Verano en Benifato hacia 2022

Benifato es una población objetivamente pequeñita. Eso lo aprecias mejor si la paseas. Si transitas por sus calles.

Con escasos vecinos y reducido caserío, el pueblo sobrevive. Corajudamente.

El trazado aprovecha lo que, en origen, era una ‘alquería mora’, al decir de los naturales. De aquella alquería tenemos esta localidad cristiana.

Bueno, cristiana, cristiana…, o no tanto. Hay entre los naturales no poco comerciante fenicio. Y luego estamos los descreídos, forasteros o no.

Benifato es un enclave de baja montaña y allí se agrupan sus habitantes, sus poquísimos habitantes: a los pies de la Serra d’Aitana.

Visito Benifato tres, cuatro o cinco veces al año. Y más que pudiera.

Es tan chiquitín su perímetro que, si te pasas, te sales…: te la pierdes. La población, me refiero.

Yo no me la pierdo, pero salgo siempre que puedo. Abandono el caserío y practico un senderismo ‘amateur’ por las faldas de Aitana. Vamos a llamarlo con ese calificativo. ‘Amateur’.

Allí, en Benifato, dentro de un tiempo, quiero que me entierren. Eso sí, no muy hondo, sino superficial. Para así estar bien cerca de los bancales de mi amor, de mis amores.

Eso sí, ello pasa, pasa… cuando los rigores estivales o las bajas temperaturas del invierno me lo permiten. Asciendo con garbo, pero bajo con tiento.

Fotografías (2020-2022): Andrea Serra

Procuro caminar pausado, adaptando los pasos a mi edad y a las extremidades. Ya se sabe (y bien que nos lo recordó Juan Luis Cano): las piernas no son del cuerpo.

Benifato es una localidad que el paso del tiempo, la naturaleza del monte y el laboreo humano (olivos, almendros, pinos, etcétera) y la despoblación han convertido en pintoresca.

No me lo pareció (lo de pintoresca) la primera vez que allí llegué, hacia 1985: aturdido y mareado con el dengue del muchacho de ciudad.

Eso sí: me reconcilié muy pronto. Tan pronto, pero tan pronto, que inmediatamente empecé a propagar la leyenda bien cierta de que aquel paisaje era el más hermoso del Mediterráneo que yo recordaba haber visto.

De cromatismos bellísimos, Benifato y su entorno tienen, en efecto, contrastes pintorescos, insisto. Pero ese pintoresquismo lo es a la fuerza. Qué remedio.

Sus casas, guarnecidas y encaladas, protegen del frío y de la canícula en un callejero de trazado morisco y cristiano sobre el que se levanta brevemente el campanario. Apenas unos metros de alzada.

Aunque bien mirado, lo de la alzada es una hipérbole: todo el trazado blanco y su entorno verde, amarillo y ocre conservan una uniformidad que relaja la vista y atempera el ánimo.

El vecindario de Benifato es poco frecuentado por los turistas que se agolpan en Benidorm, gentes a las que visito de cuando en cuando para practicar antropología recreativa.

Quiero decir, dos, tres, cuatro o cinco veces al año, aprovechando mis estancias en Benifato, bajo a la playa. Pero no para bañarme o refrescarme, sino para hacer inspección de campo.

Esto es, para examinar el avance del comercio turístico, la urbanización de vértigo y la índole de los visitantes. El asunto me da para un par de horas.

Cuando siento la saturación regreso a la montaña, alejándome a toda leche del pandemónium. Regreso.

Cuando un forastero se adentra a pie por el callejero de Benifato, sus pasos resuenan entre ecos aislados a los que están habituados los naturales.

Algunos te miran con hospitalidad; otros sospechan.

La población de Benifato está enclavada en La Vall de Guadalest, y por ello es vecina de Benimantell, de Beniardà, de El Castell de Guadalest, de L’Abdet, de Confrides.

Todos estos pueblos disfrutan de un aire bien ventilado, de la brisa mediterránea y de la cercanía o vecindad del pantano, el pantano de Guadalest, cuyas riberas húmedas y sombreadas aprovecho para pasear.

El entorno es de ensueño, la gastronomía es superior, abundante y refinada (La Venta de Benifato, Venta La Montaña, etcétera).

Y ahora para acabar permítanme la expresión de un deseo tierno o cursi.

Allí, en Benifato, dentro de un tiempo, quiero que me entierren. Eso sí, no muy hondo, sino superficial. Para así estar bien cerca de los bancales de mi amor, de mis amores.


Fotografías (2020-2022): Andrea Serra
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Fotografía Andrea Serra (2022)
Fotografía Andrea Serra (2020)
Fotografía Andrea Serra (2020)
Fotografía Andrea Serra (2020)
Fotografía Andrea Serra (2020)

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Fotografías (2020-2022), Andrea Serra.

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