Antonio Machado. Otoño en Segovia hacia 2010

Llegué a Segovia con la esperanza de visitar la pensión en que se había hospedado Antonio Machado de 1919 a 1932.

No soy mitómano, pero la humildad de los grandes me atrae. Me gusta el turismo cultural lento y de intensidad afectiva.

Lo que no podía imaginar es mi buena suerte. No tenía previsto acudir tan bien acompañado.

Fui con Antonio Muñoz Molina y con Ricardo Martín, visita de la que queda constancia gracias a sus fotografías, siempre oportunas y precisas.

Antonio Muñoz Molina y Justo Serna en la pensión de Luisa Torrego, Segovia (2010). Fotografía de Ricardo Martín, detalle.

Antonio Muñoz Molina y Justo Serna en la pensión de Luisa Torrego, Segovia (2010). Fotografía de Ricardo Martín, detalle.

Lo que me sorprendió de la antigua pensión, tal como se ha conservado, es la humilde disposición de los muebles, la pobreza discreta de sus materiales.

Es como volver a la España menesterosa y auténtica de la buena gente que camina.

Me recordó la misma severidad digna que yo ya conocía en otro paraje de Castilla: en casa de mis abuelos paternos y en casa de mis tías: un linaje de labriegos castellanos, de pequeños propietarios.

Pensión de Luisa Torrego, Segovia (2010). Fotografía de Ricardo Martín.

Pero regreso a Segovia, a la Segovia de 2010, que me pierdo. Regreso a la calle de los Desamparados, a la pensión de Luisa Torrego, justo donde había residido Antonio Machado.

Eso sucedía hacia los años veinte, cuando el poeta allí afincado compartía alojamiento y manutención con otros huéspedes desplazados.

A la entrada del discreto establecimiento hay fotografías de Luisa Torrego, que posa con orgullo modesto y coqueto ante el retratista que la capta.

Uno imagina el frío y la austeridad ambientales. Uno imagina la vida de Machado como profesor en provincias.

Pensión de Luisa Torrego, Segovia (2010). Fotografía de Ricardo Martín.

En fin, uno imagina al docente de francés que participa en las actividades de la Universidad Popular, auténtica extensión del saber.

Allí, en esa casa-museo se conservan ejemplares que se editaron y se emplearon y hay obras donadas por el propio poeta.

En una de las fotografías de Ricardo que ahora reproduzco, Antonio me indica la anotación manuscrita de Machado en uno de sus volúmenes.

Antonio Muñoz Molina y Justo Serna en la pensión de Luisa Torrego, Segovia (2010). Fotografía de Ricardo Martín.

¿Adivinan cuál? Se trataba del libro primero de El Capital, de Carlos Marx. Sí: Carlos Marx, ésa es la autoría.

No sé por qué, pero esa circunstancia –tal vez la sugestión de esa visita o quizá mi viaje de aquí para allá en pocos días– me llevó a acordarme de un poema de Campos de Castilla.

Concretamente de aquellos versos dedicados al ferrocarril. Los leí, cómo no, siendo adolescente. Los volví a leer hacia 2010.

¿Recuerdan cómo empieza El tren?

Yo, para todo viaje

—siempre sobre la madera

de mi vagón de tercera—,

voy ligero de equipaje.

Si es de noche, porque no

acostumbro a dormir yo,

y de día, por mirar

los arbolitos pasar,

yo nunca duermo en el tren,

y, sin embargo, voy bien.

¡Este placer de alejarse!

Turismo de otro tiempo: nos adentrábamos en un espacio de alta intensidad.

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Fotografías: Ricardo Martín (septiembre de 2010)

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En 2010: https://justoserna.com/2010/09/28/la-vida-cotidiana/

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En 2014: http://anatomiadelahistoria.com/2014/02/la-redencion-de-antonio-machado

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