La mentira fascista

Hace un siglo, en marzo de 1919, Benito Mussolini funda el primer Fascio di Combattimento, el germen de lo que después será el Partito Nazionale Fascista.

Sobre la ideología y el movimiento de Mussolini me gusta leer con asiduidad, refrescando conocimientos y adquiriendo otros nuevos. ¿Acaso por la actualidad del fascismo? Más que el propio fascismo, son actuales parte de sus mecanismos de funcionamiento, de manipulación y de exclusión de la realidad.

El fascismo como ideología y corriente es un dato del pasado, es un fenómeno histórico propiamente. Digamos lo archisabido: es un movimiento político que triunfa en 1922, con la Marcha sobre Roma, con el ascenso de Mussolini al poder y con la conversión del régimen liberal-representativo en una dictadura. O mejor: más que con la conversión, con la destrucción del sistema democrático.

Entre mis últimas lecturas está El fascismo como régimen de la mentira (2019), de Piero Calamandrei. El sello español que lo ha publicado, Tirant Humanidades, lo ha hecho recientemente y gracias a ello apreciamos la oportunidad de este volumen. En realidad, el original data de 1944. Propiamente no es una novedad.

Su autor, catedrático de Derecho Procesal de la Universidad de Florencia, fallece en 1956. Pero el texto –ahora editado en español– es una herramienta muy útil y, en cierto sentido, nueva: ayuda a entender mejor y con precisión quirúrgica qué es lo más detestable del fascismo.

¿Acaso su condición de dictadura o tiranía? Sin duda, eso lo hace repudiable. Pero la tiranía que se establece a partir de 1922 tiene algo completamente nuevo.

Antes de responder con Calamandrei, permítaseme decir que es un gozo recuperar esta obra. Es una modesta y una gran lección de historia.

Digo modesta porque el subtexto o trasfondo de este ensayo es una experiencia personal. Podríamos leer en clave el volumen como una autobiografía implícita, la del honrado profesor de Derecho que ha vivido y ha padecido la experiencia del fascismo.

“Este libro”, dice Jacobo Barja de Quiroga en la introducción, “no es un libro de memorias, pero es un libro de quien tiene memoria”.

Quien lo escribe, en efecto, ha combatido el régimen musoliniano, principalmente como miembro de Giustizia e Libertà, y sabe lo que significa la destrucción de la moral pública, el aplastamiento de las normas de convivencia y el cese de la deliberación: propiamente del multipartidismo y el Parlamento.

Pero El fascismo como régimen de la mentira es a la vez una gran enseñanza de historia. Modesta y urgente reflexión y, al tiempo, una provechosa lección. ¿Por qué?

Porque su autor nos detalla con fidelidad y finura la naturaleza del régimen musoliniano, los instrumentos de que se valió para reprimir y contener toda forma de oposición, toda forma de disentimiento, toda forma de respuesta democrática a la dictadura fascista.

¿Y qué instrumentos son ésos? Un Estado totalitario de partido único bajo el liderazgo incuestionable del Duce y un organismo público en revolución permanente, en supuesta revolución permanente, para así forzar la adhesión activa o pasiva de la ciudadanía convertida en masa.

“Éste es el totalitarismo: un enorme bloque de acero desmesurado donde todos los ciudadanos al fin se encuentran fusionados, emulsionados, amalgamados”. Felizmente, ese objetivo no pudo cumplirse por entero…

Pero hay más, mucho más, añade Calamandrei.

Su descripción (la escritura del original, vaya) es contemporánea al declive del régimen. Por tanto podríamos decir que se redacta cuando el fascismo está ya en bancarrota, prácticamente derrotado, justo cuando una parte de Italia está ocupada por los nazis y por su gobierno títere.

La cercanía no impide a Calamanadrei ser preciso, minucioso y acertado. El autor es un hombre de leyes, un procesalista atento al rigor de la ley, de su aplicación, de su interpretación. Por supuesto, lo que Calamandrei deplora especialmente es la destrucción del Estado de Derecho.

En esto, los escritos de Calamandrei me recuerdan lo dicho por Sebastian Haffner en Historia de un alemán. Memorias: 1914-1939. El principal y primer reproche que ambos hacen al fascismo y al nazismo es ése: la destrucción del principio de legalidad.

Calamandrei lo escribe con la habilidad estilística del procesalista. Haffner lo detalla bajo la forma de unas memorias: el alemán está al comienzo del Tercer Reich, el orden se hunde, la civilización se pierde.

Él decide no ser partícipe de la barbarie, que empieza con la destrucción del Estado de Derecho. Con entereza y coraje, Haffner huye a Inglaterra, abandonando patria y querencias.

Por su parte, Calamandrei, también con valentía, decide permanecer en Italia, luchando en favor del Estado de Derecho y combatiendo a Mussolini, su régimen y sus secuelas.

Vivirá con valentía ese periodo aciago, el llamado ventennio fascista, 1925-1945: 1925, cuando todos los partidos son prohibidos, con excepción del Partito Nazionale Fascista, y 1945, cuando se produce la disolución de la República Social Italiana.

Calamandrei nos precisa y nos detalla los mecanismos a partir de los cuales el régimen se constituye en dictadura y por tanto destruye el principio de legalidad. ¿Hemos de concluir que el régimen mussoliniano fue sin más un régimen basado en la ilegalidad?

“En verdad en el régimen fascista existió algo más profundo, más complicado, más turbio que la ilegalidad: hubo la simulación de la legalidad, la estafa a la legalidad organizada legalmente”.

Y sigue: “En un régimen semejante hay que considerar las instituciones no por lo que declaran las leyes, sino por lo que se insinúa entre sus líneas”.

Y prosigue: “las palabras además ya no tienen la significación registrada en el diccionario, sino un significado diferente y muchas veces opuesto al usual, comprensible solo por las personas enteradas. La característica que sintetiza las extrañas calidades de este régimen es la doblez: en el sentido verdadero y metafórico de la palabra”.

De hecho, podría añadirse, el sistema fascista es resultado de dos ordenamientos judiciales entreverados: el oficial, equivalente al legal y el extraoficial que, según indica Calamandrei, “se concreta en una práctica política contraria, por sistema, a las leyes”.

Por ello, lo significativo del fascismo es la mentira política. “La mentira política, que puede producirse en todos los regímenes (…), aquí ha sido asumida por sistema, desde el principio, como herramienta normal y fisiológica del gobierno”.

La actualidad de este libro es incuestionable y su lectura, saludable. Nos ayuda a captar los mecanismos públicos de la mentira política. Nos ayuda a ver que la tiranía comienza con la destrucción del lenguaje, con su sustitución por una neolengua en la que los significados de las palabras están alterados, siendo incluso los opuestos.

En su libro, Calamandrei detalla las formas elementales del totalitarismo, la manipulación de masas, la formación o recreación de un consenso activo o pasivo que moldea las conciencias y las conductas.

Calamandrei nos habla del reaccionarismo que se funda en una revolución alegal, paralegal y, a la postre, ilegal, una revolución que se basa en la monarquía y en la anuencia del rey.

Podemos parafrasear al autor, ya republicano y uno de los padres de la nueva Constitución, para acabar diciendo: la historia juzgará y aclarará en quién o quiénes recaen las mayores responsabilidades políticas de esos veinte años, si en el jefe del Estado o el jefe del Gobierno.

“Y no podrá olvidar que si el segundo [Mussolini], cuando empezó su carrera para conseguir el poder, donde se mantuvo agarrado con violencia durante veinte años, no estaba vinculado a ningún juramento, en cambio el primero [Vittorio Emanuele III] cuando ascendió al trono, juró solemnemente”.

¿Qué juró? Que cumpliría con con lealtad aquel pacto constitucional, estatutario, de libertades “que durante los veinte años del fascismo rompió miserablemente”.

https://www.tirant.com/editorial/autorList/piero-calamandrei-32845

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