Apología de las mujeres

1. La lectora. jeanbaptistecamillecorotfemmelisantFemme Lisant –o, según figura en el registro del Metropolitan Museum of Art de Nueva York, Woman Reading in a Landscape— es una célebre pintura debida a Jean-Baptiste-Camille Corot. Está fechada en 1869. No es el único óleo en que este artista retrata a mujeres lectoras: damas que están leyendo o que acaban de interrumpir la lectura, quizá llevadas por una ensoñación, por los efectos de la página impresa. Hay letras, caracteres y palabras, pero hay imágenes y expectativas que se activan conforme las mujeres se aventuran; o hay decepciones, tal vez la confirmación de una vida monótona, rutinaria… 

jeanbaptistecamillecorotlecturainterrumpidaEchemos un vistazo a la otra reproducción que podemos contemplar aquí mismo. Una dama ha levantado la vista de la página, aunque sigue con el libro en su mano izquierda. Apoya su cabeza en la derecha, con lasitud, con desfallecimiento, sin fijar su mirada algo estrábica. Tal vez reflexiona sobre lo que acaba de leer o quizá se interrumpe al recordar cierta cosa.

Como se sabe, la de la mujer lectora es una tradición pictórica que cobra gran importancia en el siglo XIX. Entre el Setecientos y el Ochocientos crece la lectura femenina: crece por la alfabetización, crece por efecto de la novela sentimental, crece como consecuencia de los relatos familiares. Saber leer es una de las prendas que engalan a la joven prometedora de las familias distinguidas. Pero saber leer es también un modo de adentrarse en lo prohibido. Al decir de Balzac, la vida privada de las naciones queda reflejada en los secretos de alcoba que los novelistas revelarían en sus ficciones. Él, en particular. Hay cotilleo y ganas de saber, la búsqueda de unos modelos de comportamiento y un espejo en el que mirarse. La pose tantas veces representada en el arte, la de la dama con un libro en las manos, es una fórmula expresiva: muestra quietud, introspección, reflexión. Es un acto casi inmóvil, individual, ya silencioso, ese momento en que una mente y unos sentidos se entregan a los poderes de la  imaginación lectora, a la represión de la vida exterior.

Pero volvamos a la primera dama. Sobre el fondo de un paisaje campestre, pantanoso o fluvial, vemos a esa mujer leyendo. Decorosamente sentada, con el ánimo distraído y quizá algo ausente, embebida en esas páginas, rozando su rostro con la mano izquierda o tal vez jugueteando con su pendiente. La vemos sola. No hay nadie, al menos nadie que la rodee. Allá, al fondo, observamos la presencia de una persona que parece subida a un bote, quizá remando. Pero entre ambos no parece haber relación alguna. En todo caso, esa presencia distante acentúa la soledad de la lectora. Ignoramos quién es y qué hace allí. ¿Disfruta de un día de campo, de una expansión festiva? Pero lee…

2. El manifiesto. “Yo quisiera desde lo alto de algún monte donde fuera posible que me oyesen todas darles un consejo. Oíd, mujeres, les diría, no os apoquéis: vuestras almas son iguales a las del sexo que os quiere tiranizar; usad de las luces que el Creador os dio. A vosotras, si queréis, se podrá deber la reforma de las costumbres, que sin vosotras nunca llegará. Respetaos a vosotras mismas y os respetarán; amaos unas a otras; conoced que vuestro verdadero mérito no consiste sólo en una cara bonita, ni en las gracias exteriores siempre poco durables, y que los hombres, luego que ven que os desvanecéis con sus alabanzas, os tienen ya por suyas. Manifestadles que sois amantes de vuestro sexo, que podéis pasar las horas unas con otras en varias ocupaciones y conversaciones sin echarlos de menos, y entonces huirán de vosotras los pisaverdes y los hombres frívolos: ninguno de estos buscará vuestro trato porque perderá la esperanza de engañaros con fingidas adoraciones. Pero los sensatos, los de crianza verdaderamente buena, se hallarán bien en vuestra compañía; os respetarán, os estimarán. Tendréis la gloria de reformar las costumbres haciendo amable la virtud; irá decayendo el lujo; vuestro ejemplo hará moderados a los hombres, vuestros maridos os amarán y apreciarán, vuestros hijos os venerarán, vuestros hermanos se tendrán por dichosos con vuestro trato; viviréis felices cuanto cabe en el mundo, y moriréis con la gloria de dejar una posteridad virtuosa”.

Inés Joyes, 1798.

3. Mónica Bolufer. El 22 de septiembre de 2008 di cuenta de La vida y la escritura en el siglo XVIII (Inés Joyes: Apología de las mujeres), de Mónica Bolufer, y de lo que su autora realizaba. Lo presentaba haciendo comparaciones entre novela y microhistoria: entre una obra de José Carlos Llop , dedicada a César González-Ruano, y ésta, de Mónica Bolufer, dedicada a Inés Joyes. Lo hacía en estos términos. “Esta historiadora ha escrito un volumen inteligente, muy bien documentado por el que habría que felicitarla. Lo dedica a Inés Joyes, una dama burguesa del Setecientos…  Antonio Castillo se nos ha adelantado dando noticia de este libro y contribuyendo a su difusión, que se merece. Habría que felicitar a la autora, me decía. Aunque, ahora que lo pienso, no habría que hacer tal cosa. ¿Por qué deberíamos alabar a quien sigue una norma que es de obligado cumplimiento para todo investigador riguroso? Decía E. H. Carr en ¿Qué es la historia?  que, entre historiadores, la precisión es un deber, no una virtud.

Mónica Bolufer obra como debe: con precisión cuando delimita su objeto, cuando consulta un repertorio documental ingente, cuando escribe un texto depurado y elegante, cuando administra su información con intriga adecuada, con una trama narrativa en forma de pesquisa. No da por obvio al personaje y, por tanto, no sigue  “metodologie che trapassano i testi come un coltello taglia il burro”, por decirlo otra vez con Carlo Ginzburg. Pero su libro es un homenaje a la imaginación, a la obligación de imaginar, de recrear las circunstancias concretas de un personaje: con lo que sabe y con lo que no está documentado, con lo que no puede estarlo. Mónica Bolufer formula numerosas preguntas al archivo (vamos a decirlo así). Se responde con prudencia, con cautela, diciendo: “podemos imaginar”, fórmula expresiva que no le da pie a sobreinterpretaciones incontrolables, sino a conjeturas sensatas. No reproducirá verosímil o probablemente el discurso de un orador, como hiciera Tucídides, pero al igual que él no se niega el atisbo potencial de lo que efectivamente ocurrió.

¿Hay algo que relacione a su personaje, Inés Joyes, con César González-Ruano, el cronista del siglo XX? ¿Obran igual la historiadora y el narrador? Hay proximidades. Al margen de la ficción que los separa, en ambos casos, quienes investigan y escriben –el narrador de Llop y la historiadora Mónica Bolufer– no ocultan sus ignorancias y nos transmiten el progreso de sus respectivas pesquisa. Tenemos el resultado de la investigación como un proceso en el que un yo se ve implicado y desvelado en parte. Con ello se muestran las destrezas y las limitaciones de quienes averiguan y ponen orden en las vidas de otros, siempre remotas, de significado confuso.

“Non bisogna portare la cucina a tavola” ammoniva da qualche parte Lord Acton. Abbiamo cercato de trasgredire il più possibile questo precepto d’etichetta storiografica”, decían Carlo Ginzburg y Adriano Prosperi en Giochi di pazienza. “Anziché un pollo arrosto con contorno di patate fritte il lettore si troverà sul piatto un pollo vivo e starnazzante, provvisto di penne e barbigli; fuor di metafora, non una recicerca rifinita e compiuta ma gli andirivieni della ricerca, le false piste seguite e scartate prima di arrivare al
risultato ritenuto accettabile. Ci auguriamo che tutto ciò no risulti ‘indigesto’…”

Llop y Bolufer, cada uno a su manera, se esfuerzan por llevar “la cucina a tavola”: se esfuerzan por mostrarnos los “andirivieni della ricerca”: unas investigaciones respectivas que deben arrojar luz sobre los actos oscuros de un varón que deja huellas, grafómano y evanescente; o sobre la vida misma, también oscura y no documentable, de una mujer singular y previsible, lectora y escritora”.

Leer completo: aquí.

 4. Fiesta de presentación. Presentación del libro La vida y la escritura en el siglo XVIII (Inés Joyes: Apología de las mujeres), de Mónica Bolufer, lunes 12 de enero, a las 19:30 horas en el Colegio Mayor Rector Peset, de la Universidad de Valencia.

 

monicabolufer

21 comments

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  1. Juan Antonio Millón

    Estimado don Justo, no he podido finalmente asistir a la presentación del libro de Mónica Bolufer que tan interesante se prometía. Tanto el plantel de presentadores como la propia autora son un seguro deleite.
    Le felicito por la lectura -si bien breve- que hace del cuadro de Corot. Pespuntea adecuadamente el comentario, que avanza entre en los supuestos y las sugerencias, y glosa de forma admirable los elementos compositivos. He tenido la impresión de que, en cualquier momento, su comentario iba a devenir relato propio; esto es, de apólogo hacia milesio.
    He recordado con su post el interesante libro de Nora Catelli, Testimonios tangibles. Pasión y extinción de la lectura en la narrativa moderna, dedicado al análisis de la representación de la lectura en diversas obras narrativas de los siglos XIX y XX. En su Introducción la autora cita un texto del siglo XVIII en el que se lee: “En París lee todo el mundo. Todos -pero sobre todo las mujeres- van con un libro en el bolsillo. Se lee en el coche, en el paseo, en los descansos del teatro, en el café, en el baño. En los comercios leen las mujeres, los niños, los empleados, los aprendices” (R. Wittmann, en “Una “rivoluzione della cultura alla fine del XVIII secolo”?”, en G. Cavallo y R. Chartier (eds.), Storia della lettura nel mondo occidentale. 1995). Catelli, ve una exageración en éste, como en otros comentarios de tal calibre, teniendo en cuenta las cifras de alfabetización y otros datos; y nos dice: “Ver a una mujer leyendo suponía imaginarlas a todas en ella: lectoras, escritoras, suscriptoras, consumidoras de folletines y de buena literatura, de revistas de moda, publicaciones periódicas y religiosas. De hecho, no sólo suponía ver a todas las mujeres en una mujer, sino que implicaba ver todas las lecturas -todos los tipos de lectura- en un solo acto de leer”.
    Me ha interesado mucho del fragmento que ha expuesto de Inés Joyes, la siguiente línea:”A vosotras, si queréis, se podrá deber la reforma de las costumbres, que sin vosotras nunca llegará”. Ver el gran proyecto ilustrado, no sólo en letra de mujer, sino, sobre todo, en la valiente y certera exposición de la exigencia de la participación de la mujer para el cabal cumplimiento de dicha reforma. Un feminismo desde el proyecto ilustrado, desde la idea de progreso humano, me parece de lo más lúcido.
    Para quien esté interesado en la escritura femenina, les quisiera recomendar un artículo que ha salido en el último número de la revista Lazarillo (nº 20)de Francisca Sánchez Pinilla, titulado “El regreso de las hadas o el primer sueño de María Teresa León”, donde se analiza la obra de 1928 de Mª Teresa León, Cuentos para soñar, proponiendo un estudio de la narrativa infantil y juvenil de las mujeres en las dos primeras décadas del siglo XX: “…(esta narrativa infantil) propuso la afirmación del género y la consolidación de una gestación literaria independiente y dignificada, alejada del discurso moralista decimonónico. Una literatura impregnada en ocasiones del devenir de la Vanguardia Artística y que, frente a otros géneros, no cuestionaba la madurez de la escritura femenina en la configuración del corpus literario”.

  2. Paco Fuster

    Yo tampoco he podido asistir a la presentación. Por el tema del libro y por la relación que me une con algunos de los presentadores me habría gustado pero no he podido.

    Sin haber podido leer el libro, no puedo opinar grandes cosas. El título me parece mejorable. La vida y la escritura es algo tan amplio que no dice nada. Yo hubiera invertido el subtítulo y el título. Lo importante del libro, creo, es el estudio sobre la “Apología de las mujeres”, la obra de Inés Joyes. Si no me equivoco, Mónica Bolufer hace una edición crítica (vi el índice y no recuerdo ahora si es edición crítica o solamente edición por primera vez) de un texto importante y muy poco conocido.

    El fragmento del discurso reproducido, me recuerda mucho a algun texto de María Lejárraga, más por el tono, obviamente, que por el tema y el contexto. En el siglo XVIII español hay algunos textos muy buenos sobre la situación social de la mujer. Una de las personas presentes esta tarde en la presentación, Isabel Morant, me descubrió en su día el mejor texto que he leído sobre el tema de la historia de la mujer y el feminismo (“avant la lettre” en este caso) y quizá, uno de los mejores que he leído durante la carrera. Es un dicurso de Feijoo titulado “Defensa de las mujeres” (1726) incluido en “Teatro Crítico Universal”. Yo recomiendo su lectura. A mi me parece extraordinaria la argumentación de Feijoo sobre la mujer:

    http://www.filosofia.org/bjf/bjft116.htm

    Es largo para leer en pantalla, pero vale mucho la pena imprimirlo. Son unas doce o trece páginas.

  3. jserna

    Gracias, Juan Antonio, por sus palabras. Eso que intento hacer con ambas imágenes es algo bien sencillo, que aquí hemos intentado otras veces con fotografías actuales: una operación que tiene, usted lo sabe, una larga tradición. Es la écfrasis, la representación verbal de un objeto visual ya representado en el arte. Perdón por el palabro.

    Paco, el volumen de Mónica Bolufer es un espléndido libro de historia cultural. Hay pocos peros que se le puedan poner. Como le dije personalmente a la autora, un título largo es, sin duda, algo que conspira contra el propio volumen: resulta difícil retener los contenidos. Si Mónica Bolufer hubiera adoptado un título corto, el resultado sería más agradecido editorialmente. Pero, al ser la biografía potencial de Inés Joyes, la imagen vendría fijada desde la cubierta: el lector sabría de antemano qué personajes es ése… Fíjese qué casualidad: la opción que usted plantea se la planteé yo mismo a Mónica: ‘Apología de las mujeres. Inés Joyes, la vida y la escritura en el Setecientos’. Por otra parte, la autora rastrea la vida y la escueta obra de Inés Joyes, en cuya ‘Apologia de las mujeres’ (1798) hay resonancias de Feijoo, cierto, y de otras autoras del momento: Mary Wollstonecraft, entre otras.

  4. Paco Fuster

    Lo de intercambiar título y subtítulo hubiera sido lo más lógico. Hay librerías que ne sus catálogos de Internet no ponen el subtítulo. Ejemplo: “Agapea” que es una librería virtual -tipo “Amazon”- de las que más vende, el libro de Mónica Bolufer lo indexa por el título:
    http://www.agapea.com/libros/La-vida-y-la-escritura-en-el-siglo-XVIII-isbn-8437069157-i.htm

    Está claro que uno normalmente ya busca el libro, pero si introduce por curiosidad el nombre de Joyes o de su obra, no los va a encontrara. En cambio, con ese título, nadie imaginaría el contenido. La vida y la escritura es algo muy amplio. Yo hubiera puesto la escritura femenina o de las mujeres. Además, si es más o menos una biografia, yo la hubiera publicado -esto va por PUV- en una colección de biografía, aunque imagino que el libro rebasa la biografía y toca otros temas. Una biografia de Inés Joyes -ya no te digo si la publicara una editorial comercial- tiene mucho más tirón que una monografia universitaria.

    Pero bueno, al margen de eso, no tengo ninguna duda de que el libro, si lo dice Justo, será extraordinario. Yo he leído las explicaciones previas al texto (no recuerdo si venían en un prológo o nota) y Bolufer explicaba el trabajo de investigación del libro y las visitas que había hecho a los archivos. Por esa parte, no creo que tenga pega alguna.

    Sí me parece, y debo decirlo, que el libro es bastante caro (22 euros). Ya sé que la autora no tiene nada que ver con eso, pero la gente de PUV hay veces que se pasa un poco. Como está la economía (ayer viví un intenso debate en mi peluquería sobre el tema), pedirle a alguien que se gaste ese dinero en un libro me parece exagerado. Eso también deberían de mirarlo un poco. Sé que los estudiantes tenemos descuento en PUV, lo sé, pero me pongo en lugar de gente -ajena a la UV- que fuera ayer a la presentación y le costara ese dinero.

    Aún así, espero que ayer se vendieran libros y que la presentación fuera un éxito.

  5. Alejandro Lillo

    La cita de Inés Joyes proviniente del último párrafo de su “Apología de las mujeres” me ha impresionado mucho. Sólo por ese párrafo merece la pena adentrarse en el estudio de esa mujer que se vislumbra fascinante y desconocida, como las damas del cuadro de Corot.

    Paco gracias por el enlace, prometo leer a Feijoo. Lamento no haber popido intervenir en el debate sobre el señor Aznar, aunque poco más hubiera podido aportar a sus como siempre más que interesantes intervenciones (señor Millón, usted me perdonará no haberle podido contestar directamente, no lo tome como una desconsideración hacia su persona, ciertas obligaciones focalizarán mi atención durante algunos días más). Saludos.

  6. jserna

    He visto sólo ahora que el post tenía una presentación errónea. Bueno, ya se ha arreglado lo que podía arreglarse.

  7. Juan Antonio Millón

    Después de leer gustosamente el extraordinario texto de Feijoo, que tan afortunadamente nos recomendó don Paco Fuster, resalto la argumentación del benedictino contra la idea de Malebranche, por la cual éste establecía la mayor molicie o blandura de las fibras del cerebro de las mujeres. Cito parte del párrafo 103: “…así digo, que ni el P. Malebranche, ni otro alguno hasta ahora, supo el puntual uso, o específico manejo, conque sirven los órganos de la cabeza a las facultades del alma. No sabemos hasta ahora cómo el fuego quema, o cómo la nieve enfría, siendo cosas que se presentan a la vista, y al tacto, y quiere el P. Malebranche, con los demás Cartesianos, persuadirnos que han registrado cuanto pasa en el más recóndito gabinete de la alma racional… Todos vamos a ciegas, y el más ciego de todos es aquel que piensa que ve las cosas con toda claridad”. Sensacional espíritu crítico.

    Siguiendo con la propuesta de don Justo de la lectura del cuadro de Corot, que nos muestra, especularmente, una lectura; quisiera traer aquí un texto de Virginia Wolf, que encontramos en su ensayo “Reading”, que añade espesura por su fuerza metonímica: “Pero nada me distraía del libro…De una u otra manera el libro se sostenía como si se apoyara en los setos y el azul lejano; me parecía, en lugar de un libro, algo que no estaba impreso ni encuadernado, ni cosido sino que era producto de los árboles, de las colinas, del caliente día de verano, como el aire que flota, en las mañanas claras, alrededor de las cosas”. Paisaje..extrañeza de la imagen y definición que nos deja en suspenso: el libro como el aire que envuelve las cosas. Cómo no recordar aquellas palabras de Ricoeur: “modos de habitar el mundo proyectado fuera de sí mismo por el texto”.

  8. Paco Fuster

    Sr. Millón, el texto de Feijoo que enlacé (por cierto está editado en Icaria, 1997) es, si no me olvido de algun otro, el mejor que he leído durante toda la carrera, al menos de los que leí para hacer algún trabajo. Para la gente que nos gusta la historia de las mujeres o la literatura feminista, es un texto sencillamente excepcional e incomparable. Debería ser de lectura obligada para la carrera de Historia, como un ejemplo de argumentación ejemplar y como ejemplo de como un hombre solo es capaz de rebatir todos los argumentos que se han dado a lo largo de la historia para justificar la inferioridad de la mujer respecto al hombre. Además, está escrito con un estilo y una prosa que hoy es difícil encontrar. Me alegro de que a alguien de este blog le guste y le sirva.

  9. Isabel Zarzuela

    Pude asistir, con mucho gusto, a la presentación del libro de Doña Mónica Bolufer. Después de escuchar a Isabel Morant, a Justo Serna, a Isabel Burdiel , y cómo no, a la propia autora, no dudé, tras sus sugestivas palabras, en adquirir un ejemplar.
    Sí. Parece un libro delicioso, y magníficamente escrito, como apuntó Don Justo.
    No conocía a Inés Joyes, pero les puedo asegurar que desde ayer, siento una gran atracción por su vida y obra.

    Y ya puestos a traer textos (espectaculares como el manifiesto de Joyes), ahí va eso:

    “Estando dispuesto, si es que tengo la dicha de obtener su consentimiento, a entrar en relación de matrimonio con la única mujer de las que he conocido con la que habría estado en este estado; y siendo todo el carácter de la relación matrimonial, según la establece la ley, tal, que tanto ella como yo desaprobamos entera y conscientemente, entre otras razones porque confiere a una de las dos partes del contrato poder y control legales sobre la persona, propiedad y libertad de acción de la otra parte, independientemente de su propio deseo y voluntad; yo, no teniendo ningún medio de desposeerme legalmente de estos odiosos poderes (como con toda seguridad lo haría si se pudiera hacer un tal compromiso de manera que legalmente me obligara), siento que es mi deber expresar por escrito una protesta formal contra la actual ley del matrimonio, en la medida que confiere tales poderes, y una promesa solemne de no hacer nunca uso de ellos en ningún caso y bajo ninguna circunstancia. Y en caso de matrimonio entre la señora Taylor y yo, declaro que es mi voluntad e intención, y la condición del compromiso entre nosotros, que ella retenga en todos los aspectos la misma libertad absoluta de acción y de disponer de sí misma y de todo lo que le pertenece o le pueda jamás pertenecer, como si ese matrimonio no hubiera tenido lugar; y absolutamente niego y rechazo toda pretensión de haber adquirido el más mínimo derecho en virtud de tal matrimonio”.

    6 de marzo de 1851
    J. Stuart Mill

    (Manifiesto escrito un mes antes de contraer matrimonio con Harriet Taylor)

  10. Juan Antonio Millón

    Como soy un neófito en esto de los blogs, me pregunto si comentar algo fuera de lo expuesto en el post es del todo inconveniente o no. Les digo esto porque acabo de leer la prensa, no he podido hacerlo hasta ahora, y leo, atónito, el e-mail que el juez Rafael Tirado ha escrito a sus compañeros, en el que dice: “¡A la huelga!, todos, sin miedo, sin odio, sin rencor”. Aunque uno anda ya curado de espanto, no deja de sorprenderse cuando se le representa lo que puede pasar por la mente de ciertos individuos. ¿Qué odio o rencor puede albergar el juez Tirado? ¿Hacia quién? Lo del miedo lo entiendo, pero las otras pasiones, me abruma verlas en quien acumula tanto poder y sale prácticamente ileso de la falta que cometió. ¿Puede tanto la soberbia? Un caso más en la historia, ya tan dilatada, de la infamia.

  11. Marisa Bou

    Señor Millón: me tomo la libertad de contestarle, aunque en último término es el señor Serna quien debe decidir sobre las normas de utilización de este blog, que tan exquisitamente dirige, porque en el tiempo que llevo interviniendo he podido comprobar que -lá mayoría de las veces- Justo nos permite amablemente abandonar el tema propuesto.

    Y en este caso, el que usted introduce merece toda nuestra atención. Me parece abominable que un señor que ha hecho tan mal uso del poder que la sociedad le ha otorgado, se permita amenazarnos con una huelga a todas luces ilegal, incitando de paso a sus compañeros de profesión a actuar contra el sentido común.

    No sólo intenta sentar el mal precedente de la primera huelga de jueces de la historia, sino que además lo hace en el momento en que el resto de los ciudadanos tenemos que hacer un gran esfuerzo de austeridad para salir de la crisis económica que nos agobia.

    Y si fuera el caso que la justicia estuviera funcionando con total fluidez, procurando el bienestar social a los ciudadanos para los que se supone que trabajan; y si además fuera el caso que los jueces estuvieran mal pagados, sería de razón que pidieran ver suficientemente compensados sus esfuerzos.

    En mi opinión, esto no es exactamente así. Y por si fuera poco, este señor habla de miedo, odio y rencor. Miedo el que tengo yo a tener que pasar (no lo quieran los dioses) por las manos de estos “impartidores de justicia”. Odio y rencor, seguramente serán los que siente él porque se han atrevido a ponerle una ridícula multa por una falta muy grave.

    Isabel, me ha encantado el manifiesto de J. Stuart Mills. A muchas nujeres nos habría venido muy bien que se hubiera firmado algo así justo antes de sus (malas) bodas.

  12. jserna

    Sr. Millón, por supuesto que usted puede proponer y cambiar el tema que en un momento determinado estemos debatiendo en el blog. Lo puede hacer porque es libre de expresar sus opiniones y los lectores de seguirle o no. Como me sucede a mí. Como bien dice usted, resulta extraño oír o leer proclamas de huelgas por la boca o por la pluma de gentes y grupos que acumulan gran poder, poder decisorio, un poder que, finalmente, intimida a terceros. Sólo falta que añadan: “A las barricadas, a las barricadas…”

    Que, por ejemplo, los pilotos de avión se pongan en huelga o que los controladores hagan lo mismo planteándolo como medida de fuerza contra otro poder incomoda o atemoriza al espectador, el ciudadano, el consumidor: nos vemos como peleles frente a esa ostentación de potencia, en el sentido clásico de la expresión. Resulta archiconocido, pero hay que decirlo: la huelga fue un invento de los trabajadores contra sus superiores, contra los amos de las fábricas.

    ¿Potencia, decía? En contextos difíciles (¿cuáles no lo son), textos como los de Inés Joyes, o Feijoo o Stuart Mill o Virginia Woolf nos ayudan a pensar razonada y racionalmente, con la sutileza de quienes se saben limitados, válidos y valerosos.

  13. David P.Montesinos

    Siento enorme respeto por la profesión de Juez. Creo que es bueno decirlo porque a veces partimos de aprioris francamente peligrosos, tan peligrosos como cuando se habla de los funcionarios, de los médicos, de los maestros…Hay cierta tendencia a pensar que un colectivo es culpable por puro pecado original, de tal manera que un juez siempre será un reaccionario, ganará mucho dinero y pronunciará condenas terribles sin pestañear… de igual manera que un funcionario siempre es un vago y que los médicos son todos tan impresentables como House pero además menos eficaces. Los jueces, en concreto,tienen fuertes tiras y aflojas con el poder político con frecuencia. Les aseguro -y lo he vivido en mis carnes, vaya si lo he vivido- que a veces tienen razón y que la judicatura constituye un contrapeso -en la medida en que se garantice su independencia, no olvidar a Montesquieu- necesario en democracia para sustentar la lógica de los derechos civiles. A veces se dice que una persona que es objeto de abuso por parte de la administración debe acudir a los sindicatos o a la prensa y no “judicializar” determinados conflictos, como si ya de entrada acudir a un juez para reclamar ciertos derechos fuera en sí una traición a no sé muy bien qué. Algunos jueces son verdaderos héroes de la lucha democrática. Creo que que debemos difuminar el primer plano del problema del Juez Tirado o el segundo del malestar que al gremio de togados le causan los gobiernos socialistas, y acudir al transfondo del malestar que los jueces tienen en España. ¿Problema gremial? Sí, creo que sí, y por eso y porque la huelga de jueces no me parece institucionalizable -ellos deberían ser los primeros en saberlo- no voy a ponerme de su lado en este punto. Pero creo que si la Justicia va mal -y ser lenta es “ir mal”- no es por culpa de los jueces, sino porque las administraciones no saben encontrar la manera de optimizar su rendimiento. Si los funcionarios de Justicia tuvieran la capacidad que tienen los jueces para presionar sobre la sociedad, nos daríamos cuenta de hasta qué punto trabajan en condiciones totalmente inconvenientes.

    El caso de los pilotos me parece más simple. Los pilotos de Iberia se dedican al chantaje simplemente porque “pueden”, es decir, juegan con el miedo que les tenemos porque nuestra seguridad está en sus manos, les va bien con su sindicato de clase y atornillan una y otra vez a la empresa para conseguir más privilegios, más dinero, mejores horarios… Incluso son capaces de tramar una huelga no declarada poniéndose de baja a la vez el viernes. Sospecho además que tras la reivindicación de más pilotos no solo hay una demanda de menor saturación laboral. Lo que hay también es la intención de controlar los caminos de acceso a la profesión a través de las escuelas de formación: “money, money, money”. No creo que estemos muy lejos de algunas situaciones similares que vienen viviéndose desde hace años en el metro de valencia. Las famosas huelgas cíclicas -con la mamarrachada esa de las tres cuartas partes de frecuencia- me han hecho la vida más difícil a mí y a mi familia desde hace años. Ahora por fortuna han cesado, pero tranquilos ya volverán, y volverán para quedarse y fastidiarnos a todos. Sí ya lo sé, “señor Montesinos, nuestra intención no es fastidiar”, pero parece importarles mucho fastidiarnos. Algún día estaría bien que explicaran sus razones. Mientras tanto, a quien más jodidos veo es a los que limpian las estaciones y los aeropuertos, a las azafatas… Vayan ustedes alguna vez a preguntar a pilotos y conductores, a mí nunca me contestan.

  14. jserna

    Suscribo de principio a fin lo dicho por David P. Montesinos. Con una salvedad: respeto igualmente la profesión de piloto o de controlador. Faltaría más… El juez es un poder del Estado y sirve de contrapeso, como sabemos desde Locke y Montesquieu. Pero la de piloto es una profesión ancilar, un arte habilidoso o un ciencia misteriosa, un servicio prestado por un perito en cuyas manos no ponemos. ¿En cuyas manos nos ponemos? ¿En cuáles? ¿En las de Dédalo o en las de Ícaro? En los próximos días he de volar. Uf.

  15. David P.Montesinos

    Claro, y yo también respeto a pilotos y controladores, aunque no hayamos de basarnos en Montesquieu para ello, como usted apunta. Hay algo sin embargo en algunas de las conductas gremiales de élite a las que se han acostumbrado algunas de estas profesiones que genera un estilo de indefensión intolerable para el ciudadano. Es cierto que un grupo de mineros ponen barricadas y paralizan una autovía, nos fastidiamos. Pero creo que los pilotos juegan con la idea de nuestro miedo. Obtienen con tanta facilidad el éxito en sus reivindicaciones, que sospecho que se les terminan concediendo cosas a cuyo lado, quienes se dedican a empresas tan nobles como limpiar aeropuertos, parecen siervos de la gleba, dependientes de subcontratas impresentables y “protegidos” por derechos irrisorios. Lo que a veces se nos olvida es el daño que pueden hacer los servicios de limpieza con la huelga. Pero claro, al que limpia siempre le podemos encontrar recambio. Lo que me pregunto es por qué los cirujanos no juegan con este tipo de miedos, y podrían hacerlo igualmente, con resultados por cierto terroríficos. ¿No será que el gremio de pilotos no asume ningún tipo de deontología ni vocación de servicio público? ¿No será que su único leit motiv es la codicia? Insisto, no lo sabremos nunca, porque nunca se explican… al final la culpable siempre es la ministra.Yo les sugiero que vayan ustedes a preguntarles cuando los vean deambulando por el aeropuerto: “oiga, ¿me explica usted el porque de su malestar, señor piloto?” Y cuando se lo expliquen, compare usted el sueldo con el suyo, la estabilidad laboral, los incentivos… El problema es que no se lo van a explicar.

  16. jserna

    “Oiga, ¿me explica usted el porqué de su malestar, señor piloto?”, imagina David.

    ‘El malestar en la altura’, de Floid. El malestar en las alturas.

    Me pongo en manos de un cirujano y, salvo que se me manifieste con humanidad y modestia, tengo la impresión de ser un tipo desvalido. La cosa se agrava si estoy consciente. En pleno vuelo, uno se deja llevar, gozosamente irresponsable e ignorante.

  17. Juan Antonio Millón

    Lo que les planteé como sorpresa en mi anterior intervención se circunscribía a la persona del juez Tirado. Su e-mail publicado, que exponía, sin intermediarios, el pensamiento o sentimiento del propio personaje -aunque éstos fuesen puntuales no por ello dejan de ser significativos-, del que hasta ahora sólo teníamos información de terceros, especulación o breves interveciones medidas del mismo. Lo espeluznante, al menos para mí, es saber que mientras esperábamos que este Juez se encontrase amedrentado, apesadumbrado por toda la carga de responsabilidad, por el juicio popular y el político, él apareciese envalentonado, hablando de “odio” y “rencor”. ¿Qué mecanismos de regulación, control y correción democráticos pueden evitar este tipo de comportamiento? Apelar a la ética no se ha mostrado efectivo para personajes como éste, y los mecanismos que tenemos se muestran no sólo insuficientes, sino contraproducentes, por lo visto. Un juez no puede amenazar, ya que, con ello, toda la justicia se ve comprometida

  18. David P.Montesinos

    Pero es que todo el lío que se está montando se produce precisamente -aunque solo haya sido el detonante- porque un juez ha sido sancionado por su negligencia. Ello demuestra dos cosas: una, que hay comportamientos de tinte gremialista en la judicatura y dos, que los jueces sí están sujetos, a deontología profesional y que su falta de aptitud o de ética profesional no es impune, como no lo es la de los médicos, no la es lo de los profesores. No intento exhibir una ingenua fe en el funcionamiento del sistema, pero creo que el principio supremo del imperio de la ley vale para todos, o al menos tenemos la posibilidad de hacer que lo sea. Cuando un juez retrasa, y este es un caso que se ha dado, malintencionadamente un proceso de adopción para una pareja de lesbianas, sabe que corre el riesgo de ser sancionado. Yo no creo que puedan hacer lo que les dé la gana, aunque el camino que tenemos por delante es espantosamente largo. La democracia se ha de abrir camino poco a poco y a duras penas, lo sé de sobra.

    Hablando del tema gay, y si aceptan un consejo. Imprescindible el visionado de “Mi nombre es Harvey Milk”. La película es razonablemente buena, el personaje merece largamente ser glosado. Tremendo su final, por cierto, parece pensado por un guionista de cine, y el caso que ocurrió de verdad. No se la pierdan.

  19. marpop

    Saludos POP, he vuelto! a mi las imágenes en cuestión me recuerdan a una Madame Bovary que languidece y se ruboriza a partes iguales con sus novelas sentimentales (toma pareado, jajaja), supongo que el mundo editorial de entonces querrían captar su atención de alguna manera…
    No recuerdo dónde leí que muchas de estas mujeres, antes las malas condiciones higiénicas y la elevada mortandad de las mujeres durante el parto, se enfrascaban en lecturas religiosas que les hicieran más llevadero el trance.
    En fin, boa noite ao mundo tudo!

  20. jserna

    Sr. Millón, lo que nos dice expresamente de los jueces la verdad es que da pánico. De la justicia no queremos acordarnos hasta que tropezamos con el mecanismo y su funcionamiento. Entonces vemos la fragilidad de todo. No quiero pensar, no.

    Aunque para fragilidad, el caso humano de la película que nos recomienda David P. Montesinos: ‘Mi nombre es Harvey Milk’. “La película es razonablemente buena”. ¿Qué querrá decir?

    ¡Saludos, Marpop!

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