¿A quién le interesa Michel Foucault?

Uno. Michel Foucault fue un filósofo que se ocupó de distintos objetos históricos: la locura, la clínica, las ciencias humanas, la cárcel, la sexualidad.

O, en otros términos, se preocupó de los discursos y de las prácticas: de lo que configura nuestras percepciones, causa de nuestros actos; y de lo que hacemos, que acaba siendo concebido y elaborado retrospectivamente. Subrayó las rupturas históricas, las quiebras, las discontinuidades, las diferencias.

Fue un filósofo que provocó inquietud: la distancia crítica de sus iguales, los pensadores; y la simpatía incómoda de los historiadores, aquellos que investigan sobre lo pretérito. Michel Foucault se interesó por el pasado de nuestras certidumbres y de nuestras cosas, sin ahormarlas en un sistema.

Los actos humanos no forman una continuidad histórica; no tienen un origen remoto del que procedan; no experimentan un crecimiento embrionario que después se consume;  no son un esbozo primario que luego se complete.

Michel Foucault fue totalmente consciente de la variedad de sus intereses intelectuales;  consciente, insistía, de que se desplazaba una y otra vez: una forma de dispersión. Pero para él multiplicarse era también  cambiar lo que ya había pensado: una manera de aventurarse. Escribir era como vivir una experiencia. Retengamos la palabra: cada investigación o cada reflexión son experiencias nuevas que modifican la identidad.

“Una experiencia es algo de lo que se sale transformado. Si tuviera que escribir un libro para comunicar lo que ya he pensado, nunca tendría fuerzas para comenzarlo”. Si Michel Foucault lo escribía era porque todavía no sabía exactamente qué pensar de cierto asunto sobre el que tanto le interesaba pensar. “Al hacerlo, el libro me transforma y cambia lo que pienso; en consecuencia, cada nuevo trabajo modifica profundamente los términosde pensamiento a los que había llegado con el anterior”.

Experiencias que cambian a quien experimenta: Michel Foucault no quiso verse como un teórico, como alguien que construye “sistemas deductivos que se apliquen de manera uniforme a diversos ámbitos de investigación”. Quiso, propiamente, experimentar: es decir, cambiarse a sí mismo para no pensar del modo en que hasta entonces había pensado. O en sus propios términos: “Cuando escribo, lo hago sobre todo para cambiarme a mí mismo y no pensar lo mismo que antes”.

Hay que fragmentar evitando el juego consolador del reconocimiento, dice Foucault en Nietzsche, la genealogía, la historia. Y añade literalmente: “saber, incluso en el orden histórico, no significa reconocer, y mucho menos reconocernos. La historia será efectiva en la medida en que introduzca lo discontinuo en nuestro mismo ser”.

Michel Foucault murió en 1984. A pesar del tiempo transcurrido, su influencia no ha decrecido. Hagan la prueba: póngase “Michel Foucault” como  alerta de Google y verán. Los avisos son diarios y procedentes de todas las partes del mundo. O hagan otra prueba: observen los diferentes congresos académicos o extraacadémicos que lo examinan, celebran o cuestionan. Son numerosos y constantes.

Josep Antoni Bermúdez ha organizado en Valencia, en el MuVIM, unas jornadas dedicadas a su obra. Se celebran entre el 15 y el 17 de noviembre. Lo ha titulado Michel Foucault, un pensador poliédrico. No puedo acudir. Confío en que algún amigo del blog nos relate parte de lo que allí se dice y parte de lo que Bermúdez ha concebido. De un libro suyo escribí una reseña hace tiempo y sé de su seriedad y de su pasión. Con él he discutido.

Me pidió un artículo que finalmente escribí. Digo finalmente porque Foucault me tienta desde hace tres décadas con una fascinación a la que me sigo resistiendo. Lo titulé “Ojo de pez. Observaciones de Michel Foucault”. Ahora, otra vez regreso al pensador: se acaban de editar por Amorrortu las Conversaciones con Foucault, que publicó Duccio Trombadori hace muchos años. Leo sus páginas en este nuevo formato y me reencuentro con sus ideas, que tanto incomodan.

Dos. “Nunca sé, cuando comienzo un trabajo, qué pensaré al concluirlo”, admite en estas Conversaciones. Por eso, no sabría precisar cuál es el método con el que trabaja. “Cada libro mío es un modo de desmontar un objeto y de construir a tal fin un método de análisis”, método que podrá reconocer retrospectivamente. También retrospectivamente distinguirá cuál es el andamiaje. Los objetos no se le imponen, pero sí que  le fuerzan a seguir un rastro determinado los vestigios documentales que han dejado (la locura, la cárcel, etcétera). De ahí que Foucault hable del archivo –en un sentido amplio y ambiguo– como el lugar en el que tantear y reconstruir lo que no se ve a simple vista. “Yo no me considero un filosofo”, reconoce.

En realidad se ve como una suerte de experimentador o, si se quiere, como un detective que queda trastornado por sus hallazgos: propiamente es como si con cada experiencia el sujeto anulara o enmendara una parte de lo que es o creía ser. Cada libro que ha escrito, insiste Foucault, lo ha concebido como un experimento destinado a “arrancarme de mí mismo e impedirme ser siempre el mismo”. ¿Es una impostura intelectual? ¿Es una verdad exactamente reveladora?

O en otros términos: si cada libro le cambia, si cada investigación le trastorna, ¿qué hay de cierto o de probado o de sólido en lo que dice o en lo que encuentra? ¿No podría ser un delirio o una ficción? Por un lado, Foucault se vale de métodos incontestablemente académicos: demostración, referencias documentales, etcétera. Por ejemplo, la cárcel que él describe en Vigilar y castigar no es una fabulación: tiene el respaldo de los documentos y de los textos. Desde ese punto de vista, “lo que afirmo en mis escritos puede ser objeto de verificación o desmentida como cualquier otro libro de historia”. Por ello, Foucault se presenta como un positivista. Pero el lector tiene la impresión de que el documento es la base sobre la que él impone algo que el texto no revela: una sobreinterpretación guiada por lo actual, por lo que le acucia. El pasado que estudia no es exactamente pretérito, “sino que es aún nuestro presente…”

Crónica del Congreso sobre Michel Foucault, dirigido por Josep Bermúdez

Por David P. Montesinos.

“…Después de tres días yo tengo la sensación de saber más de lo que sabía y, por tanto, de ser, de alguna manera, alguien mejor de lo que fui antes, sensación que tengo siempre que alguien que me habla o que me discute es capaz de aportarme algo que yo no tenía. En suma, fue un congreso magnífico, no hubo una sola ponencia o un debate por el que no mereciera la pena quedarse un rato más clavándose el odioso respaldo en nuestras maltrechas espaldas…”  Leer más en:

 1. https://justoserna.wordpress.com/2010/11/16/%c2%bfa-quien-le-interesa-michel-foucault/

2. https://justoserna.wordpress.com/2010/11/16/%c2%bfa-quien-le-interesa-michel-foucault/#comment-15115

3. https://justoserna.wordpress.com/2010/11/16/%c2%bfa-quien-le-interesa-michel-foucault/#comment-15116

4. https://justoserna.wordpress.com/2010/11/16/%c2%bfa-quien-le-interesa-michel-foucault/#comment-15121

5. https://justoserna.wordpress.com/2010/11/16/%c2%bfa-quien-le-interesa-michel-foucault/#comment-15122

6. https://justoserna.wordpress.com/2010/11/16/%c2%bfa-quien-le-interesa-michel-foucault/#comment-15124

7. https://justoserna.wordpress.com/2010/11/16/%c2%bfa-quien-le-interesa-michel-foucault/#comment-15125

8. https://justoserna.wordpress.com/2010/11/16/%c2%bfa-quien-le-interesa-michel-foucault/#comment-15126

9. https://justoserna.wordpress.com/2010/11/16/%c2%bfa-quien-le-interesa-michel-foucault/#comment-15127

10. https://justoserna.wordpress.com/2010/11/16/%c2%bfa-quien-le-interesa-michel-foucault/#comment-15128

11. https://justoserna.wordpress.com/2010/11/16/%c2%bfa-quien-le-interesa-michel-foucault/#comment-15129

Colofón. David P. Montesinos,”Congreso” en La cueva del gigante:

http://lacuevadelgigante.blogspot.com/2010/11/congreso-poco-importa-el-tema-que-le-da.html

56 comments

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  1. Miguel Veyrat

    A mí me interesa Michel Foucault. Y mucho. Junto con Cioran fue de los primeros en abrirme la mente hace ya demasiados años —aún la tengo algo obtusa—. La variedad de los temas de la vida co

  2. Miguel Veyrat

    tidiana —su pasión por la vida no tiene rival— que supo iluminar a la lumbre del conocimiento le convierte en una de las guías imprescindibles para entender y vivir la modernidad. Es cierto lo que dice Justo, los relatos nos cambian y cambian el mundo en que vivimos. Y desde Platón, el primer escritor que convirtió la sabiduría en literatura, los pensadores como Foucault nos hacen percibirnos a nosotros mismos como personas y entender a los otros, imprescindibles para construir juntos el pensamiento y la ciudad.
    Quería felicitarles a todos ustedes, empezando por Justo Serna por la calidad de los últimos post y de sus intervenciones, que sólo esta mañana he tenido la oportunidad de leer. Paso cada vez más tiempo sobre mis acantilados, donde no llega más “banda ancha” que la de las mareas.

  3. jserna

    Gracias, Miguel.

    Michel Foucault es un pensador que me fascina y me irrita, que me conmueve y me enfría. Es capaz de la mayor clarividencia y del tropezón más obvio. Es un honor que Miguel Veyrat nos lea, aunque sea a ratos, cuando regresa del acantilado.

  4. David P.Montesinos

    Me gustaría que alguien pudiera decir de mí alguna vez que le fascino y irrito. A lo mejor lo que le pasa, señor Serna, es que sin saberlo, se ha enamorado usted del escritor. Yo decidí hace mucho tiempo no resistirme. La razón es sencilla: la escritura de Foucault me conmueve, y eso no es común en la mayoría de filósofos que he leído. Muchos me han interesado, han sido capaces de decirme cosas que no sabía, e incluyo aquí a pensadores de hace mucho tiempo. Pero Foucault ha logrado eso que a uno suele ocurrirle poco con los académicos que transmiten a través de sus clases o sus escritos lo que investigan, unas investigaciones que, en este caso, son propias de un erudito encarnizado. Me parece certero el diagnóstico de urgencia que hace usted sobre el autor -también me gusta, por cierto, el de Veyrat, que tiene la gracia de pulular por las alturas sin desplomarse-, aunque creo que su peso en la cultura, más que no haberse mitigado desde su muerte, lo que hace es aumentar día a día.

    Lo he advertido hoy en el Congreso que organiza Bermúdez. Está lleno de gente, y sobre todo está lleno de gente joven. Cada uno llega atraído por una cosa -esto tiene que ver con el carácter “poliédrico” del autor francés y que da título al Congreso-: la inclinación hacia el archivo, el encuentro entre la historiografía, la filosofía y la psiquiatría, la teoría queer y la hemorragia de reflexiones en torno a la genealogía de los sexos, la fascinación por el estilo de los pensadores franceses, los impensados en torno a la locura, la atracción por una prosa irremediablemente luminosa, la aureola malditista, qué se yo… Corro el riesgo de sufrir estos días una indigestión foucaultiana, pero tengo la sensación de haber aprendido cosas estos días. Pronto les entrego una crónica si les apetece.

  5. jserna

    ¿Enamorarme del escritor? No creo. O no hasta ese punto. Tuve una juventud más o menos foucaultiana. En cierto sentido, me parecía el colmo de la lucidez cuando desmontaba las evidencias (los ‘aprioris’). Pero al mismo tiempo me disgustaban, me asombraban, me asustaban sus tropezones. En particular, sus simpatías por las experiencias que niegan la razón. Yo soy muy moderado: ya lo sabe, sr. Montesinos.

    Y, por supuesto, será un honor que usted nos haga de cronista del congreso.

  6. Miguel Veyrat

    Foucault, como pienso que quiere decir mi entrañable David, siempre tan sincero, es el pensamiento en estado puro, es decir la vida abierta en canal, desangrada en hemorragia abierta por la indagación del bisturí de la verdad. ¿Amar a Foucault? Sí, como se puede amar la pureza con que un niño se entrega a un juego peligroso en que puede despeñarse a cada intento.

  7. Paco Fuster

    Yo también hubiera ido a lo de Foucault, pero no estoy en Valencia. Estoy en Madrid haciendo contactos y visitando a buenos amigos. Esta mañana he tenido el placer de escuchar a Peter Burke en el CSIC, hace un rato he estado en la UNED charlando con variso profesores y mañana se supone que iré a la Complutense. Vamos, lo que es un viaje relámpago.

    Hablando de Foucault, Ediciones Idea también acaba de publicar una monografía sobre su persona y obra que tiene buena pinta. “Michel Foucault. pensar es resistir”:

    http://www.edicionesidea.com/inicio.asp?mod=libro&ID=1495

  8. jserna

    Sr. Fuster, gracias por ese dato y enlace bibliográficos. Veo que su estancia en Madrid –ese viaje relámpago– está siendo un muy provechoso.

    El problema de muchos textos sobre Foucault es que frecuentemente son parasitarios del autor, completamente parasitarios. Lo parafrasean y no aportan una visión crítica de lo que él dijo. Es como si su lectura convenciera, como si fuera una epifanía, y a partir de entonces el nuevo adepto sólo pudiera hacer una cosa: suscribir lo que Foucault dijo y además en los mismos términos. Por supuesto, no todo es así…

    Por eso, ‘yo no amo a Foucault’. Me interesan sus experiencias investigadoras y me estimulan sus arbitrariedades antiacadémicas, su prosa metafórica, sus documentos insólitos, su sobreinterpretación. Luego, como soy muy moderado, me repliego y regreso al orden del discurso.

    Luego vuelvo…

  9. Paco Fuster

    Escribo desde el Aula de Informática de la Facultad de Geografía e Historia de la UCM (que por cierto triplica en espacio y ordenadores a la de mi facultad) mientras espero a un amigo con quien he quedado.

    Aunque me vaya un poco del tema de Foucault, aprovecho para decir que acabo de leer el Dossier sobre la educación del último número de “Mercurio”. Me lo agencié ayer en mi visita de rigor a la Casa del Libro de la madrileña Gran Vía. Leyendo la discusión del post anterior, tenía cierto interés y ver qué decía Muñoz Molina. Lo he leído y, para ser sincero, creo que – con otras palabras y expresiones – yo no diría cosas muy distintas. No sé si será culpa exclusiva de la “secta de los pedagógos”, pero yo también convengo en que el nivel de la educación actual es muy deficiente y, para mi gusto – y en esto coincido un poco con lo que dice Moreno Castillo -, viene motivado en parte por un sistema de aprendizaje algo absurdo.

    El propio Muñoz Molina cuenta una anécdota que me gustó mucho en “La realidad de la ficción”, sobre una grupo de estudiantes que van al Prado a ver “Las Meninas” (creo recordar que era ese el ejemplo que ponía) sin tener ni idea de quién es Velázquez, sin ningún tipo de contexto ni explicación previa.

    Pero bueno, sé que es un debate mucho más complejo. Habrá ocasiones…

  10. jserna

    Por los clavos de Cristo, sr. Fuster. Dice usted que “el nivel de la educación actual es muy deficiente”. ¿Y en qué época cercana o remota el nivel era distinto? ¿Hubo un tiempo en que las cosas funcionaran bien o incluso muy bien? En el pasado franquista, por ejemplo, la autoridad indiscutida el maestro o del profesor hacía callar a los discentes (bajo amenaza de violencia o expulsión). Pero fíjese que hoy la escuela o la Universidad cumplen funciones múltiples que anteriormente no tenían: de acogimiento, por ejemplo.

    Por otra parte, perdone que se lo diga brutalmente: usted no sabe lo que era estudiar en aquella escuela o en aquella Universidad. ¿Hoy hemos empeorado? No por Dios: hoy hay unos niveles de lectura que nunca se tuvieron; hoy hay una preocupación que nunca se manifestó igual. Pero hoy hay un sistema informativo, comunicativo, referencial y moral tan vasto y tan contradictorio que los muchachos han de guiarse con mucho tiento y con mucha dificultad. Por eso hacen falta educadores y padres que sepan transmitir criterios, admitiendo a la vez que el mundo nos desconcierta cada día.

    Reciba un saludo, sr. Fuster.

  11. Miguel Veyrat

    Querido Justo, ¿existe algo de cierto o de probado o de sólido en lo que dice o en lo que encuentra ningún autor en ningún texto desde que tenemos memoria a través de la escritura? Sólo la propaganda polítics, comercial o religiosa emite preceptos inflexibles que deben ser consumidos por el creyente. Un texto literario, y la filosofía (no la sofía) no es sino literatura, está constantemente abierto a todos las lecturas e interpretaciones porque permite al contrario que los dogmas la libertad de pensamiento y la de expresión. En pensamiento no hay no puede haber dogmas, precisamente porque todo es siempre presente mientras exista la lengua que lo genera: cambia, sobrevive o muere con nosotros. Que también cambiamos, nos sucedemos. No es que crea que le pueda traicionar su comprobada y espléndida vocación de historiador, pero es que la Historia no establece verdades, supone a través de documen

  12. Miguel Veyrat

    tos copia de otros documentos dictados por otras mentes que leyeron documentos y así hasta llegar a la caja enterrada entre las ruinas de Uruk donde se guardaron las tablillas de la epopeya de Gilgamesch a su vez relatos recopilados de otros seres que sucedieron a otros más antiguos. Y así hasta Foucauld y nosotros… demostrando nuestro interés por lo que de verdad importa, pensar y enseñar a pensar sin traba ni dogma alguno: ni siquiera el que adoran los practicantes de la dialéctica pura.

  13. jserna

    Miguel, creo compartir parte de su concepción, pero no toda.

    ¿Existe algo de cierto o de probado o de sólido en lo que dice o en lo que encuentra ningún autor en ningún texto desde que tenemos memoria a través de la escritura?, se pregunta parafraseando lo que yo mismo había dicho.

    El pensamiento racional tiene unos procedimientos a los que el propio Michel Foucault se acoge: la prueba documental, principalmente. El enunciado del historiador, pongamos por caso, no es equivalente a la expresión del poeta. Mientras el verso es intransitivo, connota y no necesariamente alude a una experiencia externa, la frase del investigador es o debe ser exactamente referencial: debe aludir a un mundo externo que está o ya no está pero del que quedan restos materiales. Con esos vestigios, el historiador describe: son sus marcas de historicidad, que decía Krzysztof Pomian. Son las que permiten los procesos de verificación: son las referencias a partir de las cuales desandar el camino de investigación. El historiador está obligado a fundamentar sus juicios de este modo. El poeta no está obligado. Justamente, lo que hace Foucualt es andar como poeta e historiador, entre las marcas de historicidad que permiten la verificación y las marcas de expresión intransitiva que son rasgo del creador.

  14. Paco Fuster

    En eso te doy toda la razón, Justo: en términos globales, no se puede comparar la situación de hace treinta años (por no remontarme más atrás) con la actual. Aun así, y aceptando que el nivel cultural de la sociedad española no es tan bajo como a veces se pinta, sí creo que las cosas se podrían hacer mucho mejor (en la Universidad y, sobre todo, en los institutos).

    En mi tesis dedicaré unas páginas al tema de cómo se veía la educación y el sistema educativo en la España de fin de siglo, en los autores regeneracionistas. Lo haré porque en “El árbol de la ciencia” se dedican varias páginas (curiosamente de las más famosas del libro; mucha gente con la que hablo de la novela siempre me dicen lo mismo) al impacto que causó en el joven Andrés Hurtado su llegada a la Universidad y la forma de obrar de algunos profesores.

    Un saludo igualmente a todos. Ayer en el CSIC hablé con un par de profesores – Juan Pimentel y Leoncio López-Ocón – que me consta que conocen y siguen este blog. Por cierto, Justo, y por si se me olvida con este trajín de nombres y contactos: recuerdos – extensible a Encarna y a Carmen – de parte de José Luís Peset. Muy amable conmigo, como el resto de sus compañeros del Instituto de Historia del CSIC.

  15. Miguel Veyrat

    El mundo, quise decir, pensar y enseñar a pensar el mundo. No hay otra tarea que más importe el empeño; incluso equivocándose y rectificando. O acaso precisamente por eso.

  16. jserna

    Por Dios, sr. Fuster, afortunado es con sus contactos. Muy bien. Por otra parte, es una alegría y un honor recibir los saludos de José Luis Peset, una persona excelente y un estudioso sabio, sabio.

  17. jserna

    Así es, Miguel: pensar y enseñar a pensar el mundo. No hay mejor tarea para el historiador. O, mejor aún, para el educador, por decirlo con Nietzsche.

  18. Paco Fuster

    Es verdad, Justo: todavía sigo en el mismo ordenador, mirando los metros que voy a coger y los transobordos que tengo que hacer para ir a dos librerías (a la caza y captura de algún libro raro, de segunda mano y descatalogado) cada una en su correspondiente punta de Madrid.

    Te vuelvo a dar la razón: he tenido mucha suerte. Ayer conocí – gracias a Juan Pimentel – a varios investigadores del CSIC. Por la tarde estuve en la UNED (gente igualmente amable: Ángeles Lario, Hipólito de la Torre, Juan Avilés, Ángel Herrerín). Esta tarde he quedado con Juan Pablo Fusi y esta noche cenaré con Eduardo Laporte, si llego vivo al final del día. Si mañana me levanto, volveré al CSIC (que no está precisamente céntrico) y comeré – si no pasa nada – con José María González García y compañía. Gente toda muy amable, de trato exquisito.

    Por cierto, y aunque sea desviarse ya por completo de Foucault, ayer Peter Burke dio una charla sobre una tema de perenne actualidad en los últimos años: la relación entre historia y memoria. Sin descubrir grandes novedades, si es cierto que hizo un balance-resumen muy bueno para aclarar ideas, con su toque de erudición y con alguna muestra de flema británica (la conferencia fue en inglés). Y descubrí datos que no sabía sobre su biografía, que también tiene su tela…

  19. jserna

    Por Dios, usted tiene agenda de ministro. Y yo me quejo de hacer muchas cosas… Salude de mi parte a estas personas y, especialmente, a Eduardo Laporte.

    Hay un libro nuevo de Peter Burke que no hay que perderse y del que algo diré en las próximas semanas. El título es feo pero seguramente preciso: ‘Hibridismo cultural’. Sorprendentemente no cita a Michel Foucault (y sí a Norbert Elias o a Pierre Bourdieu).

    Ya hablaremos.

  20. Alejandro Lillo

    Vaya si es interesante lo que escriben de Foucault. Quisiera solo indicir en la última frase del post del señor Serna. No sé si don Justo está de acuerdo con esa apreciación o no, pero a mí me parece muy interesante, tremendamente sugestiva:

    “El pasado que estudia no es exactamente pretérito, “sino que es aún nuestro presente…”.

    Y ruego al señor Montesinos una crónica minuciosa de las conferencias.

  21. Isabel Zarzuela

    Me siento minúscula con algunos post del sr. Serna, y éste desde luego, es uno de ellos. Como diría mi abuela, “cuánto sabe y qué bien escribe”.

    Es una gozada leerles, de verdad. Aprendo y me divierto mucho con ustedes.

    Por cierto, ¿sólo veo yo el enorme parecido físico entre Foucault y Michael Stipe?

  22. David P.Montesinos

    Recién llego de la clausura del curso, francamente interesante, aunque hay mucho de qué hablar. Mañana intento referirles algunas cuestiones. Verán que seré menos académico y abstruso de lo que son algunos foucaultianos…

  23. Alejandro Lillo

    Leyendo sobre Foucault en el último Premio Espasa de Ensayo, Manuel Cruz escribe:

    “El siglo XIX, reconoce Foucault, inventó sin duda las libertades, pero les dio un subsuelo profundo y sólido: la sociedad disciplinaria de la que seguimos dependiendo. No accederemos a una auténtica crítica histórica del presente hasta que no percibamos esto (…) Entender los mecanismos que han posibilitado que seamos lo que somos pasa por introducir una cuña de sospecha en el corazón de las presuntas verdades presentes. No es fácil, y en parte ese es el sentido de la tarea foucaultiana: proponernos una metodología de la perplejidad”.

  24. jserna

    Toda la reflexión de Michel Foucault abunda en este sentido: ¿hay sombras detrás de la egregia aparición del Iluminismo? Suena a cosa trivial, pero no es así: tras la gran epopeya de la Ilustración hay un conjunto de posibilidades que se ciegan, que se ocluyen. Con las Luces aparece una forma de iluminar la realidad, que es lo racional. ¿Pero y lo irracional, lo inconsciente? Hay un romanticismo en Foucault (la voluntad de acercarse al límite), pero hay un positivismo: en su indagación hallamos al erudito que examina minuciosamente el documento porque quiere arrojar luz sobre su significado. Buscar el sentido de los enunciados, de las prácticas, es su tarea primordial: buscar su contexto significativo, su cronología específica. ¿Para qué? ¿Para obtener conocimiento? No, el conocimiento es dato. ¿Para qué? Para saber: saber en el sentido de aquello que te muda, que te transforma. De ahí que Foucault hable de experiencia.

    Volveremos.

  25. David P.Montesinos

    Les refiero la primera parte de mi crónica del Congreso titulado “Foucault, un pensador polièdric”. Antes que nada, a modo de comentario o noticia de lo que un congreso tiene de experiencia, de hecho existencial si quieren, me gustaría referirles algunas sensaciones que me asaltaron durante las tres jornadas, a todas las cuales acudí sin dejar de alternar la escucha del ponente y la toma de apuntes con la observación de aspectos y conductas de los asistentes. (Ya saben que soy algo morboso y cotilla) Encuentros con viejos conocidos a los que uno no ve hace tiempo, antiguos proyectos conjuntos que quieren retomarse, equívocos –como uno francamente divertido que yo sufrí- de gente que va a saludar a un conocido que resulta ser un tipo raro que habla francés y no entiende qué demonios quieres, estéticas a veces alternativas y radicales y a veces delicadamente queer que comparten fila, el director que consigue conducir astutamente a la concurrencia hacia los estados de atención que consiguen dotar al evento de una cierta aureola de trascendencia, un ponente que se sale a fumar cinco minutos antes de su conferencia con cara de fastidio porque no le gusta nada lo que acabo de oír… En fin, señores, diría que el gran teatro del mundo y la feria de las vanidades juntas…

    Todo invitaría a una parodia de Woody Allen contra los intelectuales de no ser por un pequeño detalle: después de tres días yo tengo la sensación de saber más de lo que sabía y, por tanto, de ser, de alguna manera, alguien mejor de lo que fui antes, sensación que tengo siempre que alguien que me habla o que me discute es capaz de aportarme algo que yo no tenía. En suma, fue un congreso magnífico, no hubo una sola ponencia o un debate por el que no mereciera la pena quedarse un rato más clavándose el odioso respaldo en nuestras maltrechas espaldas. Es bien sencillo: el día que los recortes presupuestarios, el fascismo o la mezquindad humana acaben con los congresos, con las revistas, con los blogs de Serna, con las radios libres y, en definitiva, con todas las formas en que institucionalizamos la libre circulación de ideas… ese día, ya lo saben, lo que tendremos es a Belén Esteban. Mientras tanto, debatamos.

    En la presentación del Congreso, el director académico, Josep Bermúdez –en valencià d´Algemesí- se remitió a la célebre Tesis 11 sobre Feuerbach de Karl Marx, según la cual los pensadores debían dejar de interpretar el mundo y plantearse transformarlo. Le dio la vuelta: quizá, dijo, el mundo se está hoy transformando tan frenéticamente que, como no nos da tiempo a pensarlo, lo revolucionario acaso sea, no tanto pretender transformarlo, como lanzarse así, por las bravas, a la aventura de pensarlo.

    La primera ponencia fue suya, sospecho que a disgusto, pues le falló el ponente inicialmente previsto, nada menos que Ángel Gabilondo, en el que ustedes piensan como ministro de Educación y yo –que soy un cotilla, ya se lo he dicho, suelo pensar como hermano de Iñaki-. El caballero es ambas cosas, pero resulta que además es un consumado experto en Foucault, sobre el que ha escrito cosas francamente interesantes. Pues bien, tanto para nada, pues resulta que no vino. Eso sí, Bermúdez contó que la invitación fue cursada antes de que fuera nombrado ministro, lo cual explica la ausencia posterior: se excusó diciendo que “estamos discutiendo los presupuestos”, o sea que Foucault y el Muvim a tomar viento.

    La conferencia se llamó “Foucault al teatre cibernètic de la veritat”. Tuvo la habilidad de arrancar del rigor documental –el texto doctoral de Bermúdez, en cuyo tribunal estuvo Serna ya hace bastantes años, es resultado de un trabajo encarnizado-, para deambular después por esos caminos a los que los académicos temen como la peste, pues tienden a parecer banales. Pero no lo son, o no lo fueron tal y como Bermúdez los presentó.

    Se refirió concretamente al caso wikipedia. Partió del principio de que esa búsqueda de la sabiduría y del conomiento y el cuidado de sí de que tanto habló Foucault en la última época no tiene nada que ver con el conocimiento supuestamente inmediato y universal que nos proporciona la wiki. A diferencia de la Encyclopedie ilustrada, no se busca construir y difundir universalmente el conocimiento, sino proporcionar información, que es cosa muy distinta. Bermúdez ironizó sobre la supuesta neutralidad de la wiki, que nunca acaba de aclarar las claves ideológicas de su contenido, pues pretende no tenerlas, ya que se declara neutral ante los conflictos, y dice pretender mostrar “visiones objetivas” o al menos desde múltiples puntos de vista de aquellos conceptos de los que da cuenta. El ponente se refirió al concepto de wiki Exxon Valdez, que acaso les venga a la memoria a ustedes como nombre del barco protagonista de uno de los mayores desastres ecológicos de la historia. La forma en que se trama la difusión wiki de ese nombre es ciertamente oscura, pues en ningún, bajo la supuesta neutralidad libre de opinión de la wiki, se entra en la responsabilidad moral de quienes perpetraron aquel desastre. Obviamente, la no tendenciosidad de wiki favorece tendenciosamente a la Exxon, hasta el punto de que nuestros hijos no sabrán nunca, si la wiki termina siendo como nos tememos su principal fuente de referencia, que en aquel asunto lo que hubo es un terrible crimen.

    Mi conclusión foucaultiana: eso a lo que llamamos “la verdad” es un juego indisociable de las relaciones de poder, lo cual no quiere decir que la verdad sea poder, lo que quiere decir es que atributos como el de la objetividad o la neutralidad, o la pretensión de que ciertas verdades son simplemente “técnicas” ocultan con frecuencias procedimientos de los que hay que sospechar.

    Mañana sigo, no me olviden

  26. jserna

    Oiga, sr. Montesinos, permítame: esta crónica es francamente divertida. Y es, además, una descripción densa, descripción densa en el sentido que le diera Clifford Geertz a esta fórmula: detenerse en el fragmento para reconstruir tentativamente un todo, un entero, cuyo contorno aún ignoramos o cuyo contexto no tiene limites seguros o sabidos de antemano. Ya veremos dónde nos lleva, sr. Montesinos.

    Clifford Geertz era, por cierto, un antropólogo que admiraba a Foucault: gracias a su enseñanza supo y pudo desmontar las prácticas y los discursos (en realidad, relatos) que constituyen la etnología en verdad (‘El antropólogo como autor’).

    Oiga, sr. Montesinos, nos deja con la miel en los labios a quienes no hemos podido acudir al Congreso. Seguiremos leyendo su descripción densa.

  27. David P.Montesinos

    El segundo conferenciante, Phillippe Artières, un hombre relativamente joven y con cierta pinta de protagonista de una película de Erich Rohmer, es experto en Antropología de la escritura, y su fuerte es el tema de la labor archivística de Foucault. Fue acaso la conferencia mas “técnica”, lo cual no equivale a aburrida. Diría que fue una llamada en favor del rigor, una forma de explicar en qué consiste una labor de rastreo realmente seria y fecunda. Pensé al escucharle en cosas que le he oído decir al señor Serna, por ejemplo al hilo del reciente libro de las hermanas García Monerris sobre el General Elío. Artiéres sostiene que esta forma de trabajo tan terriblemente minuciosa e ingrata -“la calva de Foucault se hizo conocida en los sótanos de las grandes bibliotecas de París”- es algo más que un recurso intelectual, si hoy podemos hablar de este filósofo es porque se encontró con su propio pensamiento precisamente al contacto con todos esos legajos de papeles que sacaba de las entrañas de las bibliotecas.

  28. David P.Montesinos

    Bueno, pues Antonio Lastra la lió, tal y como, alguno lo recuerda, hizo en la presentación de mi ensayo hace tres años. A veces me cuesta encontrar una sola frase suya con la que esté de acuerdo, de hecho no comparto nada de lo que dijo en la conferencia, y sin embargo, debo reconocer que ejerce un particular poder de seducción en sus apariciones, que domina magistralmente la escena y que su bagaje intelectual es brutal. Desde luego no es indiferencia lo que cosecha.

    Fue ciertamente hábil en su discurso. No siendo amante para nada de la obra foucaultiana, aprovechó un detalle imprevisto para entrar a hurgar en las heridas que, según él, abren por todas partes los textos foucaultianos. Su ponencia, “Foucault en la Casa Blanca, una heterotopía”, arranca de una aparición de décimas de segundo en el último capítulo de una serie considerada -comparto este diagnóstico- como una obra maestra en sus seis o siete temporadas de emisión: “El ala oeste de la Casa Blanca”. En el último capítulo, cuando el presidente demócrata Bartlett abandona la Casa, se produce el desmontaje de sus enseres ante la inminente llegada del nuevo presidente. El único libro cuyo lomo llega a entreverse es uno de Foucault. Antonio aprovechó tan enigmática aparición para arremeter contra Foucault y, en general, contra aquellas formas de pensamiento que, como la de Carl Schmitt, son incapaces de proporcionar bases teóricas para remediar la hobbesiana guerra permanente. Como alternativa, propuso la relectura de los textos en que se fundamenta la democracia norteamericana, empezando por Jefferson y la propia Constitución, sin olvidarnos de Emerson o Thoreau, textos todos ellos desde los que se entiende que la famosa “restricción republicana” es la clave de inmunidad de la democracia respecto de todos sus riesgos y enemigos.

    Alguien recordó a Lastra tras la ponencia que la restricción republicana no evitó Hiroshima y Nagasaki, entre otras muchas empresas sumamente discutibles que han llevado a cabo los gobiernos americanos. El debate posterior fue francamente chulo y, para mi gusto, se quedó corto, pero Lastra consiguió que todos pudiéramos vincular temas supuestamente muy académicos con problemas de los que todos hablamos cotidianamente, también en foros como éste.

    pdta: Lastra hizo alusión a un capítulo de la serie que he podido ver en el ordenador. Ojo, es una obra maestra y puede seguirse sin necesidad de haber visto la serie, basta una pequeña contextualización general a la serie que, como puede que ya sepan, constituye algo así como expresión ideológica en formato televisivo de la visión que del poder constitucional tiene la gente del Partido Demócrata. No se lo pierdan, se encontrarán en el capítulo con los ecos de la América de Kennedy, sabrán algo más de lo que se cuece en las cocinas del poder, quizá incluso les haga pensar sobre Obama, sobre la imagen que los liberales yanquis tienen de Dios, sobre el psicoanálisis… Todo ello en solo 42 minutos. Cuando quieran les explico por qué creo que Carlos Boyero tiene razón cuando dice que el talento se ha desplazado desde el cine hasta el mundo televisivo. Es una realidad dura de aceptar para muchos, pero está ahí y empieza a parecerme una evidencia. El capítulo, creo que de la tercera temporada, se llama “Dos catedrales”

  29. Alejandro Lillo

    Vamos a ver, don David, que me menta a la madre. Resulta que, desde hace años, vengo dándole la coña a diferentes personas de mi entorno sobre lo magnífica que es “El ala oeste de la Casa Blanca” y ahora viene usted con que es una obra maestra. ¿Es que siempre tengo que estar de acuerdo con lo que usted dice? ¿Qué es esto, algún tipo de maldición bíblica? Usted habla que me tengo que callar, porque no lo puedo decir mejor.

    Con respecto a la conferecias -muchísimas gracias por su cuidado y detallado resumen- me da la sensación que el señor Lastra fue arrojando a diestro y siniestro cargas de profundidad. Menudo debate debió montarse tras su conferencia, sobre todo si, como usted dice, la cosa era una mezcla de la feria de las vanidades y el gran teatro del mundo. Lástima lo de Gabilondo. Es un tipo muy interesante. Leyéndole, da rabia no haber podido presenciar las charlas.

    Por otro lado, y cerrando el círculo del “Ala Oeste”, que el Apacalíptico Martin Sheen (si, ya sé que si le llamo por su nombre real, Ramón Gerardo Antonio Estévez, la cosa pierne un poco de glamour) transmutado en un increíble presidente de los EE.UU de América lea a Foucault parece un poco excesivo (No sé Obama, pero piensen en la galleta de Bush II).

  30. David P.Montesinos

    La haré caso a sus consejos televisivos el día que usted haga caso a los míos, por ejemplo cuando vea The wire.

    Creo que con esa imagen casi subliminal del último capítulo intentaban sugerir algo. Lastra cree que se trata de la impotencia del poder, la incapacidad para tomar decisiones realmente transitivas con la que termina encontrándose angustiosamente el ocupante de la Casa Blanca. Él cree que esto es lo que plantea Foucault, y obviamente no lo comparte, yo tengo mis dudas.

  31. David P.Montesinos

    Dijo Nietzsche haber olvidado su paraguas y a Derrida –gran filósofo pero un poco pelmazo- no se le ocurrió mejor cosa que escribir un artículo en torno a la frase de Nietzche “He olvidado mi paraguas”. (Menos mal que a Nietzsche no le dio por decir “me estoy meando”) Viene a cuento esta gilipollez porque mi frase aparentemente inane “he olvidado mi carpeta en el instituto” tiene gran trascendencia, pues supone que estoy sin los apuntes del curso, con lo cual abreviaré sobremanera las crónicas foucaultianas con las que estoy dándoles la murga en las últimas horas. (Respire tranquilo, Lillo) Hablaré pues de memoria.

    Gaetano Rambetta, de la Universidad de Padua, leyó la última ponencia del lunes, con el título, “¿cuál es el lugar de la filosofía en la filosofía de Foucault?”. La frase tiene algo de paradójica, pero es una paradoja intelectualmente rentable. Foucault entendió que el pensamiento solo sería eficaz en la manera en que acertara a romper los esquemas institucionalizados, las formas en que históricamente ha cristalizado y se han hecho fuertes en nuestras mentes. No otra cosa es el famoso “afuera” que tomó de Max Blanchot, otro de los grandes del pensamiento francés, algo así como pensar la filosofía desde sus bordes o desde el vacío en el cual se asienta. En palabras más claras: Foucault difuminó conscientemente la labor “especializada” del filósofo de la del literato, de ahí que, antes que filósofo, se declarara “escritor”, y que considerara tan trascendente para su análisis –quizá más- la lectura de Sade o Rabelais, pues esa exterioridad a la filosofía le permitía desvelar críticamente la configuración de lo que históricamente se ha ido conociendo como “discurso científico”.

    El martes empezó Alain Brossat, de Paris VIII. Un buen amigo mío, Josep Ignaci Benito, con siete años de estancia universitaria en la capital francesa, se encargó de traducir el debate. Comprobé la extrema dificultad en que a veces trabajan los traductores. La gente cree que puede soltar una parrafada de un minuto y medio y que el traductor la va a reproducir fielmente, así como si nada. El título es algo así como “Poder pastoral y la vía bestial”. Estuvo bien, muy bien. Nos hizo desconfiar de las miradas que históricamente comparan la gubernamentalidad de los seres humanos con el pastoreo. El pastor mira por las ovejas, las reconviene, las protege, pero no entra en diálogo con ellas, sin olvidarnos de que han de terminar siendo esquiladas o incluso devoradas. En lo que el pensamiento griego toma de Oriente a través de la infiltración del cristianismo se advierte ese peligro. Pero el principio helenista de la sabiduría y el cuidado de sí no son afines a ese concepto del rebaño, cuya condición de posibilidad es siempre la sumisión. Brossat tiene un libro francamente interesante, “La democracia inmunitaria”. Me lo presentaron y me dio la mano, desde que me dio la mano Kempes ninguna celebridad me había concedido tal honor.

    A continuación, Rosa Mª Rodríguez Magda leyó su ponencia “Una lectura feminista de Michel Foucault”. Dirige la institución Alfonso el Magnánimo o la Casa Museo Blasco Ibáñez. Sólida, muy sólida. Expuso de qué manera la investigación foucaultiana sobre la constitución histórica de los géneros puede alumbrar nuestra percepción actual del problema de las identidades sexuales. Recriminó a Foucault el no haberse dedicado expresamente a la doble condición de víctimas que las mujeres arrastran en el seno de las relaciones de poder que Foucault denuncia. Fue muy interesante el debate que suscitó al hilo de la teoría “queer”, bastante de moda últimamente por el caso de Remedios Preciados, al que El País Semanal concedió un reportaje recientemente, y también por la fiebre de lectura en torno a la pensadora J. Butler. La ponente mostró cierta desconfianza hacia el planteamiento transgenérico, pues cree que está bien partir de la idea de que las identidades sexuales son una construcción social, pero ve un riesgo de recaída en la sumisión del consumismo con prácticas como las de hormonarse de testosterona o cosas similares para cuestionar la identidad sexual socialmente adquirida.

  32. David P.Montesinos

    Por cierto, esto va para usted, señor Serna, me quedé con las ganas de preguntarle al transalpino Rambetta qué pasa con Eco y Ginzburg, nombres que no aparecieron en los tres días del congreso, ni siquiera viniendo de Italia el caballero. Tampoco recuerdo haber oído nada sobre Negri.

  33. David P.Montesinos

    La jornada se cerró con un atracón de Pierre Riviére, un tipo tronado que en el siglo XIX se cargó a su madre y a sus hermanos, no recuerdo si en venganza por la vida desgraciada que le dieron a su difunto padre o porque le cambiaban el canal de la tele. Lo llamativo de este caso muy de archivo es que interfecto rompió una de los principios inconmovibles sobre los que históricamente se configura la mirada clínica sobre la demencia: el silencio, es decir, la condición puramente objetual del loco, el cual no es sino un negativo de la razón, la patología entendida como la perturbación de la “normalidad”. Riviére desconcertó completamente a los médicos de la incipiente psiquiatría de la época porque elaboró un discurso sobre su propio crimen, es decir, elaboró una toma de posición de la locura desde sí misma, creándole un inquietante “yo pienso” completamente perverso desde el cartesianismo. Tiene su miga el asunto. Después nos pusieron la peli franchuta sobre el caso Pierre Riviére, que contó en su momento con la participación esencial de Foucault, pero a mí me dolían las ancas sobremanera y opté por irme a mi casa a ver un partido de fútbol con la excusa de que “tengo un compromiso ineludible”

  34. David P.Montesinos

    Sigo a riesgo de que le cojan un poquito de rabia a Michel Foucault, aunque de paso le doy un crudo despertar a Lillo. La tercera y última jornada fue abierta por Zouaoui Beghoura, que llegó de la universidad de Argel. Interesante porque, al tratarse de la mirada árabe sobre un autor que anduvo siempre preocupado por el tema del postcolonialismo o el conflicto cultural, tuvo la virtud de explicar cómo había iluminado a muchos investigadores árabes respecto a, por ejemplo, las dificultades de la modernización o, lo que es lo mismo, de la laicización del mundo islámico. La posición de Zouaoui es que el problema no ha sido la incapacidad de separar razón y religión, algo que en realidad se ha hecho desde el pensamiento árabe desde hace muchísimo, sino el no haber sido capaces de desarrollar una gran teoría de la racionalidad en la línea de lo que Europa hizo con la Ilustración. Lo realmente emocionante fue, en cualquier caso, el debate, que nos llevó por caminos espinosos pero, por eso mismo, apasionantes. Por ejemplo, le preguntaron por qué escribió su discurso en francés y no en árabe. ZB dijo que así se lo pidió el director académico, por aquello de facilitar la traducción. Le preguntaron por su posición sobre la revolución iraní de los ayatollahs o sobre el irredento machismo del Islam. Dijo tener dos hijas, una usa habitualmente velo y otra no.

  35. David P.Montesinos

    Manuel Jiménez estuvo sencillamente maravilloso, fue capaz de cautivar al personal con un discurso tremendamente bien dirigido y documentado pero, al mismo tiempo, perfectamente claro y entendible, como siempre sucede con un filósofo al que Bermúdez, sin ocultar la emoción que despiertan los viejos maestros en los bien nacidos, destacó como una figura mucho más reconocida fuera que dentro de nuestras fronteras. Jiménez, que ha realizado la traducción más experta de la Fenomenología del Espíritu que hayamos visto en español, es experto consumado en Hegel, Heidegger, Habermas… todas las haches que ustedes quieran, y además en Foucault.

    Disertó en torno al concepto de parrhesia, concepto obviamente proveniente del helenismo y que Foucault rentabilizó contumazmente en sus últimos estudios. Al contrario que la famosa isegoría, que aseguraba a los ciudadanos el derecho a tomar la palabra, la parrhesia era una virtud, y suponía atreverse a tomar la palabra para decir la verdad. (Etimológicamente es “decirlo todo”, lo que para Foucault no se debe entender en el sentido del bocazas ingenuo que suelta lo que le pasa por la cabeza, sino más bien en el del que sabe no ser taimado y transmite honestamente aquello que realmente piensa)

    La propuesta de Jiménez es que es un error hablar en demasía de Foucault como un filósofo de ruptura, como suele pensarse. Es cierto que parece hablar un lenguaje nuevo con respecto a la tradición filosófico y que sus métodos de investigación son extraños y novedosos, pero Jiménez demuestra que para acceder al alma griega, tal y como nos encontramos en los dos últimos tomos de Historia de la sexualidad, no deja de hacer valer ciertas mediaciones que no siempre reconoce, especialmente Heidegger. Parece haber en Foucault una deuda impagada con el autor de Ser y tiempo, aparte de, por supuesto, con Kant y Hegel, todo lo cual nos lleva a la convicción de que Foucault está más lejos de la disidencia académica que tanto se ha mitificado, llegando a situarle como una especie de outsider medio loco de los distritos universitarios. Como dijo Jiménez, “ruptura sí, pero menos”.

  36. David P.Montesinos

    José Luis Rodríguez García dedicó su ponencia al interés foucaultiano por la “extravagancia”. El famoso dandismo con que Foucault saluda su imagen de la modernidad, que tiene a Baudelaire como figura paradigmática, tiene mucho que ver con esto. El inicial interés por los locos, los marginados, los silenciados, los presos… se va trasladando con el tiempo en la obra foucaultiana hacia este tipo de personajes liminares que asumen el desafío de la modernidad desde la voluntad de autoconstruir la identidad, algo así como jugar el juego de la vida desde los afueras que la normalidad va dejando tras de sí. Figuras como Raymond Roussel, al que Foucault dedicó un ensayo, y que es el paradigma del escritor fracasado, cobran aquí inesperado interés.

    El debate planteó preguntas ciertamente trascendentes, aunque resultó algo decepcionante porque el ponente, no sé si por falta de tiempo, no optó por entrar demasiado al trapo. Se le planteó eso que siempre da vueltas en torno a la trascendencia de la obra de Foucault, si es verdaderamente posible “sumar” con esa obra en la dirección de crear derechos y músculo jurídico y político en favor de los sometidos y en evitación de la guerra permanente. Nadie duda del poder crítico de su filosofía, pero muchos -no me cuento entre ellos- creen que el seguimiento no oculto a las teorías nietzschanas de la voluntad de poder o el superhombre conducen a la ética a un callejón sin salida, de tal manera que es difícil encontrar una propuesta emancipatoria y democrática. Parece, para quienes así piensan, que desde la arqueología y la genealogía, desde la omnipresencia de la idea foucaultiana del poder -que atraviesa como concepto/fuerza los juegos de verdad- tan factible es inclinarse por los débiles como hacerlo en favor del nazismo.

    Así, hubo quien entre el público preguntó con hábil ironía si los extravagantes que tanto gustan a los foucaultianos no serían ahora tipos repugnantes que salen en los medios de la derecha y muestran sus inclinaciones pederastas o su desprecio por los inmigrantes. Buena pregunta, pero dudo mucho que la extravagancia a la que Foucault se refería tuviera algo que ver con tipos de esta calaña. En fin, esto sería largo de discutir y no quiero que tengan pesadillas conmigo esta noche.

  37. David P.Montesinos

    El último de los ponentes del Congreso fue Miguel Morey,con quien recuerdo que Justo compartió tribunal de tesis en alguna ocasión. Morey tiene algo poco habitual en el gremio académico, capacidad para reírse de sí mismo y, por ende, ironizar sobre el contexto supuestamente serio en que se celebra un evento tan sesudo como es un congreso de sabios. “Las políticas de la experiencia en Michel Foucault”, se tituló. No creo que haya un difusor del autor de Poitiers mas antiguo en nuestro país.

    Yo creo que Morey pone el dedo en la llaga de la cuestión por la cual Foucault nos resulta alguno más seductor que la mayoría de filósofos. Cuando la filosofía no es entendida en su valor existencial, como experiencia, como construcción de sentido, como la capacidad para articular significaciones, entonces tan solo es erudición, escolástica, un vehículo más de sumisión. No interesa si Foucault fue o no un gran buscador de excitantes experiencias -por más que se tematice a menudo esa cuestión-, lo relevante es el carácter radical experiencia que para él tenía el acto de la escritura. Me gusta esa idea de pensar en la filosofía como aventura (Uno de mis textos favoritos, de Eugenio Trías, se llamó justamente así, “La aventura filosófica”)

    Morey es autor de uno de los textos más conmovedores que yo he leído en mucho tiempo: “Deseo de ser piel roja”, quiero creer que inspirado en el poema homónimo de Leopoldo Mª Panero:

    DESEO DE SER PIEL ROJA

    La llanura infinita y el cielo su reflejo.

    Deseo de ser piel roja.

    A las ciudades sin aire llega a veces sin ruido

    el relincho de un onagro o el trotar de un bisonte.

    Deseo de ser piel roja.

    Sitting Bull ha muerto: no hay tambores

    que anuncien su llegada a las Grandes Praderas.

    Deseo

    de ser piel roja.

    El caballo de hierro cruza ahora sin miedo

    desiertos abrasados de silencio.

    Deseo de ser piel roja.

    Sitting Bull ha muerto y no hay tambores

    para hacerlo volver desde el reino de las sombras.

    Deseo de ser piel roja.

    Cruzó un último jinete la infinita

    llanura, dejó tras de sí vana

    polvareda, que luego se deshizo en el viento.

    Deseo de ser piel roja.

    En la Reservación no anida

    serpiente de cascabel, sino abandono.

    DESEO DE SER PIEL ROJA.

    (Sitting Bull ha muerto, los tambores

    lo gritan sin esperar respuesta.)

  38. David P.Montesinos

    Esto del Deseo de ser piel roja de Morey:

    “¿Qué sabemos del oscuro viento que nos conduce?”

    O esto otro: “Los sueños no están para que se cumplan -eso es lo que el hombre blanco ha ignorado desde siempre. Los sueños están para acompañarnos, para que el corazón descanse -y poder así seguir preguntándonos por qué se hace preciso continuar en pie de guerra.”

    Sigan ustedes acompañados de sus sueños, yo les dejo en paz ya con la murga foucaultiana.

  39. jserna

    Sr. Montesinos, le agradezco –le agradecemos– la crónica detallada y jovial que nos ha hecho del Congreso. Si algún periodista quiere hacerse una idea de lo ocurrido, debería pasarse por aquí, por la redacción, o por la sala de máquinas: leyéndole tendría una idea cabal de lo ocurrido. Su generosidad, sr. Montesinos, no tiene límites.

    Ahora me doy cuenta de lo que me he perdido por no haber acudido al Congreso: mis obligaciones académicas (ningún partido de fútbol…) y luego un pequeño o grave trastorno familiar me han impedido acercarme.

    Creo que mi introducción a Foucault sugiere, más que explica o desmenuza o detalla; y creo que su relato de las jornadas es un ejemplo de lo que usted es capaz de hacer: observar con ternura e ironía.

    Y sobre el Deseo de ser piel roja, discusión que ya tuvimos, le remito a esta entrada:

    https://justoserna.wordpress.com/2009/10/05/deseo-de-ser-historiador/

    “Si uno fuera de verdad un indio, siempre alerta, y sobre el caballo galopante, sesgado en el aire, vibrara una y otra vez sobre el suelo vibrante, hasta dejar las espuelas, pues no había espuelas, hasta desechar las riendas, pues no había riendas, y por delante apenas veía el terreno como un brezal segado al raso, ya sin cuello ni cabeza de caballo“. Este famosísimo microrrelato de Franz Kafka, titulado ‘Deseo de ser piel roja’ (o también ‘Deseo de convertirse en indio’) expresa una imposibilidad y un sueño: la desaparición de todo límite material, la multiplicación de la potencia, la confusión del objeto y del sujeto, la eliminación del tiempo.

  40. jserna

    Por cierto, hoy es 20 de noviembre. Imaginen qué post tenía en la recámara. Por supuesto no lo voy a cambiar.

    Por agradecimiento, por respeto, por simpatía a David P. Montesinos.

  41. David P.Montesinos

    Simpatía que usted ya sabe que es mutua, aunque creo que hace mal, porque el 20 N siempre es el 20 N, y, reconozcámoslo, tiene mucho morbo.

  42. Miguel Veyrat

    Veo, tras esta magnífica serie de comentarios que en conclusión, no andaba yo muy equivocado en mi primer comentario. El señor Montesinos se ha revelado como un cronista implacable y preciso, cosa que en mi humilde criterio es en lo que han devenido los filósofos hoy en día, pero como ellos consideran de sí mismos, “a lo grande”. “No interesa si Foucault fue o no un gran buscador de excitantes experiencias -por más que se tematice a menudo esa cuestión-, lo relevante es el carácter radical experiencia que para él tenía el acto de la escritura. Me gusta esa idea de pensar en la filosofía como aventura”. Es de lo que se trata cuando se tiene exactamente la plena sensación de estar vivo y necesitamos saber para qué. Gracias a todos y a Justo por plantearlo.
    En cuanto al 20 de noviembre. ¡Es que no nos dejan olvidarlo! Y quizás sea lo mejor, en el fondo, para que nunca pueda repetirse-

  43. Marisa Bou

    Señor Montesinos, es usted tremendo. Yo estaba aquí leyéndoles, dispuesta a no intervenir, porque ¿qué iba a decir yo acerca de la filosofía en general -y de Foucault en particular- que mereciera la pena de ser leído?

    Pero me veo en la necesidad de decirle que jamás he asistido a ninguna conferencia tan amena, tan sustancial, tan provechosa, como la que usted nos cuenta. Porque su narración ha flotado en este post por encima de las intervenciones, tan enjundiosas siempre, de nuestro erudito bloguer y sus no menos sabios contertulios. Y eso que, en esta ocasión, hemos tenido la dicha de contar hasta con las intervenciones, siempre oportunas, de nuestro poeta particular, admirador de la mar Atlántica, don Miguel Veyrat el añorado.

    Me veo, pues, en la necesidad de pedirle a don David que sea nuestro narrador oficial de conferencias, pues la claridad .y a la vez el desenfado- de su exposición las hacen atrayentes a los que no tenemos la suerte de haberlas escuchado en directo, ni estamos muy puestos en la materia.

    De lo que puede estar usted seguro es de que he empezado a entender a Foucault, y en general a la Filosofía, al leerle a usted. ¡Salud, compañero filósofo!

  44. David P.Montesinos

    Gracias a ambos por sus elogios, y más viniendo de personas exigentes como son Miguel y Marisa. Lo último que dice Marisa, lo de que le he hecho más entendible a Foucault me complace especialmente. Tengan cuidado con lo que me dicen, que me crezco.

  45. jserna

    Pero bueno…, la sra. Bou. Qué alegría. Esta semana estamos de enhorabuena.

    Como dice David P. Montesinos: si le dan cuerda, se crece. Más aún.

    Espléndidas compañías.

  46. Marisa Bou

    Deje, deje, señor Serna, que se crezca el señor Montesinos. Aunque yo ya le veo como el gigante de su cueva, no está de más que se crezca y pierda ese puntillo de timidez, que él describe con gran desparpajo para deleite de los que le leemos.

    Al menos así se compensa alguna que otra disminución que nos aqueja.
    No he dejado en ningún momento de leerles y de disfrutar con la lectura. El problema es que no me sentía capaz de decir nada coherente. Tampoco es que ahora tenga mucho que decir, pero me apetecía saludarles.

  47. Miguel Veyrat

    Un amigo poeta y portugués, Víctor O. Mateus acaba de escribirme: quiere traducir y publicar en su muy recomendable blog dedicado a la poesía http://adispersapalavra.blogspot.com/, un poema de “Conocimiento de la llama”: La voz Arcana. He releído mi poema hallando que su ambigua referencia a los fundamentos que unen en sus orígenes a filósofos y poetas ante el asombro frente al mundo, podría ser un buen colofón a todas estas reflexiones en torno a Foucauld, un filósofo- fundador a partir de los orígenes del habla:

    Conocer
    y fundarte.

    Arrebatar
    tu nombre
    a lo oscuro
    anónimo
    y secreto.

    Nombrarte,
    para que fueras
    Ser y No Ser
    a un tiempo

    Y todos pudieran
    llevar tu nombre:

    Y así poblarte
    de febril escritura,
    meteoro humano
    que conjura

    El pavoroso vacío.

    ***

    No sé por qué después de transcribir este poema he tenido el deseo de firmarlo como hizo Hölderlin con sus poemas escritos durante los cuarenta años que duró su estado de locura: “Humildemente, Scardanelli”.
    Pues eso. Siempre humildemente suyo para lo que gusten mandar y siempre intentando crecer, como el sr. Montesinos, que lo hace a tramos de gigante, en efecto.
    Y ya para terminar, si creen ustedes como yo en la futura República Ibérica, comiencen su acción militante leyendo a Víctor Mateus en su blog arriba reseñado. Lo agradecerán.

  48. R.S.R.

    En fin, Sr. Montesinos no hay duda de que usted sabe como sacar a bailar, y yo lo hago con gusto aunque solo sea para agradecerle el relato que nos ha hecho del congreso de Foucault.
    Un relato repleto de inteligencia, comprensión e ironía. Una melodía filosófica que usted compone con las intervenciones de los ponentes con su habitual brillantez estilística, y que nos deja el regusto amargo de habérnoslo perdido. Un relato que satisface esa apetencia casi atávica de oír una voz que nos cuenta, y que usted además, con esa querencia por mostrar lo paródico que tienen siempre los acontecimientos sociales, nos deja boquiabiertos y divertidos.
    Foucault me lo descubrió, fíjese lo que son las cosas, Salvador Feliu, tenía que hacer un trabajo y buscaba tema, después de algunas charlas acerca de lo que yo había leído y de cuales eran mis intereses me dijo que probara con este autor: “lee la verdad y las formas jurídicas y ya me dirás”. Fue tal el impacto que produjo en mí que me metí de lleno en Vigilar y Castigar. Me parece uno de esos autores imprescindibles para comprender el mundo actual y que te enseñan a analizar la realidad de otro modo. Ahora, por otras razones, vuelvo a ese pequeño libro que en su epílogo propone un concepto de verdad como poco provocador.

    Lo dicho: un placer haber leído esta entrada y esa crónica, yo también me quedo con “la sensación de saber más de lo que sabía”.

  49. Miguel Veyrat

    Tengo un enorme respeto por Morey, por sus escritos y sus traducciones del gran Giorgio Colli; pero en cuan

  50. Miguel Veyrat

    to a su poema y el homónimo de Panero, ambos penden y de qué manera de “Le Bateau Ivre” de J. A. Rimbaud. Sí, la escritura es una aventura, sea cual quiera que sea el género escogido. Así todos nos aseguramos saber más de lo que sabíamos, viajando se aprende mucho. ¿Qué sabemos del oscuro viento que nos conduce? Que Miguel Morey es el autor de la traducción ejemplar del Zenón de Elea de Colli. Sabemos que nos lleva al borde del volcán, a dejar el rastro de nuestra huella en la ceniza desde donde la llanura infinita y el reflejo del cielo. ¡Todos a bailar! como querría Foucauld: es el “pensamiento del afuera”. “Hablo” pone a prueba toda la ficción moderna”.

  51. David P.Montesinos

    Bailemos pues, desconocía el dato que nos da Miguel. A R. sólo puedo darle las gracias por su generosidad, comparable a las de otros habituales del blog. Me ha emocionado, debo reconocerlo, la referencia a Salvador Feliú, un personaje sumamente trascendente por muchas razones que algún día habré de relatarle. Me permito un consejo, aunque es posible que llegue tarde y ya las haya leído. Yo creo que la primera obra grande de Foucault, la Historia de la locura en la época clásica es una lectura imprescindible y conmovedora. Yo soy fanático además de un pequeño ensayo que me influyó tanto como, por lo que veo aquel que Feliú le recomendó, La verdad y las formas jurídicas, me refiero a Nietzsche, la filosofía, la historia, que aquí tradujo la admirable Pre-Textos. Gracias a todos por sus elogios. Dicen que el elogio debilita, pero a mí me hace sentir muy bien, más viniendo de alguien que no suele mostrar temor a la hora de expresar también sus discrepancias. Gracias de verdad.

  52. jserna

    Qué derroche…, qué agradable es todo esto.

    Montesinos es un tipo generoso que reparte su saber e ironía a manos llenas. Ya lo sabían. Ya lo han confirmado.

  53. Isabel Zarzuela

    Pues yo siento discrepar con todos ustedes: no creo que don David haya destacado especialmente con esta crónica sobre el Congreso de Foucault porque siempre lo ha hecho en todas sus intervenciones. Y es que el sr. Montesinos tiene esa maldita costumbre de expresar tan sumamente bien y por escrito sus interesantes ideas y su sabia erudición… que esto para mí no es nada nuevo (bueno con Foucault, desde este post, no sé qué me ha pasado pero lo veo de otro modo).

  54. David P.Montesinos

    Que me voy a crecer, y luego no hay quien me aguante… Una sugerencia para el blogger: el asunto Cantonà de las últimas horas, no me diga que no le inspira.

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