Valencia, el infierno tan temido

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Creemos que la ciudad de Valencia está en llamas, que brotan las pavesas, que cunde el fuego, que hay celebración. El mundo fallero ve cómo se carbonizan sus monumentos. Un año más.

En realidad, los hechos son otros. Hay un humo espeso, ceniciento, negro que todo lo impregna. Columnas de asfixia, de polución, que tienen su lado bello, por supuesto. Ese plano general lo he visto ya y lo hemos visto antes. ¿Acaso un ataque?

Las fotografías de Víctor Serna me muestran una localidad insólita, una urbe de pesadilla. Me ahogo sin respirar… La noche del 19 de marzo, yo no osé salir al exterior. Atranqué los postigos y permanecí aislado. Como un personaje de David Bowie, Starman, me recluí en mi cápsula.

Gracias a las instantáneas de Víctor, que tuvo la audacia de subirse a la azotea de Carmen, he podido comprobar qué fue aquello. Queda un vestigio material. O, si lo prefieren, permanece impresionada la ciudad humeante y dorada.

http://www.flickr.com/photos/monigotevalencia/with/8575231875/#photo_8575231875

Sublime… Asomarse a lo sublime no es sólo mirar un acantilado, como los alemanes o los suizos nos hicieron creer. Pero Caspar David Friedrich nos enseñó a distinguirlo:

“…El pintor no debe pintar meramente lo que ve ante sí, sino también lo que ve en sí. Y si en sí mismo no viera nada, que deje entonces de pintar lo que ve ante sí”, señala. ¿Por qué razón? Pues porque, “si no, sus cuadros parecerán biombos tras los que uno sólo espera ver enfermos o, quizá, cadáveres”. Naturaleza muerta, en el peor sentido de la expresión. Realidad inerte. Friedrich, por el contrario, observa. Solo, extraño, quizá algo enajenado, se sube a un promontorio o a una colina. ¿Y qué divisa?  “¡Reproduce las cosas en el cuadro tal y como ellas actúan sobre ti!”, recomienda. Atisbando con dificultad, distinguiendo malamente lo que está al frente…”

https://justoserna.com/2009/11/06/lo-sublime-y-lo-siniestro/

Lo sublime está fuera de los límites, de la marca, de la separación, aquella que distingue lo normal de lo patológico. Asomarse a lo sublime hoy es respirar un humo tóxico, esa carbonilla que tizna y que atora los pulmones. ¿Recuerdan Los Angeles 2019? En Valencia también tenemos rascacielos recostados que burlan la elemental ley de simetría, que se saltan la inclinación obvia.

Valencia es una ciudad que resplandece, con dinamismo. Y es una urbe de ciudadanos enérgicos y energéticos, gentes menestrales, mercantiles que hacen dinero. Apresuradamente. Ahora…, no.

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Pero Valencia, tan bella, es, sí, el infierno tan temido.

Continuará…

2 comments

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  1. jserna

    La ciudad de Valencia se asfixia la noche del 19 de marzo. Arriba, el gris. Abajo, el dorado. El cielo está encapotado y las fosas nasales se resienten. El mundo parece acabar y la civilización se extingue.

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