Félix de Azúa (2014)

JS, Bestiario español. Semblanzas contemporáneas. Madrid, Huerga Fierro Editores, 2014. Prólogo, Elvira Lindo. Ilustración de cubierta, Antonio Barroso.

Tiempo atrás, un intelectual publicó un artículo en El País. “Sobre lo insoportable”, se titulaba. Es noticia dicha cosa porque frecuentemente quienes piensan se retraen. La cátedra es un lugar confortable. Si te expones en los medios, te arriesgas al pim-pam-pum.

El intelectual, este letraherido, trataba de la tontuna de ciertos políticos, de las declaraciones absolutamente desnortadas que algunos –muchos– hacen sin ser conscientes del daño que provocan. Como los periodistas tienden a registrar todo lo que los representantes formulan, todo lo que los mandamases proclaman, el resultado ya lo ven: frases gruesas que carecen de sentido, trivialidades que lastiman, palabras bombásticas.

El intelectual se dolía con mucho aspaviento, con sarcasmo y a la vez nos advertía. Él se prestaba a guiarnos para que no nos perdiéramos. Uf. Es un alivio: en este escenario, si no tienes un intelectual de guardia, te conviertes en un ser pedestre. En un peatón, vamos. Lo bueno que tienen ciertos pensadores es que levitan, te elevan, te hacen ver lo que tú, ciego y tontorrón, no sabes ni puedes apreciar. Ya digo: un alivio.

Conforme leía dicho artículo me sentía mejor: no sé…, como más sabio. El autor empleaba la burla de la que hacen gala los superiores y yo me sentía uno de los elegidos: un humilde lector que simpatiza con una lumbrera.

¿Lumbrera? ¿A quién me refiero? El profesor que examinaba y suspendía a nuestros representantes era Félix de Azúa. Resultaba un artículo realmente divertido y, como él mismo admitía, muy exagerado. Está bien: adviertes que exageras y a partir de ahí puedes decir lo que se te antoje. En el mismo saco –pues en efecto ejercía de hombre del saco–, metía a todos. A todos excepto a los representantes de Unión, Progreso y Democracia.

Le tiene querencia, es una querencia antigua. Hemos de reconocer que el nombre de dicho partido es ciertamente antiguo. Y hasta naïf. Parece sacado del siglo XIX. No es mala cosa: tal como está el orden del mundo, quizá convendría regresar a los orígenes para ver qué encontrábamos. De Azúa ponía verde al PSOE y al PP, a sus dirigentes, los ponía, sí, a los pies de los caballos. Y yo me ponía amarillo, o verde, o rosa.

El resultado de su evaluación era decepcionante, sin embargo. Toda la argumentación se desplegaba para pedir el voto a UPyD o para Ciutadans, cosa a lo que Félix de Azúa tiene perfecto derecho. Rosa Díez y Albert Rivera eran gigantes, decía de pasada… Añadía que si llegaban al poder quizá podríamos verificar si su estulticia era comparable a la de los partidos mayoritarios. Vamos, que les diéramos una oportunidad, como a Platanito.

Es triste cuando los intelectuales no están en primera línea, enchufados en una covachuela; pero no es menos triste que se dediquen a lo de siempre: a justificar a muerte a los suyos. Es triste que no estén liderando una opción electoral. Es lo que años atrás esperábamos de Arcadi Espada, por ejemplo. ¿Hay que dejar a los políticos profesionales como Rosa Díez o Albert Rivera que encabecen lo que De Azúa podría hacer a las mil maravillas? O Espada. Si dejamos a Díez y Rivera prosperar, ya no se apearán del cargo. Así puede comprobarse en el caso de la dama vasca.

Félix de Azúa dejó de escribir novelas años atrás. ¿Acaso porque no tenían éxito? Yo no creo que ésa sea la razón más poderosa, la única razón. En su momento leí sus ficciones originales y me divertí intelectualmente. Pero las veía y sentía frías, cerebrales, casi, casi tediosas. ¿Por qué no vuelve? No me refiero a escribir novelas. Me refiero a encabezar movimientos.

Creo que De Azúa fue maoísta. Como otros compañeros de generación, muchos fueron del PSUC y ahora lamentan, con razón, el despliegue actual del nacionalismo catalán. Para quienes nunca hemos sido tan fantasiosos, que un intelectual nos ilustre puede ser aleccionador: vamos, lo que corresponde. Sólo tienen que hacer una cosa, que decían los estalinistas: autocrítica.

Félix de Azúa debe frotar los últimos restos de maoísmo que le queden en su interior. Mao era un estimable poeta, si por tal se entiende la influencia que su verbo ejercía en las masas. Mao dominaba la metáfora con chorreras y a chorros la esparcía en sus escritos y entre sus adeptos.
Félix de Azúa fue un gigante de la poesía. Fue uno de los nueve Novísimos, pero tengo para mí que sus versos se mustiaron. Félix de Azúa ha sido, es, un sutil crítico, un analista de las ocurrencias y manufacturas de nuestros artistas.

Pero tengo para mí que le gusta ejercer de apocalíptico. Me da la impresión de que confunde sus avances personales con los avances de la humanidad. Por eso, lámina y lapida su estado: se está muriendo el arte. No me desagradaría que UPyD saliera adelante… Donde comen tres, comen cuatro. Pero debería asear el patio de antiguos maoístas, ¿eh? Aunque, si me permiten, me gustaría ver a sus intelectuales en primera línea, deslustrándose, despeinándose.

Perdonen este lenguaje bélico, pero es nombrar a los intelectuales y me encabrito. Algunos, incluso, echan mano a las metáforas. Yo no. Me conformo con políticos normales. Y honrados, aunque de cuando en cuando se expresen mal.image

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