¿De quién es la culpa?

Hace unos años, Esquerra Republicana exigía al Gobierno español que pidiera perdón por el fusilamiento del presidente de la Generalitat, Lluís Companys. Imagino que dicha petición seguirá pendiente.

Por lo que yo sé, ni el gabinete de Mariano Rajoy ni el de Pedro Sánchez han pedido disculpas. Sin duda, ni Mariano Rajoy ni Pedro Sánchez son directamente responsables de tal muerte. Por tanto, de entrada estas exigencias carecen de sentido.

Pero es evidente que ambos, el expresidente y el actual presidente, asumen el linaje, la tradición, etcétera, de esa entidad llamada España. Como Pere Aragonès asume también el linaje y la tradición de esa entidad colectiva que representa. De lo bueno y de lo menos bueno.

¿Deben pedir perdón los mandatarios actuales por las atrocidades cometidas por sus antepasados? ¿Debemos los contemporáneos excusarnos por lo hecho décadas o siglos atrás?

Si hablamos de la Conquista, primero habría que preguntarse en nombre de quién se ocuparon territorios o se invadieron civilizaciones. En nombre de España, no. En todo caso, era la Corona a la que se debía rendir el territorio y la pleitesía.

Como español que disfruta de derechos en un Estado democrático de hoy, ¿debo yo sentirme corresponsable del fardo o lastre de la España pretérita, de la España que era patrimonio de la Corona?

Quienes sólo tenemos sesenta, cincuenta, cuarenta y tantos años no podemos cargar sobre nuestras espaldas las gestas remotas o los hechos acontecidos décadas atrás, justamente cuando ni siquiera habíamos nacido.

Por tanto, que se nos exija genuflexión u orgullo a quienes allí no estuvimos está fuera de lugar y contraviene el principio de responsabilidad.

Pero, pero…: también es cierto que si yo me enorgullezco del pasado español (pongamos por caso), debería asumir los baldones de esa misma tradición.

Eso no implicaría sentirme culpable de algo sobre lo que yo no tuve responsabilidad. Pero no debería sacudirme lo que me resulta picajoso u ofensivo.

La idea de Esquerra Republicana que citaba al principio se relaciona con la petición del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, AMLO.

Como se sabe, AMLO exigió en 2019 disculpas al Gobierno español. Frente a esa petición, Isabel Díaz Ayuso, IDA, ha hablado de la civilización, de la cristiandad, etcétera, de la que sería portadora España. Eso, en su reciente viaje a América.

Fotografía: Mónica Torres, El País

Si tomamos en serio la exigencia del presidente mexicano (que el actual Estado español se disculpe por la conquista o destrucción de las Indias precolombinas), entonces la culpa no prescribe. Significa que debo pagar por lo que hicieron mis antepasados.

Pero mis antepasados (Serna, Alonso, etcétera) no fueron a América. De hecho, soy el primer Serna de mi linaje que ha visitado Chile, Argentina o Perú. Por ello, no sé por qué debería disculparme, si resulta que mis ancestros no salieron de la Península.

Pero tampoco puedo sacudirme tan fácilmente lo que otros españoles hicieron… si me acomoda ser español. No puedo quitarme de encima, sin más, el lastre de mi nación (vamos a decirlo en estos términos).

Ahora bien, no me exijan lo que yo no puedo solucionar o remediar. Vamos a ponernos en lo peor, en la idea de la culpa irrestricta.

La culpa irrestricta implica que los descendientes o connacionales (siglos después) de los conquistadores, avasalladores o criminales deben pedir perdón por lo que ellos no hicieron.

Esta concepcion es perniciosa e indefendible. Más aún: es inaceptable desde una concepción moderna de la responsabilidad individual,

Ahora bien, no es tan facil olvidarse de aquello que hicieron los españoles de antaño con el amparo de la Corona. O los alemanes de los años treinta del siglo XX. O los ingleses del Imperio. Etcétera.

Somos individuos que nos reconocemos en linajes y apellidos, en gentilicios y patrimonios. En ese caso, la herencia voluntaria sí que nos obliga a cargar con las culpas del pasado, a examinarlas. No es, pues, tan fácil sacurdirnos las responsabilidades ajenas.

Lo he dicho en otras ocasiones… Los alemanes de hoy no deben pedir disculpas por lo que hicieron sus antepasados, por los horrores que otros cometieron.

Pero, atención, cuando aceptas un linaje, cuando te reconoces en un apellido, en un gentilicio (español, catalán, alemán, vasco, etcétera), no es tan fácil sacudirse el peso muerto de lo que otros hicieron y cuyos efectos llegan hasta ahora y hasta aquí.

Un católico de hoy no es quien condenó a Galileo, pero el catolicismo de hoy no puede sacudirse sin más ese legado ignominioso, admitiéndolo como disculpable, como propio de otro tiempo, como algo explicable por contexto y por circunstancia.

Debemos preguntarnos por el patrimonio que cada linaje o gentilicio acarrea y si ese legado nos hace sentirnos cómodos o incómodos.

Lo demás es inconsciencia histórica. O nacionalismo o memorialismo, como bien señalan Josep Maria Fradera y Javier Moreno Luzón al ser entrevistados sobre este asunto en El País.
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https://elpais.com/espana/2021-10-04/el-pasado-remoto-como-argumento-politico.html

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