«Qué es…» La historia, la poesía, etcétera

El libro Qué es la historia forma parte de la colección «Qué es», dirigida por José Luis Ibáñez Salas y publicada por la editorial Sílex.

Son libros breves, asequibles, pensados para la alta divulgación.

Se trata de una serie concebida como un prontuario de primeros auxilios, una suerte de botiquín intelectual para tiempos inciertos.

Porque, no nos engañemos, el mundo anda desordenado, las cosas no marchan demasiado bien y los individuos sobrevivimos bastante desorientados.

Como decía José Ortega y Gasset y se ha repetido, “no sabemos lo que nos pasa, y eso es justamente lo que nos pasa”. Averigüémoslo, pues.

Tener a mano libros ágiles y breves, ensayos concisos o manuales de supervivencia en situaciones extremas —que es, en cierto modo, lo que son estos volúmenes— puede ayudarnos.

Puede ayudarnos… ¿a qué?

A plantearnos las preguntas esenciales y a responderlas tentativamente, abriendo el campo de la información, de la erudición y de la imaginación.

Estos libros forman un compendio bibliográfico de las cuestiones que siempre nos preocupan y que forman parte de la cultura propia y universal.

Son, si se quiere, una invitación a detenernos en medio del tumulto contemporáneo, a tomar aire y preguntarnos: ¿qué sé?, ¿qué ignoro?, ¿qué debería saber?

Ahora bien, la colección de Sílex no se limita a preguntarse Qué es la historia, obra de la que soy autor. Antes al contrario: la panoplia de esos primeros volúmenes y el elenco de los autores son ya una garantía. Por lo que abordan y por quienes los abordan.

Qué es la poesía (Manuel Rico), Qué es la literatura (José Luis Ibáñez), Qué es el teatro (José Luis González Subías), Qué es el humor (Roberto Villar Blanco) y otros títulos que irán completando el conjunto, constituyen un mapa sintético de nuestras grandes inquietudes culturales.

Es una suerte de cartografía básica de lo que nos constituye como individuos y como sociedad: el lenguaje, la ficción, la representación, la risa, el tiempo.

El proyecto tiene un aire reconocible: recuerda inevitablemente a la colección francesa «Que sais-je?», publicada por las Presses Universitaires de France.

Aquellos volúmenes, breves y rigurosos, marcaron, marcan y aún marcarán durante décadas un modo de divulgación, una manera de acercar el saber a un público amplio sin renunciar a la seriedad.

Aquella colección enseñó a generaciones enteras que el conocimiento puede presentarse de forma accesible sin dejar de ser exacto y exigente.

Con parecido propósito, «Qué es», de Sílex, nos invita a leer libros de prosa clara y eficaz, nunca tediosos, nunca intimidatorios.

Son volúmenes concebidos y condensados que ofrecen al lector un mapa conceptual y una maqueta de la situación para así adentrarnos en temas fundamentales.

La brevedad obliga a la claridad. No hay tiempo muerto ni espacio para perdernos en tecnicismos. Eso no significa trivializar o rebajar.

Significa, antes bien, abreviar y abrevar lo esencial, ofreciendo al destinatario una primera orientación que luego podrá ampliar con otras lecturas, más densas, más especializadas, más técnicas si así lo desea.

La poesía, la literatura, el teatro, el humor…, cada uno de estos temas está presente en la colección dirigida por José Luis Ibáñez porque todos forman parte de nuestro patrimonio cultural y de nuestras preocupaciones más básicas.

Qué es la poesía. Una forma de lenguaje que nos aproxima o nos aleja del mundo exterior, que nos eleva y nos concentra, que nos reconcilia con lo indecible.

Qué es la literatura. El ámbito en donde se plasman la imaginación y las fabulaciones, en donde se inventan y se materializan mundos posibles, donde cabe todo lo humano, incluso lo que aún no ha sucedido.

Qué es el teatro. El arte de la representación, del desdoblamiento, de la proyección, de la identificación, el arte de la vida puesta en escena.

Qué es el humor. La lente crítica, lúcida y lúdica con que nos servimos para mirar lo real, sobrellevarlo e incluso superarlo, porque reír también es una forma de resistencia.

Punto y seguido.

En ese concierto, Qué es la historia aporta algo decisivo: el tiempo. Nos recuerda que toda práctica humana, sea literaria, artística o social, ocurre en un marco temporal y en circunstancias concretas.

La historia es el escenario de fondo sobre el cual transcurren todas las demás expresiones humanas. Sin ella, todo se vuelve abstracto, sin lugar.

¿Dónde situar una obra literaria sin su tiempo? ¿Dónde el chiste, sin la sociedad que lo produce y lo recibe? ¿Dónde el gesto teatral, sin el público de su época?

Mi volumen, Qué es la historia, establece un diálogo con esos otros títulos. Los poetas o los dramaturgos se preguntan por la esencia de su arte.

Los historiadores nos interrogamos sobre el oficio, las reglas, las mañas y las consecuencias de nuestros hallazgos, explicaciones e interpretaciones.

Saber qué es la historia es preguntarse qué hacemos cuando decimos que estudiamos el pasado, con qué herramientas contamos, qué límites tenemos y qué responsabilidades asumimos.

La historia no es un depósito de anécdotas. Tampoco es un listado de fechas egregias ni un saber concebido únicamente para expertos.

Antes al contrario: tarea fundamental de los historiadores es investigar y difundir lo averiguado, lo estudiado.

La historia es un saber crítico: no pretende confirmar lo que creemos saber de tiempos pretéritos, sino ponerlo en cuestión, contrastarlo, revisarlo.

Pero los tiempos pretéritos, precisamente, ya no están. Son irrecuperables. Esa es la razón por la que los historiadores se ocupan de las huellas y de los restos materiales e inmateriales del pasado: documentos, monumentos, memorias, testimonios, etcétera.

¿Con qué objeto?

Conectar un entramado de datos nos exige contextualizarlos, explicarlos e interpretarlos de acuerdo con nuestros procedimientos y métodos. Lo que hacemos es reconstruir, conjeturar y narrar.

El historiador es, en cierto modo, un artesano paciente que trabaja con fragmentos o retales, consciente de que nunca podrá recomponer la totalidad perdida.

¿La historia es ciencia o es arte? Probablemente calificarla de ciencia o arte no sea lo prioritario. Es una disciplina. Y las disciplinas son tanto las ciencias como las artes.

Ni es pura chiripa ni es mera inspiración. Como las ciencias, la historia se vale de método, del contraste de fuentes, de procedimientos reglados y ordenados. Como las artes, la historia es también creación, elaboración esmerada, búsqueda de una forma.

La historia, como las artes literarias, requiere relato, claridad expositiva e incluso recursos retóricos para transmitir lo aprendido. Porque la historia, si no se comunica bien, se pierde: no cumple su función pública.

Pero la historia es también una disciplina cívica. Las sociedades, los individuos, que no actualizan su conocimiento del pasado están expuestos, más fácilmente expuestos, a adoptar soluciones que se han demostrado erróneas.

Ignorar lo que antecede es hacerse vulnerable a bulos y manipulaciones, a la desinformación y al oportunismo. El pasado no ofrece recetas, pero sí advertencias. La historia no nos alecciona, pero sí nos previene.

Entender cómo afrontaron otros sus problemas nos permite actuar hoy con mayor prudencia y mayor conciencia de los efectos posibles, esperados o inesperados, de nuestros actos.

Es esencial preguntarse qué hicieron los antepasados y por qué tantas cosas las hicieron como nosotros y por qué muchas otras las hicieron de otro modo.

Es importante saber cómo reían, cómo lloraban, cómo resolvían o no resolvían los dilemas que nosotros creemos haber descubierto por primera vez.

Pero no lo es menos interrogarse sobre la poesía, el teatro o el humor. ¿Cómo y de qué se reían nuestros antecesores? ¿De qué nos carcajeamos hoy en día? ¿Qué une esa risa, qué la separa? Etcétera.

Todas estas preguntas, reunidas en la colección «Qué es», de Sílex, aspiran a componer las piezas de un puzle que reproduce, a pequeña escala, una parte importante de aquello que nos preocupa o debería preocuparnos como personas inquietas e inquisitivas que somos.

En un tiempo saturado y vertiginoso de información dispersa y contradictoria, de desinformación creciente y potente, estos libros nos fuerzan a detenernos. En sus páginas encontraremos planteamientos claros y saberes útiles para orientarnos. No son tratados ni enciclopedias: son linternas.

Qué es la historia y los restantes libros arrojan luz. Un volumen breve, pero eficaz, puede servir como una lámpara que, en medio de la penumbra, señala un camino posible.

No será un mapa exhaustivo —eso no existe—, pero sí una indicación bien fundamentada para pensar con más agudeza y para observar con atención lo que nos rodea.

En diálogo con la poesía, la literatura, el teatro, el humor, etcétera, la historia nos recuerda que la creación e ideación humanas, que todas las experiencias, son tiempo y memoria, son saber heredado y logros nuevos que a veces confirman y a veces desmienten a nuestros mayores.

Como dijo el clásico, somos enanos subidos a espaldas de gigantes. Pero, por eso mismo, podemos atisbar y hacer más, incluso mucho más.

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El 15 de enero a las 19:30 presentación en Valencia de la colección en la Llibreria Ramon Llull.

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