Una preciosidad

Cuando los autores y el editor de un libro descubren estas cosas —las que proclama un amable lector—, sólo cabe el agradecimiento.

Anaclet Pons y yo nos sentimos tan y tan complacidos… Sospechamos que Alberto Haller (Barlin Libros), también.

Tras trescientas y pico páginas, que pueden leerse sin demasiado esfuerzo, hay muchas horas de trabajo.

Hay, sí, días, semanas, meses y años de trabajo.
De los autores, pero también de diferentes personas que se han volcado para que ‘La ciudad futura’ se materializara.

Todo y todo en beneficio de una obra, de un volumen que reúne y resume conocimientos y detalles de otro mundo. Pues nuestro libro no sólo relata un desplazamiento. La obra es propiamente un viaje.

En un libro de estas características nos tenemos prohibida la fantasía. La fantasía para un historiador es pereza documental y especulación endeble.

Por el contrario, la imaginación documentada nos transporta verbalmente a un mundo que ya no es nuestro.

La fantasía aplicada a la investigación histórica es fabulación inconsistente, es un fraude para lector. Consiste en rellenar los huecos o vacíos informativos con invenciones infundadas.

Por eso mismo, para nosotros, prohibirnos esas fantasías es prioritario.

De ahí que la reconstrucción fidedigna, minuciosa, de actos, de personas, de grupos, de los que sólo quedan unos pocos vestigios es tarea ímproba.

Pero la documentación no basta, como no bastan las fuentes abundantes de las que podamos hacer acopio. La información en bruto carece de utilidad.

Es preciso escribir, narrar con tiento, contar persuasivamente, de modo verdadero y verosímil. Escribir, ¿qué cosa?

Es prioritario detallar con orden, con intriga, una historia poblada por individuos que tienen metas, sueños, que cometen yerros, que tienen tropiezos…

Son, sí, seres que se relacionan con otras personas de su propio mundo, de su estrecho círculo deamistades, del ámbito familiar, de otras esferas más lejanas.

El mundo que hemos reconstruido —tirando del hilo y combinando la información, los datos— está constituido por espacios de sociabilidad, por vínculos primarios y secundarios.

El mundo que hemos exhumado es sedimento del nuestro.

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