Voy a decirlo toscamente. Somos legión los lectores de Paul Auster. Por todas partes.
Sin duda, en el mundo hispano se le quiere, se le sigue, se le premia: se le admira, en suma.
Primero en Anagrama y luego en Seix Barral hemos podido leer todo o casi todo Auster: las novelas, los ensayos.
Su creación literaria es abundante y de una pequeña parte he escrito reseñas o comentarios.
De hecho, es tan amplia su producción, que hay novelas o ensayos que no he podido glosar.
Y cuando lo he hecho, siempre o casi siempre he manifestado mi reconocimiento, mi admiración.
Es verdad que tiene un registro reconocible o un leitmotiv habitual, el azar y lo contingente de la vida que cada poco nos sorprende. Por ello, por esa posible reiteración, es por lo que en ocasiones se le ha criticado.
Pero, bien mirado, ocurre justamente al revés. En Auster, cada nuevo libro no anuncia el siguiente, que resulta imprevisible.
Por ello cada nueva entrega hay que disfrutarla como si fuera la primera vez.
Iniciemos la lectura. No atendamos a las revelaciones editoriales. Descubriremos la gravedad o la liviandad del tema que trata, la catadura de los personajes, la dicha o la lobreguez de lo contado, de las vidas narradas.
Con cada nueva entrega, en fin, confirmamos que Paul Auster no sólo es un novelista mayúsculo. Corroboramos también que es un gran ensayista, de mucha precisión, de mucho tino.
Suele dar en el blanco.
Me perdonarán este chiste (lo del tino, lo del blanco), pero no me he podido reprimir tras leer y releer su libro Un país bañado en sangre.

Se publicó en Estados Unidos y en España hace justamente un año. En enero de 2023 aparecía, en efecto, Bloodbath Nation. Es obra de ‘no ficción’.
Estamos ante un ensayo valiente, ante una indagación histórica y actual, colectiva y familiar, cuyo tema es el uso de las armas en Norteamérica. No me esperaba algo así y, de nuevo, Auster me sorprende.
El objeto de la reflexión (el derecho a portar armas y la secuela de muertos que tal cosa provoca cada año) podía prestarse a un tratamiento simple o maniqueo.
Nada de eso ocurre en el libro de Paul Auster, que está acompañado por fotografías estremecedoras y ‘vacías’ de Spencer Ostrander. Son los espacios de los tiroteos, de las masacres.
En este libro hay documentación, reflexión y relato con una pregunta esencial.
¿Por qué en este asunto (el de las armas) es tan distinto EE. UU. y qué lo convierte en el país más violento de Occidente?
Desde 1968 hasta hoy más de un millón y medio de muertos en matanzas y tiroteos. ¿Por qué?
Para explicarse, para contar y para dar significado complejo al hecho y su historia, Auster parte de un secreto familiar que de chiripa descubrirá. Y llega a los Panteras Negras y a la Asociación Nacional del Rifle.
Por supuesto, no les voy a dar más datos, aunque la editorial adelante algunos en su sinopsis.
Es más: les pediría que, si quieren aprender, no hagan por averiguarlo sin haber leído el libro.
Déjense estremecer con la historia de Auster. Descubrirán eso, su secreto familiar y, de paso, qué es lo que hace tan diferente a EE. UU. Es tan interesante que me muerdo la lengua para no contar nada.
En febrero se espera la publicación española de su última novela, Baumgartner: la que quizá sea su última novela, dicen.
Durante muchos meses, Auster ha estado luchando contra el cáncer, sometido a un durísimo tratamiento. Así lo reveló Siri Hustvedt.
Baumgartner apareció en noviembre pasado y, por lo que sé, tiene la muerte como motivo y amenaza.
Parece una despedida.
Pero yo no me precipitaría. Auster ha abordado la muerte, el envejecimiento, las enfermedades y los achaques en obras previas. Habrá que esperar, esperar lo mejor.
Como también les digo: esperen, no se precipiten con su ensayo sobre las armas en EE. UU.
Léanlo pausadamente, captando qué nos cuenta y su singularidad: las demasiadas muertes.
El escándalo de la muerte.

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