Todo Savater

Me resulta muy difícil hablar, escribir, sobre La peor parte (2019), de Fernando Savater. La razones son varias. En primer lugar, por el tema que trata en dicho libro. El volumen está dedicado a una pérdida muy querida, la más querida, la de Sara Torres, alias ‘Pelo Cohete’, el amor de su vida.

Digámoslo parafraseando al clásico. El dolor humano más extremo se parece, pero cada paciente lo vive, lo expresa, lo sobrelleva, lo lleva o no lo lleva a su manera.

¿Qué puede decir un lector, en este caso yo mismo, que no ha pasado por ese trance, alguien que quiere sentirse solidario, que desea compartir el sentimiento de quien padece?

¿Qué podemos decir si la prosa, en ocasiones de un marcado lirismo, se revuelve, se retuerce, mostrando una interioridad, vacía o desgarrada, con una desnudez casi obscena?

En principio y en esa circunstancia, todo comentario que podamos hacer huelga y toda glosa que podamos añadir sobra, es palabra excedente, superflua. Ante el sentimiento más atroz sólo cabe mostrar la solidaridad más interesada y, si alcanza nuestra humanidad, la mayor compasión.

Pero Fernando Savater no es sólo persona que te cuente su dolor, sino alguien que publica un libro. Savater es escritor y eso que sabe hacer bien, le sirve para expresar públicamente su dolor.

Por ello, el libro adquiere una forma concreta y no otra u otras. Lo diga o no, se adhiere al género necrológico (claro), pero sobre todo se ata a otra tradición aún más venerable: la elegía.

Savater no es poeta y por tanto no reproduce ni puede reproducir el verso de Jorge Manrique, su remotísimo y prestigioso precedente. Savater escribe en prosa y lo sabe, pero su dominio de la expresión es tal que puede alcanzar esas cotas altísimas de lirismo que antes mencionaba.

La palabra es —y no sólo puede llegar a ser— el dolor mismo. Por eso, Savater expone y se expone a propósito de Sara Torres, alias ‘Pelo Cohete’, el amor de su vida. No lo repito yo, sino el escritor: una y otra vez

Savater expone intimidades, propias y ajenas. Y se expone detallándonos la agonía y la muerte de esa persona a la que profesó y aún profesa tanto amor, un sentimiento que quiere y desea inextinguible.

En realidad, es tanta la emoción íntima que le despierta ‘Pelo Cohete’ que Fernando Savater se niega a hacer el duelo tras cuatro años de su desaparición.

Negarse hacer el duelo significa dejar la herida abierta; significa alimentar el dolor, un dolor que supura constantemente; significa rendirse ante el desgarro que no cauteriza, que no se cierra.

Pero su libro es tres cosas: la caída en desgracia del esposo y luego viudo, la exposición de la vida en común, de una vida en común, y los nueve meses de agonía.

Sin duda, todas esas partes son importantes, significativas, enternecedoras, pero es la última parte, la de la lucha contra el tumor cerebral la que conmociona con mayor crudeza.

En ella vemos a una mujer y a un hombre que se aman en medio de adversidad y que llegan a detestarse ocasionalmente en medio de la tragedia, que llegan a alejarse en medio de una cercanía, voluntaria y forzada, que vuelven a intimar en medio de su lucha.

Sin duda hubo una agonía innecesaria y quizá hubo egoísmo humano aunque igualmente innecesario. El propio Savater denuncia su porfía, pero quiénes somos nosotros para juzgar esa experiencia.

Con la lectura (en mi caso ya relectura) de este libro sabremos muchas cosas de esta mujer tan singular apenas vislumbrada hasta ahora. Pero confirmaremos muchas más de este hombre a quien ya conocíamos por su máxima exposición, por su grafomanía.

En estas páginas está todo Savater. Por partes y entero. El escritor original y cáustico, admirado por sus calidades. Y también está, qué remedio, el Savater de los excesos, de las manías y las inquinas. En estas páginas, en fin, hay palabras de máxima justeza y hay denuestos que sobran.

Ya lo decía al principio: me resulta muy difícil hablar, escribir, sobre La peor parte (2019), de Fernando Savater.

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