The Beatles. La cara y el espejo

Uno. De esto hace ya unos años, pero lo recupero ahora por azar. Algo me lo ha recordado…

Me entero por mi señor hijo –decía yo en 2014– de que hay una carátula de un disco de The Beatles realmente bizarra. ¿Es un fake?

La información procede del blog Strambotic, del diario Público, en concreto nos la proporciona Iñaki Berazaluce.

Como portada falsa o verdadera nos deja mal cuerpo. Muy mal cuerpo. ¿Era preciso cometer tamaña tropelía?

El artista que los pintó no lo hizo de cualquier manera. Se esforzó, se esmeró y sobre todo esperó sacarlos favorecidos. ¿Que cómo lo sé?

Por el manierismo de la pincelada, por el cuidado en reproducir todos los detalles. Vamos a imaginarlos posando (que ya sé que no fue así).

Tres de los cuatro sonríen. Es decir, parecen contentarse con el retrato que les están sacando. Como si quisieran acercarse a la cultura asiática que los acoge.

El cuarto Beatle, John, parece desconcertado. Se le ve incómodo. Mira con sus ojos rasgados sin manifestar expresión alguna.

Esos ojos rasgados me recuerdan el maquillaje que se les ponía a los actores occidentales cuando debían encarnar a un oriental: Fu Manchu, por ejemplo. A Christopher Lee debían cargarle los párpados superiores para tener un rostro verosímilmente chino.

Ay, señor, que hazaña del maquillaje o del trucaje. Qué habilidad pintora y qué ideas tan nocivas, tan bizarras.

Dos. Si quieres acercar un grupo, un cantante, una banda a su público, incluso a su nuevo público, no debes forzar la empatía hasta esos extremos.

Si quieres que tus audiencias se incrementen, no debes mimetizarte, como aquel personaje de Woody Allen, cuyo aspecto físico se adaptaba a los rasgos de su interlocutor.

El público pide tu originalidad, tu particuaridad. Los oyentes, los seguidores, esperan hallar al artista que ellos cercana o lejanamente conocían.

Si les obligas a ser como tú, entonces pierden lozanía y se convierten en una expresión monstruosa de tus apetencias.

Hay públicos que quieren transformar a los cantantes hasta hacer de ellos un reflejo de sí mismos.

Cuando eso ocurre, la banda da miedo y asco. Como digo, tres de ellos sonríen y el cuarto parece mostrar su incomodidad.

Que no nos pase.

Pasó.

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