¿Un mundo desbocado?

Un varón viaja por la Europa del Ochocientos. Lo hace en tren, en diligencia… Se adentra en un mundo nuevo, distinto, de fábricas humeantes, de lujos y miserias, de damas y burgueses, de obreros y calaveras. La moral se resiente. Acechan los peligros.

Es la Europa de los burgueses, de la prosperidad, pero también el Continente de la pobreza, de la enfermedad. El cólera morbo llega a los puertos y quien tiene caudales escapa a los balnearios, a los Pirineos, a los Alpes. Hay que oxigenarse para restaurar una salud quebradiza.

Es el Ochocientos del confort, de la vida ociosa para quien puede costeársela. Es el mejor de los tiempos. Es el peor de los tiempos. En Mánchester, un río pestífero ahoga a los obreros, que se hacinan y malviven en sus casas. En París, en los teatros, se agolpa la buena sociedad.

Las ciudades más prósperas se adecentan con mejoras materiales. La luz de gas, el empedrado de las calles y el agua corriente llegan a las familias adineradas. Las urbes abaten sus murallas, sus tapias. El aire circula y sobre el suelo resultante se edifica con furia edilicia.

Los burgueses se divierten. Círculos privados y por ello privativos, teatros para representar dramas y para ser vistos, restaurantes, paseos y bulevares en los que mostrarse y distinguirse. Y…reservados, casas de lenocinio y meretrices para el solaz de caballeros y calaveras.

¿Y los obreros, los humildes, los artesanos? Hay fábricas, tiendas de vara, establecimientos en los que trabajan. Y hay tabernas con vinazos rancios. ¿Cómo es el mundo de la servidumbre, de las clases populares y peligrosas que amenazan con su número y por su pobreza?

La moral severa de los patricios y la vida licenciosa de los jóvenes se contradicen, pero los actos de los individuos varían. Hay prohombres que se dan toda clase placeres y hay muchachos que rápidamente se envejecen para adquirir buen nombre, crédito y severidad. Precisamente.

La dama es prenda del caballero, que vigila patrimonio y negocios. A despecho de la mayoría de edad, las muchachas viven en un perpetuo estado de minoridad. Viven en un mercado matrimonial de amor e interés, de honra y linaje, que regula y custodia la madre, la dama burguesa.

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Justo Serna y Anaclet Pons, La ciudad futura. Viajes por la Europa burguesa. Valencia, Barlin Libros, 2022.

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