El placer del texto

Cero. Nos quedan cuatro días, poco tiempo para apurar el saber y el placer: propiamente no hay tiempo muerto, pues quienes morimos somos nosotros. Entonces, ¿para qué contenerse o atenerse? Gocemos de lo grande y reservemos lo mediocre para quienes confían en el mañana o en el más allá. Tendrán una eternidad para resarcirse.

En cambio, quienes no aguardamos gran cosa, quienes no esperamos mucho, preferimos disfrutar con lo ajeno, consumirlo haciéndolo propio.

La literatura no sólo es el arte de la ficción, de la invención. Es, mejor dicho,  el arte de la creación verbal, algo ligeramente distinto. La escritura compone lo que ya no está dando significado a lo que parecía no tenerlo. Lo real permanece ahí pero siempre hacen falta la expresión o la idea o la elaboración que califiquen y testifiquen. Si esa tarea la emprenden grandes literatos, creadores portentosos, entonces el placer es inconmensurable. Por hache o por be, esta semana es para mí la vuelta a los clásicos, a algunos de mis clásicos: aquellos con quienes me trato o me relaciono están con ellos.

Uno. Pío Baroja, sin ir más lejos. Mi hija acaba de leer Zalacaín el aventurero (1909). Me ha hecho mucha ilusión, la verdad. Es una obra entrenedísima y muy didáctica, corajuda, con ese discurrir vertiginoso que está en la mejor novela anglosajona. Era una tarea escolar que debía cumplir pero seguro que le ha sido muy provechosa.

Yo siempre vuelvo a Baroja: solo o en compañía de otros. Con Francisco Fuster, por ejemplo: con quien precisamente organicé un seminario de la UIMP en Valencia sobre el escritor donostiarra. Si no me equivoco, el resultado fue muy satisfactorio, la verdad.

Fuster es un tipo valiosísimo. Perspicaz, trabajador y generoso. Ahora, el miércoles 7 de marzo, Fuster lee su tesis doctoral sobre El árbol de la ciencia (1911). La hemos dirigido Anaclet Pons y yo. Fuster la defiende ante un tribunal de mucho rango constituido por José-Carlos Mainer, Jordi Gracia, Ángel Duarte, Pura Fernández y Rafael Núñez Florencio. Una comisión de lujo.

Como es un lujo la oportunidad que Fuster y yo hemos tenido de coordinar un dossier sobre Baroja para la revista Pasajes, que dirige Pedro Ruiz Torres. Es una publicación de la Universidad de Valencia que se edita con la Fundación Cañada-Blanch: un orgullo.

Hemos disfrutado de lo lindo preparando dicha carpeta. Como lindo ha quedado el número 37, esa entrega que lleva entre otras cosas una entrevista con José-Carlos Mainer. Por su parte, Fuster publica un adelanto de su tesis en Claves de razón práctica. No para este joven…

Dos. Aparece el nuevo número de Ojos de Papel. Allí, en su índice encontramos nuevamente a Francisco Fuster. Y, entre otros, encontramos a Miguel Veyrat, a David P. Montesinos, a Anaclet Pons.

Tres. Yo, por mi parte, contribuyo con la reseña de Diario de invierno (2012), obra de uno de mis escritores predilectos: Paul Auster. No siempre acierta. Pero, ah amigos, cuando escribe con tino, con humor y temblor, resulta entretenidísimo y nos acongoja.

Aquí, como casi siempre, nos habla de ese tiempo de prórroga, de demora, que es la vida. Diario de invierno no es una novela, sino unas memorias, un reflejo desdoblado muy convincente, una escritura de retazos, de episodios de la América opulenta. La bella traducción de Benito Gómez Ibáñez ayuda.

¿Se han fijado en la foto de la cubierta? Es de Joyce George (Corbis / Cordon Press). Vemos –apenas vislumbramos– a un Auster aún joven: maduro pero ya en la crecida de la edad. Viste informal y su pose es muy varonil.

Fuma (según parece es una de las cosas que más le gustan) y mira el paquete de Camel o el mechero que está al lado. Apoya su codo derecho en el carro de la máquina de escribir, un motivo literario constante en su obra.

Está pensativo, latente, quizá rememorando. Tiene un fondo oscuro, el fondo oscuro del yo, casi una metáfora de lo que está por decir, por iluminar…
_____________
Blog de JS en El País:

Presente continuo. “El estilo de Rita Barberá”

 

 

Hemeroteca:

“La educación de la alcaldesa”, El País, 7 de marzo de 2012

15 comments

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  1. Alejandro Lillo

    Sí que viene suculenta la semana. Magníficas firmas para unas magníficas publicaciones, sí señor. Iremos dando cuenta de todas ellas con deleite.

  2. R.S.R.

    En primer lugar enhorabuena por ese monográfico sobre Baroja, y mis mejores deseos al Sr. Fuster. Me gustaría acudir a la lectura de su tesis, pero no creo que sea posible

    Vuelve usted a un tema ante el que es difícil quedarse callada por más que últimamente sea más proclive, ya que de historias hablamos, a escucharlas o a leerlas que a contarlas.

    “La literatura no solo es el arte de la invención, de la ficción. Es, mejor dicho, el arte de la creación verbal (…) Lo real permanece ahí pero siempre hacen falta la expresión o la idea o la elaboración que califiquen y testifiquen.”
    Como decía Hannah Arendt, “La narración de historias revela el significado sin cometer el error de definirlo”. La narración de historias se produce en el mundo real pero la historia misma no pertenece en muchos casos a él. Alude a un espacio dónde algo ocurre y no ocurre, quizá por eso todas las historias árabes comienzan diciendo algo así como “fue y no fue”. Se producen en ese “espacio transicional” del que habló Donald Winnicot , en ese umbral entre la realidad interior y la exterior y en la que él ubicaba el juego y la creatividad.

    No he leído todavía la historia que nos cuenta Paul Auster en “Diario de Invierno”. pero supongo que a pesar de su caracter biografíco ocurrira en ese espacio en el que “fue y no fue” aunque solo sea por el componente imaginativo de la memoria.Una curiosidad, de momento se ha publicado solamente en castellano y según decía el autor en una entrevista que le hicieron en Televisión, no saldrá en inglés hasta agosto. En esta entrevista hubo algo que me llamó la atención : señalaba que en este libro, además de la importancia que tiene su relación con el cuerpo en el que habita, habla sobre todo de su madre; al igual que en “Invención de la soledad “hablaba básicamente de su relación con la figura paterna. Parece ser que uno de los motivos de por qué se escribe, y que precisamente el Sr. Serna aludía a ellos en la reseña de otro libro de este autor, “Invisible”, es también porque se sufre. Paul Auster contaba que había necesitado bastante tiempo para curar una herida y poder escribir sobre la relación con su madre.

    Como les decía no he leído todavía el libro, y uno de los motivos de que no me tirase a la primera librería a por él fue precisamente saber que se trataba de una autobiografía. No sé cómo será de interesante la vida de este señor, pero después de leer la reseña que hace Justo en OdP he llegado a la conclusión de que seguramente no nos contará grandes acontecimientos; será la historia de un personaje herido, una historia de deseos frustrados, de amores intensos (como el que reconoce mantener con Sidi), una voz que será el espejo mismo de la vida.

    Por cierto, como hace unos días hablaba de Rafael Chirbes en el Pais, estoy terminando, por la recomendación de un amigo “La buena letra”. Una historia ambientada en el final de la guerra y la primera posguerra. Una joya.

  3. jserna

    “Como decía Hannah Arendt, “La narración de historias revela el significado sin cometer el error de definirlo”…” Es exacto, exacto…, Sra. R.S.R. Me alegra coincidir con usted. Y me alegra su impresión sobre Chirbes.

  4. Paco Fuster

    Me alegra mucho – muchísimo – saber que el profesor o la profesora de Lengua y Literatura de Marta les ha puesto como lectura una novela de Baroja y la elección no me puede parecer más acertada. Sé que lo que digo no tiene ninguna base científica, pero creo que “Zalacaín el aventurero” o “Las inquietudes de Shanti Andía” son dos novelas de aventuras de lo mejor que se ha escrito en castellano; dos novelas que no desmerecen en nada a los clásicos universales del género. Espero que le haya gustado.

    Sobre el dossier de “Pasajes”, suscribo lo dicho por Justo: un placer haberlo coordinado con él, y un honor haber tenido la oportunidad de coordinador un monográfico en el que ha participado gente querida y gente admirada. A falta de lo que opinen los lectores, estoy muy satisfecho y muy contento de saber que los colaboradores están encantados con el resultado. Hoy me lo han manifestado varios de ellos y otros ya lo habían hecho. Haremos lo posible por difundirlo porque creo que es un trabajo que no merece pasar inadvertido.

    Y sobre lo vivido hoy, diría tantas cosas que prefiero no decir nada (o decíroslo en persona y con más calma, cuando la cosa repose). Simplemente daros las gracias a todos. De verdad.

  5. David P.Montesinos

    Yo, señor Fuster, le felicito por su enorme capacidad de trabajo, por su capacidad para apasionarse y porque sospecho que se debe haber divertido una barbaridad en su lectura. Respecto a su recién estrenado doctorado… Bueno, en eso soy más escéptico, sin duda le servirá como jalón imprescindible en su carrera académica, que espero y adivino que sea brillante -ya lo es en verdad-, pero… bueno, sin ánimo de inocularle mis venenos, vengo comprobando desde hace casi una década que al mundo le importa un bledo que seas doctor. Por eso, y porque sospecho que en las últimas horas ha recibido usted toneladas de elogios, me he permitido recordarle personalmente aquello de “recuerda que sólo eres un hombre”. Yo me sumo a los elogios, sospecho que sabe usted ahora mismo de Baroja casi tanto como el que más. Y creo que sabe también mucho de otras muchas cosas. Pero recuerde, si desea que el mundo le quiera más cómprese usted un coche mejor que el que tiene o encasquétese un traje de Armani. Enhorabuena, Doctor Fuster.

  6. jserna

    Tiene razón, sr. Montesinos, cuando alaba la enorme capacidad de trabajo de Francisco Fuster. ¿Y qué me dice de su dedicación e inteligencia? En el medio académico se le prodría reprochar audacia o incluso temeridad por tratar lo que trata. Pero como le dijo Ángel Duarte en un aparte: los historiadores no estamos tan atrasados y ya no nos sorprenden las aproximaciones a la literatura desde la historia. Si pueden hacer bien, mal o regular. Y la del sr. Fuster está bien hecha. Plantea preguntas, se documenta con abundancia y evita los tiempos muertos del academicismo. ¿Qué más se puede pedir? Ah, dice, sr. Montesinos, que el título de doctor sirve para bien poco. Que lo tiene comprobado: que al mundo le importa poco o nada el doctorado de un universitario. Pues así es. Por eso, los doctores han de intervenir en el mundo: como hace usted, sr. Montesinos. Han de aplicar sus saberes para alterar la rutina, las perezas y los automatismos de ese mundo en marcha. ¿Llamamos intelectuales a los doctores que imntervienen?

    “El primer deber de los intelectuales: permanecer callados cuando no sirven para nada”, afirmaba Umberto Eco. Y añadía: “Si se les toma por lo que saben decir (cuando son capaces de ello), los intelectuales son útiles para la sociedad, pero sólo a largo plazo. A corto plazo, únicamente pueden ser profesionales de la palabra y de la investigación que pueden administrar una escuela, ser los encargados de prensa de un partido o de una empresa, tocar el pífano en la revolución, pero que carecen de una función específica propia”. Más aún, “afirmar que trabajan a largo plazo significa que desempeñan su tarea antes y después de los acontecimientos, pero nunca en el curso de los mismos”, dado que no tienen más clarividencia o agudeza o perspicacia que cualquier otro ciudadano arrastrado por el curso de los acontecimientos.

    “Cuando la casa se quema, al intelectual sólo le cabe intentar comportarse como una persona normal y de sentido común, como todo el mundo, pues si pretende tener una misión específica, se engaña, y quien lo invoca es un histérico que ha olvidado el número de teléfono de los bomberos”.

    Que no se nos olvide el número de teléfono de los bomberos.

  7. Paco Fuster

    Muchas gracias, Sr. Montesinos. Coincido con ustedes en que el título de Doctor es hoy en día eso: un título. Creo que lo sabemos todos y que, contrariamente a lo que se podría pensar, el joven doctorando es quien mejor lo sabe. Una cosa es el alimento del ego personal y la sensación del trabajo recompensado; otra cosa distinta es que alguien se crea mejor por ser o no ser doctor. Conozco a doctorandos de toda España (algunos de ellos brillantes) y cuando hablo con ellos me doy cuenta de que, como ya hemos hablado varias veces, saben perfectamente disociar el valor académico o científico de una tesis doctoral (que no deja de ser un trabajo dirigido a un público muy concreto) y el valor digamos “burocrático” del título al que da acceso.

    Como he dicho infinidad de veces en los últimos meses, la mejor explicación de la naturaleza y la utilidad actual de los Currículum Vitae la dio el profesor Ramón Villares en la oposición a la cátedra del Sr. Serna. Esa idea de los “curriculum ad hoc” a los que nos obliga el sistema que evalúa los méritos investigadores me pareció sencillamente irrefutable. Es una pena que alguien no la desarrolle en un texto claro y conciso (como lo hizo de palabra el profesor Villares) y lo haga circular porque me parece que es lo primero que cualquier investigador que quiera hacer carrera debería saber.

  8. Paco Fuster

    Muchas gracias, Alejandro. Fue un placer verte allí y, aunque el acto se alargó hasta bien entrado el mediodía, espero que no se te hiciera muy largo.

  9. David P.Montesinos

    Muy oportuna la alusión a Eco y su dictamen sobre el asunto. Comparto también la opinión de Justo sobre la sana anomalía de que un historiógrafo dedique su esfuerzo de años a una tesis sobre un “literato”. Temo que es algo bastante más raro entre los de mi gremio, y ello a pesar de la enorme relevancia que como filósofo tuvo don Pío. Qué cosas. Por cierto, cuando tengan tiempo tenemos que hablar de Julio Caro Baroja, me interesa enormemente el tema. Tanto como el de Julio Camba, del que el señor Fuster nos ha dado noticia en los últimos días.

  10. jserna

    Gracias, sr. Montesinos, por su generososo comentario: le debo una… Le debo una glosa o crítica de su texto (interesantísimo) para la expo COVERS (de la que habrá pronto, muy pronto, nueva entrega, nuevo anuncio en este blog). Ya verá que coincidimos y que no coincidimos. Vayan preparándose: a finales de abril inauguramos.

    Por cierto, sr. Montesinos, qué gran idea: hablar de Julio Caro Baroja. Hablaba yo del cuerpo como motivo central del ‘Diario de invierno’, de Paul Auster. Precisamente, ‘Los Baroja’, de Julio Caro Baroja, no es una historia de la familia. Es una historia del cuerpo, del cuerpo de don Julio. Que me perdone el sr. Fuster, pero creo que es así…

    Talueg.

  11. Marisa Bou

    A pesar de que mi estado mental no me permite, en los últimos tiempos, intervenir en sus siempre gratas polémicas -que nunca dejo de leer- no puedo por menos que entrar hoy a felicitar efusivamente a nuestro amigo Paco Fuster, que ya desde que le conocí es, en mi consideración, doctor y hasta doctor honoris causa, pues sus textos me han parecido siempre al nivel de los mejores. Muchas felicidades, Paco.

  12. R.S.R.

    Sr.Montesinos, sé que no soplan buenos vientos, pero le leo especialmente descreído.

    Volviendo al placer del texto tengo que decirles que, ahora que he leído algunos de los artículos de ese monográfico sobre Baroja, no puedo por menos que reconocer que es una aproximación muy didáctica para los que somos profanos en la obra barojiana. La entrevista con José-Carlos Mainer es impecable.
    Además, cuando he visto “La lección del maestro “, he recordado la novela de Henry James y la circunstancia y la emoción de cuando leí ese libro: me mantuvo despierta hasta que lo terminé. Ay , la fuerza de los recuerdos y las huellas que dejan las buenas historias.

    Siguiendo con ello, con el placer del texto, les sugiero “La buena letra” de Rafael Chirbes. Un autor nacido en los años cincuenta, en el que como en tantos otros, la recuperación del pasado se convierte en una necesidad ética. En “La buena letra”, ambientada en el final de la guerra civil española y la primera posguerra, Rafael Chirbes teje un relato en el que las relaciones familiares, casi siempre en conflicto, son el telón de fondo para mostrar la dureza del contexto político en un medio rural, y la injusticias cometidas contra quienes se encontraban en el bando de los vencidos.
    He seguido su sugerencia, y he continuado con “Crematorio”.

  13. Paco Fuster

    Muchas gracias, Marisa.

    Amigo Montesinos, podemos hablar de Julio Caro Baroja cuando quieras. En ese monográfico de la revista “Pasajes” viene una reseña que escribí de “Los Baroja”, que fue reeditado el año pasado en la editorial RBA Libros. Creo que lo digo en la reseña: “Los Baroja” es una joya desde varios puntos de vista. Es un libro de memorias que une tres esferas distintas con una maestría poco habitual: el relato personal y más íntimo de la vida del autor (ahí coincido plenamente con Justo en que es una historia del cuerpo de don Julio y de sus achaques, algo que, por otra parte, también era habitual en Pío Baroja); el relato de la historia familiar, que para quienes trabajamos sobre algún miembro del clan es una fuente inestimable de datos; y, por último, la historia de la sociedad madrileña – y, por extensión, española – durante la primera mitad del siglo XX, lo que por razones obvias le da un valor documental extraordinario para los historiadores.

    Quizá no tiene la calidad literaria de los mejores libros de memorias escritos en España durante el siglo XX, pero para mí es sin duda alguna un libro genial y un documento fundamental para captar ese “aire de familia” (como titulo mi reseña de “Pasajes”) que comparte la “gens” barojiana.

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