beneficios? Es cierto. Al profesorado se le confunde frecuentemente con el apostolado.

    ¿Somos misioneros que aguantamos las peores condiciones y que nos conformamos con sueldos magros? ¿Se nos paga con excesiva largueza para lo que hacemos? Total –dicen algunos–, tienen tres meses de vacaciones… No es así: no tenemos tres meses de holganza ni somos apóstoles en misión. Hacemos un trabajo imprescindible, se nos retribuye dignamente aunque no con la generosidad que nos merecemos. La sociedad depende de nosotros, de la instrucción pública; como depende de los empleados fijos discontinuos: de todos los que hacemos las cosas con interés y con dedicación, poniendo nuestros cinco sentidos.

    No puedo hacer huelga ahora. Quiero ayudar a sacar al país adelante. Igual que pago los impuestos, confío en que mi rebaja temporal alivie la carga del Estado. Y espero que crezca y mejore el empleo. Por mis amigos en paro, por mis amigos mal contratados, por mis amigos fijos discontinuos.

    Continuará…

  4. jserna

    En mi Facultad, el seguimiento de la huelga es inapreciable, prácticamente invisible. Y no me refiero sólo a los profesores. Hablo también del personal de administración y servicios.

  5. Arnau Gómez

    No sé porque los que cobramos de los presupuestos del Estado en sus distintas administraciones tenemos que estar avergonzados por ello.Como tampoco porque sentirse así porque tenemos un empleo fijo y por eso tiene que estar mal pagado o regularmene pagado.
    Otra cosa distinta es que nos sintamos solidarios con los que malviven con salario basura,con un empleo basura o lo que es peor, sin empleo.
    En lo que ha fallado el Gobierno es en no querer asustar a la ciudadanía más de lo que ya estaba.Pero nuestro Gobierno solo se ha adelantado a lo que estaba ya en la puerta llamando a rebato: la supercrisis.
    Y añado algo más.Que haya gestores políticos que cobran más 100.000 euros anuales sin que hasta ahora se hayan rebajado sus míseros ingresos, es una desvergüenza.Pero mientras la aplaudan hasta con las orejas y, lo que es peor, que la voten…..

  6. Alejandro Lillo

    La pregunta que plantea doña Isabel me parece muy inquietante. La entiendo en un sentido general, lo cual sería una excelente premisa para un relato. ¿Que pasaría si dejaran de escribirse periódicos? ¿Y si dejaran de escribirse libros? Enlazando un poco con el post anterior, Jorge Semprún tiene un libro de memorias titulado “La escritura o la vida”. Allí explica cómo tuvo que dejar de escribir para sobrevivir a su experiencia en Auschwitz. No fue hasta muchos años después cuando pudo narrar su experiencia. Por otro lado, continuando la reflexión sobre el título del post, pienso que quien escribe, quien tiene esa vocación de escritor, aunque no plasme nada sobre un soporte, de una manera u otra siempre está escribiendo.

  7. jserna

    Leí el libro de Jorge Semprúm hace unos años y, sin ser lo mejor que se ha escrito sobre los campos, fue un volumen importante. Buchenwald, no Auschwitz…

    De sus páginas lo que recuerdo con mayor sorpresa no es la escritura, el hecho de narrar esa experiencia. Lo que me impresionó más fue un hecho presuntamente banal, secundario, algo que mortifica pero no mata: a los prisioneros les quitaban todos los espejos. Creo que ya lo he dicho aquí, en el blog.

    El que sobrevivía, dice Semprún, no podía ver su propia cara. Así durante meses y meses. Por ello, la identidad se le iba desvaneciendo. ¿Imaginan que atrocidad, qué atrocidad tan aparentemente nimia?

  8. David P.Montesinos

    Lo que pregunta Isabel me recuerda a aquello de Adorno: ¿cómo seguir escribiendo poemas después de Auschwitz? Yo pienso en el hermoso bucle en el que nos sumerge el film “El pianista”. El protagonista empieza tocando el piano, y tras todo lo que sucede -y “ese todo lo que sucede” abarca una infinitud de horrores- acaba tocando para la misma emisora de radio para la que tocaba antes del cataclismo, cuando este era lo más imaginable. La misma escena, pero ya nada es igual, no solo porque la ciudad alrededor de la emisora está devastada, también porque quien interpreta y quienes escuchan ya no son los mismos. Claro que debemos escribir poemas después de Auschwitz, pero hemos de saber que el mundo ya no es el mismo, que nosotros tampoco lo somos. Quizá la clave es entender que debemos seguir viviendo -aunque nos cueste mirarnos al espejo- para evitar que Auschwitz se repita… Y cuando digo Auschwitz me refiero a todos esos pequeños y no tan pequeños holocaustos diarios que nos llegan de todas partes.

  9. David P.Montesinos

    Me ha gustado el post en su segunda parte porque expresa lo que yo siento mejor de lo que supe expresarlo yo el otro día en la asamblea de trabajadores del instituto. Me parece que hay un sentimiento real de solidaridad, y las razones que expresa son las mismas que las mías, aunque también comparto el molestar que me producen algunas maledicencias que circulan con respecto a la función pública. Un viejo amigo se dedicó a intentar amargarme noches enteras por mi condición funcionarial. Sostenía que mucha gente trabajaba en precario precisamente porque había funcionarios. Valiente estupidez: “la precariedad”, le dije”no se soluciona con más precariedad; si quieres que los trabajadores tengan derechos no intentes que los que aún los tienen los pierdan”. En fin, fue inútil. Los docentes tenemos además que cargar con otros sambenitos a los que usted se refiere. Yo creo que la sociedad tiene derecho a exigirnos, y tiene la obligación de solicitar que nuestro trabajo sea adecuadamente inspeccionado, cosa que no sucede en muchos contextos de la función pública, de ahí que continúen habiendo vagos que se las arreglan para esquivar sus obligaciones y hacer cargar con ellas a los demás. Por suerte son minoría. En cualquier caso apoyo la ira popular contra ellos y solicito que se les sancione y, si procede, se les expulse. Los demás trabajamos, y pensamos seguir haciéndolo aunque no se nos reconozca.

    Quiero hacerle un matiz no obstante. Sugiere usted que no es un buen motivo el de “no entender” esta convocatoria. Usted sí la entiende, pero cree que no es acertada y por eso no la sigue. No sé… yo he escuchado muchas veces en los últimos días la frase “estoy confuso” de compañeros en los que confío por su inteligencia, su profesionalidad y su trayectoria reivindicativa. La llamada a la huelga ha estado repleta de equívocos. Ayer en la radio un dirigente sindical todavía no parecía tener claro exactamente si tales o cuáles sectores estaban convocados. La actitud de la “patronal” a la que supuestamente queremos presionar es de absoluta tibieza: diríase que al gobierno le preocupa bien poco, como si el peaje por el decretazo lo viera ya amortizado en forma de descrédito electoral. Tampoco sé exactamente qué es lo que pedimos. Yo creo que el actual gobierno debe dar muchas explicaciones de por qué ha llegado en tan poco tiempo al monstruoso déficit en que nos encontramos y que nos puede lastrar hasta que muramos de viejos… aunque sospecho que no van a hacerlo, porque ahora mismo ni ellos mismos parecen muy bien saber dónde nos encontramos.

    A mí sí me parece la confusión un factor para no ir a la huelga.

  10. Alejandro Lillo

    Buchenwald, cierto, cierto. Sobre lo de la huelga mucho habría que rascar, aunque debo decirles varias cosas, aunque sean en forma de breves apuntes:

    1- La solidaridad que tanto don Justo como don David expresan para con los trabajadores que están en una situación más precaria le honra y me ratifican en la opinión moral que tengo de ustedes. Lo malo es que esa ética deberían aplicársela los verdaderoas causantes de la crisis. Como he repetido en otras ocasiones, la sensación es simpre la misma: el que la hace nunca la paga.

    2- Al sindicalismo deberian preocuparle otras situaciones laborales antes que esta.

    3-Sobre los ataques al funcionariado decir que el origen de los mismos está basada en una ideología híbrida medio neoliberal medio fascistoide. Lo que no quiere decir que quienes hacen suyas esas críticas se adscriban a esa ideología. Hablo de su base más profunda.

    4-Estoy cansado de escuchar denostar al Estado, a los servicios que presta y a sus trabajadores y alabar a la empresa privada, a su individualismo extremo y a sus egoístas directivos. Harto, de que, si ya la derecha menos liberal y más capitalista tiene ya fuerza de por sí, que desde las propias filas de la izquierda se esté llevando a cabo un proceso de demolición y desprestigio de lo que ha costado sangre, sudor y lágrimas edificar para todos.

    5-Harto de medias tintas y de no decir las cosas con claridad.

    Lo dejo por ahora, saludos.

  11. David P.Montesinos

    En la entrevista de Gabilondo al presidente de ATTAC España -creo que usted la consultó ya- se da una explicación cumplida, creo, de la génesis del planteamiento al que usted se refiere y con el que se inicia a inicios de los ochenta la erosión de las administraciones públicas, esas por cuya operatividad como instrumentos de control de los mercados hemos suspirado cuando los especuladores nos han llevado a la presente ruina.

  12. Sigue...

    Tres. 9 de junio. En el discurso de proclamación de los Premios Jaume I de la edición de este año –entre cuyas novedades está el galardón al Emprendedor–, Francisco Camps celebró la excelencia alcanzada. Llevado por las palabras, el mandatario comprometió como presidente a impulsar la investigación en un país, en un mundo “que tiene que seguir apostando por la competitividad y por la austeridad, una palabra que seguro que se suma a otras palabras que significarán mucho en el presente y en el futuro de nuestras sociedades del bienestar”. Aseguró que la austeridad nos permitirá seguir creciendo y progresando, aunque parezca paradójico. “Pero sin austeridad no hay crecimiento, no hay prosperidad y no hay bienestar”. Por eso, concluyó Camps, “los europeos somos conscientes de que tenemos que incorporar la palabra austeridad a nuestros comportamientos personales, empresariales, institucionales y colectivos”.

    ¿”La austeridad, una palabra que seguro que se suma a otras palabras que significarán mucho en el presente y en el futuro”? ¿Camps, austero? La retórica del presidente es trivial o redundante, obvia y campanuda. Tiempo atrás hablaba, por ejemplo, de la felicidad. Qué cruz.

    ¿Y los lujos asiáticos del Consell? ¿De eso no tiene nada que decir? Aquí no nos hemos privado de nada con el dinero de todos. Eventos, fastos, Papa, Fórmula 1, Copa América, Oceanogràfic, Àgora, Ciudad de las Artes, etcétera. El etcétera incluye el principal derroche: Canal 9. ¿Qué hacer con la televisión valenciana? Pues apagarla, sin duda. Apagar una pantalla que produce radiaciones ideológicas de gran toxicidad. Pero especialmente apagarla para quitar bombillas, focos, farolas que arrojan luz sobre los mismos de siempre, esos trepas que chupan cámara indecorosamente. O apagarla, en fin, para desenchufar a los paniaguados.

    Todo es una cuestión de consumo de energía, en efecto. Rita Barberá, con su pronto populista bien dispuesto, parece haberlo entendido después de veinte años de luminotecnia imperial y derrochadora: tarde pero lo ha entendido. La alcaldesa de Valencia ha planteado “apagar una de cada dos farolas en Valencia para ahorrar”, leo en El País. Apagar farolas, qué gran invento. La modernidad empezó en Valencia en 1846. En esa fecha se encendió en el Paseo de la Glorieta la primera farola de gas que hubo en esta ciudad. Se vio como un lujo ostensible, como el principio de una iluminación real y metafórica. Lo que nuestros ancestros no sabían es que una alcaldesa posterior multiplicaría exponencialmente los farolillos. Sin austeridad alguna.

    No sé por qué pero cuando leo o pronuncio la palabra austeridad pienso inmediatamente en Enrico Berliguer, que tenía muchas luces. Berlinguer fue dirigente del PCI, un partido de izquierdas por el que sentí mucho interés. Nunca fui militante comunista ni simpaticé con aquella causa, pero la experiencia italiana me llamó la atención, esa experiencia heredera de Antonio Gramsci.

    Berlinguer hizo de la austerità la divisa de su partido en tiempos de crisis económica y social, como era la coyuntura de los setenta. Tras la guerra del Yom Kippur y con las restricciones petrolíferas, Occidente se enfrentaba a un cambio en el uso de la energía y a un cambio en los procedimientos del sistema democrático.

    En 1977, en un célebre discurso, Enrico Berlinguer dijo: “l’austerità non è oggi un mero strumento di politica economica cui si debba ricorrere per superare una difficoltà temporanea, congiunturale, per poter consentire la ripresa e il ripristino dei vecchi meccanismi economici e sociali. Questo è il modo con cui l’austerità viene concepita e presentata dai gruppi dominanti e dalle forze politiche conservatrici.

    “Ma non è cosi per noi. Per noi l’austerità è il mezzo per contrastare alle radici e porre le basi del superamento di un sistema che è entrato in una crisi strutturale e di fondo, non congiunturale, di quel sistema i cui caratteri distintivi sono lo spreco e lo sperpero, l’esaltazione di particolarismi e dell’individualismo più sfrenati, del consumismo più dissennato. L’austerità significa rigore, efficienza, serietà, e significa giustizia; cioè il contrario di tutto ciò che abbiamo conosciuto e pagato finora, e che ci ha portato alla crisi gravissima i cui guasti si accumulano da anni e che oggi sì manifesta in Italia in tutta la sua drammatica portata”.

    Parece escrito para nosotros.

    Yo, por mi parte, les propongo un artículo que hoy mismo he publicado en El País. Lo he titulado “Sin vacaciones” y trata algunas de estas cosas con brevedad y algo de guasa. Hemeroteca: Justo Serna, “Sin vacaciones”, El País, 9 de junio de 2010.

  13. Marisa Bou

    A medio día, alegría.

    Nunca tres palabras me han parecido tan expresivas como estas tres, en el contexto de su artículo de El País.

    Yo me vi obligada a pasar entre las filas de sillas, llenas de “fieles” (valga la redundancia) apostados a lo largo del recorrido corpuscristiano. No voy a pretender que pensé en esas tres palabras tan precisas, pero sí me vino al pensamiento una canción, aquella que nos hizo famosos -a los españolitos- en los EE.UU.: “Dale alegría a tu cuerpo Macarena, que tu cuerpo es pa’ darle alegría y cosa buena…” Alguna coincidencia hay, ¿no, señor Serna?

    En cuanto al tema del post, lo de dejar de escribir, no lo diga usted ni en broma. Eso sería como la ignota calamidad que acabó con los dinosaurios, trasplantada a nuestro tiempo y especie. Puesto que la comunicación oral, a pesar de los aquí -alguna vez- llamados telefoninos, está viniendo a menos rápidamente, no sé si al furioso individualismo o a la poca consistencia del tiempo, que aún discurriendo con la misma antigua sucesión de horas, minutos y segundos, nos resulta cada ve más escaso (y caro), sólo nos faltaba suspender también la comunicación escrita: al ignorarlo todo unos de otros, lo más seguro es que no supiéramos tan siquiera cómo conservar la vida y ¡voilá! el fin del mundo.

    ¡Por favor, no corten la comunicación! Es de las pocas cosas que nos unen y de su conservación depende nuestra posibilidad de seguir viviendo. ¡No me sean dinosaurios!

  14. Julián

    Estimado Justo,

    No sé por qué me da que la cínica llamada a la solidaridad lanzada por el gobierno ha cundido bastante. Me explico: en absoluto comparto que la solidaridad con los ciudadanos en paro o en difíciles condiciones por la crisis exija los recortes de salarios de los empleados públicos y la congelación de las pensiones. Y ello porque, como ha admitido el propio gobierno, todo ello redundará en un retraso de la salida a la crisis. No son medidas para frenar la crisis, ni repartir más equitativamente su impacto, son medidas para servir a instituciones internacionales y grupos de presión al servicio de los intereses de los especuladores. Con todo ello, entiendo que la finalidad de la huelga no era sólo protestar contra una serie de medidas injustas, entre otros colectivos, con los empleados públicos, sino hacer frente a un tipo de políticas económicas que nos han metido en la crisis, que no nos sacan de ella y que se completarán con nuevos recortes sociales, precisamente ante la apatía de la ciudadanía.

    A todo esto, en realidad mi primera intención al asomarme a comentar no era sino manifestar mi absoluto acuerdo con el necesario recuerdo y reivindicación de Berlinguer, aquel hombre honesto, un tipo de político del que tan necesitadas están la Italia y la Europa de hoy. Mañana precisamente se cumple el aniversario de su fallecimiento.

  15. jserna

    Julián, gracias por entrar, por el comentario: una cortesía. No estoy de acuerdo en que el llamamiento del Gobierno sea cínico. Entiendo que la protesta no se debe sólo a los recortes en los sueldos de los funcionarios. Pero creo que mi postura como funcionario me hacía difícil asumir una huelga con tanta gente desempleada o mal empleada. No somos los responsables de la situación, pero el gasto público –que no lo ocasionamos nosotros solos– ha de ser reducido.

    Las televisiones autonómicas son un ingenio técnico… a extinguir. Son un despilfarro y, con frecuencia, sólo sólo son un juego de alienación grosera.

    Enrico Berlinguer: acudí a Italia a pasar un curso académico, cuando Achille Occhetto lo había sustituido después de su fallecimiento. Hace muchos años. La muerte temprana y dolorosa de un hombre cabal y honesto (como usted lo califica) había aumentado su fama de ciudadano recto. Pertenecía al club “degli onesti”, que en Italia tenía y tiene un valor añadido. En un célebre mitin, Roberto Benigni lo había agarrado en brazos, aupándolo, ensalzándolo. Qué diferencia con Bettino Craxi, por ejemplo.

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