José Antonio y don Juan. La vida soterrada de Justo Serna Ibáñez

He leído con fruición José Antonio. Realidad y mito, de Joan Maria Thomàs. No es ninguna novedad editorial, pues apareció en 2017.

Es una sólida investigación sobre un episodio de la España contemporánea. Está excelentemente narrado (con alguna inevitable errata que tanto lacera a quienes escribimos).

El autor administra la información de la trama y los ingredientes del drama como si ignoráramos el final. Hay que ser muy bueno y contarlo muy bien para que sepamos el fin y aún así queramos continuar.

Sabemos que José Antonio Primo de Rivera muere el 20 de noviembre de 1936, tras haber sido encausado y a la postre sentenciado.

En principio, a pocos conocimientos que se tengan, no ignoramos al final. Y el final es el fusilamiento de un personaje alborotador, conspirador, alguien que alentó el levantamiento contra el régimen constitucional de la Republica.

Sin duda, José Antonio no fue el principal instigador. No podía serlo puesto que estaba recluido por varias causas,
encerrado como preventivo en la Cárcel de Alicante.

Es más, los militares sublevados, con Francisco Franco entre ellos, no tenían en gran estima el histrionismo fascista del partido Falange Española de las JONS.

Jose Antonio gozó de un régimen carcelario benigno, cosa que le permitió seguir perorando contra la Republica, contra el sistema parlamentario, contra el régimen de partidos, contra la democracia, contra ese sistema con el que sus homólogos italianos y alemanes habían arramblado.

Pero, por lo que parece, Jose Antonio tuvo meses suficientes como para saber de los desastres de la guerra y de la crueldad de quienes eran sus aliados y conmilitones. No sólo del enemigo. Escribió sobre ello y su figura fue incómoda para ambos bandos, enfrentados en la guerra de 1936.

Estas cosas y otras muchas las cuenta con sabia prosa y gran sentido dramático Joan María Thomàs, cuyo libro no he leído…, sino releído. Debo ser preciso.

Lo leí tiempo atrás por motivos personales y ahora he vuelto a sus páginas por motivos igualmente personales, desprejuiciado y voluntarioso.

Recomiendo este volumen a quienes sean hostiles, cercanos, lejanos a Primo de Rivera. Incluso a los indiferentes.

Parece que la vida y las ideas del fundador de Falange Española (1933) nada tienen que ver con nosotros. Quien piense así está muy equivocado.

La figura de Jose Antonio es uno de los mitos perdurables y nuevamente incómodos de la política española contemporánea.

Sigue enterrado en el Valle de los Caídos y algunos de sus seguidores, aunque poco numerosos, suelen armar bulla. E incluso aún hablan de la ‘revolución pendiente’.

De creer en sus proclamas, entonces deberíamos convenir en que el ‘Estado nacionalsindicalista’ que concibiera José Antonio para evitar el liberalismo y el marxismo todavía sería una opción válida.

Por supuesto, no creo en nada parecido y la democracia liberal sigue siendo —para muchos y para mí— el mejor sistema en el que vivir con derechos y con decencia.

Las ideas de Primo de Rivera, adoptadas por Francisco Franco en parte y readaptadas a sus intereses, son las de un fascismo declinante, de inspiración católica, pasadas por el organicismo antipartidista, antiparlamentario. Añádase a ello la dialéctica de los puños y las pistolas.

¿A qué me refiero?

Pues el recurso a la violencia y al escuadrismo frente a la izquierda (revolucionaria o no revolucionaria). Frente a los opositores radicales.

Con todo ello, ya tenemos la pócima con que se embriagaron los pioneros (camisas viejas) o los que en aluvión forman sus filas a partir de 1936 y después de la refundación del partido bajo la jefatura de Franco y las siglas de FET y de las JONS (Decreto de unificación en 1937).

Quienes se adhieren en 1933 o 1936 se inspiran en los ejemplos fascista y nazi. Y, como ellos, comparten un acusado sentimiento de crisis, pues creen asistir al declive imparable de la patria y, por ende, de la civilización.

Como ellos, los falangistas de primera hora hacen de la nación su sustancia, el motivo de su queja. Como ellos, también sus homólogos españoles se juzgan víctimas de injurias o ultrajes antipatrióticos.

Como ellos, los falangistas ven enemigos por todas partes, extranjeros depredadores o connacionales que renuncian a su patria. Como ellos, predican una integración más firme y más estrecha en la comunidad a la que hay que rendir tributo.

Como ellos, los falangistas deploran el parlamentarismo, el liberalismo, toda clase de izquierda o de democracia inorgánica y, en fin, las formas suaves del político negociador.

Como los fascistas y los nazis, los falangistas valoran la superioridad de un caudillaje fuerte, incluso instintivo, pues se saben guiados por alguien extraordinario.

¿Un soldado?

Como el propio José Antonio dice citando a Osvald Spengler, al final será un pelotón de soldados los que salven la civilización.

En los modelos de los distintos fascismos, es preciso un líder que base su empeño en la voluntad de derrotar al enemigo y de reconstruir y rehacer la comunidad y los lazos sociales tradicionales que la constituyen.

Por ello, para que triunfe el fascismo, un régimen de esta naturaleza necesita a ese líder excepcional o carismático, esto es, un Führer, un Duce o un Caudillo.

¿Lo fue José Antonio Primo de Rivera?

Un tío de mi padre, don Juan Serna Navarro, fue el primer fiscal del Tribunal formado en 1936 en Alicante para juzgar al fundador de Falange.

Mi remoto pariente, fiscal de la Audiencia de Valencia, se apeó (más bien lo apearon) de la causa mostrando sus discrepancias con el sesgo y las urgencias del Gobierno.

Ese gesto de independencia y su fidelidad al Estado de Derecho los pagará caro.

Durante y después de la Guerra. Será condenado por los tribunales franquistas a más de doce años y un día de prisión por haber colaborado con la rebelión (es decir, por haberse mostrado leal a la Constitución).

La pena le será abreviada y también será entonces, en la segunda mitad de los años cuarenta, cuando mi padre llegue a Valencia y por recomendación de mi abuelo cumpla con su dictado: busca a don Juan Serna Navarro. Se convertirá en el guía de mi papá, Justo Serna Ibáñez. Y ahí, en ese punto, empieza para mí su historia.

El pasado me concierne, no sólo por los parientes involucrados y por el relato que mi padre me hacía del antiguo fiscal. Me concierne por la experiencia humana implicada y por la chiripa de la vida.

Un día en Internet veo que se vende el expediente completo del encausamiento del antiguo fiscal Juan Serna Navarro, de quien tanto me había hablado mi señor padre.

Lo compro, compro ese grueso legajo, a un librero de viejo que, además, ha sido antiguo alumno mío y, gracias a Leonardo Mulinas que me ordena los papeles y me provoca, comienzo a rememorar a aquellos dos individuos: un tío y un sobrino en la Valencia de los años cuarenta y cincuenta.

¿Saldrá un libro de estos episodios? ¿Reconstruiré este caso con el auxilio de la microhistoria? Encarna García Monerris me incita a ello con enérgica amorosidad.

José Antonio es el personaje lejano y significativo, víctima temprana de la Justicia Popular. ¿Y mi padre y su tío? Son dos damnificados de provincia, abnegados y brillantes estudiantes, universitarios nacidos en Salinas del Manzano y afincados en Valencia.

Juan Serna Navarro será el mentor y mi padre, una suerte de Telémaco chiquitito.

Pude conocer días atrás a Joan María Thomàs, ocasión que aproveché para felicitarle por su libro sobre José Antonio.

Poco puedo reconstruir de las relaciones de Juan Serna Navarro con Justo Serna Ibáñez, pero sí que puedo conjeturar moderada y sensatamente sobre sus vidas en aquella Valencia de posguerra.

Con este caso, que se lo relaté a Javier Cercas con sorpresa y maravilla de su parte, podría escribirse una historia.

No me veo con fuerzas. Carezco de estímulos. Prefiero leer y leer sobre ello a escribir acerca de vidas que quizá, ahora sí, a muchos no interesan.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s