Maldito parné

Conviene preguntarse si los expertos deben cobrar. Julián Casanova tiene escritos de enjundia y sarcasmo sobre este tema material.

Vayamos a ello y preguntémonos si los especialistas deben cobrar cuando son requeridos por los medios de comunicación para sentar cátedra.

O si deben cobrar cuando son reclamados por las instituciones públicas (y privadas) para dictar una conferencia.

No pagar al experto convocado cuando los medios y las instituciones operan con ingresos y gastos me parece propio de caraduras. Me parece que forma parte de la picaresca nacional, local o autonómica.

En radios y televisiones es muy habitual que estas cosas ocurran. Les pondré un ejemplo pasado. Lo pongo pasado con la esperanza de que se hayan redimido.

Cuando existía Canal 9, un centro de operaciones estratégicas del PP, su escudo antimisiles frente a la realidad, pasaban cosas.

Dicho en otros términos: había acontecimientos en el mundo. Qué remedio, no había manera de que ese mundo estuviera quieto. Y la tele y la radio debían estar allí.

Entonces, cuando algo grave o inexplicable sucedía o cuando algo se conmemoraba llamaban al experto.

En nuestro caso llamaban habitualmente al Departamento de Historia Contemporánea de Valencia para que mandáramos a un especialista.

Especialistas en Lee Harvey Oswald, en Lenin, en Pepe Stalin, en la China popular, en Erich Honecker, en Charles Manson, en Rita Pavone, en Andropov.

Expertos en las previsiones mundiales para el próximo siglo, en la historia de España desde Atapuerca, en Juan Carlos I, en Viriato y, finalmente, en José Solís Ruiz.

Ciertos compañeros, bien formados, bien preparados, acudían a los espacios televisivos, algunos de ellos profesionalmente realizados.

Se sentían en la obligación social o cívica de decir algo a la ciudadanía. Lo normal es que Canal 9 emitiera dichos programas de debate a las 2 de la madrugada. No los veían ni los papás de los profesores.

Hace unos años, yo estaba en el Departamento consultando unos libros en mi despacho. Era una tarde no lectiva, sin clases.

En la secretaría de Departamento se recibió una llamada de producción de Canal 9.

Necesitan con urgencia a un especialista, me dijo después la administrativa. Ella comunicó a quien en ese momento telefoneaba que sólo estaba yo, que únicamente me tenía a mí.

“Es igual”, dijo el comunicante. “Pues Serna”. La administrativa preguntó de qué tendría que hablar yo.

La respuesta fue ésta: del arrepentimiento de Ali Agca tras haber atentado contra el Papa y tras años de encarcelamiento.

Cuando la administrativa me contó el tema tardé milésimas de segundo en preguntar: ¿pagan? No, no, respondió. “Pues entonces que llamen al Vaticano”. Y no fui. No fui por vergüenza torera.

Es verídico esto que cuento. Yo no sabía nada ni sé nada de Ali Agca. Ahora bien, les garantizo que, de pagar, en pocas horas me habría hecho un consumado experto en terrorismo vaticano.

Maldito parné.

—-

Fotografía: Abc.

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