Cuerpo a cuerpo

El cuerpo electoral. Jueves, 17 de noviembre. Veo en TVE una interesante entrevista  a Alfredo Pérez Rubalcaba, un candidato con capacidad dialéctica: a pesar de la ronquera incipiente que se le notaba. El miércoles 16 de noviembre, la misma cadena entrevistaba al candidato popular. No tuve la misma sensación cuando vi la interviú a Mariano Rajoy.

Pensarán que me puede el sectarismo. No. Es una constatación y es una percepción que se confirma día a día. Ojalá Rajoy me inspirara lo mismo. Pero no. Siempre tengo la impresión de que el candidato popular está escurriendo el bulto sin comprometerse.

En sus mejores días, José María Aznar me inspiraba y me motivaba: a la contra. De eso di cuenta en innumerables entradas de este blog, en variados artículos de El País, en alguna intervención en Ojos de Papel y en una reseña que publiqué en Claves de razón práctica. Aznar siempre ha sido para mí un estímulo intelectual, un acicate ideológico. En cambio, Mariano Rajoy simplemente me duerme. Lamento confirmarlo.

Esto lo he dicho así, a bote pronto, en Facebook, provocando un cierto debate, una amistosa discusión. Llega el fin de semana. Espero hacer intervenciones breves y, si puedo, más o menos analíticas o simplemente descriptivas. Lo que dé de sí el cuerpo… electoral. O el otro cuerpo.

Cuerpos gloriosos. El jueves 17 de noviembre tuvimos en la Facultad de Geografía e Historia de Valencia la proyección de Fiebre del sábado noche (1977), de John Badham. Es una actividad más de las jornadas que el Vicedecanato ha organizado. Están dedicadas a las Bandas sonoras, a los jóvenes y la música. Fue muy interesante volver a ver esta película comercial y musical. Y fue igualmente interesante la discusión que el film suscitó en la sala y, por extensión, en mi propia clase. Hablamos de esta película y del cine de los setenta: de lo que provocaron la guerra del Vietnam, la guerra del Yom Kippur y la crisis energética, el caso Watergate.

Las películas de entonces acusaron el malestar norteamericano. Fiebre del sábado noche expresaba la necesidad de la evasión, del entretenimiento. Pero era también muestra de una desazón: su protagonista, Tony Manero encarnado por John Travolta, es un empleado de ferretería que aspira a prosperar, a abandonar su barrio, a llegar a Manhattan. Sale con su pandilla, con su banda, pero espera algo más. Él es el rey de las pistas de baile, quien mejor danza en la disco.

Hay numerosos elementos que serán objeto de muestra y de reflexión en la Exposición que preparamos Alejandro Lillo y yo dedicada a estos asuntos: a los jóvenes, a su aspecto, a su indumentaria, a la música. Pero quiero adelantar algo que me ha hecho pensar ahora, justo cuando volvía a ver este película. Me refiero a los cuerpos gloriosos que aparecen en el film. O, mejor dicho, que aparecen en forma de posters o efigies en la habitación de Tony Manero.

Estamos a mediados de los setenta. Manero tiene como ídolos a Jesucristo, a Sylvester Stallone, a Al Pacino, a Bruce Lee y a Farrah Fawcett. Es italonorteamericano y por ello es católico (de ahí el crucifijo). Tiene personajes de ese origen que son referentes de la época (Rocky o Serpico) y tiene a esa actriz que encarnó a uno de Los Ángeles de Charlie (1976). Son cuerpos fracturados o muertos en la ficción; o cuerpos que morirán en la vida real y a los que hoy recordamos con tristeza o simpatía. Pero son sobre todo cuerpos que encarnan la fuerza individual, el empuje, la energía, una cierta forma de heroísmo condenado: son espejos en los que se mira Tony Manero.

Cuando yo era joven, cuando se estrenó, vi esa película prácticamente a escondidas: a mis amigos o a la gente con la que entonces me relacionaba les parecía una horterada. Probablemente lo era y, con toda seguridad, dio como resultado algo estéticamente espantoso: el travoltismo, la sublimación de la disco.

Ah amigos, yo tenía dieciocho años, pero no tenía un cuerpo glorioso: era más bien escuálido y sabía que nunca podría parecerme al bailarín de la pista. Eso sí: compartía con aquel Tony Manero una rabia aún adolescente.

Sin cuerpo. El pensamiento corto, sin espesor, sin cuerpo. Escribo sobre la idea urgente que ha de ser plasmada, sobre el género sentencioso, histórico, del aforismo. He de entregar un artículo sobre este particular y reviso mi texto provisional.

Es curioso: contamos con numerosos medios que dilatan la expresión y que multiplican los soportes, pero en plena modernidad tecnológica hemos ido a parar a la escritura fugaz e intermitente, más o menos chispeante, más o menos instructiva: pocos, poquísimos caracteres con espacio; la escritura de siempre, la que se inscribió, por ejemplo, en un atadijo de papeles, la que se consumó en el género del aforismo.

Acumulamos datos que nos sobrepasan y enjuiciamos con pocas referencias. No tenemos una razón olímpica y nos valemos de una mente precaria, siempre limitada. Y nos expresamos o eso intentamos: quiero decir, expresamos lo que queremos decir y a la vez expresamos nuestro yo, la identidad que precisa ser dicha. Aunque sea malamente.

Estamos como al principio de los tiempos: necesitados de decir, de observar y de anticipar, de sopesar; y de decirlo brevemente porque el tiempo apremia y porque el soporte no aguanta. Lo que no se dice y se piensa tiene gran valor: lo pierde justo cuando se anota. A ese resultado decepcionante pero operativo es al que llegamos: nos hemos pronunciado. ¿Y luego? Luego nos morimos: nos quedamos sin soporte, sin cuerpo.

De cuerpo presente. Cuando se acercan estas fechas casi resulta inevitable. Es como un condena que cumplo con puntualidad: dedico unos minutos o unas horas de mi tiempo al General Franco, al Caudillo de mi infancia y adolescencia, aquel abuelo que había abandonado el uniforme por el terno civil.

Se presentaba así ante las cámaras de televisión: como un abuelo, como un viejecito preocupado por sus hijos y nietos, por esa España que había gobernado con mano firme durante tantos años. Según digo, a Francisco Franco Bahamonde aún lo veo y lo leo. Lo recuerdo con repeluzno, sabiendo que su presencia sólo es pasajera. ¿Pasajera? En cuanto repaso el último libro que se le dedica le perderé de vista, me digo. Pero no: sé que caeré en otra ocasión, cada vez que una novedad editorial me reclame y me despierte un interés histórico o morboso.

Este año he vuelto a acordarme del Generalísimo y de su familia: me he documentado con un libro que firma su nieto, Francisco Franco Martínez-Bordiú. Tiene un título descriptivo: La naturaleza de Franco (2011). Pero tiene sobre todo un subtítulo involuntariamente acusador o cómico: Cuando mi abuelo era persona. Es decir, que hubo momentos en que el Jefe del estado no era persona. Exacto; es lo que estaban pensando: no era persona cuando ejercía la jefatura del estado. Pero no porque fuera cruel o porque reprimera con saña, sino por su entrega al protocolo y a las obligaciones. Sólo en ciertos momentos, Franco dejaba las rigideces y eso ocurría cuando se iba a pegar tiritos o a pescar atunes.

En las páginas de este libro, el pariente del Caudillo cuenta su vida: la propia y la del abuelo. La cuenta de aquella manera, claro: reivindicando la memoria del General, sus gestas y extrema bondad, una persona de carácter recto, si hemos de creer al nieto. Afea la conducta a los antifranquistas por cicateros y desagradecidos. Elogia a sus padres, esa familia Franco Martínez-Bodiú sobre la que se han volcado tantas insidias, admite. Pero sobre todo el nieto exalta los buenos momentos que pasó cazando y pescando con su abuelo. Era entonces cuando el militar se relajaba y tenía humor para contar historias y saberes de gran enjundia. El nieticito no tenía mucho contacto con sus padres; y el abuelo le dedicaba una atención viril, masculina, que le servía de edificación moral.

Ya sabíamos que Francisco Franco Bahamonde había restado muchas horas a sus obligaciones, al gobierno de la Nación: dicho así, literalmente. Las hurtaba para dedicarlas a la cetrería, al deporte de la escopeta. De todo eso nos informó cumplidamente el teniente general Francisco Franco Salgado-Araujo en Mis conversaciones privadas con Franco (1976), libro que aquí en glosado en una o dos ocasiones. En el volumen de Francisco Franco Martínez-Bordiú, la cacería se convierte en una metáfora involuntaria de la vida. El nieto ha ganado distintos trofeos con la escopeta y, por lo que cuenta, todo lo que sabe de este deporte lo aprendió de su abuelo.

Para quienes no tenemos ningún interés en el asunto de la caza, este libro tiene páginas tediosas. Pero salvamos esa erudición gracias al retrato de Franco, alguien obsesionado por el disparo, por las piezas a cobrar, por los triunfos de su puntería. Desde luego, el nieto confirma la poca dedicación que Franco prestaba al gobierno de la Nación. Mucha salida venatoria, mucha expansión por la naturaleza. El título del volumen habla de eso: de la naturaleza cazadora del Caudillo, predatoria; y del campo, ese sitio en el que expansionarse. Franco mira con arrobo las piezas abatidas, de gran tamaño y sanguinolentas, seguido y aplaudido por una corte de afines vestidos para la ocasión, para los ojeos y para las monterías. Pinta y juega a las cartas, pasea en el Azor.

Y ahí lo vemos de cuerpo presente. Hoy, 20-N, he querido tenerlo precisamente presente.

Yo no lo olvido…

21 comments

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  1. Facebook

    A Diego Fernández Magdaleno, Juan Calabuig Mateo, Amaya Beitia Ruiz, Ana Serrano, Victoria Serna García, Eli Gallardo, Ana Peris, Luis Alberto Gaviño Jiménez, Lola Mínguez, Jota Monteolivetanus, Maria Quiles Ruiz les gusta esto.

    Lola Mínguez

    Es demagogo, aburrido, no dice nada claro. Bueno si, hoy
    ha dicho que la Ley de Dependencia, no es viable. Para lo demás tienea sus chicas, que nos van adelantando el programa. La Cospe y la Aguirre, madres con sus casas (palacetes) limpias y puras….

    Justo Serna

    En twitter, leo una entrada de Mariano Rajoy. Dice: “El PP
    se ofrece a todos los españoles. Estamos dispuestos a sacar a Españade la crisis”. Intenten poner del revés la oferta. ¿Hay algún
    candidato que no se ofrezca y que no esté dispuesto a sacar a España de la crisis? ¿Quién es el autor de tamaña oferta?

    Justo Serna

    Yo no creo que la principal característica de Mariano
    Rajoy sea la demagogia. Para ser demagogo hay que tener alguna virtud oratoria. Yo no se la veo a Mariano Rajoy. Usted me perdonará, sra. Mínguez.

    Lola Mínguez

    Pues tiene toda la razón. Lo que hace muy bien es leer
    (siempre que no sea su propia letra). Bueno otra de las cosas que dicen Rajoy y sus secuaces es lo de la creación de los 3 millones y medio de puestos de trabajo. Creo que ha quedado en una intención. Y repitiendo sus palabras ¿hay algún candidato que no quiera crear 3 millones y medio de puestos de trabajo?

    Ana Serrano

    Ha debido ser un buen registrador, pero sin temario en la
    mano… Se le ve tan perdido que, si no fuera por lo que es, daría
    hasta pena. Hace mucho que está en su nivel de incompetencia. Tengo miedo.

    Justo Serna

    Efectivamente, arrastrado por las circunstancias, por la
    corriente que le eleva, Mariano Rajoy ha sobrepasado su nivel de
    incompetencia: cuando habla se le incomodísimo. No se sabe si es porsu ignorancia del programa, de la agenda o de las medidas; o si es por su indolencia, por esa legendaria pereza que le deja absorto, respondiendo con frases hechas, buenas intenciones y énfasis verbales. Como Dios manda.

    Amaya Beitia Ruiz

    Yo no puedo hacer mucho desde aquí, pero sólo deseo
    que quién salga, haga, y dé pasos hacia delante (pese a las
    dificultades del momento). A mí tambièn me ha dado siempre esa
    sensación, y no hace falta ser analista político para ver que Rajoy (puede ser buen chico en privado, no lo dudo), no dá la talla. En su
    partido, gente como Gallardón me merece otro tipo de
    consideración,pero a èste le han dado tortas toda la vida y no hay
    manera de que le dejen. Penita, pero así son las cosas.

  2. Tony Manero (Continúa...)

    Cuerpos gloriosos. El jueves 17 de noviembre tuvimos en la Facultad de Geografía e Historia de Valencia la proyección de Fiebre del sábado noche (1977), de John Badham. Es una actividad más de las jornadas que el Vicedecanato ha organizado. Están dedicadas a las Bandas sonoras, a los jóvenes y la música. Fue muy interesante volver a ver esta película comercial y musical. Y fue igualmente interesante la discusión que el film suscitó en la sala y, por extensión, en mi propia clase. Hablamos de esta película y del cine de los setenta: de lo que provocaron la guerra del Vietnam, la guerra del Yom Kippur y la crisis energética, el caso Watergate.

    Las películas de entonces acusaron el malestar norteamericano. Fiebre del sábado noche expresaba la necesidad de la evasión, del entretenimiento. Pero era también expresión de una desazón: su protagonista, Tony Manero encarnado por John Travolta, es un empleado de ferretería que aspira a prosperar, a abandonar su barrio, a llegar a Manhattan. Sale con su pandilla, con su banda, pero espera algo más. Él es el rey de las pistas de baile, quien mejor danza en la disco.

    Hay numerosos elementos que serán objeto de muestra y de reflexión en la Exposición que preparamos Alejandro Lillo y yo dedicada a estos asuntos: a los jóvenes, a su aspecto, a su indumentaria, a la música. Pero quiero adelantar algo que me ha hecho pensar ahora, justo cuando volvía a ver este película. Me refiero a los cuerpos gloriosos que aparecen en el film. O, mejor dicho, que aparecen en forma de posters o efigies en la habitación de Tony Manero.

    Estamos en a mediados de los setenta. Manero tiene como ídolos a Jesucristo, a Sylvester Stallone, a Al Pacino, a Bruce Lee y a Farrah Fawcett. Es italonorteamericano y por ello es católico (de ahí el crucifijo). Tiene personajes de ese origen que son referentes de la época (Rocky o Serpico) y tiene a esa actriz que encarnó a uno de Los Ángeles de Charlie (1976). Son cuerpos fracturados o muertos en la ficción; o cuerpos que morirán en la vida real y a los que hoy recordamos con tristeza o simpatía. Pero son sobre todo cuerpos que encarnan la fuerza individual, el empuje, la energía, una cierta forma de heroísmo condenado: son espejos en los que se mira Tony Manero.

    Cuando yo era joven, cuando se estrenó, vi esa película prácticamente a escondidas: a mis amigos o a la gente con la que entonces me relacionaba les parecía una horterada. Probablemente lo era y, con toda seguridad, dio como resultado algo estéticamente espantoso: el travoltismo, la sublimación de la disco.

    Ah amigos, yo tenía dieciocho años, pero no tenía un cuerpo glorioso: era más bien escuálido y sabía que nunca podría parecerme al bailarín de la pista. Eso sí: compartía con aquel Tony Manero una rabia aún adolescente.

  3. Juan Calabuig

    No se preocupe Don Justo: Yo también tuve que ir a solas, y en horario no habitual para mis costumbres golfas de entonces, a ver “Fiebre del sábado noche” aquel año de 1978, el año de La Constitución, el de la primera niña probeta, el asesinato de Aldo Moro y el de la condena de Albert Boadella y Els Joglars (vaya a dónde ha ido a parar este Albertín), el año en el que yo también disfrutaba de mis 17 o 18 años, según cuando fuera el mes del estreno. Todavía recuerdo la vergüenza que pasé en la cola y el alivio con que me refugié en el anonimato de la sala de un cine de cuyo nombre no me acuerdo pero que apostaría a que ya no existe. Y oiga usted, la peli no me maravilló, pero consiguió interesarme más que algunas otras “políticamente correctas”, y nunca mejor dicho, que vi en aquellos tiempos de transición de la nada hacia casi todo, y que por supuesto sí alcanzaban la necesaria comunión de la muchachada con quien un servidor hacía vida social o socialista. Otra cosa fue tener que soportar el LP de aquella banda sonora que un amigo (precisamente uno de los que habían rehusado acompañarme al cine a ver la película) se compró y con el que nos “regalaba” machaconamente en nuestras quedadas: como para olvidar “more than a woman”, “stayin’ alive” y demás coplillas del dichoso vinilo aquel, tan relleno de grititos y falsetes australianos. Como siempre, es un placer leerle y le envío un abrazo, Juan…

  4. jserna

    Vaya, señor Calabuig, veo que nuevamente compartimos experiencias. Y veo que ambos quedamos afectados por una película que disfrutamos culpablemente. A finales de los setenta, TVE programó ‘Aplauso’, un espacio que contaba con una sección llamada ‘La juventud baila’, con José Luis Fradejas. Qué culpable me siento…

    Abrazos.

    Perdón por estas batallitas.

  5. Leda

    Pues a mí me da igual que el Sr. Rajoy sea o no una persona competente, que tenga buena oratoria o que no sea demagogo. Tengo muy claro que no le voy a votar: su pensamiento o ideario político no va conmigo.

  6. Facebook

    Juan Calabuig Mateo

    jejeje, por ahí andábamos todos, sólo que unos tienen el valor de contarlo y otros siguen equivocándose con su concepción estrecha de “cultura”… Madre mía, el Fradejas. Creo que en ese programa debutaron gente como Miriam Diaz-Aroca y algún que otro personaje que seguro querrá olvidar sus meneos de pelvis. ¡Ah, me encantan las batallitas! sobre todo con unos vinitos o cervezas delante.

  7. jserna

    Pues nada, nada. A ver si se hacen efectivas esas cervecitas… Aunque, ahora que lo pienso, deberíamos tomar un 77. ¿Qué es un 77? Es lo que pide Tony Manero en la disco. Hechas mis averiguaciones y si no me equivoco, es un combinado de Seagram’s Seven Crown con Seven Up. O sea un 77.

  8. Lola Mínguez

    Vaya, lo que hace haber nacido una década después. Ni la vi, ni la he visto. Creo que después de lo que he leido me siento un poco culpable, aunque siempre me pareció un hortera y que decir del famoso bailecito… bueno, no era mi momento.

  9. Facebook

    Juan Calabuig Mateo

    Bueno, uno es de whisky sin hielo, pero todo sea por Tony y por los bailongos de la Odisea 2001. Menos mal que es seven up porque por mucho hielo que le pongas, trasegarse todo un supermercado por muchas tragaderas que uno tenga, y yo las tengo, es un poco complicado.

    Justo Serna

    La disco, en efecto, es la ‘2001 Odyssey’. Imagine lo que eso significa para mí…

  10. jserna

    Por correo electrónico me dice un lector si mis comentarios de este fin de semana van a ser tan frívolos. Por supuesto, no me voy a privar de hacer glosas aparentemente irrelevantes. Por descontado que volveré a la liza electoral.

  11. aleskander62

    Vi entrevistas en T.V con Rosa Díez (UPyD) y con Cayo Lara (IU).
    La presentadora es excelente.
    Estoy muy interesado en observar los resultados electorales para ver hasta dónde emergen los partidos alternativos: IU, UPyD, y sobre todo EQUO, que me parece un interesante proyecto.
    Y en qué situación queda nuestro partido más antiguo: el PSOE.

  12. Friedrich Nietzsche (Continúa...)

    Sin cuerpo. El pensamiento corto, sin espesor, sin cuerpo. Escribo sobre la idea urgente que ha de ser plasmada, sobre el género sentencioso, histórico, del aforismo. He de entregar un artículo sobre este particular y reviso mi texto provisional.

    Es curioso: contamos con numerosos medios que dilatan la expresión y que multiplican los soportes, pero en plena modernidad tecnológica hemos ido a parar a la escritura fugaz e intermitente, más o menos chispeante, más o menos instructiva: pocos, poquísimos caracteres con espacio; la escritura de siempre, la que se inscribió, por ejemplo, en un atadijo de papeles, la que se consumó en el género del aforismo.

    Acumulamos datos que nos sobrepasan y enjuiciamos con pocas referencias. No tenemos una razón olímpica y nos valemos de una mente precaria, siempre limitada. Y nos expresamos o eso intentamos: quiero decir, expresamos lo que queremos decir y a la vez expresamos nuestro yo, la identidad que precisa ser dicha. Aunque sea malamente.

    Estamos como al principio de los tiempos: necesitados de decir, de observar y de anticipar, de sopesar; y de decirlo brevemente porque el tiempo apremia y porque el soporte no aguanta. Lo que no se dice y se piensa tiene gran valor: lo pierde justo cuando se anota. A ese resultado decepcionante pero operativo es al que llegamos: nos hemos pronunciado. ¿Y luego? Luego nos morimos: nos quedamos sin soporte, sin cuerpo…

  13. Leda

    Y con mal cuerpo. Ése que se nos va a quedar el domingo tras conocer los resultados de las elecciones. Sé que estamos ante la”crónica de una muerte anunciada”, pero hay algo en mí que siempre se resiste a última hora…

  14. Marisa Bou

    Es curioso, señor Serna: dice usted que “lo que se dice y se piensa tiene gran valor: lo pierde justo cuando se anota”. Yo he llegado a fuertes cotas de perplejidad y decepción, tras pensar y repensar hasta la extenuación y no conseguir plasmar por escrito todos esos pensamientos. Resulta agotador.

    Es posible que se deba, como usted bien dice, en que “estamos como al principio de los tiempos”. No sabe cómo deseo que tenga usted razon, que estamos al principio y no al final de los tiempos. Deseo no perder la esperanza, deseo que el “mal cuerpo” del que nos habla Leda de paso a ese otro cuerpo batallador y comprometido que llevamos dentro.

    Saludos en esta “jornada de reflexión”, la más dura que hayamos podido imaginar.

  15. Francisco Franco. De cuerpo presente

    De cuerpo presente. Cuando se acercan estas fechas casi resulta inevitable. Es como un condena que cumplo con puntualidad: dedico unos minutos o unas horas de mi tiempo al General Franco, al Caudillo de mi infancia y adolescencia, aquel abuelo que había abandonado el uniforme por el terno civil.

    Se presentaba así ante las cámaras de televisión: como un abuelo, como un viejecito preocupado por sus hijos y nietos, por esa España que había gobernado con mano firme durante tantos años. Según digo, a Francisco Franco Bahamonde aún lo veo y lo leo. Lo recuerdo con repeluzno, sabiendo que su presencia sólo es pasajera. ¿Pasajera? En cuanto repaso el último libro que se le dedica le perderé de vista, me digo. Pero no: sé que caeré en otra ocasión, cada vez que una novedad editorial me reclame y me despierte un interés histórico o morboso.

    Este año he vuelto a acordarme del Generalísimo y de su familia: me he documentado con un libro que firma su nieto, Francisco Franco Martínez-Bordiú. Tiene un título descriptivo: La naturaleza de Franco (2011). Pero tiene sobre todo un subtítulo involuntariamente acusador o cómico: Cuando mi abuelo era persona. Es decir, que hubo momentos en que el Jefe del estado no era persona. Exacto; es lo que estaban pensando: no era persona cuando ejercía la jefatura del estado. Pero no porque fuera cruel o porque reprimera con saña, sino por su entrega al protocolo y a las obligaciones. Sólo en ciertos momentos, Franco dejaba las rigideces y eso ocurría cuando se iba a pegar tiritos o a pescar atunes.

    En las páginas de este libro, el pariente del Caudillo cuenta su vida: la propia y la del abuelo. La cuenta de aquella manera, claro: reivindicando la memoria del General, sus gestas y extrema bondad, una persona de carácter recto, si hemos de creer al nieto. Afea la conducta a los antifranquistas por cicateros y desagradecidos. Elogia a sus padres, esa familia Franco Martínez-Bodiú sobre la que se han volcado tantas insidias, admite. Pero sobre todo el nieto exalta los buenos momentos que pasó cazando y pescando con su abuelo. Era entonces cuando el militar se relajaba y tenía humor para contar historias y saberes de gran enjundia. El nieticito no tenía mucho contacto con sus padres; y el abuelo le dedicaba una atención viril, masculina, que le servía de edificación moral.

    Ya sabíamos que Francisco Franco Bahamonde había restado muchas horas a sus obligaciones, al gobierno de la Nación: dicho así, literalmente. Las hurtaba para dedicarlas a la cetrería, al deporte de la escopeta. De todo eso nos informó cumplidamente el teniente general Francisco Franco Salgado-Araujo en Mis conversaciones privadas con Franco (1976), libro que aquí en glosado en una o dos ocasiones. En el volumen de Francisco Franco Martínez-Bordiú, la cacería se convierte en una metáfora involuntaria de la vida. El nieto ha ganado distintos trofeos con la escopeta y, por lo que cuenta, todo lo que sabe de este deporte lo aprendió de su abuelo.

    Para quienes no tenemos ningún interés en el asunto de la caza, este libro tiene páginas tediosas. Pero salvamos esa erudición gracias al retrato de Franco, alguien obsesionado por el disparo, por las piezas a cobrar, por los triunfos de su puntería. Desde luego, el nieto confirma la poca dedicación que Franco prestaba al gobierno de la Nación. Mucha salida venatoria, mucha expansión por la naturaleza. El título del volumen habla de eso: de la naturaleza cazadora del Caudillo, predatoria; y del campo, ese sitio en el que expansionarse. Franco mira con arrobo las piezas abatidas, de gran tamaño y sanguinolentas, seguido y aplaudido por una corte de afines vestidos para la ocasión, para los ojeos y para las monterías. Pinta y juega a las cartas, pasea en el Azor.

    Y ahí lo vemos de cuerpo presente. Hoy, 20-N, he querido tenerlo precisamente presente.
    Yo no lo olvido…

  16. Tony Manero Facebook

    Juan Calabuig Mateo
    Me identifico totalmente con tus palabras, Justo. El resto ya lo he escrito en tu blog. Un abrazo.

    Justo Serna
    Vaya, señor Calabuig, veo que nuevamente compartimos experiencias. Y veo que ambos quedamos afectados por una película que disfrutamos culpablemente. A finales de los setenta, TVE programó ‘Aplauso’, un espacio que contaba con una sección llamada ‘La juventud baila’, con José Luis Fradejas. Qué culpable me siento…

    Abrazos.

    Perdón por estas batallitas.

    Juan Calabuig Mateo
    jejeje, por ahí andábamos todos, sólo que unos tienen el valor de contarlo y otros siguen equivocándose con su concepción estrecha de “cultura”… Madre mía, el Fradejas. Creo que en ese programa debutaron gente como Miriam Diaz-Aroca y algún que otro personaje que seguro querrá olvidar sus meneos de pelvis. ¡Ah, me encantan las batallitas! sobre todo con unos vinitos o cervezas delante.

    Justo Serna
    Pues nada, nada. A ver si ese hacen efectivas esas cervecitas… Aunque, ahora que lo pienso, deberíamos tomar un 77. ¿Qué es un 77? Es lo que pide Tony Manero en la disco. Hechas mis averiguaciones y si no me equivoco, es un combinado de Seagram’S Seven Crown con Seven Eleven. O sea un 77.

    Justo Serna
    Quería decir Seven Up. No Seven Eleven, que es otra cosa.

    Juan Calabuig Mateo
    Bueno, uno es de whisky sin hielo, pero todo sea por Tony y por los bailongos de la Odisea 2001. Menos mal que es seven up porque por mucho hielo que le pongas, trasegarse todo un supermercado por muchas tragaderas que uno tenga, y yo las tengo, es un poco complicado.

    Justo Serna
    La disco, en efecto, es la ‘2001 Odyssey’. Imagine lo que eso significa para mí…

    Norberto Piqueras Sánchez
    Veo que las ideas para la próxima exposición en el Centre Cultural La Nau continúan creciendo. Enhorabuena por la marcha del ciclo Bandas Sonoras.

    Justo Serna
    Pues sí. Hacemos todo lo que podemos y no nos conformamos con lo obvio. Creo que Alejandro Lillo y un servidor estamos poniendo toda nuestra imaginación (y realidad) en esta idea para que la Expo del Centre Cultural La Nau quede lo mejor posible: atractiva, instructiva y divertida. A ver si lo conseguimos. Con vuestra ayuda será posible. Y con la ayuda de Luis Puig, que nos auxilia con un entusiasmo y con una generosidad que son de agradecer. Gracias,Norberto. Y la marcha de ‘Bandas sonoras’ va muy bien por toda la gente que está organizando y participando (aparte del Vicedecanato): entre otras personas, Vicente Galbis, Áurea Ortiz y Marc Baldó. Con ganas. Y los estudiantes, que participan activamente. Uf, parezco un candidato…

  17. Friedrich Nietzsche Facebook

    Lola Mínguez
    No me da tiempo a leerla señor Serna, pero la dejo pendiente. Nietzsche es muy particular para mi. Un saludo y reflexione usted que hoy dicen que es lo que toca.

    Angel Mariblanca
    yo sigo su lectura los pensamientos son mios y los de los demas son de ellos .

    Justo Serna
    Me pide, sra. Mínguez, que reflexione. No dejo de hacerlo cada día…

    Angel Mariblanca
    lo particular es si no se tiene confianza en uno mismo y siempre repite los pensamientos de los demas, esa es la persona particular.

    Ignacio Martinez de Lejarza
    Curioso que en los tiempos del gorjeo en twitter, se haya casi perdido este genero grandioso del aforismo. El auténtico,el clásico de los clásicos, ¿incluiríamos a Montaigne, a Gracián?,o el ambivalente -gozoso y corrosivo -de Nietzsche, o el hilarante de Jardiel o el surreal de Gomez de la Serna. Aforismo siempre desaforado, a veces desafuero

    Justo Serna
    Exactamente eso y exactamente esos autores. Rápidos y profundos. Unas referencias muy oportunas, sí señor.

  18. jserna

    Marisa, ánimo. Que el PSOE pueda perder, incluso gravemente, no es problema.

    El Partido Popular viene a resolver las cosas, las graves cuestiones ocasionadas por Rodríguez Zapatero.

    Aunque, ahora que lo pienso, yo ya siento el aliento bronquítico de los mercados en el cogote… Es un viento gélido. Como con asma.

  19. Facebook

    Justo Serna

    ‎”Entró, entró”, dijo Juan José Castillo en la retransmisión televisiva de la final de la Copa Davis de 1967. Si no me equivoco se enfrentaban Australia y España. Y estaba Manolo Santana. Yo tenía ocho años más o menos. Ahora, al margen de los resultados electorales y de las mayorías absolutas habrá candidatos de partidos minúsculos a los que cantarles “entró, entró”. Entrarán contentos, sí. Aunque pierdan el torneo.

    Vicente Torres
    En esa época yo aún veía partidos de tenis por la televisión. Hace tiempo que ya no, y eso que ahora los españoles triunfan más. Pero yo quisiera ver esos éxitos en el campo de la investigación y la industria más que en el deporte.

    Justo Serna
    Tómelo como metáfora, sr. Torres.

    Vicente Torres
    Me he limitado a hacer un comentario al hilo del suyo, no sobre el suyo, con el que estoy de acuerdo.

    Justo Serna
    Oquéi

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