El señor Presley y el Coronel Parker

He visto el biopic titulado Elvis (2022), de Baz Luhrmann.

A su director y al film, ¿los mandamos al Cielo o al Infierno? No me pidan que me pronuncie.

Simplemente he pasado unas horas disfrutando. Y las he pasado sabiendo que, como todo en esta vida, también esta película es mejorable.

Imagino que los puristas y los expertos, gente a la que respeto, criticarán el film por sus excesos estéticos, por el kitsch que lo inunda, por sus alardes visuales.

Pero sé también que dichos especialistas lo condenarán por la reducción o condensación del drama, el de Elvis y Tom Hanks. ¿O era el de Austin Butler y Tom Parker?

No, no es una película dirigida a quienes ya saben mucho o quieran saber mucho. No es un film destinado a quienes deseen conocer con pormenor la historia de Elvis Aaron Presley (Tupelo, 1935-1977).

Para suplir esto hay numerosas obras escritas y audiovisuales.

Por ejemplo, la biografía de Peter Guralnick, auténtica enciclopedia que en su momento leí hasta el agotamiento. O está la obra, más reciente y sintética, Ser Elvis, de Ray Connolly. De este volumen escribí aquí hace unos meses.

Bueno, dejémoslo, que me lío.

El Elvis, de Baz Luhrmann, es un film para quienes aspiren a experimentar las emociones más íntimas y más superficiales.

Es un film destinado a quienes quieran revivir el puro delirio que el cantante de Tupelo provocaba y aún provoca… para nuestro común y plebeyo goce.

Provocaba y aún provoca con su voz, de dos octavas y media y otro nivel en falsete, con su coreografía lasciva, con su puesta en escena.

En Elvis Aaron Presley había y aún hay sensualidad e ingenuidad, estética y rebeldía, novedad y tortura, autotortura.

Y, en ese sentido, la de Luhrmann es una película honesta, respetuosa, bien concebida. Pues todo eso podemos hallarlo en su metraje.

Adopta la clave biográfica, cosa que le permite a Luhrmann contar la vida de Elvis. En este caso, desde el punto de vista de quien fuera su manager, el Coronel Tom Parker.

En efecto, el film está narrado desde la perspectiva del Coronel, que se dirige a los espectadores para decirnos la verdad o su verdad de lo que ocurrió valiéndose de una memoria siempre caprichosa.

No hay, pues, un seguimiento estricto o puntillosamente cronológico de la vida del Sr. Presley. Hay adelantos y regresiones temporales de un Parker terminal que, en 1997, recuerda y describe a Elvis, poco antes de morir el anciano Coronel.

Y lo que se nos muestra es el prodigio de una voz y de un cuerpo, el trastorno interior y exterior de un cantante que nace y vive entre la cultura protestante blanca y la afroamericana.

Lo que nos muestra, en fin, es la existencia de un muchacho blanco en un ambiente negro, un chico que se nutre con el rhythm and blues, con el góspel y con el country, un híbrido cultural consumado bajo la forma del rock.

En la película, la fotografía de la infancia y la adolescencia es bellísima y evocadora, demostrando la devoción que Elvis aún merece. Es la infancia y la adolescencia de los pobres blancos del Sur, las que encarnan Vernon y Gladys, los padres.

Al tiempo, en el film aparecen todas las debilidades del joven, todas las debilidades que hay detrás del personaje que se va gestando.

Se nos muestra el apego a la madre (¿Edipo?). Se nos destapa la losa que para Elvis supone asumir la muerte de Jesse, su hermano gemelo.

Se nos descubre el amor que el sr. Presley siempre necesitará y que a la vez le llevará a prodigar, a repartir a manos llenas. Culpa y soledad.

Estas carencias y sus dotes excepcionales fueron detectadas por el Coronel Parker cuando apenas despuntaba.

Tom se convertirá en su manager. Lo enriquecerá y se enriquecerá. Pero sobre todo lo hará terriblemente frágil y vulnerable.

Parker sabrá que una joya tiene entre manos y sabrá lo manipulable que es, ese vacío interior compensado con farmacopeas tóxicas.

La emoción está ahí, en cada plano del film. Abruma y también abruman los movimientos pélvicos de Elvis, tan bien interpretados por Austin Butler, que demuestra ser capaz de rehacer los rasgos más irrepetibles de Presley.

Y sorprende (o no) la calidad interpretativa de Tom Hanks, sin cuya presencia, el film perdería mucho enteros.

Qué quieren, yo no pido más.
——

Si desean saber más, les remito a mi blog:

https://justoserna.com/2022/01/06/elvis-una-vida-equivocada/

O a este muro:

https://www.facebook.com/1249255273/posts/10226123916224946/

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