Contra la desafección…

Uno. Lunes 20 de septiembre a las 19 horas en Colegio Mayor Rector Peset, presentación del Informe sobre la Democracia en España, 2010, de la Fundación Alternativas. Participo en dicho acto público y me siento muy honrado. Es la cuarta edición de dicho informe, que ya se ha convertido en el examen anual de nuestras instituciones. El título de este volumen es Contra la desafección. Y el antetítulo es La erosión de la confianza y el bienestar. Me ha resultado extraordinariamente instructiva la lectura del informe, de cuyos contenidos no puedo dar cuenta ahora.

Según el diccionario de la Real Academia, desafección es mala voluntad. No registra ninguna otra acepción.  En política, en democracia, es común definir la desafección como la desconfianza o el retraimiento ciudadanos, fruto del descrédito institucional. Cuando los electores se sienten estafados, defraudados, el sistema pierde afectos justamente. Peligra su sostén. La gente se abstiene, pero no sólo eso. Se retrae, se aparta, pues juzga a los representantes políticos como factores o actores prepotentes, corruptos, cínicos o ineficaces: o todo ello a la vez. Como ustedes comprenderán, eso es simplemente desastroso.

¿Hay razones para esta desafección? Repaso los periódicos. Domingo 19 de septiembre, tomo en primer lugar El País, hojeo y leo sus páginas y la sucesión es una suma de noticias alarmantes, de esas que deterioran el estado de opinión, la percepción ciudadana y la afección política que podamos sentir: caso Gürtel, caso Fabra, caso Brugal. Si todo eso se confirma y los jueces lo corroboran a partir de las pruebas, lo que hallamos es una lista de irregularidades: basuras lucrativas y suelo urbanizable, contratas dudosas y ventajismo empresarial. ¿La clave? La mezcla de lo público y lo privado, la aleación del provecho particular y la información reservada. Todo esto produce desánimo, ciertamente. De ser verdad, es la vuelta del agiotaje: la ventaja oficiosa para beneficio propio y perjuicio de los competidores.

Al tiempo que nos desconcierta tal cúmulo de malas noticias, protagonizadas por una nueva clase de presuntos agiotistas y ventajistas, nos enteramos de que el grupo parlamentario popular de las Cortes Valencianas se da ánimos con un pase colectivo de Invictus. Según la nota de Efe, el portavoz del PP en Les Corts Valencianes, Rafael Blasco, proyectó dicho film “para motivarlos ante el último periodo de sesiones de la legislatura”. La película de Clint Eastwood es la misma que puso el entrenador del Barça a su equipo cuando se enfrentó al Inter de Milán en la semifinal de la Liga de Campeones, “partido que terminaron perdiendo”, precisa la nota de Efe.

Dos. No sabemos si tras la proyección se organizó un cine-fórum, un debate sobre lo visto en una película tan edificante. En el caso de ser así, ¿se habrán preguntado por la capacidad de liderazgo de Mandela, sin rencores partidistas? Según la nota de Efe, el efecto que Blasco buscaba era lanzar un mensaje de unidad…: de unidad de los propios, de los titulares, de los fichados.  Es decir, obraba como si fuera el míster de un equipo de fútbol —Josep Guardiola, por ejemplo– o como si el grupo parlamentario fuera una escuadra, cuya única misión es batir al contrario. Imaginen, además, la rudeza del rugby… Ya oigo las palabras de Blasco-Guardiola: no hay rival pequeño, fútbol es fútbol, etcétera. Un  grupo parlamentario necesita liderazgo y unidad, pero –ya puestos en ello– también necesita fair play. Necesita enfrentarse con la palabra, con la argumentación, con la técnica oratoria, librando y driblando. Ahora bien, en las cámaras, presididas por personas de su equipo, rige la terminante ley del número y, por tanto, no siempre las reglas se aplican cuando molestan a los propios. ¿Imaginan a un árbitro confesadamente sectario impidiendo jugar al equipo rival? Es lo que ha ocurrido en Les Corts Valencianes, en donde la presidenta ha vulnerado la legalidad a que está obligada constitucionalmente. ¿Qué ha hecho? Desechar preguntas incómodas de la oposición, no darles curso.

El liderazgo de Mandela es –era– para propios y, sobre todo, para el resto. En una página del Informe sobre la Democracia, 2010 se dice de una manera clara y terminante:

“Un liderazgo que sólo sirve para inflamar a los propios con el fin de crear unidad es un liderazgo corto; un liderazgo incapaz de mostrar una visión de las cosas y de dar pasos dolorosos…”

Así estamos aquí, en la Comunidad Valenciana, con un liderazgo totalmente amenazado por los escándalos de corrupción y con un equipo que confunde la unidad con el cinismo. Los éxitos electorales parecen justificarlo todo, incluso la prepotencia.

Pero aquí estamos también con un equipo rival que no acaba de definir su juego, con un partido socialista que no sabe o no puede aprovechar todos los espacios: un partido que no sabe o no puede ampliar la hinchada, la respuesta electoral, carente de un liderazgo visible y abarcador. Al menos de momento… Así sucede desde hace años: nos las vemos con un PSPV de liderazgo discutido y de funcionamiento lento, con tendencias oligárquicas arraigadas. Cuenta con militantes inteligentes y abnegados, muchos de los cuales confían en los mecanismos de democracia interna.

Dentro de poco se cumplen los primeros cien años de Los partidos políticos, de Robert Michels. La versión original, en alemán, aparece en 1911 y desde entonces se convierte en el análisis clásico del sistema partidista. Fue muy clarividente y su enérgica denuncia del partido oligárquico aún se sostiene. Habiendo sido socialdemócrata, Michels estudia la organización en la que había militado: el partido socialdemócrata alemán. En esas páginas expone sus vicios internos, su falta de democracia interna. Es tal desafección que le provoca el partido que abandonará sus filas, admitiendo finalmente la idea que en principio quería combatir: el mejor gobierno es el sistema manifiestamente elitista dirigido por un lider carismático. No es extraño que llegara a apoyar a Benito Mussolini.

Cuando la desafección supone el descrédito institucional del sistema parlamentario, cuando la alternancia peligra, cuando se aplasta la democracia interna, siempre aparecen soluciones peligrosamente carismáticas. O siempre aparece un demagogo que va más allá de los límites, mientras los partidos tradicionales observan amodorrados la hecatombe que se avecina. Quizá sólo esperan salvar los muebles.

Tres. ¿Podemos hacer una antropología de la sociedad valenciana, de sus partidos, de sus instituciones? En principio, la etnología –también llamada así– estudia la rareza, lo extraño, lo diferente, lo distante: todo eso, claro, desde el punto de vista del observador que mira el comportamiento de salvajes, de primitivos…

¿Por qué obran como obran estos nativos? ¿Por qué los Bororo, por ejemplo, tienen estos ritos? La pregunta por la rareza es siempre un interrogante relativo: aquello que vemos como extraño es extraño para nosotros, de acuerdo con nuestras costumbres y reglas.

Hace muchos años, los antropólogos británicos, que eran los profesionales más destacados de esta disciplina, analizaban tribus alejadas. La etnología estudiaba comunidades diferentes, espacios culturales en los que regían convenciones y códigos muy distantes de los anglosajones. Por eso, los etnólogos británicos tomaron principalmente África como lugar en que estudiar: como objeto de analisis.

En clave sarcástica, esto lo cuenta muy bien Nigel Barley en un libro que les recomiendo vivamente: El antropólogo inocente, cuya versión española apareció en Anagrama. El etnólogo escogía, casi al azar, una aldea africana y allá que se iba. Eso sí, habiéndose vacunado y habiéndose adaptado. Se trataba de pasar muchos meses entre nativos, en una tribu sin las más mínimas condiciones y expuesto a penalidades y estrecheces, enfermedades y hábitos extravagantes, díficiles de explicar.

Había que hacerse con un informante; había que anotar… Al cabo de un tiempo, el antrópologo regresaba, ponía en orden sus datos e intentaba dar una interpretación a la conducta observada, en principio indescrifrable. Andando el tiempo, los británicos reemplazaron África por el Mediterráneo: Italia, España, Magreb, etcétera, podían ser lugares tan pintorescos y quizá menos peligrosos. Con ello nació la Antropología del Mediterráneo y particularmente el estudio etnológico de la mafia, del familismo, del comunitarismo remotamente tribal…

Un ejemplo sobresaliente de esta antropología mediterránea es el de Julian Pitt-Rivers, que acudió a la Andalucía de los años cincuenta: observó, anotó y finalmente publicó The People of the Sierra, un libro dedicado a Grazalema, en la Sierra de Cádiz. Allí había tipismos más o menos seculares y rarezas propias de una dictadura: la franquista. Allí había clientelismo y religiosidad popular, ritos paganos y exaltación comunitaria. Allí había favores e influencias informales.

Desde entonces, los españoles nos hemos normalizado y, por lo común, no somos objeto de estudio etnológico, al menos no en el sentido primitivo que tenía esta expresión. Ahora ya no somos pintorescos. Ahora, todos somos normales o extraños, según: como los propios británicos. Aunque, si lo pienso bien, aquí aún hay tipismos clientelares muy primitivos. ¿Ejemplo? Las redes sociales que establecen ciertos líderes del partido Popular de la Comunidad Valenciana. Podría ser muy instructivo el informe etnológico de un antropólogo británico. ¿Qué es el patronazgo en la Valencia del siglo XXI? ¿Qué son el favor y el regalo políticos en la Comunidad actual? ¿Qué son los amigos políticos, aquella vieja institución de la España restauracionista?

¿Sigo?

Colofón. No quiero seguir. Quiero concluir para no deprimirme, pues el simple rastreo de la política local da para la etnología más primitiva. Lejos de activar la democracia y de hacer copartícipes a los ciudadanos, los mecanismos de cooptación y de favor son materia de antropología propiamente salvaje.

¿Qué es el clientelismo? Pese a lo que pueda parecer no es una relación de interdependencia exactamente económica. Yo soy cliente cuando abono una cantidad por un bien. Pero el clientelismo es otra cosa. Es pago político y es servicio personal; es patrimonialización de las instituciones: lo que tienes me lo debes, por tanto lo que yo te doy –un favor que te hago, vaya– tú me lo devuelves en especie o en espíritu.

Es decir, me entregas tu sufragio o tu alma, porque el clientelismo es eso: el sufragio de las almas cautivas. Yo te protejo o te beneficio como patrono que cubre tus espaldas, pues te garantizo personalmente aquello a lo que tienes derecho institucionalmente. Pero eso a lo que tienes derecho ha sido secuestrado. Por ello, yo soy tu guardián y tu garantía. En realidad, no hay mercado bajo el clientelismo: hay, sí, voto cautivo, real o potencial.

Ahora, echen un vistazo. Pero miren bien…

Imagen del acto de presentación


19 comments

Add Yours
  1. Isabel Zarzuela

    “La gente se abstiene, pero no sólo eso. Se retrae, se aparta, pues juzga a los representantes políticos como factores o actores prepotentes, corruptos, cínicos o ineficaces: o todo ello a la vez. Como ustedes comprenderán, eso es simplemente desastroso.”

    ¿Y qué ocurre cuando la gente no se aparta? ¿Cuando sabe que sus representantes políticos son corruptos e ineficaces y a pesar de ello les siguen votando? Pues eso a mí me parece catastrófico.

    Yo también quiero recordar a Labordeta, pero con una sonrisa:

  2. Sigue...

    Dos. No sabemos si tras la proyección se organizó un cine-fórum, un debate sobre lo visto en una película tan edificante. En el caso de ser así, ¿se habrán preguntado por la capacidad de liderazgo de Mandela, sin rencores partidistas? Según la nota de Efe, el efecto que Blasco buscaba era lanzar un mensaje de unidad…: de unidad de los propios, de los titulares, de los fichados. Es decir, obraba como si fuera el míster de un equipo de fútbol –Josep Guardiola, por ejemplo– o como si el grupo parlamentario fuera una escuadra, cuya única misión es batir al contrario. Imaginen, además, la rudeza del rugby… Ya oigo las palabras de Blasco-Guardiola: no hay rival pequeño, fútbol es fútbol, etcétera. Un grupo parlamentario necesita liderazgo y unidad, pero –ya puestos en ello– también necesita fair play. Necesita enfrentarse con la palabra, con la argumentación, con la técnica oratoria, librando y driblando. Ahora bien, en las cámaras, presididas por personas de su equipo, rige la terminante ley del número y, por tanto, no siempre las reglas se aplican cuando molestan a los propios. ¿Imaginan a un árbitro confesadamente sectario impidiendo jugar al equipo rival? Es lo que ha ocurrido en Les Corts Valencianes, en donde la presidenta ha vulnerado la legalidad a que está obligada constitucionalmente. ¿Qué ha hecho? Desechar preguntas incómodas de la oposición, no darles curso.

    El liderazgo de Mandela es –era– para propios y, sobre todo, para el resto. En una página del Informe sobre la Democracia, 2010, se dice de una manera clara y terminante:

    “Un liderazgo que sólo sirve para inflamar a los propios con el fin de crear unidad es un liderazgo corto; un liderazgo incapaz de mostrar una visión de las cosas y de dar pasos dolorosos…”

    Así estamos aquí, en la Comunidad Valenciana, con un liderazgo totalmente amenazado por los escándalos de corrupción y con un equipo que confunde la unidad con el cinismo. Los éxitos electorales parecen justificarlo todo, incluso la prepotencia.

    Pero aquí estamos también con un equipo rival que no acaba de definir su juego, con un partido socialista que no sabe o no puede aprovechar todos los espacios: un partido que no sabe o no puede ampliar la hinchada, la respuesta electoral, carente de un liderazgo visible y abarcador. Al menos de momento… Así sucede desde hace años: nos las vemos con un PSPV de liderazgo discutido y de funcionamiento lento, con tendencias oligárquicas arraigadas. Cuenta con militantes inteligentes y abnegados, muchos de los cuales confían en mecanismos de democracia interna.

    Dentro de poco se cumplen los primeros cien años de Los partidos políticos, de Robert Michels. La versión original, en alemán, aparece en 1911 y desde entonces se convierte en el análisis clásico del sistema partidista. Fue muy clarividente y su enérgica denuncia del partido oligárquico aún se sostiene. Habiendo sido socialdemócrata, Michels estudia la organización en la que había militado: el partido socialdemócrata alemán. En esas páginas expone sus vicios internos, su falta de democracia interna. Es tal desafección que le provoca el partido que abandonará sus filas, admitiendo finalmente la idea que en principio quería combatir: el mejor gobierno es el sistema manifiestamente elitista dirigido por un lider carismático. No es extraño que llegara a apoyar a Benito Mussolini.

    Cuando la desafección supone el descrédito institucional del sistema parlamentario, cuando la alternancia peligra, cuando se aplasta la democracia interna, siempre aparecen soluciones peligrosamente carismáticas. O siempre aparece un demagogo que va más allá de los límites, mientras los partidos tradicionales observan amodorrados la hecatombe que se avecina. Quizá sólo esperan salvar los muebles.

    Continuará…

  3. aleskander62

    Todos tenemos que colaborar en que la Democracia, que tanto ha costado, siga viva, desde nuestros puestos, nuestro trabajo, con nuestros conocidos, amigos. Nuestro voto. Artículos, escritos, blogs… Mejorar nuestra sociedad es cosa de todos.
    Sigo leyendo La noche de los tiempos de Muñoz Molina. Excelente. Ya me pareció excelente El jinete polaco(Premio Nacional de Literatura).

  4. Isabel Zarzuela

    He acudido gustosa a la presentación del Informe sobre la ‘Democracia en España, 2010’ (La erosión de la confianza y el bienestar. Contra la desafección), celebrada esta tarde en el Colegio Mayor Rector Peset y en la que participaba el sr. Serna. Simpatizantes y afiliados socialistas, curiosos y gente del partido que no pasaba desapercibida como Ángel Luna, Pepe Reig, Manuel Mata o Broseta, llenaron la sala. La lástima es que me llevé mi cámara de fotos sin la batería… Eso me pasa por no poder dormir bien por las noches. Punto y aparte.

    Desconocía por completo la existencia de dicho informe. Me ha resultado muy curioso el análisis tan riguroso que la Fundación Alternativas hace de las instituciones del Estado y, concretamente, en esta edición, de nuestra democracia, tal y como ha explicado el primer interviniente de la presentación Juan Manuel Eguiagaray.

    La ex-ministra de educación y segunda interviniente, Mercedes Cabrera, después de hacer una brevíiiiiisima (y no sé si acertada) introducción de la historia de la democracia desde el s. XIX hasta nuestros días, ha expuesto una idea con la que yo no estoy muy de acuerdo. Es algo así como que el hecho de que la opinión pública ponga en duda la calidad de nuestra democracia no obedece a que se piense que “otros tiempos fueron mejores” sino a que somos más exigentes que antes. En fin… para ser tan exigentes, parece que no elegimos a los mejores representantes políticos. No obstante, sí que hay algo que comparto con la señora Cabrera, y es entender esta crisis como un cambio radical donde ya no podemos volver atrás, debiendo imaginar la democracia de un modo flexible. Vamos, que debe responder a las exigencias de hoy: “hay que rebelarse a la democracia desanimada”.

    Después ha intervenido Carmen Alborch que, aunque no sea santa de mi devoción, ha dicho cosas muy interesantes. Coincide con Mercedes Cabrera en combatir la desafección con el esfuerzo de la imaginación, y ha hecho referencia a la necesidad de contar con demócratas como primer requisito de la democracia, haciendo un guiño a Victoria Camps. Es un detalle que haya considerado de notoria importancia la exigencia que deben tener hacia sí mismos los propios políticos. Por otro lado, ha insistido en la idea de que se debe fomentar a través del conocimiento y la esperanza de cambio el saneamiento de la democracia.

    En cuarto lugar, Ignacio Urquizu ha hecho un breve análisis sobre la estrategia política del PP y del PSOE. Me ha llamado poderosamente la atención que diga que el PP no tiene estrategia, y que si la da a conocer (¿entonces sí tiene estrategia?) perderá las elecciones; que en cuanto digan que son de derechas de verdad la gente no les votará. Bueno, pues parece que para hacer este estudio parte de la base de que la ciudadanía es tonta, digo yo. Luego ha hablado del voto: parece que una parte importante del mismo, primero elige a quién vota y posteriormente busca las razones por los que le ha votado. Y luego está el otro 40 %, que primero razona y luego vota. Serán estos últimos los que verdaderamente determinarán el destino del país. Ah, también ha dicho que en Valencia la desafección es mayor… ja, ja.

    Finalmente ha intervenido Justo Serna (que no es por nada, pero estuvo brillante). Ha empezado hablando del ‘Informe’ como una buena reflexión sociológica, como “un mapa aproximado de lo real” aunque queden espacios por definir. Me he reído mucho -bueno, yo y toda la sala- cuando ha hecho referencia a la Comunidad Valenciana, cuando ha sugerido que tal vez el análisis que corresponda hacer de estas tierras mediterráneas deban hacerlo antropólogos y no sociólogos…
    Ah, y me ha interesado mucho el libro al que ha hecho mención a propósito de la desconfianza ciudadana: ‘El precio de la desconfianza’ de Diego Gambetta, si no recuerdo mal.

    No voy ha escribir nada más de su intervención, don Justo, porque se puede leer prácticamente toda en este post, pero sí le diré que ha hecho una defensa de la democracia magnífica. Enhorabuena.

    Y ya acabo. Me voy a dormir. Bona nit.

  5. jserna

    Sra. Zarzuela, le agradezco la crónica tan precisa, tan generosa, tan informada de lo que allí sucedió. La Fundación Alternativas es una entidad que no pertenece orgánicamente al partido socialista, pero en la que hay numerosos militantes de dicha organización. Es la Fundación más importante de este ámbito político y reúne gente muy sesuda y sensata. Me invitaron a estar en la presentación y a compartir mesa con un sociólogo y tres ex ministros precisamente porque no pertenezco al partido socialista y, por tanto, porque podía aportar cierta visión critica. Lo de la antropología de la Comunidad Valenciana, luego lo escribo y así lo pongo como colofón. Será mi visión agridulce, esa que pareció provocar las risas cómplices de la sala.

    Le agradezco nuevamente, sra. Zarzuela, su asistencia: como a Marisa Bou y a otros amigos que se dejaron caer (dios, qué expresión) por el Colegio Mayor Rector Peset. Y le agradezco la amabilidad suprema: usted ha escrito esta crónica a altas horas de la madrugada. Un detallazo.

  6. Marisa Bou

    Después de tan detallada crónica de la señora Zarzuela (qué lírico apellido, me encanta) nada me queda que añadir.

    Salvo decirles que éste es el tercer año de tan magnífico informe, que viene siendo costumbre presentarlo en Valencia -lo cual es muy de agradecer- y que yo no me he perdido ninguna de esas presentaciones, pues me place escuchar a gentes tan sesudas (como bien dice don Justo) y entender cada palabra de lo que allí se dice, pues no por sabios son menos claros en su exposición, ni dejan de ser amenos por hablar de temas tan áridos como la economía y la sociología, y aquí me viene al pelo abundar en el comentario de doña Isabel de lo gracioso que resultó que don Justo adjudicara a la antropología el estudio de los comportamientos de la derecha valenciana. Don Justo, éso es ironía fina, si señor.

  7. Sigue...

    Tres. ¿Podemos hacer una antropología de la sociedad valenciana, de sus partidos, de sus instituciones? En principio, la etnología –también llamada así– estudia la rareza, lo extraño, lo diferente, lo distante: todo eso, claro, desde el punto de vista del observador que mira el comportamiento de salvajes, de primitivos…

    ¿Por qué obran como obran estos nativos? ¿Por qué los Bororo, por ejemplo, tienen estos ritos? La pregunta por la rareza es siempre un interrogante relativo: aquello que vemos como extraño es extraño para nosotros, de acuerdo con nuestras costumbres y reglas.

    Hace muchos años, los antropólogos británicos, que eran los profesionales más destacados de esta disciplina, analizaban tribus alejadas. La etnología estudiaba comunidades diferentes, espacios culturales en los que regían convenciones y códigos muy distantes de los anglosajones. Por eso, los etnólogos británicos tomaron principalmente África como lugar en que estudiar: como objeto de analisis.

    En clave sarcástica, esto lo cuenta muy bien Nigel Barley en un libro que les recomiendo vivamente: El antropólogo inocente, cuya versión española apareció en Anagrama. El etnólogo escogía, casi al azar, una aldea africana y allá que se iba. Eso sí, habiéndose vacunado y habiéndose adaptado. Se trataba de pasar muchos meses entre nativos, en una tribu sin las más mínimas condiciones y expuesto a penalidades y estrecheces, enfermedades y hábitos extravagantes, díficiles de explicar.

    Había que hacerse con un informante; había que anotar… Al cabo de un tiempo, el antrópologo regresaba, ponía en orden sus datos e intentaba dar una interpretación a la conducta observada, en principio indescrifrable. Andando el tiempo, los británicos reemplazaron África por el Mediterráneo: Italia, España, Magreb, etcétera, podían ser lugares tan pintorescos y quizá menos peligrosos. Con ello nació la Antropología del Mediterráneo y particularmente el estudio etnológico de la mafia, del familismo, del comunitarismo remotamente tribal…

    Un ejemplo sobresaliente de esta antropología mediterránea es el de Julian Pitt-Rivers, que acudió a la Andalucía de los años cincuenta: observó, anotó y finalmente publicó The People of the Sierra, un libro dedicado a Grazalema, en la Sierra de Cádiz. Allí había tipismos más o menos seculares y rarezas propias de una dictadura: la franquista. Allí había clientelismo y religiosidad popular, ritos paganos y exaltación comunitaria. Allí había favores e influencias informales.

    Desde entonces, los españoles nos hemos normalizado y, por lo común, no somos objeto de estudio etnológico, al menos no en el sentido primitivo que tenía esta expresión. Ahora ya no somos pintorescos. Ahora, todos somos normales o extraños, según: como los propios británicos. Aunque, si lo pienso bien, aquí aún hay tipismos clientelares muy primitivos. ¿Ejemplo? Las redes sociales que establecen ciertos líderes del partido Popular de la Comunidad Valenciana. Podría ser muy instructivo el informe etnológico de un antropólogo británico. ¿Qué es el patronazgo en la Valencia del siglo XXI? ¿Qué son el favor y el regalo políticos en la Comunidad actual? ¿Qué son los amigos políticos, aquella vieja institución de la España restauracionista?

    ¿Sigo?

  8. Isabel Zarzuela

    Sr. Serna, es precisamente a esas horas de la noche cuando puedo escribir tranquila, cuando todos duermen… incluso Helena, que a veces también cierra los ojitos ;-) Así que para mí ha sido un gustazo poder intervenir en su blog, cosa que por cierto, me gustaría hacer más a menudo.

    ¿Qué si sigue? Claro que podría hacerlo. Aquí hay demasiado temita como para que un antropólogo británico se quede solo unos cuantos meses. No sé si estará expuesto a penalidades y estrecheces –recordemos que Valencia es una ciudad abierta, cosmopolita, de grandes eventos y gran acogedora del visitante-, pero sí que deberá vacunarse contra muchas cosas si quiere hacer un estudio objetivo.

  9. Sigue y acaba

    Colofón. No quiero seguir. Quiero concluir para no deprimirme, pues el simple rastreo de la política local da para la etnología más primitiva. Lejos de activar la democracia y de hacer copartícipes a los ciudadanos, los mecanismos de cooptación y de favor son materia de antropología propiamente salvaje.

    ¿Qué es el clientelismo? Pese a lo que pueda parecer no es una relación de interdependencia exactamente económica. Yo soy cliente cuando abono una cantidad por un bien. Pero el clientelismo es otra cosa. Es pago político y es servicio personal; es patrimonialización de las instituciones: lo que tienes me lo debes, por tanto lo que yo te doy –un favor que te hago, vaya– tú me lo devuelves en especie o en espíritu.

    Es decir, me entregas tu sufragio o tu alma, porque el clientelismo es eso: el sufragio de las almas cautivas. Yo te protejo o te beneficio como patrono que cubre tus espaldas, pues te garantizo personalmente aquello a lo que tienes derecho institucionalmente. Pero eso a lo que tienes derecho ha sido secuestrado. Por ello, yo soy tu guardián y tu garantía. En realidad, no hay mercado bajo el clientelismo: hay, sí, voto cautivo, real o potencial.

    Ahora, echen un vistazo. Pero miren bien…

  10. Ana Serrano

    Doña Marisa, temo ue no lo haya visto. En la entrada anterior, he saludado a todos y la he felicitado a usted por su próxima “abuelidad”. De nuevo mil felicidades y un abrazo grande

  11. jserna

    Ana, reciba por mi parte mi saludo más cordial. Cometí la descortesía de no saludarla después del verano. Ha sido un estación corta para quienes ya empezamos sobrecargados. Ojalá podamos vernos pronto. Y, por supuesto, nos sumamos otra vez a la felicitación a Marisa.

  12. Marisa Bou

    Doña Ana, reciba mis disculpas junto con un fuerte abrazo. Sí, leí su mensaje, pero he tenido unos días cargados de tensión (política) que no me han dejado mucho tiempo para relacionarme con estos maravillosos amigos que aquí tengo.

    Le agradezco mucho su felicitación, agradecimiento que hago extenso a todos los que me han felicitado por mi buena nueva. Todavía no sé cómo se va a llamar la criatura, pues no conocemos aún su sexo, pero -como les dije el lunes a don Justo y a doña Isabel- lo que sí tengo claro es cómo me va a llamar ella a mí: me llamará “mareta”, en honor a mi propia abuela, a la que adoraba y a la que todos llamábamos así. ¡No puedo describir la emoción que me produce saber que voy a convertirme en “mareta”!

  13. Arnau Gómez

    Me imagino porque la felicitan Dña Marisa,aunque no lo sé a ciencia cierta.Me uno,pues, a esa felicitación

  14. Marisa Bou

    Don Arnau, me felicitan porque voy a ser abuela por primera vez (y no sé si será la última) y son ustedes tan buenos que me acompañan en mi alegría. Gracias, muchas gracias a todos, de verdad.

    Por cierto, don Arnau, usted debe saber que tengo otros motivos, menos personales, para alegrarme. Espero que, como en otros tiempos, los podamos compartir.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s