Feo, extraño, monstruoso

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0. Lo vemos así: solo, inexpresivo, incluso temeroso,  entre unas plantas, entre unos arbustos tras los que se embosca. Ignoramos su estado de ánimo y lo que después ocurrirá.

1. La casualidad ha querido que  lleguen a mí  dos novedades editoriales que poco o nada tienen que ver entre sí, pero que, bien miradas, poseen elementos comunes. Leer así, cosas heterogéneas, tiene rendimientos muy placenteros, depara sorpresas: hallamos luces, vínculos y concomitancias entre libros distintos o referencias distantes; encontramos lecciones provechosas al sumar obras heterogéneas; nos alimentamos con nutrientes variados, incluso contradictorios. Tengo sobre mi mesa la Historia de la fealdad, de Umberto Eco, y El mundo, de Juan José Millás. Semanas atrás, Anaclet Pons se nos adelantó cuando con perspicacia hablaba de la Storia de la bruttezza; yo, por mi parte, he procurado escribir lo más aseadamente posible de la novela de Millás en el número de Ojos de Papel que acaba de aparecer. Hay algo en común: un examen de lo feo, de lo extraño, de lo monstruoso. Del sentimiento de lo feo, de lo extraño, de lo monstruoso.

Así, a bote pronto, creemos saber qué es la fealdad. Lo contrario de la belleza, diremos: siendo la belleza aquello que se caracteriza por la armonía, por la proporción. Convencionalmente, lo feo sería, pues, aquello que carece de ambas propiedades: lo que no tiene concertación entre sus partes, aquello a lo que le falta correspondencia. Sería también lo que no posee conformidad o equilibrio: lo que, en suma, es desordenado, con elementos incongruentes. Pero, como bien nos advierte Umberto Eco, en su Historia, la fealdad es un criterio evidentemente cultural e histórico, un criterio que cambia de acuerdo con la idea misma de lo aceptable, de lo tolerable, de lo normal, de habitual, de lo convencional, de lo sano. No podemos conformarnos diciendo que todo cambia con el curso del tiempo y que, por tanto, es imposible definir lo feo. En cada momento histórico, en cada sociedad, en cada cultura, sabemos o creemos saber qué es lo que nos sorprende desagradablemente, lo que nos repugna estéticamente. Puede que no siempre sea lo mismo, en efecto, pero eso que repudiamos por su fealdad lo rechazamos valiéndonos de un sentimiento semejante: algo hay en un rostro, en un objeto, en un paisaje o en un hecho que juzgamos feo. Es decir, algo hay que vemos inarmónico, desproporcionado, contrario a su tiempo, inesperado, insoportable.

Admitido lo anterior, hay, sin embargo, dos asuntos importantes a considerar. ¿Qué pasa cuando esa percepción la tiene quien se vive feo, ajeno, distante, desencajado? ¿Y qué sucede cuando lo feo es validado, cuando es incorporado como parte de lo estético?  En el primer caso, no se trata de que te vean feo, ajeno, distante, desencajado, sino de que tú te veas así. Cuando tal cosa ocurre, la impresión de extrañeza, de extrañamiento, de desterritorialización… incomoda, desestructura el yo frágil de quien sobrevive como puede. Pienso en la criatura de Frankenstein, por supuesto. Él, que era de identidad prístina, incontaminada, acaba viéndose así:  como un monstruo. ¿Lo es? Para quienes lo juzgan con los criterios estéticos del Ochocientos, para su propio creador (Victor Frankenstein), es desde luego un ser espantoso, de suturas mal cosidas, de rostro tumefacto, con pliegues que lo avejentan… a pesar de su edad infantil. Difícilmente te van a aceptar los demás si tú no te aceptas, si además se hace explícito el rechazo. Pero hay algo raro en ese monstruo: si prescindimos de Victor –tan irresposable y duro–, la fealdad del ser nos conmueve. Por eso, lo hemos incorporado y lo hemos rehabilitado. Está solo, se siente solo: nadie le dispensa ternura alguna. Se pregunta para qué vive, para qué se le ha creado, y por ello interpela al mundo que lo repudia: él no es culpable de la fealdad. Lo sabemos y por ello le perdonamos. ¿Quién, alguna vez, no se ha sentido extraño, incómodo, ajeno al entorno en que existe? Es, de hecho, una constante de la condición humana. Hay al menos un momento en nuestras vidas en que nos sentimos mal encajados. El niño que no sabe cómo crecer, cómo madurar.

Digo lo anterior y regreso a El mundo, precisamente. En la novela de Millás, que es una autoficción, el narrador reelabora su infancia: la narra y a la vez piensa y repiensa sus significados. Es la historia de un niño que se siente extraño, aunque no espantoso. Pero, a semejanza de los monstruos, se interroga sobre la filiación, sobre los padres, sobre su lugar en el mundo, sobre su encaje… Hacia el final, el narrador evoca aquella célebre película que interpretara Harrison Ford de la que en estas fechas se cumplen veinticinco años: Blade Runner. “O soy irreal yo o es irreal aquél”, dice refiriéndose al niño que ahora exhuma. “Me viene a la memoria la escena…”, añade, “en la que los replicantes observan las fotos de sus padres falsos, de sus hermanos falsos, de sus abuelos falsos al tiempo que construyen una historia familiar falsa”. Una de las claves de esta novela de tono psicoanalítico es precisamente ésa: la impresión de haber sido un niño de filiación equivocada. Como se sabe, ésta es una de las constantes de la literatura freudiana. Me refiero a esa impresión tan común que tienen muchos individuos de no ser hijos de quienes dicen ser sus padres. A este sentimiento neurótico frecuente, Freud lo llamaba novela familiar. Podríamos resumirlo con nuestras propias palabras (indudablemente peores y más romas que las de Millás). 

Ese individuo que está ahí haciéndome creer que es mi padre, haciéndose pasar por tal, en realidad es un impostor. Cuando nací, sé que hubo un error en el hospital, un cambio de cunas que nadie advirtió. Ése es el secreto de mi vida, de mi dolor, que sólo ahora descubro, dice el adolescente incomodado, extraño, feo, monstruoso. Llegará un día en que este entuerto se enderece o en que este malentendido se aclare. Entonces conseguiré librarme de esos dos tramposos que simulan ser mis padres, de ese progenitor que no se responsabiliza de mí y que me tiene secuestrado desde chico.

Sin duda, éste será un sentimiento perfectamente comprensible para alguien –para cualquiera de nosotros– que perciba el repudio del mundo, que se percate del maltrato que se le inflige: un maltrato real o fantástico, pero no menos doloroso, el de quien se ve como un monstruo, un tipo raro, un ser extraño. Insisto: como cualquiera de nosotros.

Hacer la taxonomía de muchas de esas fealdades es lo que ha pretendido Umberto Eco en su atractivo libro: es una suerte de galería de monstruos ideados por la fantasía humana o concebidos por la imaginación mimética. Lo curioso es que esas deformidades no son tan raras… Echamos un vistazo ahí fuera y las vemos , ciertamente. Pero examinamos el interior y vemos a ese doble que pugna por aparecer: a ese ser interno o previo o remoto en quien no queremos reconocernos, porque nos avergüenza. Por eso, Juan José Millás relata la vicisitud de otro monstruo: el narrador que fue niño y que fantaseó con su propia excepción o deformidad. Ese relator, un tal “Juan José” o también un tal “Millás”, cuenta con angustia lo que pensó de sí y lo que ahora ya no es. El problema no es que no fuera espía o misionero (como creyó ser); el problema no es que se mintiera. La cuestión es que ordenó su vida según esas fantasías, según esas excentricidades tan comunes. Narra, pues, con la modestia de quien hace la ficción de la propia vida, de quien hace su autoficción.

Sin duda, ya no puede relatar como un autor realista; tampoco como un memorialista exacto. Ya no puede hacer de sí mismo aquello que quería hacer Balzac con la Francia del Ochocientos: escribir como un zoólogo. En el famoso prólogo a La comedia humana tenía (1842), Balzac declara su intención. “Han existido, pues, y siempre existirán, especies sociales como existen especies zoológicas. Y si Buffon llevó a cabo una obra magnífica al tratar de representar en un libro el conjunto de zoología, ¿no habría otra obra que hacer de ese estilo con respecto a la sociedad?”, se pregunta. Ahora, siglo y pico después, la taxonomía ya no puede ser realista: será fantástica, porque ese ser narrado también lo es. Ya no tenemos a un sujeto seguro de su identidad (al principe, al banquero, al artista, al burgués, al cura o al pobre, de quienes Balzac quiso pintar sus caracteres): tenemos a un ser incierto o, como dice Manuel Alberca (El pacto autobiográfico, 2007), a un buscador, a “un simulador de identidades”. El monstruo de Frankenstein fue, desde luego, su antepasado. Nuestro antepasado.

Fin

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2. Noticias

La Asociación Colegial de Escritores y Traductores ha concedido a Miguel Veyrat el Premio Stendhal 2007 por la traducción del libro de Jacques Darras Antología fluvial. Es posible leer su prólogo aquí. Enhorabuena.

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3. Hemeroteca

–Desde el lunes 3 de diciembre de 2007 ha acabado mi colaboración con Levante-Emv. Algún detalle de este cese lo preciso en el post anterior (Columnismo habitual).

–Reseña de El mundo, de Juan José Millás, en Ojos de Papel, diciembre de 2007. Artículo de JS.

–Celebración de Doris Lessing (Premio Nobel), en Ojos de Papel, diciembre de 2007. Artículo de Francisco Fuster.

31 comments

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  1. Miguel Veyrat

    ¿Acaso crecer, madurar, no es crear un canon personal? ¿Es válida la vieja definición canónica del kalos ka agathos?¿Es lo bueno, lo adecuado a su fin, lo equilibrado, como se quiere habitualmente, o lo que se adapta al canon general de belleza en cada hemisferio cultural? ¿Pertenecen a la antropología cultural la belleza y su antítesis? ¿O más bien se trata de lo que personalmente, en lo hondo de nuestro ser nos produce satisfacción, serenidad, reflexión, miedo sí, pero a la cobardía, la mentira o la traición? ¿Será educar la ayuda necesaria para la creación de un canon propio e intransferible, pero que pueda ser compartido mediante tentáculos morales encauzados al otro, a los otros? Lo que nos conmueve del monstruo de Frankenstein es su orfandad, su fealdad física.

  2. Paco Fuster

    Antes que nada y como no podía ser de otra forma, mi más sincera enhorabuena para nuestro amigo Miguel, quien parece estar sacando un enorme provecho a su dilatada experiencia y sapiencia. ¡Últimamente estás que lo tiras Miguel! Primero la presentación de tus libros y ahora este premio… De verdad, me alegro mucho por ti. Es un placer y un lujo compartir este espacio con gente de tu nivel.

    Sobre el texto de Justo, reitero la recomendación de los libros que ya cité en su dia en el blog de Anaclet Pons, sobre todo el de Rosenkranz que es un clásico difícil de superar.

    Yo por mi parte, he empezado a devorar con ansia esta tarde, el último libro de mi amiga Pilar Pedraza, una excelente monografía sobre un director que no podría ser más apropiado al tema que trata Justo, Agustí Villaronga. El cine de Villaronga es ante todo y como dice Pilar, siniestro: “no en el sentido peyorativo de macabro, sino en el freudiano que se refiere a la inquietante extrañeza, al retorno de lo reprimido” (“Agustí Villaronga”, Pilar Pedraza, Akal, 2007, p.15). En este libro, que recomiendo vivamente – tanto por la autora, como por el objeto o sujeto en este caso, que trata – hay un capítulo dedicado precisamente a “lo siniestro” en el cine de Villaronga.

    Sobre las novelas familiares freudianas, el año pasado precisamente leí una novela de este tipo. Es quizá una de las novelas de la literatura catalana con mayor presencia del freudismo (al menos eso decía mi profesora). Su título es “Laura a la ciutat dels sants” y su autor, Miquel Llor. Supongo que a algunos no les sonará nada, pero a otros, espero que sí. No trata el tema este de la paternidad cuestionada, pero si que trata las relaciones humanas desde un punto de vista muy freudiano, con algunos pasajes sublimes. Es una novela psicológica muy buena y por lo que conozco de la literatura catalana, una de las que más resonancias freudianas tiene.

  3. John Constantine

    Pues como Millás no es precisamente uno de mis favoritos, y menos tras prostituir su pretendida imagen de intelectual comprometido por el puñado de sabrosas lentejas que es el Planeta, pues me voy abstener de hacerle el negocio al Sr Lara.

    Sólo comprobar que si un narrador como Millás tiene la necesidad posmoderna de aludir a clásicos recientes como “Blade Runner” para componer sus novelas, es que su fuente de ideas se está secando escandalosamente. No sé, me parece un intento de modernidad tan pretencioso como desesperado.

  4. Kant

    Yo voy a permitirme sembrar una duda en la parte más anecdótica de la exposición de don Justo. ¿Si el monstruo del dr. Frankenstein no lo hubiera encarnado en las pantallas de 1931 Boris Karlof, tendríamos la misma consideración por él? ¿veríamos de la misma forma a ese monstruo?…

    Si se ha producido un maridaje entre la literatura y la cinematografía, posiblemente sea en el vínculo – innegablemente pintoresco por más que inaudito – entre la autora Mary Wollstonecraft (hija) y el actor Boris Karlof donde el vínculo ha sido más férreo. La convergencia entre ambos ámbitos creativos y ambos creadores viene bendecida, probablemente, por el paralelo clima romántico y crítico que vive Europa en 1818, cuando se escribe “Frankenstein” y el año del estreno de su versión cinematográfica. Y si ese medio general fue el propicio, me remitiré como hecho detonante particular a los ojos dulces, caídos y excesivamente maquillados de Karlof. En ellos considero que está el secreto tanto de la imagen que nos propone como punto de reflexión inicial don Justo como, en si, toda la película de James Whale.

    Son esos ojos los que ponen en marcha todo el proceso de apreciación del monstruo. Compárese con otros actores encarnado el mismo papel: sencillamente, no llegan. Son otra cosa. Entiéndalo cada uno como quiera, a mejor o a peor, pero, desde luego, diferente. Nunca mejor dicho, son los ojos los que embrujan y valoran al ser diferente que se mueve en una atmósfera sórdida en el que la ciencia – la gran esperanza de Occidente – fracasa, la burguesía – el invento de Europa – está al margen de la realidad absorbida por su vida de salón y el pueblo parece sólo saber expresarse como turba de tea, insulto y destrucción ciega… como si fuera él el auténtico monstruo dispuesto a destruir lo distinto, lo socialmente incorrecto.

    Obviamente, puede hacerse una lectura psicoanalítica del monstruo y, específicamente, de éste pero, ya les dije en alguna ocasión que, el descrédito freudiano es, para mi, lo suficientemente abrumador como para preferir otras lecturas más interesantes, útiles y contrastables de los fenómenos sociales. En nuestro caso ¿no nos suena el cuadro mostrado al final de la película?… A mi sí. Las gentes del pueblecito donde transcurre la acción de “Frankenstein” convertidas en horda que increpa con violencia ¿no les trae a la cabeza esa muchachada de sesentones conservadores trufada de jóvenes fascistas españoles que hemos visto en los medios audiovisuales? Ese furor con que atacan lo que entienden como incorrecto dentro de su moral raquítica de ignorantes semianalfabetos ¿no les antepone frente a esos mismos energúmenos que focalizaron sobre el concejal Cerolo su ira biliar? Y es que, la lectura política de los monstruos da para bastante más que las especulaciones vacuas del sr. Freud.

    En España, en concreto, el resultado del dr. Frankenstein, o sea, la rebelión de la creación contra lo creado, ha tenido excelentes ejemplos políticos, lamentablemente para todos, no con los resultados enternecedores del Frankenstein-Karlof sino más bien los referidos al Estado chapucero que caracteriza España pero, bueno, esto ya es otra historia, los casos son demasiado lacerantes y nos desviaríamos del tema.

    El monstruo, hoy, no requiere de la fealdad clásica. Ser feo, hoy, sencillamente, es ser lo que no vende. Tan postmoderno y tan fácil. Así que si queremos vender cualquier monstruosidad, no podemos hacerlo desde su propia definición clásica. Hay que enmascararlo, como hace Eric con su deforme rostro (“El fantasma de la Ópera” de Gastón Leroux, un avanzado de su tiempo…). La conexión entre “Sueñan los androides con ovejas eléctricas” (1968) de Philip K. Dick y “Blade runner” (1982) de Ridley Scout vuelve a ser tan efectiva como la antedicha de Wollstonecraft (hija)- Whale y, ambas obras literario-cinematográficas, entre si, se nos muestran como perfectamente coherentes. Sólo que lo que en el XIX el monstruo ha de revestirse de desarmonía para ser entendido como tal mientras en el XX se nos puede presentar con los cuerpos espléndidos de “Roy” (Rutger Hauer) o “Pris” (Daryl Hannah), con esa máscara puesta… ¿o los Nexus-6 no son una máscara?… ¿o es que, realmente, como el ser anónimo de Frankenstein, no hablamos ni de nuevos Prometeos fallidos, ni de replicantes desordenados, no hablamos de monstruos, sino de personas (ideas, opiniones…) diferentes?…

    Parece que me pasa como a don Miguel, que de la lectura del sr. Serna me asaltan más dudas que certidumbres. ¿Alguien puede ayudarme?

    Por cierto, me sumo públicamente a las felicitaciones para el polígrafo Veyrat, ¡naturalmente!.

    Ah, y una última. Como era previsible, la dirección del diario “Levante EMV” no ha dado explicación pública y satisfactoria alguna a las cuestiones que me preocupaban sobre la retirada de la columna de don Justo. Si nos atenemos a la administración pública, “el silencio administrativo es positivo”. Si nos atenemos a la sabiduría popular, “quien calla, otorga”. Y dado que la “res publica” vive a caballo entre la realidad oficial que da el Estado de Derecho y la realidad factual que da el Pueblo Soberano, se induce de ello que tenía razón en mis sospechas no desmentidas y expresadas en el anterior “post”.

  5. jserna

    Sr. John Constantine, no entiendo el reproche que le hace a Millás. Generalmente, esa pega que usted pone se la han puesto anteriormente a otros autores también “comprometidos” que obtuvieron el Planeta. Si no me equivoco, lo ganó Jorge Semprún, lo ganó Manuel Vázquez Montalbán, lo ganó Juan Marsé, lo ganó Antonio Muñoz Molina. El Planeta es un negocio –qué duda cabe–, pero que lo sea no añade ni resta méritos a las obras galardonadas o finalistas. En el mercado español, hay bodrios que se escriben, que jamás se presentan a los premios, que se publican incluso en editoriales de culto y que nos derrotan por su pésima calidad. Alguno de quienes las firman quizá se tomen como autores malditos. Por otra parte, ‘Blade Runner’ es –y usted lo sabe bien– una versión cinematográfica (espléndida y algo ampulosa) de la novela de Philip K. Dick. Que un narrador que cuenta su vida trate de ejemplificar los sentimientos de bastardo con la analogía de los Replicantes no es sólo un intento de modernidad pretencioso o desesperado, como usted dice. ¿Cuándo es correcto o cuando es incorrecto citar ‘Blade Runner’? Lo desesperado, lo auténticamente desesperado y conmovedor, es el sentimiento que expresa el narrador interno de la novela, que observa el fin de la infancia con la impresión de impostura. Lo pretencioso, lo auténticamente pretencioso y también conmovedor, es la obsesión del niño por singularizarse, como así sucede en ‘El mundo’: querer ser un espía de la Interpol o ser un misionero que le arranque del entorno evidente en que habita. Yo suelo leer al Juan José Millás novelista con interés y con prevención. A veces con aprobación y a veces con decepción. En ocasiones su facilidad expresiva y su ingenio indudable le llevan a salidas incoherentes en sus ficciones (al menos así las veo yo), incongruencias que tal vez pueda justificar apelando al delirio del protagonista. En ‘El mundo’, Millás es narrativamente correcto: el narrador no comete delirio alguno que deba justificar después. Se ha dicho que esta novela no es comparable a ‘Visión del ahogado’ o a ‘Cerbero son las sombras’. Indudablemente, indudablemente. El lector mayoritario del premio Planeta será –con toda probabilidad– alguien que no juzgue a Millás por sus obras primeras, pues no será raro que lo ignore todo de dicho autor. La mejores obras del Planeta no siempre son los mejores libros de los respectivos ganadores, pero sí que es frecuente que la novela galardonada sea un buen punto de partida para conocer lo mejor o lo peor de este o de aquel novelista.

  6. jserna

    Cuando acabo de poner mi comentario, veo que el señor Kant ha escrito cosas muy interesantes que merecen ser tratadas aparte. Al escribir mi glosa de lo dicho por John Constantine no había leído aún lo señalado por Kant.

    Discrepo totalmente de su afirmación sobre “las especulaciones vacuas del sr. Freud”. Entiendo que le desagrade lo que el fundador del psicoanálisis dijo, pero eso que dijo –osado o aventurado– no impide hacer también análisis políticos del monstruo. La criatura de Frankenstein es perseguida por las multitudes en la película de Whale y en la novela de Mary W. Shelley: su fealdad es tan repugnante que sólo provoca rechazo. Por eso, por impedírsele la sociabilidad primera y fundamental, actúa perversamente: por eso será desdichado.

    Dice el señor Kant que le sucede “como a don Miguel, que de la lectura del sr. Serna me asaltan más dudas que certidumbres. ¿Alguien puede ayudarme?”, añade. Hombre, yo me alegro de provocar disensiones o, al menos, más dudas que certezas. De no ser así, no podríamos contar con las argumentadas y discutibles intervenciones del señor Kant. También eruditas…

  7. Kant

    Caramba, me pasó lo mismo que a don Justo: a pesar de ser previa la aportación del sr. Constantine, no lo he leído hasta ahora. Al respecto, don John, entiendo que si un escritor es un profesional, o sea, vive de escribir, se inscriba en los concursos que más dinero le puedan dar. Si uno es profesional, se debe al mercado. La gracia del serlo y lo que lo diferencia de uno malo es que, en lo suyo, con lo suyo, consiga el mayor reconocimiento posible que, en esta sociedad capitalista en la que vivimos, se traduce por dinero (véase la letra de “Money, Money” de la película “Cabaret” (1972), dirigida por Bob Fosse). Personalmente, lo considero lamentable y, en la medida de mis fuerzas, lo rechazo pero no puedo negar que esas son las reglas del juego con las que se dotó esta sociedad. Otra cosa diferente es que no le guste la literatura del sr. Millás. Frente a ello, nada que objetar, es su opinión y la respeto; sólo que tal vez me hubiese gustado que se hubiese explayado un poco más en sus apreciaciones para comprenderlo mejor.

    Por lo que hace a las alusiones del sr. Serna, véase que si pedía ayuda por encontrarme en un mar de dudas era, precisamente, por mis propias limitaciones. Rogaba a los contertulios alguna luz para adentrarme en un mundo de monstruos – bellos o no – en el que, a mi, personalmente, cada vez me resulta más complicado entender quién es el monstruo y qué su antónimo, discernir entre la belleza y la fealdad, y saber donde empieza lo extraño y acaba lo cotidiano. Consecuentemente, vinculado a ello, tendría que agradecerle a ud, don Justo, su siembra de incertidumbres en mí pues sólo dudando de mis propias ideas consigo aprender algo, ¿cómo voy a saber alguna cosa nueva si doy por bueno, ciegamente, lo que ya sé?.

    Lo cual no niega, en sentido opuesto, que otras certidumbres permanezcan incólumes en mí, claro. Entiendo que carecer de ellas es tan negativo como armar el propio conocimiento sólo con ellas. Y entre mis certidumbres está mi falta de confianza en las propuestas del sr. Freud. No me desagrada, en absoluto, lo que dijo uno de los fundadores del psicoanálisis, sencillamente, no lo considero. A estas alturas del XXI está tan duramente criticado ¡hasta desde el campo psicoanalista! que no me vale ni como referencia erudita. Me basta con saber que el valor de sus afirmaciones se basa en sus propias creencias y sus hipótesis – nunca demostradas – no se fundamentan en ningún hecho objetivo, ni empírico, ni contrastable. Hoy, aunque alguien no lo pueda creer, el subconsciente psicoanalítico tiene la misma capacidad de definición, medición y credibilidad que alma cristiana: pura metafísica. En consecuencia, a don Sigmund, como científico lo rechazo completa y radicalmente y como pensador, como especulador, lo que le he leído no me sobrepasa la mera anécdota, en algún caso interesante y en algún caso grotesca (me reí bastante con su interpretación del sueño del pelícano de Leonardo, por ejemplo). Es por eso que lo considero vacuo, “tutto vanità” como diría don Felipe Neri. Especulación vacua y, por lo tanto, prescindo de él. Lo cual no es óbice para que respete a cualquiera que encuentre en él una fuente de inspiración humanística o halle consuelo a sus males intangibles; si hay quien lo encuentra en un carpintero galileo del siglo I dNE ¿cómo no hacerlo en ese médico austriaco (checo, si hubiese nacido hoy día) del XIX? A nadie se lo reprocharé, pero a mi que no se me incluya.

  8. Miguel Veyrat

    Les doy las gracias a quienes me felicitan por el premio, el primero de mi vida, pues tengo la costumbre desde niño de concursar en nada ni competir para nada. Las carreras, para los caballos, y los concursos de belleza, para las vacas y/cerdos en las ferias de ganado. El caso es que el Stendhal es un premio al que uno “no se presenta”, lo deciden los “compañeros” (sí, esos seres, a menudo desalmados y crueles) a propuesta de los editores. Lo emocionante de tal premio es que fue fundado por Consuelo Bergés, una gran traductora, exiliada y republicana, que tradujo, entre otros autores, las Obras Completas del gran Stendhal, su opera magna e insuperable. Al morir, Bergés legó todos los derechos de autor de sus muchos libros para constituir una Fundación que lleva su nombre y es administrada por la Asociación Colegial de Escritores, en su sección de Traductores, para otorgar el premio anualmente a la obra traducida del francés, que a su juicio lo merezca. Quiero pues también agradecer públicamente a los compañeros, y en especial a los miembros del jurado que me lo otorgaron este año por unanimidad. Y desear que ustedes puedan leer a Jacques Darras, del que soy introductor en España, recientemente jubilado de su cátedra de poesía anglosajona en la Universidad de Picardie y que, en mi opinión, es el poeta que sacude de su ensimismamiento inane a la actual poesía contemporánea francesa.

  9. Fuca

    Me sumo a todos los que le dais la enhorabuena a Miguel Veyrat por el premio, a ver si sirve para que su obra sea más conocida y apreciada; difícilmente se puede disfrutar con la poesía de nuestro amigo Miguel si sus libros no están en las librerías de Galicia, hay que pedirlos a la editorial y no siempre es fácil conseguirlos. Pero soy optimista, lo bueno siempre acaba por imponerse y no me extrañaría que el próximo premio nacional de Poesía se lo concedieran a Miguel Veyrat.

    Sobre Frankenstein y monstruos no voy a hablar, no disfruto leyendo ese tipo de literatura, como ya escribí en varias ocasiones. Tampoco leí la última novela de Millás (lo del Planeta me echa hacia atrás) y eso que es un escritor al que leo desde hace unos 20 años; aún tengo comprada y pendiente de leer “Laura y Julio”, una novela que acaba de publicar.

    Leí el artículo de nuestro contertulio Paco Fuster y algunas cosas no me gustan (quizás sean prejuicios, como los del Planeta; no me gustan los hombres que se especializan en literatura feminista e historia de mujeres; no me ataquéis, ya digo que puede ser un prejuicio; tampoco me gustan los novelistas que eligen siempre narradoras femeninas; Javier Marías dice que él no se sentiría cómodo en ese ropaje; cada uno tiene sus manías; a Kant no le interesa Freud). Leí “El cuaderno dorado” de Doris Lessing” hace unos treinta años y no me entusiasmó, hasta el punto de que no volví a leer nada de esta escritora; me parece exagerado compararla a Virginia Woolf, una de las grandes entre las grandes. Escribir que “fueron las verdaderas feministas las que buscaron y encontraron en la obra de Lessing un referente a seguir, un modelo a imitar para la mujer del siglo XX” me parece erróneo y quizá de eso sepa más que tú, porque en esa época yo militaba en una organización feminista y te puedo asegurar que nunca Lessing fue para nosotras ni referente ni modelo para imitar. A lo mejor es que no éramos verdaderas feministas.

    Sigo indignada con lo del cese de nuestro amigo Justo Serna como colaborador de “Levante EMV”, no dan explicaciones ni públicas ni privadas; estoy de acuerdo con Kant y la sabiduría popular, “el que calla, otorga”. Y me pregunto, ¿no podemos hacer nada ante este atropello? ¡Menuda democracia en la que vivimos! Se nota que llegan las elecciones.

  10. Paco Fuster

    A mi también me gusta mucho Virgínia Woolf. De hecho, el primer trabajo que publiqué fue precisamente sobre el feminismo woolfiano y sobre “Una habitación propia”. Lo pueden leer ustedes en el número 48 (noviembre del 2006) de la revista electrónica “A Parte Rei. Revista de Filosofia” con el título “Cerrando la puerta. Sobre la vigencia de «Una habitación propia» y el feminismo woolfiano”:

    http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/fuster48.pdf

    Espero que les guste.

  11. Pavlova

    Me gustaría hablar de la belleza, de la fealdad, de los enanos de Velázquez, de Rigoletto, de Toulouse, de Quasimodo; de la ternura que nos inspira esa fealdad y del por qué. De algo sobre lo que trabaja un amigo: la belleza del paisaje, que antes sólo producía terror, inquietud y que, a raíz del Romanticismo su contemplación se convirtió en eso, en belleza. Me habría gustado comentar los cambios del concepto estético y de las pocas cosa que hay intemporales; de lo hermoso que era el “bozo” femenino y los quilos de más, la celulitis pura y dura de las bellas de Rubens; de la “belleza” de la Duquesa de Alba de Goya. Me habría gustado comentar sobre Millás, el gran Millás y de lo fácil que es criticar la falta de pureza de quien se presenta a un concurso que puede asegurarle la vida, una vida tan precaria como la del escritor, y de Freud; de ese ser mirado despectivamente por toda la psiquiatría y psicología modernas, ese ser superado, trasnochado, al que le deben el pan y la sal todos y que creó un mundo colosal y nuevo que, literalmente, se sacó de la manga, con todos los fallos habidos y por haber… Querría haber hablado de todas esas cosas, pero son demasiada, el tiempo es poco y el ánimo no proclive a seguir tratando de explicar las razones, los motivos que cada vez se van enquistando más en uno porque total ¿para qué?

    Pero sólo les digo que he escrito al Levante protestando enérgicamente por el atropello que supone prescindir de nuestro autor y que les animo a ello; ahí no pienso, no piensen que “Total para qué”. Que no quede por nosotros ¿Quién mejor?

  12. Pavlova

    Ahora le leo, Paco Fuster, que me interesa mucho, pero vengo a copiarles lo que he mandado al Levante:

    Señor Director de levate-emv.com

    Muy Señor Mío:

    Vivo en Madrid y la prensa que leo es la de Madrid, pero sigo a escritores y pensadores que me interesan, que me resultan notables, por una u otra causa y suelo seguirlos en la prensa digital; así llegué al Levante y así lo he leído cada día, leyendo a Justo Serna. Sus comentarios, ya sean literarios, políticos o de lo que quiera que fueren, me parecen de los más interesantes, mesurados, inteligentes del panorama nacional. De pronto ya no está Justo Serna, ya no aparece su colaboración y no hay aviso, explicación alguna. He tenido la esperanza de que estuviera de vacaciones, incluso de que una gripe inoportuna le impidiera escribir, pero veo en su blog que no es así. Con la discreción que le caracteriza, nos avisa de que ya no va a colaborar en ese diario digital y, pese a esa prudencia, parece evidente que no es por su renuncia.

    No lo puedo entender; no comprendo que prescindan de una de sus mejores firmas ni entiendo, no puedo entrever, la causa de esa lamentable decisión que sólo perjudica al Levante y sus lectores, sobre todo al Levante, porque sus lectores estoy segura que podremos volver a leerlo, muy pronto, en algún otro lugar. Si me permite la expresión coloquial, lo normal es que “se lo rifen”.

    Sé, me temo, que no voy, no vamos a tener ninguna explicación, pero quiero hacer constar mi más enérgica repulsa a la supresión de los artículos de Justo Serna. Como diría Don Julián Marías: Por mí que no quede.

    Atentamente.

  13. Miguel Veyrat

    Gracias, Fuca, por sus sentidas ausencias. Ya he comunicado al editor su queja, para que la transmita al distribuidor por su desequilibrio geográfico (Días antes de su presentación, los libros ya estaban en la mesa de la Librería de la Universidad Autónoma de Madrid, por ejemplo). Me permito recomendarles a todos los aficionados a la poesía el blog de un joven poeta costarricense, Gustavo Cháves, Café Verlaine
    (http://cafeverlaine.blogspot.com/) que vive en estos momentos haciendo una tesis sobre Emily Dickinson en la misma ciudad de Armheim donde ella vivió enterrada en vida con su solitario amor jamás alcanzado. El blog es una pura delicia de humor profundo, cáustico y de amor a la poesía. Pueden leerse magníficos versos de poetas hispanoamericanos, desconocidos para nosotros.
    Y sí, creo que todos hemos escrito ya al Levante, que ingenuamente seguía yo pensando que era un diario de izquierda, se ve que no voy mucho por Valencia últimamente. O quizá sí lo es y por ese maldito sectarismo que también nos aqueja a la siniestra, han expulsado esa célula libre llamada Justo Serna. Maldición eterna.

  14. Paco Fuster

    Gracias por su interés en leerme Sra. Pavlola. No sé si se refiere al texto sobre Lessing o al de Virginia Woolf (ya me/nos lo dirá), pero gracias de nuevo. Son cosas que uno hace con mucho esfuerzo e ilusión, dedicando mucho tiempo y sacrificando muchas cosas. Espero que le guste. Estoy abierto a sus comentarios y críticas.

    Me ha gustado mucho la carta que ha escrito al diario Levante. Yo también escribí una (demasiado larga para reproducirla) dirgida en este caso no al director (me ha gustado ese trato de “muy señor mio”) sino a la sección de “opinión”, donde se incluia la colaboración semanal de Justo. Le confirmo su temor, no hemos tenido explicación ninguna, al menos a mi no han contestado los dos correos que envié. También le confirmo – por lo que sé – que pronto (no sé si dentro de un mes, de dos, o cuando exactamente, pero pronto) volveremos a leerlo en otro lugar.

  15. Miranda

    Felicitaciones a Miguel Veyrat.
    Dos letras para contar una cosa al hilo del post de nuestro querido anfitrión.

    Me contaba Victor, un amigo, hablando de lo feo y lo bello y haciendo antropología saldosa, que acababa de leer un libro de un antropólogo estadounidense (no recuerdo el nombre) que había comprobado hasta qué punto influye la apariencia en todo lo que hacemos.
    Dejó en varios aeropuertos (en distintas ocasiones) dos curriculums de dos chicas, una guapa (llevaban foto) y otra feocha, vulgar. El curriculum estaba sujeto con un clip a un sobre con la dirección del supuesto contratante, es decir, la dirección del antropólogo, y había una nota que ponía, “por favor xxxx, mete el currículum en el sobre y envíalo, que no me ha dado tiempo y tengo que salir volando, te llamaré cuando llegue”.
    Se supone que el curriculum, con la nota y el sobre había sido dejado en casa de la moza para que lo enviara un supuesto despistado que lo había perdido en el aeropuerto.
    Ooooohhh!, pobres chicas, dirían los lectores, vamos a ayudarlas, total, sólo es meterlo dentro de un sobre y tirarlo a un buzón.
    Pues bien. Casi todos los curricula de la chica mona llegaron a la dirección del antropologo.
    NINGUNO de la fea.

    Tela marinera…
    M.

  16. Kant

    Iba yo leyendo sus aportaciones, las de todos, y me iba viendo sorprendido a mí mismo en la confortable placidez de estar de acuerdo hasta con los que discrepaban conmigo cuando me saltó a la cara dos cuestiones que plantearon, respectivamente, doña Francisca (Fuca para uds) y la sra. Pavlova y una apreciación de don Miguel Veyrat.

    A ver, por orden de intervención, doña Francisca, ya sabemos que no le gusta entrar en cuestiones feministas y, por eso, no quiero que interprete lo que sigue en ese tenor. En todo caso, ubíquelo en la periferia del feminismo – o sea, que no entramos en él – y, así, permítame… ¿por qué le incomoda que algunos hombres se preocupen por la condición de la mujer? Es una tónica que me he encontrado reiteradamente en mi propio devenir intelectual y que, al final, me ha retraído del tema. ¿Dónde está el problema? ¿dónde el conflicto? No llego a entenderlo. Ya que puedo (que podemos) tratar con ud. desde un punto de sensatez ¿podría explicarnos, al menos, su postura?.

    Respecto a ud, sra. Pavlova… ¿como que “para qué”? ¿a qué viene esta pseudoargumentación postmoderna?… Ud. escribe en el “blog” justo por el mismo motivo que escribió – sospechando que iba a ser inútil – al diario Levante EMV: por que necesita expresarse. Si fuera una mastuerza no lo necesitaría, se quedaría como un misántropo en su cueva. Si fuera una taradita lo haría de una forma espasmódica e insultante, como este pobre chico al que todos queremos tanto y acogemos en este “blog” por pura lástima. Pero se da el caso que es ud. una persona inteligente y desea compartir sus opiniones. Independientemente de la grosería del director del Levante EMV para con todos cuantos le han escrito – sea a la sección que sea pues, a la postre, la responsabilidad última del diario es suya – sabe – y si lo ignora es “pa’matarla” – que los contertulios de este “blog” desean escucharla (leerla) para conocer sus ideas y apreciarlas en relación a las propias, medirlas, compararlas. Lo hacen, lo hacemos, evidentemente porque las valoramos. Así que, ¡por favor! déjese ud. de lamentos de postmoderno, retome su teclado para exponernos argumentos, lacere a los idotas con su retórica y satisfaga a sus contertulios con sus opiniones.

    Sr. Veyrat, no andaba ud. desencaminado cuando pensaba que el Levante EMV era un periódico, al menos, de sesgo progresista. Pero sólo en apariencia. Como suele pasar, sólo la cerrilez de la derecha valenciana, española, explica la paradoja. Esto se remonta a los años de la Transición cuando el “bunquer-barraqueta” secuestró empresarialmente y se apropió ideológicamente del diario Las Provincias, la tradicional voz del liberalismo valenciano, lo más progresista que se pudo leer durante el franquismo. En esa coyuntura, el Levante, el diario del Movimiento durante toda la II dictadura, se encontró con un terreno abonado para “reconvertirse” al progresismo. No le quedaba más mercado si quería sobrevivir. De ahí que, para lavar la imagen de ser la “voz del régimen”, adoptara el nombre del diario El Mercantil Valenciano. Una auténtica desvergüenza pues dicho diario fue clausurado por el franquismo en 1939 – era de un liberalismo inequívocamente republicano – y sus talleres decomisados se los otorgó al nuevo diario del régimen golpista, el Levante, claro.

    Cuando la nueva monarquía constitucional desarmó los Medios de Comunicación del Estado, los nuevos propietarios – vinculados al PSOE – podrían haberle dado un giro copernicano al Levante, desde luego. Podían haber acabado con el nombre franquista y haber devuelto a la vida al viejo, progresista, Mercantil… pero, no… prefirieron, sólo, mortificar aún más al diario progresista clausurado añadiendo su nombre al del Levante usurpador. Toda una lección de moral la que dio el nuevo Levante EMV. Y la que sigue dando con su silencio sobre el sr. Serna. Ah, por cierto, para los amigos de la cultura popular: cuando mi padre trabajaba en sus máquinas – y trabajó décadas en ellas – la “vox populi” valenciana denominaba al rotativo “el Liante”… y como ven, no ha cambiado mucho la cosa.

  17. Arnau Gómez

    D. Kant. Me ha gustado mucho que nos haya recordado la historia de los medios de comunicación valencianos.Recuerdo las cervezas tomadas con Manuel Sánchez Ayuso en un bar cerca del edificio de La Provincias, en la Alameda,un minuto antes de que la srta Reyna(entonces aún era señorita) nos recibiese y comentásemos nuestras noticias y las que ella tenía.Me dió mucha lástima el giro que tomó su periódico,que tan buenos oficios presto a la democracia yendo de la mano de D. Manuel Broseta (q.e.p.d),Joaquín Maldonado,tanto el padre como el hijo y un largo etc, entre los que incluyo a Sánchez Ayuso y que permitió cuando desapareció la prensa del movimiento como tal,Levante pasó a un grupo empresarial del que no se sabía, en aquel momento,que signo político tenía. También recuerdo el experimento fallido del “Diario de Valencia”, en el que se quiso hacer una especie de macedonia de accionistas de distinto pelaje político(dicho con el mejor sentido) y que lo único que se consiguió fue una potaje sin garbanzos.Fue un fracaso,porque Valencia solo soporta dos periódicos:uno, el de la derecha tradicional (las Provincias) y otro, el de la derecha camuflada, la izquierda pusilanime y el oportunismo político,que se sienten más representadas por el Levante-EMV,sin que éste se haya decidido claramente asumir ese papel de pupurri.La izquierda valenciana está pues,carente de un meio informativo ,no solo para ser leido sino para reflejar las opiniones de sus componentes.Gracias.

  18. Pavlova

    Señor Kant… Me ha llegado usted al alma y, además de emocionarme, me ha tronchado de risa con ese párrafo que se ha molestado en dedicarme, lleno de ánimos, tirones de orejas y afecto. ¿Postmoderna yo? Je, je, me ha encantado. Verá, no, yo decía lo de ¿para qué?, no porque no quisiera amenizarles con mis elucubraciones o porque piense que no merece la pena ¡no, a fe mía! es una cuestión de cansancio, de agobio, de estado de ánimo; de verdad. Gracias por su atención, por su amabilidad y por su interés. Lo bueno de la cosa virtual es que puedo, sin descoco ni compromiso alguno, enviarle abrazos y achuchones múltiples y grandes sonrisas, querido amigo.

    Y estoy completamente de acuerdo con usted en lo que le pregunta a Fuca (Francisca para usted). A mí no hay nada que me congratule más que, que los hombres demuestren su talento y su sensibilidad participando en el trabajo de lograr la igualdad de las personas. Tienen tanto derecho y el mismo deber que las mujeres a luchar contra el racismo, sin ser negras, gitanas etc. Me he manifestado a favor del aborto llevando a mi hijo mayor en la sillita y al menor puesto en embarazo de ocho meses, es decir, muy evidente. Me he manifestado a favor de los homosexuales sin serlo… ¿Por qué negarle a los hombres el derecho que yo misma tengo?

    Estoy notando últimamente una reacción violenta de hombres divorciados y apartados de sus hijos, que era de esperar. El tratamiento en los medios del maltrato femenino, es evidentemente machista y hay una especie de letanía con lo del Síndrome de Alienación Parental. No dudo de que haya muchos casos, pero seguro que infinitamente menos de los que ellos denuncian. El otro día, en El País, un hombre, un psicólogo especialista en maltrato, escribía una carta en que negaba, incluso, ese síndrome y decía que solía ser un arma masculina para quejarse de algo tan natural como es que una madre no quiera que sus hijos estén con quien la ha maltratado frente a ellos. Lo de menos es el asunto sobre el que trataba la carta, lo de más es que un hombre, sensato, inteligente, daba la cara por algo que es humano, no sólo femenino y a mí, quizás sea muy tonta, me parece que tiene mucha mayor contundencia que haga esa denuncia un hombre y me emocionó muchísimo. Es una muestra de que jamás se debe decir ¿Para qué?

    Feliz finde a todos.

  19. Fuca

    Ya me extrañaba a mí que nuestro querido Kant no protestara por mis palabras, aunque no he dicho lo que él escribe; nunca dije que me incomodara “que algunos hombres se preocupen por la condición de la mujer”, no sólo no me incomoda sino que pienso que una sociedad no discriminatoria para las mujeres no es posible sin la colaboración de los hombres. Lo que escribí es que no me gusta que los hombres se especialicen en el feminismo, que quieran llevar la batuta, porque quienes más conocemos y padecemos los problemas resultantes de una sociedad machista somos las propias mujeres y creo que a nosotras nos corresponde abrir caminos, proponer y experimentar, aunque nos equivoquemos.
    Lo que me fastidió del artículo de Paco Fuster es que calificara como “verdaderas feministas” aquellas que consideraron a Lessing como referente o modelo “a imitar para la mujer del siglo XX”, porque ¿quiénes son las verdaderas feministas?, ¿las que consideran que la mujer es una clase social y se organizan en un Partido Feminista? o ¿aquellas que creen que los hombres y las mujeres son iguales y, por tanto, tienen que tener los mismos deberes y derechos? o ¿las que creemos que mujeres y hombres somos distintos pero eso no impide que tengamos los mismos derechos? Aunque yo siempre defendí el feminismo de la diferencia, no me atrevería a adjudicar el adjetivo “verdadero” a las defensoras de esta tendencia.
    El problema con Paco Fuster no está en los contenidos sino en las formas; entre lo verdadero y lo falso hay muchísimos matices, pero eso se aprende con los años.

    Gracias por vuestras informaciones sobre el Levante EMV, así me queda más claro el porqué han decidido prescindir de una voz clara e independiente como es la de Justo Serna y, también, el que no se hayan dignado a contestar nuestros mensajes de protesta.

  20. Miguel Veyrat

    Un hombre jamás puede ser feminista: Me lo dijo una francesa en los años setenta cuando yo presumía de progresismo feminista, e intentaba ejercerlo. Procuré escuchar, entender, y practicar pro domo mea las sabias enseñanzas de mis amigas más combativas.. Y con eso recojo la argumentación de domina Francesca y la ratifico.
    Una aportación a la microhistoria de estos días. Otro buen día, de la pretransición, cuando los Reina parecía que iban a continuar la tradición liberal introducida por el fundador de Las Provincias, marqués del Turia —donde por cierto escribía con el pseudónimo de Roc, el poeta más brillante y hondo que ha dado Valencia en el siglo, una aleluya diaria, Vicent Andrés Estellés—, la “pubilla” Reina, que luego se haría con el timón el periodico convirtiendo a ese diario en algo más repugnantemente reaccionario que el actual “La Razón” (¡?) me convenció para que la ayudara a renovar el diario (yo era entonces un periodista cotizado y en boga)… No cobré un duro, porque creí que prestaba un servicio a mi país, y en un par de cenas en Denia, le rediseñé el periódico a “Consuelito” ,ordenándolo y modernizándolo, incluso tipográficamente, y quitándole además las feas sábanas en huecograbado, tipo viejo AB, que impedían dar primeras páginas con noticias francas y frescas. Nunca me he arrepentido más de un acto de generosidad gratuita. Eramos jóvenes. La doña casó con un sicario de Zaplana y se convirtió en una arpía estantigua. Y ahí sigue. Del Levante, pues qué quieren que le diga, yo seguía en Babia, y doy las gracias a Cantarell y Recatalá, nuestro buen Kant, por la reconstrucción de estos últimos años, pues soy valenciano de la “diáspora” y las noticias me faltan de nuestros hechos fastos y nefastos, como los que vivimos estos días con la macabra historia del blog de Justo.

  21. Paco Fuster

    Escribí ayer un extenso comentario sobre muchos temas: la crítica que hace Fuca de mi texto, el interrogante que abre mi amigo Kant sobre qué tipo de problema hay en que un hombre escriba sobre feminismo, lo que dice Miguel sobre si los hombres pueden ser feministas…

    Lamentablemente, ha sucedido lo que pasa a veces. Envié el texto y a mi me salía en pantalla. Sin embargo, hoy cuando me he levantado y ya no estaba. Es una pena, pero ya no tengo tiempo ni fuerzas de volver a redactarlo y argumentarlo todo. Lo siento, pero otra vez será cuando hable de feminismo y la historia de la mujer.

  22. Kant

    Me perdonarán uds. el retraso en comentar sus últimas aportaciones pero he estado todo este fin de semana, el de “la Purísima Constitución” – como ya denominó alguien antes que yo (lamento no recordar a su autor) – ocupadísimo en no hacer nada, ni siquiera poner en marcha el ordenador, así que llego con un poco de retraso a este “post” dado que don Justo – incansable – ya nos ha propuesto otro.

    Por orden de intervención: señor Gómez, le estoy muy agradecido por sus palabras, es ud. una de esas voces poderosas que me gusta escuchar y cuando es para regalarme los oídos (recuerden que soy un egocéntrico compulsivo), mejor. Además, y sobre todo, su recuerdo al fallido Diario de Valencia es una de esas alusiones que recuperan memorias y esperanzas frustradas, y por eso, más ganas de pelearlas para ganarlas.

    Acepto totalmente cuantos achuchones virtuales me quiera ud. enviar, doña Ana, es todo un privilegio, sin embargo, si me lo permite, me quedaré mejor con sus risas – me encanta escuchar que la gente ríe y reír yo mismo – y también con su explicación del “¿para qué?” desde otra perspectiva a la que yo creí entender. Por lo demás, en el asunto que trata, vinculado con las palabras de doña Francisca (Fuca para uds, ya sabe), coincido plenamente con ud y tal vez sería hora de que don Justo se planteara entrar en el asunto masculino-femenino-humano para debatir sobre ello más holgadamente.

    Doña Francisca… si bien comprendo los “peros” que pone al artículo del sr. Fuster, y en ese sentido, también comparto su opinión sobre esos peligrosísimos “carnets de autenticidad” (en esto como en cualquier otra cosa); aprecio una cierta contradicción en la corrección que me propone. A ver si soy capaz de explicarme… no alcanzo a entender la diferencia entre su idea de que “una sociedad no discriminatoria para las mujeres no es posible sin la colaboración de los hombres” (“sic”) a la vez que afirme “que no me gusta que los hombres se especialicen en el feminismo” (“sic”).

    Tal vez, tal vez, el asunto se centra en la inducción que hace ud. al presuponer que porque un hombre se especialice en cuestiones feministas quiera, por eso, “llevar la batuta” (“sic”) en esta cuestión. Indudablemente quienes mejor conocen su problema, son los que lo padecen, pero eso no creo que entre en contradicción con el hecho de que un problema humano quien mejor lo puede resolver es un ser humano. Si aplicáramos su razonamiento a la trata de negros, al de las minusvalías en motricidad, o al del boxeo (por poner tres casos dispares), vea que llegaríamos a una dificilísima solución si no interviniesen en el asunto, respectivamente, blancos, personas con normal motricidad y enemigos de la violencia.

    Que las propias mujeres abran caminos, especialmente si son para toda la humanidad me parece de lo más plausible. No se lo niego, al revés, a ello las aliento, pero si en su camino – abierto o por abrir – se encuentran con personas del otro género preocupadas por ese mismo problema humano (el de la discriminación en razón de género) ¿por qué negarles el trabajo solidario en el mismo frente? ¿no le parece, en el mejor de los casos, que es algo inmadura esa actitud (en expresión del sr. Ulianov, “infantil”)? y en el peor ¿no le parece tremendamente reaccionaria (por limitadora)? Y, en todo ello, apreciadísima dama galaica, no le hablo como hombre, una condición meramente accidental, sino como ser humano, inequívocamente, una condición substancial.

  23. Kant

    ¡Cáspita!, sr. Veyrat, no incluí en la anterior mía, mi agradecimiento por la información sobre la ciudadana Reyna… no podía ser de otra forma. Ahora, leyéndolo, se entienden muchas más cosas del lóbrego asunto de la prensa diaria y semanal valenciana en tiempos de esa larguísima Transición que vivimos en el País Valenciano. Una Transición que aquí ha tenido unos antecedentes más generosos de los que se suele pensar, como ud nos indica, y una posterior prolongación inaudita… que llega a nuestros días de forma ininterrumpida. Por ejemplo, en el País Valenciano seguimos sin obtener detención alguna, ni ilegalización de nada, frente a las agresiones fascistas: ya no sólo por los asesinatos vergonzosamente resueltos de Miquel Grau (en los 80) o Guillem Agulló (en los 90), simplemente, sin ir más lejos, en los últimos quince días hemos tenido que la sede de ERPV – ubicada ante un colegio – fue objeto de una bomba con metralla (bombas sin metralla, asaltos y vandalismo de todo tipo en locales del Bloc y de los Casals Jaume I son cotidianos) y la agresión a una joven de Mislata, miembro de una asociación cultural, atacada por un grupo de energúmenos que, tras meterle un saco en la cabeza, la golpearon sin freno alguno. La semana anterior el agredido fue un portavoz del Bloc en la comarca de L’Horta. Y no pasa nada. En treinta años, aquí, no pasa nada. Lo más lacerante es que ahora, cuando las cámaras de TV descubren el rostro de los fanáticos en las últimas manifestaciones de la AVT, PP o DN, los españoles se admiran con sorpresa y repulsa de su salvaje vehemencia mientras los valencianos no nos sorpendemos de nada, ya los conocemos de décadas de impunidad (repito, décadas): son los viejos frustrados y los jóvenes descerebrados, provenientes ora del mundo lumpen, ora de las más exquisitas residencias de hijos de papá, todos ellos bendecidos por la creencia católica y todos ellos envueltos en la bandera del nacionalismo español. Sí, una muy, muy larga Transición que igual, ya fuera hora de concluir.

  24. Fuca

    No nos entendemos, Kant, en este tema discrepamos. Parto de la base de que los hombres no podéis ser feministas, como muy bien afirma Miguel Veyrat; podéis preocuparos por la discriminación de las mujeres pero una cosa es preocuparse por algo y otra muy distinta es ser las víctimas de algo (70 muertas en lo que va de año, 70; y no hay un solo día en que esta cifra no aumente). ¡Ya me gustaría a mí vivir en una sociedad donde todos fuéramos seres humanos, amigo Kant! Por ahora esa sociedad no existe y nunca existirá si las mujeres no llevamos la iniciativa en todo aquello que nos atañe como personas, contando con la colaboración de los hombres, pero sin que estos nos reemplacen en la cabeza de la lucha. Hace años discutíamos si era conveniente que en las organizaciones feministas pudieran estar los hombres; se hizo la prueba; la mayoría de las iniciativas las proponían los hombres, las mujeres callábamos ante la sabiduría masculina; ellos llevaban la iniciativa; ¡no es justo!

    Y sí, Kant, me hablas como hombre, porque como hombre fuiste educado, como hombre gozaste de los privilegios masculinos, como hombre vives en una sociedad que te es favorable, como hombre tienes una historia y una lengua que te reconoce…, no sigo enumerando las ventajas que tienes como hombre. El día en que hombres y mujeres seamos personas, ese día estaremos hablando de otro mundo, quizá de la utopía en la que algunas-os soñamos.

  25. Kant

    Visto está que es así, como ud dice, doña Francisca. No obstante, no creo tanto que discrepemos en la materia que nos ocupa como que llegamos a ponernos de acuerdo sobre el tema de conversación. Creo que el fundamento de lo que yo le digo está al margen de lo que ud me dice. Opino que igual como para ser entomólogo no hace falta ser insecto, de igual manera entiendo que para conocer el caso de la condición femenina no hace falta ni ser mujer, ni ser feminista, sólo una persona preocupada por un tema que afecta a la condición humano. No le hablo en ningún momento ni de militancias ni de convencimientos ideológicos, le hablo de investigación, que es lo que hace el sr. Fuster y de donde partió todo. Dada su especial sensibilidad con este asunto, considero más oportuno dejarlo aquí si a ud le parece bien.

  26. Paco Fuster

    No quería intervenir ya más en el tema este del feminismo (ya expliqué que escribí un comentario que no se quedó grabado y del que no hice copia), pero sólo quiero decir que estoy de acuerdo al 100 % con las afirmaciones – con todas las referentes al feminismo y la posibilidad de que los hombres se ocupen de él – de mi amigo Kant al respecto.

    Suscribo totalmente su afirmación: “Opino que igual como para ser entomólogo no hace falta ser insecto, de igual manera entiendo que para conocer el caso de la condición femenina no hace falta ni ser mujer, ni ser feminista, sólo una persona preocupada por un tema que afecta a la condición humano. No le hablo en ningún momento ni de militancias ni de convencimientos ideológicos, le hablo de investigación, que es lo que hace el sr. Fuster y de donde partió todo.”

    También digo lo mismo. En mi artículo sobre Lessing no hablo para nada de militancias ni ideologias. Ni si quiera se trata de una investigación, es simplemente un artículo de opinión con más contenido informativo que subjetivo. Lo de “verdaderas feministas” no se debe entender en el sentido de diferenciar entre verdaderas y falsas feministas. No esa para nada mi intención (lean mis trabajos – como el que citaba sobre V.Woolf – y veran que no lo he hecho nunca). Si leen la frase en su contexto propio, uso este adjetivo para diferenciar a las feministas (a todas las que vieron en la obra de Lessing un referente) de la propia Lessing, que nunca declaró ser feminista. Por eso digo textualmente: “Lessing nunca se declaró seguidora del movimiento y nunca aceptó esa etiqueta: fueron las verdaderas feministas las que buscaron y encontraron en la obra de Lessing un referente a seguir…”. Lo que quiero decir es que fueron las que de verdad eran feministas, o las verdaderamente feministas – en oposición y contraste a Lessing – las que la tomaron como un icono del feminismo. Yo creo que está bastante claro que no hago ninguna distinción entre feministas verdaderas y falsas, sino entre feministas y no feministas (en este caso concreto, D.Lessing).

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