Isabel Díaz Ayuso. Par elle-même?

Advertido primero por Salva Lorenzo y, después, por Bernardo Carrión y Anaclet Pons… he quedado impresionado por la noticia. Isabel Díaz Ayuso (IDA) publica sus memorias.

A una edad temprana, cuando los hechos no son infinitos. He quedado, sí, impresionado. Pero me he repuesto con bastante rapidez. Uno, como lector, es ya un ser coriáceo.

El artefacto se titula Íntimo y aparecerá el 2 de diciembre de 2026, editado por Planeta. Prometo leerlo. Y prometo publicar sobre él. He escrito ya muchas veces sobre IDA a partir de libros ajenos, noticias, portadas, declaraciones, gestos y otros materiales propios o de sus hooligans.

Es decir, a partir de materiales de una formidable industria, esa que convierte cada ocurrencia en doctrina, cada gesto en carácter y cada exhabruto en mercancía política.

Ahora tendremos, por fin, IDA por IDA. O Isabel par elle-même. Sin intermediarios. ¿O con los intermediarios propios de una gran editorial? Tampoco conviene ponerse ingenuos a estas alturas.

Me esmeraré. Un primer libro autobiográfico merece atención. Sobre todo cuando la autora asegura que durante julio y agosto pasados ha repasado “su vida al completo”. Dos meses. En dos meses, toda una vida al completo.

Es una proeza. Hay gente que emplea agosto para ordenar el trastero o para embalar y liquidar una biblioteca, como ha sido mi caso. En cambio, Isabel Díaz Ayuso ha hecho mucho más: ha ordenado su existencia.

La mudanza, por lo visto, ha sido decisiva. No me extraña. Mudarse siempre tiene algo de juicio final. Uno abre cajas, encuentra papeles que creía perdidos, tira objetos que había conservado durante quince años sin saber por qué y acaba preguntándose qué diablos ha hecho con su vida.

Hay que decidir qué se lleva uno, qué deja atrás, qué embala. Hacemos un justiprecio. Esto vale, esto no vale. Esto fui, esto digo que fui. Esto mejor lo meto en una caja. Esto, al contenedor.

Ayuso cuenta que la mudanza y el regreso a los lugares de su infancia la llevaron precisamente a hacer ese balance. ¿Te queda aún más futuro que pasado? ¿Qué conservas? ¿Qué desechas? La gestión de desechos, al fin y al cabo, también forma parte de toda mudanza.

Pensaba todo esto y, entonces, de repente me tropiezo con la cubierta del libro de Ayuso. Y me he detenido, claro.

La fotografía resulta sorprendente porque contradice buena parte de la iconografía habitual de IDA. No está la Ayuso desafiante: la barbilla elevada, la mirada de frente, el gesto de quien acaba de decir algo que dentro de pocos minutos será calificado de genialidad por sus palmeros.

En esa foto no aparece la dirigente de las poses arrogantes, chulescas, retadoras. No aparece la mujer del “me gusta la fruta”, del “chao, pescao”, del “comunismo o libertad”, con esa supuesta espontaneidad elevada tantas veces a categoría de pensamiento.

Aquí mira hacia abajo. Como persona triste, vulnerable. O quizá no mira hacia abajo. Quizá mira hacia dentro. Como mujer introspectiva. ¿Introspectiva?

La cabeza inclinada, el cabello cubriéndole parte del rostro, los ojos bajos, el cuerpo negro sobre fondo claro. Recogimiento, introspección, vulnerabilidad.

Si no supiéramos quién aparece en la fotografía, difícilmente imaginaríamos que estamos ante una de las políticas españolas que ha hecho de la desfachatez su bandera.

La cubierta promete, pues, una Ayuso desconocida: una IDA en sí misma. ¿Ensimismada? Eso sí que sería una novedad editorial.

El contenido anunciado también tiene ambición. Infancia en Chamberí y Sotillo de la Adrada, juventud, estudios, compromiso político, antinacionalismo, pandemia, viajes, música, deporte, gastronomía y, naturalmente, “Comunismo o libertad”.

También un episodio doloroso, el aborto que sufrió, ante el cual no cabe la guasa. La editorial anuncia además que la autora hablará de personas importantes de su vida privada y política.

Lo verdaderamente magnífico es la fórmula promocional de Planeta: el libro estará escrito con el lenguaje “directo y franco que la caracteriza”.

Ya saben: cuando IDA dice algo, raramente habla. No. Se manifiesta un estilo. Si dice “me gusta la fruta”, combate en una guerrilla semántica. Si dice “chao, pescao”, culmina una revuelta cultural. Ahora, si escribe sus recuerdos mientras hace cajas, nace la memorialística.

Todo político acaba descubriendo que tiene una historia que contar. Algunos descubren que la tenían antes incluso de vivirla.

Yo esperaré hasta el 2 de diciembre. Leeré Íntimo. Con atención, subrayando. Como un severo profesor que lee el trabajo escrito de una alumna pendenciera. E hidratándome con toda la fruta necesaria.

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